El Arte Hermético al Descubrimiento

(...) El centro de esa luz me pareció de un color púrpura y tan resplandeciente como la más viva luz del sol: osaría decir que aquella luz era la de los Campos Elíseos y su entera circunferencia tenía la apariencia de una blancura de leche. De la unión de sus partes luminosas surgía un color, muy parecido al del Sol poniente, aquel Sol al que los antiguos Romanos tenían por costumbre llamar Sol de los muertos.

(...) Apenas habíamos comenzado a andar cuando descubrí ciertas nubes espesas y blancas, o al menos eso me parecieron, que llenaron la parte del valle que estaba ante nosotros; en verdad estaba equivocado, pero no tardé en ver que, visto desde más cerca, aquello era una montaña firme y sólida, reluciente y brillante como los diamantes.

(...) Haz algunas reflexiones sobre su fundamento y su altitud, en particular sobre esos montículos salinos que son las verdaderas montañas lunares filosóficas. Cierto es que el agua cambia de figura por medio de su coagulación, el agente que Dios creó para que esto fuera posible es la tierra, y el agua por medio de la tierra es espesada y coagulada en una tercera figura, que no es ni agua ni tierra, participando de una y otra cualidad.

(...) Toma pues, mi querido Eugenius, del agua de la montaña, pero no agua vulgar, hazla hervir en el fuego de la naturaleza, que es de color rojo, con dos partes de tierra blanca; tras ello alimenta esas dos sustancias con aire o fuego y con fuego de aire y obtendrás las dos luminarias mágicas tan recomendadas por los antiguos filósofos.

(...) Ese cubo era la base de una pirámide de fuego, cuyas ocultas llamas se elevaban hasta el cielo; el frontispicio de ese monte era un pequeño portal del que colgaba un retablo que representaba al Dios Saturno de los antiguos con estas palabras por debajo:

 

Suavemente, o él os pinchará.

 

Entramos en ese monte, cuyas partes interiores parecían de color de esmeralda y me pareció ver en algún lugar hojas de oro puro y en algún otro lugar algo de color purpurado.

No pasé demasiado tiempo en ese lugar solitario sin ser interrumpido agradablemente, pues me pareció ver a la amable Thalía como si estuviese en la extremidad del horizonte, allí donde acostumbran a alzarse las estrellas. La parte elemental contiene todos los secretos de la física, la parte celeste, los de la astrología y la parte espiritual los de la teología; cada una de esas partes, en sí misma, no es más que una rama o una inteligencia de esa unidad, pero cuando están juntas las tres, constituyen como un monóculo de todas las ciencias; sin embargo, en este siglo, ninguna persona podrá demostrar un verdadero y real conocimiento de la física o astrología, ni se podrá decir de ella que tenga conocimiento alguno de teología, tanto más en cuanto la sucesión de los tiempos, al ser divididas estas tres ciencias para ser cada una una facultad aparte, son causa de que encontrar la verdad comporte tantos esfuerzos.

(...) En medio de este circulo tenebroso del que he hablado antes, está colocada una lámpara encendida que es imagen de la luz secreta, el fuego secreto que Dios ha puesto en medio, en el centro de los elementos, que es claro sin ser visto, pues reluce en un lugar oscuro y tenebroso que no puede ser percibido por los sabios; cada cuerpo natural es una especie de linterna sorda que envuelve y mantiene oculta su luz sin que perezca, porque está velada por la morada tenebrosa de su materia y no se da a conocer más que por sus efectos, siendo su agente, su vida, su luz igual que lo es el sol del macrocosmos. (...) En cuanto a los minerales, su primera materia es coagulada por ese fuego luminoso y transformada de una materia a otra a partir de lo cual un hombre puede deducir esa verdad constante: los principios minerales son disueltos por artificio de manera que este espíritu de fuego pueda ser liberado, incluso el propio metal puede ser transformado en vegetal, el fuego luminoso no puede ser extraído de ningun sujeto natural, sea el que sea entre todos, sin que aquel pueda subsistir; no se encuentra, pues, sino en un unico sujeto, que los árabes llaman haly Caly, que deriva de Hale summum & Calop bonum, pero los autores latinos, por corrupción, escriben sal Hal Caly, sustancia que es el receptáculo universal de los espíritus de fuego, bendita y apacentada del fuego y de la luz superior, y por ello ha sido calificada por los sabios como morada repleta de luces divinas.

(...) Las sustancias medias, o lo que se encuentra entre dos extremidades, es lo que comúnmente se llama naturaleza; aquí está la escalera del gran Caldeo que lleva a Tártaro ad primum ignem desde la oscuridad inferior hasta el fuego supraceleste; lo que ocupa el medio entre estas dos naturalezas es fortalecido por una especie de agua que constituye el esperma o primera materia del gran mundo y de la que ahora quiero haceros la siguiente descripción.

(...) Es una tierra extremadamente suave, húmeda, fluente y fluida, en una palabra, es una tierra de cera capaz de cualquier impresión; es la hija de la tierra y del agua, y los antiguos filósofos la definían como una masa animada poseedora, en cierto modo, de la naturaleza de la luna, la unión de los espíritus masculinos y femeninos, la quintaesencia de los cuatro, el ternario de dos y el binario de uno: tales son las generaciones físicas y metafísicas.

