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Yo, Ramón Llull, de la isla de Mallorca, he compuesto tiempo atrás muchos libros sobre el arte secreto de la transmutación, sin embargo el libro que contiene los arcanos más profundos sobre las piedras preciosas según sus virtudes, que es la parte más difícil de todas las que componen este arte, te lo he transmitido a tí, Rey Roberto, con un lenguaje coloquial, para que te sientas más seguro en tu trabajo y puedas evitar el error; pues la parte experimental de la ciencia está repleta de diferencias de artificio según las voces que lo declaran, ya sea por sus distintas influencias o por la diferente aplicación de su ingenio. Por eso yo quise redactar todos mis libros con tal estilo que, en lo que a mí afecta, no se presten a contradicción alguna, y con un lenguaje absolutamente sistemático, de manera que resulten muy sencillos de entender. Te advierto que te esfuerces en proteger todas las cosas que te han sido reveladas sobre este arte, y en agradar con el máximo interés a Dios ya que Él te pedirá cuentas en el día del juicio. A todos los amados de Dios se lo ordeno, si es que a ellos alcanzan todas estas cosas que Dios ha designado manifestarte a ti.
Estando en Viena recibí carta de tu propia mano, nada más leerla percibí tu entrega al estudio. No he podido acceder a tus deseos por impedírmelo ciertas obligaciones. Después fui a Salerno donde conseguí algunos libros de medicina referentes a los principios de este arte gracias a la mediación de algunos. Tuve siempre presente tu carta, en la que tratabas de investigar sobre la obra del arte de la piedra bendita, sobre si era posible encontrar un camino más corto en otros escritos diferentes a los míos. Desde luego si, como pienso por lo que me dices, entiendes mis escritos pero no estás contento con nuestra vía te es lícito buscar otras más breves, siempre que te acojas a mis principios, porque para aquel que no entiende los principios de alguna ciencia todos sus silogismos permanecerán sin resolución posible.
Preguntaste cuál de las tres piedras es más noble, breve y eficaz. Esto lo he manifestado explícitamente en mis libros, sin embargo, para responder a tu petición te digo que la vía de los minerales es la más larga y peligrosa. Toda la sustancia de los minerales consiste en dos aguas, con la primera de las cuales se elabora la piedra volátil, sin apenas trabajo ni peligro. La otra, más fuerte que ninguna otra agua en el mundo, es la que fija y es fijada, extrae el agua de cierto menstruo fétido y su espíritu multiplica la tintura del fermento; pero es muy peligrosa, porque el espíritu puede huir en la ablución con el espíritu operante. Esta piedra produce la transmutación en breve tiempo y con gran energía. La piedra animal se dedica a ordenar los elementos, razón por la cual no tiene límite. Y es que con ella se pueden abrir los mayores secretos de la naturaleza, no sólo en lo referente a la obra de la piedra de los filósofos, sino también en muchas operaciones sobre otras sustancias. La piedra vegetal, aunque noble y de la mejor constitución, depende de la piedra animal en lo que afecta a la rarificación y rectificación de los elementos. Si la preparas de esta forma excede en su efecto a la animal. Además, has de prestar atención en lo referente al gran elixir vegetal, que muestra un admirable poder de transmisión hacia otras cosas, pues todo aquello transmutado por la piedra vegetal lo eleva debido a su bondad y grandeza, virtudes con las que ha de impregnar nuestra piedra para que se realicen las maravillas del mundo.
Todo oro alquímico se obtiene por corrupción y por medio de la quintaesencia incorruptible que ha de ser fijada en el fermento gracias al ingenio del artista. Ésta quintaesencia es el espíritu mineral mortificativo y vivificativo.
En la piedra animal está la suprema medicina para los cuerpos humanos ya que se extrae de la sangre. En la piedra vegetal el espíritu de la quintaesencia conserva la juventud y al cuerpo humano de toda corrupción accidental. En la piedra mineral el espíritu de la quintaesencia es aquel que tiñe y transmuta, siempre que se empaste con el debido fermento. Para mí la más noble, eficaz y útil obra es la de los vegetales.
