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Os presento un extracto de la Guía de Descarriados de Maimónides (11??-1204):
Capítulo VII
De las diferentes maneras como el Profeta percibió las tres partes del Mercaba
Debes reparar en que la descripción de la primera visión de los hayyot nos los pinta con alas, y al mismo tiempo con manos de hombre, mientras que en la segunda visión, en que la palabra «querubín» sustituye al término hayyot, comienza la visión percibiendo sólo las alas, y más tarde ve las manos de hombre: «Y apareció en los querubines la figura de una mano humana debajo de las alas» (X, 8). En este lugar se emplea la palabra tabnit, forma, en lugar de demut, semejanza; y se ponen las manos debajo de las alas.
Repara en que el Profeta dice respecto de los ofannim o ruedas: le-ummatam, «enfrente de ellas», aunque no les atribuye forma alguna. Más adelante añade: «Cual aparece el arco del cielo que está en la nube el día que llueve, así era la apariencia del resplandor que le circundaba. Y parecía la semblanza de la gloria del Señor» (I, 28). Bien conocida es la sustancia y verdadera esencia del arco que aquí se describe. En este caso el símil y la comparación son verdaderamente extraordinarios y sin duda forman parte de la Profecía. Nótalo bien.
También es digno de notar que la semejanza del hombre que está encima del trono, se divide en dos partes, siendo la superior como el color del hachmal o zafiro, y la parte inferior como el fuego. Respecto de la palabra hachmal, ha sido explicado que se compone de dos: hach y mal que significan respectivamente «rapidez» y «pausa». Se han juntado los dos términos para indicar figuradamente la naturaleza de las dos partes, la que hachmal encierra las dos ideas de palabra y silencio, conforme al dicho de los sabios: «A veces callan, y a veces hablan», derivando de tal manera la palabra hach de la misma raíz que hehechethi, «yo he estado silencioso» (Isa. XLII, 14); de donde hachmal indica «palabra sin sonido». No hay duda de que la expresión: «a veces callan y a veces hablan» se refiere a los objetos creados. Considera ahora cuán claramente te dan a entender esas palabras que la apariencia del hombre que había sobre el trono no representa a Dios, el cual estaba por encima del conjunto del Mercaba, sino a una parte de la creación. Habla así mismo el Profeta de que «aquello es la semblanza de la gloria del Señor»; pero la gloria del Señor, no es el Señor mismo, como se ha mostrado en varias ocasiones. Todas las imágenes de esta visión aluden a la gloria del Señor, al Mercaba, y no a El que cabalga sobre el carro divino; porque Dios no puede ser comparado a cosa alguna. Adviértelo bien.
Te he dado en este capítulo los encabezamientos que te pueden ayudar a comprender este asunto, pero a ti te toca llenar los capítulos así titulados. Y no esperes que después de esto te diga una sola palabra más acerca de lo mismo, explícita ni implícitamente, pues ya se ha dicho todo lo que cabe decir, aunque no sin dificultad y forcejeo. Y ahora, comenzaré a tratar algunos otros asuntos que tengo la esperanza de aclarar en este tratado.
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(Editorial Obelisco 1997)