(...) Esta primera materia es en sí misma un mundo sin forma; no es ni un poder o potencia absoluta, ni un aire perfecto, sino tan sólo una sustancia virgen, dulce como Venus, la madre de los Amores, una semilla universal, la mezcla y la unión del cielo y de la tierra, unión de la que procede esta sustancia húmeda y espermática que es la madre de todas las cosas que hay en el mundo, y el fuego masculino sulfuroso de la tierra es su padre.

(...) Volviendo a la primera materia digo que no es ninguna suerte de agua común; la madre en primera materia de los metales es una sustancia acuosa que no es ni tierra ni agua, sino un intermedio que ostenta la naturaleza de ambos, que no es ni lo uno ni lo otro, lo cual concuerda con la opinión de Basilio Valentín en su tratado y con la exacta descripción que hace de esta sustancia mercurial; la materia primera, nos dice, es una sustancia húmeda y seca al mismo tiempo, y que no podría ser comparada con ninguna otra materia, sea la que sea; otro filósofo la define como un agua terrestre y como una tierra acuosa sobre la que los cuerpos celeste influyen sus espíritus.

La mayoría de los filósofos dan el nombre de agua a esta misma sustancia, lo que hace que los ignorantes se equivoquen a menudo, cosa que es recordada en la Turba de los Filósofos por Agadmon, diciendo que cuando el vulgo oye este nombre de agua cree que se trata del agua de las nubes, porque no entiende nuestros escritos; pero si los entendiera bien comprendería que es un agua permanente y fija, y que sin la raíz a la que se encuentra unida no sabría ser permanente; el sabio Cosmopolita nos dice la misma cosa: nuestra agua, -dice-, es un agua celeste que no moja las manos, y este mismo filósofo la compara con el agua de lluvia por su ligereza; por ello es necesario reflexionar sobre la diferencia y la proporción que tienen las cosas entre sí si queremos comprender el sentido figurado de los filósofos; así, si es cierto que este agua no moja las manos, ello es un testimonio indiscutible de que este agua no puede ser el agua común; es un licor amargo y estíptico, es de naturaleza mineral, tiene, según Ramón Llull, la apariencia del sol y de la luna, y bajo la forma de un agua tal nos ha sido mostrada, y no como un agua de fuente y de lluvia; y en otro lugar, nos hace todavía otra descripción aún más clara, diciendo que es un agua ígnea y no un agua de nubes flemáticas; ante todo es un agua colérica más caliente que el fuego, y añade que tiene el aceite verdoso y el color parecido a un lagarto verdoso, pero su color natural y predominante es un color azulado, difícil de expresar, y que guarda un gran parecido con el color del cielo en tiempo sereno, su color también se aproxima al de las serpientes, sobretodo al color de la parte del cuello, cuya piel es de un color azul intenso; es por ello que los filósofos la llaman sus serpientes y su dragón; la cualidad que más predomina es una suerte de tierra sutil e ígnea, que es la causante de que los más sabios filósofos hayan dado a todo el compuesto el nombre de tierra sutil e ígnea, a fin de ocultar el secreto.

(...) Paracelso la ha descrito en un sólo lugar como la parte viscosa de la tierra. Ramón Llull dice por todas partes que la sustancia de nuestra piedra es totalmente grasienta y apacentada de fuego, por eso este mismo autor sostiene en otra parte que es tierra y no agua, y añade estas palabras: conviene que toméis nuestra tierra pétrea del sol, porque es la piedra honorífica que se encuentra en los altares o en las casas desiertas, y que encierra un gran secreto y un tesoro encantado, y en otro lugar se vuelve a expresar así: la primera materia, hijo mío, es una tierra sutil, sulfúrea, y esta tierra noble es llamada sujeto mercurial; ten pues por cierto que esta sustancia viscosa o tierra húmeda debe ser disuelta en una especie de agua para llegar a ser el agua de los filósofos.

(...) Veamos a continuación qué grado de calor opera en todas las generaciones, porque por el grado de calor del agente descubrimos la naturaleza del paciente.

Lo mismo quiero probar para el texto de la versión de la Vulgata, en la que está dicho: Dios creó el cielo y la tierra, y la tierra era vacía y sin forma, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas. En la primera parte de este texto, Moisés hace mención de dos principios creados y no del mundo perfecto; como puede verse después, habla en términos generales de cielo y tierra; en la última parte describe cada uno de sus principios en términos más particulares comenzando por la tierra; y la tierra, dice, estaba sin forma y vacía, de lo que se debe inferir que la tierra de la que habla era un puro rudimento o principio de esa tierra, y lo puedo inferir porque esta tierra que está delante de mis ojos no está sin forma o vacía, y de ello concluyo que la tierra descrita por Moisés era el azufre virgen, que es una tierra informe por no tener ninguna figura determinada de tierra; es una sustancia vil, variable, no compuesta de materia y de forma vacía, es porosa como la esponja o como un aceite viscoso, en una palabra, la he visto y no me sería posible hacer de ella una descripción más exacta.