Me preguntaste sobre la acurtación. Te respondo que toda acurtación es disminutiva de la perfección, puesto que las medicinas que se obtienen por la acurtación tienen menor efecto de transmutación. La acurtación de la piedra mineral puede ser muy variada, pero a mi me parece que, para que su efecto no quede disminuido, solamente tiene validez después de la primera calcinación y putrefacción que tienen lugar por medio del agua primera bien limpia y clarificada durante un periodo mínimo de veinte días. A continuación se separa el polvo con calor de sangre, destilando el agua segunda con el mayor cuidado, procurando no ahuyentar el espíritu, según las instrucciones impartidas en el "Testamento". Toma sólo la última parte que se destila después del enrojecimiento del alambique y disuelve en ella los polvos antes citados y, una vez tapado el vaso, déjalo en agua caliente un día y una noche después de la disolución. Tras esto se vuelve a tomar el alambique y se destila toda el agua al baño maría hasta que no quede más que una pequeña cantidad equivalente al peso de los polvos. El agua destilada se tira porque no tiene nada de espíritu. La otra parte del agua, la que permaneció con el cuerpo, se deja sobre las cenizas con el vaso bien cerrado; y con ella se procede como se ha indicado, destilando y cerrando bien continuamente hasta diez veces. Si fuese necesario se reiteraría hasta que no quedase nada por disolver. Se debe saber que en cada disolución tiene que haber diez abluciones completas, como se ha dicho, y entonces los cuerpos se cambian en oro en una determinada proporción. Como ves esta medicina puede obtenerse en un máximo de ochenta días. En la piedra animal no hay ninguna acurtación, a no ser que la tierra sea controlada por el fuego, o el agua por el aire, que es lo mismo; entonces la acurtación hace de medio temporal.
Ahora me refiero a la piedra vegetal, donde está el método principal y, según mi criterio, el más seguro. Y es que siempre se teme que en el mineral huyan los espíritus con la apertura de los vasos que se produce en la ablución. Aquí no hay que temer esto porque el vaso no se abre. Para que tengas un mejor acceso a la vía vegetal te revelaré un secreto: toma el negro más negro que el mismo negro y destila de ello dieciocho partes, tal como se indicó en el Testamento, tomando en la primera destilación una parte y media; esta parte se destila de nuevo y se toman dos partes, y en la cuarta destilación se toma poco menos que la totalidad; y así se destila hasta ocho o nueve veces. Después se toman dos vasos que adoptan, en su disposición, una figura semejante al signo de Géminis. Tienen cada uno un alambique anexo, y en cada uno de los alambiques se hace una gran abertura para que entre el matraz. Esto se hace para que permanezcan colocados de manera sólida y firme. Se pone en cada uno de los matraces una libra de este agua y una onza de fermento bien purificado y foliado. Se prepara un horno de manera que un fuego de carbón pueda ser distribuido hasta los brazos del horno, lugar en donde se situarán los vasos, y se hace fuego. Y dicho fuego requiere gran ingenio del artista pues no puede ser mayor de lo necesario en cada momento. Cuando se sienta que el calor del recipiente disuelve el fermento se encajan bien las cañas de los alambiques que vierten en la panza de los vasos, procurando también que estén siempre húmedas con agua fría. Manteniendo el fuego tras la disolución se verá ascender todo el fermento disuelto con su agua, destilando continuamente de un vaso a otro. Con este ingenio dará la impresión de que cada libra destilará dos veces durante el día y otras tantas durante la noche, permaneciendo continuamente una libra en cada vaso, con la sensación de que cuanto asciende de un vaso entra en el otro. Y mientras observas ascender y descender con ese fuego continuo verás que el calor espesa y sutiliza el espíritu, lo que constituye un milagro de este arte, puesto que, si destila de forma continua durante un largo periodo de tiempo, el agua aumentará su grado de sutilidad y actividad, ya que no deja de ser estimulada por el fermento. De esta forma, en la medida en que tal destilación fuese más leve que el fuego, en esa medida será más sutil que el espíritu, y se verá más acrecentada por la energía del fermento. Si esta operación se mantiene durante veinte o veintidós días quedará consolidada la quintaesencia de este agua bendita, pues ya no ascenderá más, quedando fijada con el fermento y convertida en piedra. Cuando esto suceda se extraen ambos matraces y se colocan al mismo tiempo en el estercolero. Todo quedará disuelto en una noche e inmediatamente se congelará. Esto se repetirá tres veces, y a partir de ese momento la piedra permanecerá exaltada por la virtud y la gracia de Dios. Empero sucede algo admirable, y es que no podrá ser totalmente congelada debido a que aparecerá un óleo espeso. Se debe saber entonces que si se coloca fermento blanco en diez días se congelará la quintaesencia sobre él, ya que la materia es muy terrestre, espesa y fija en la luna. Aún así, este complemento para la fijación del espíritu de la quintaesencia no actúa tan rápidamente como si fuera sol. Dios sabe que este segundo modo, en cuanto al efecto de sutileza, virtud y bondad, es mejor y más sutil que todas las otras obras del mundo juntas, aunque el elixir obtenido no tenga todas las propiedades que algunos pretenden. Piénsese que, si esta medicina, así adaptada, se mezclase con cualquier metal, actuaría transmutándolo en la naturaleza del metal empleado en la adaptación. Os digo esto para que no erréis tomando luna y sol para vuestra piedra, pues si se une esta medicina a la luna, y después de la luna al sol, el sol se transmutará en luna. Y esto se produce porque, en la operación con la luna, la quintaesencia queda fijada en cuanto a su movimiento y tintura, y consolidada en el fermento añadido; por eso se realiza la transmutación en función de ese fermento, que en este caso es lunar.
Si quieres hacer una medicina universal según el modo antes expuesto no conviene hacer la fijación de la quintaesencia sobre cualquier tipo de fermento, sino sobre una tierra afín al metal; pero esto nunca me agradó porque tal fijación es muy peligrosa, larga y muy raramente la tierra apropiada es natural y, aunque fuera natural, su efecto después del complemento no tendría tanta eficacia y energía como cuando la quintaesencia se fija sobre otro fermento, pues en ese caso la fijación sería más rápida y su efecto más fuerte. Si se conocen las causas por las que la medicina transmuta se afirmará que he dicho la verdad y que aquí he puesto en vuestro conocimiento mi ingenio.
Con la décima destilación se logra la disolución del oro en nuestra agua. Coloca este oro disuelto en un lugar húmedo o en el baño maría a fuego muy lento para que se pueda evaporar el agua, lo que se conseguirá al cabo de unos cuatro días. Esta solución es llamada oro potable. El oro así disuelto se mezcla en un recipiente de cristal con mercurio sublimado siete veces en una proporción de una parte de oro por siete de mercurio, operando la sublimación de la mezcla mediante la reducción de las heces. El resultado es que el mercurio se fijará en la medicina haciéndola penetrante y colorante. De esta manera, si tomamos una onza de este oro tingente y lo colocamos en un fuego lentísimo durante ocho días con cien partes de mercurio, se coagulará todo en oro finísimo. Todas estas maravillas se deben a la acción de la naturaleza y se explican porque los espíritus del agua se fijan inseparablemente con el oro en la disolución. Después basta que, con gran ingenio, se mezclen los modos de los minerales y de los vegetales para componer una medicina por un corto camino gracias a la destilación de la piedra vegetal, hasta llegar a aquella destilación en la que todo se transforma en agua sin flema, lo que suele acontecer sobre la quinta destilación. Para ello se necesita disponer de un peso concreto, triturar muy bien y dejar secar al sol. Posteriormente se coloca la mezcla en torno a los carbones, de la forma que mejor te parezca, hasta que desaparezca por completo la acuosidad de la substancia ígnea. Ello se consigue destilando con fuego lento al principio y con fuego fuerte al final, para que muera en el agua de los filósofos y para que el espíritu de la quintaesencia del vitriolo y del cinabrio (que son los elementos principales que componen la piedra mineral) se mezclen y se unan con el espíritu de la quintaesencia que es nuestro aguardiente bendito. Este espíritu es el alma de la piedra vegetal, como ya te he explicado. Esto se continúa hasta diez veces, comenzando a partir de la quinta destilación, por lo que en estos cuerpos se continúa la destilación cinco veces más (teniendo siempre en cuenta que la mezcla debe estar completamente seca antes de ser echada nuevamente al agua). Al final todo el agua debe haber sido secada y sólo debe quedar espíritu, que por la gran fuerza de su naturaleza ígnea se une al espíritu del aguardiente. En cada destilación se deben añadir propiedades nuevas hasta alcanzar la décima destilación. Hay que considerar que partimos de la destilación del aguardiente al que se añadió oro en la proporción indicada al tratar de los vegetales; y se coloca en el horno para operar la composición de los elementos. Entonces se verán los milagros, puesto que en diez días se completará toda la fijación, la que en un vegetal simple no se completa ni en veinticinco días. La razón está en que un espíritu engorda al otro. El espíritu de la quinta esencia del vitriolo es más fijo y grueso que el espíritu de la quintaesencia del aguardiente, incluso es mayor la concordancia entre el espíritu del vitriolo y la naturaleza del oro, porque ambos tienen su origen en los mismos principios, ya que son minerales. El espíritu del vitriolo unido al espíritu del aguardiente lo espesa, y lo hace adherirse inmediatamente al metal con el que se fija. Esta acurtación es más excelente en el arte respecto al oro alquímico que en lo que afecta a la virtud medicinal. Debe tenerse en cuenta el por qué los filósofos realizaron infinitas preparaciones, como calcinaciones, disoluciones, etc. Todo esto lo hicieron para que el espíritu pudiera ser bien unido con el fermento. Incluso hicieron muchas reiteraciones para que el espíritu, ya unido al cuerpo, se fortificara más y más en cada operación gracias al nuevo espíritu que se le ayunta. Por este motivo elaboraron un agua, calcinaron un cuerpo y dijeron que estaba unido al espíritu. Hicieron otra agua, la disolvieron y de nuevo la coagularon. Con este trabajo se fatigaron trabajando muchos días antes de que elaboraran alguna medicina. Debe ser bien conocido el por qué los filósofos lo buscaron mediante diversas operaciones y graves peligros. Al final, con gran ingenio, lo han completado con una única operación. Es necesario que esta medicina sea óptima y mejor que otras obtenidas por métodos diferentes, puesto que en las aguas singulares hay pocos espíritus, y cuando actúan lo hacen solamente en las extremidades, mientras que los otros espíritus se fijan con ellos y engordan la materia. Por tanto, la medicina terminará por marcharse, ya que los espíritus no se encuentran en lo profundo del fermento, sino en los extremos donde no pueden ser fijados.
Una vez hecha la fijación se procede a la disolución de la materia por sí misma en el baño maría, como ya expliqué en el vegetal. Pero se debe saber que la materia procedente de las mezclas no se disuelve tan rápidamente a sí misma como en el vegetal, aunque si más que en el mineral, pues tiene medio, y su disposición se realiza en apenas nueve días. Conviene reiterar estas disoluciones en el baño maría varias veces (como en el caso de las fijaciones) para que la medicina penetre más. La medicina mejor disuelta y fijada es la que más penetra y la que realiza mejor la transmutación, la que más rápidamente une a los cuerpos y resulta ser el mayor elixir.
He escrito estas cosas del modo más breve que me ha sido posible. Así pues, debes saber que del plomo de los filósofos se extrae un óleo del color del oro, o similar, con el que se disuelve la piedra mineral, o la animal, o la mixta después de la primera fijación, en tres o cuatro días, o veces, que es lo mismo. Esto te evitará todo tipo de trabajo de disoluciones y coagulaciones. La razón es que este es un óleo oculto que hace a la medicina muy penetrable, amigable y conjugable con todos los cuerpos, aumentando su efecto por encima de lo acostumbrado. Por tanto, si sabes tratar esto con equidad y trabajas en la forma indicada sobre la mezcla, podrás componer la piedra en treinta días. Este óleo no es por sí necesario en el vegetal, puesto que las disoluciones y coagulaciones se realizan ahí con rapidez, sin embargo si se realiza la sublimación, creo que habría que ampliar mucho la tintura de la piedra.
Pienso que no hay más acurtaciones que las expuestas en esta pequeña carta. Elige de entre ellas la que mejor te convenga, alabando a Dios, que vive por los siglos de los siglos. Amen.
Ramón Llull