(...) Después de esto, Moisés pasa al segundo principio, que es el cielo, y dice de él que había tinieblas sobre la faz del abismo y que el espíritu de Dios se cernía sobre las aguas; en este lugar llama a las aguas abismo, mientras que antes las había denominado cielo; esto también es cierto para el vapor celeste del caos, que será separado y destinado a ser el lugar de las estrellas; esto está claro en el original hebreo, puesto que ymh y ymch (Hamaim y Hashamaim) son dos términos que significan la misma cosa, así como aqua es abiaqua, es decir, una sustancia fluida en la que la cualidad seca está oculta, como conclusión, conviene recordar que nuestra cosa no es un agua común sino una tierra espesa y viscosa que debe ser disuelta en una especie de agua, y esta última debe ser coagulada en la tierra, lo cual se hace por una especie de agente natural que los filósofos llaman su fuego secreto.

(...) Volvamos a nuestro fuego; podemos decir de él que está en el centro de todas las cosas, tanto visibles como invisibles; se encuentra en el agua, en la tierra y en el aire, en los minerales, en los vegetales y en los animales; está en las estrellas y en los ángeles, pero originariamente la raíz está en Dios, pues Él es la fuente de calor en todas las criaturas según aprendemos en los escritos de los antiguos filósofos; éstos nos ofrecen, entre otras, dos nociones para aclarar nuestra inteligencia: es, -nos dicen-, húmedo e invisible, por ello lo llaman venther y añaden que es fimus equinus, porque en el fuego del caballo hay un calor húmedo aunque no aparezca ningún fuego visible.

Hay una gran diferencia entre el fuego visible ordinario y el fuego filosófico; este último es de una cualidad húmeda y, ciertamente, sucede lo mismo con el fuego común, ya que observamos que las llamas se retiran y se extienden por sí mismas, que disminuyen y crecen, y ello con el fin de conservar el flujo y la continuidad de sus partes, cosa que no podrían hacer sin humedad.

(...) Me queda por deciros alguna cosa sobre la práctica. Procurad comprender bien este secreto, pues el fuego no nutrirá bien si antes no es alimentado, pues por sí mismo es seco y colérico, pero una naturaleza celeste lo conduce a la exaltación deseada. Observa ahora la solución de la tierra viscosa y grasa convertida en un mercurio transparente y glorioso; este mercurio es el agua de la que hemos hablado antes, y no el agua común como creen los ignorantes. Pero ahora se encuentra actualmente animado por la manifestación de la luz central.

 

Del éter o del aire de los filósofos

 

(...) Hasta ahora he hablado de la primera materia y del fuego natural, términos estos que, ciertamente, son muy conocidos pero cuyo significado rara vez es comprendido. Falta hablar de los principios más singulares, más profundos y más oscuros; sus misterios son tales y sus sutilezas tan grandes para ser penetradas, que muy pocos pueden llegar a ellos.

 

Del alma de las estrellas

 

Es el verdadero astro solar y el sol mineral espiritual; está compuesta de éter y de una tierra sanguínea e ígnea, y está repleta de una infinidad de espíritu; aparece bajo una consistencia gomosa, de naturaleza sutil, cálida de la que fluye su propia sustancia y una especie de sal divina animada de color púrpura y, para hablar con propiedad, es el alma metálica en su última perfección, que es llamada por Ramón Llull filium solis.

(...) Pero según el sentido de nuestro caldeo, es un espíritu de fuego y de vida, es una influencia de la divinidad que viene de la tierra de los vivos, a saber, de la segunda persona que los cabalistas llaman Levante o ser sobrenatural porque así como la luz natural del sol fue creada al principio del mundo del lado de oriente, también la luz sobrenatural fue manifestada en la segunda persona, por ser ésta el principio de la creación, el comienzo de los caminos de Dios y la primera manifestación de la luz del Padre en la generación sobrenatural de esa tierra de los vivos de la que se ha hablado más arriba, de la cual procede y deriva la vida y el espíritu según la opinión de los cabalistas: toda buena alma es un alma nueva que viene del oriente; es decir, hmkj (Hochmah) o segunda sephirah, que es el hijo de Dios.

Es, pues, evidente que la terra viventiam o tierra eterna del fuego luminoso hace brotar o germinar flores espirituales e ígneas que son llamadas almas, así como la tierra natural de aquí abajo produce animales, vegetales y minerales.

(...) De todo ello concluyo que este espíritu divino y el fuego son las columnas y los pilares sobre los que está fundado todo el edificio universal, y sin los cuales no podría mantenerse ni subsistir un sólo instante.

(...) Este mismo fuego o Prester, es el trono de la luz de la divina sabiduría, y el Espíritu de vida emanado de Dios, pues Él es la base y el acto universal de todas las cosas, sin el cual las creaciones no podrían subsistir

(...) Conviene declarar que este es un misterio difícil incluso para los hombres de buen comprender, y es necesario que este fuego o Prester permanezca como una luz en un lugar oscuro.

 

De la sal verde

 

Es una tintura de la mina zafírica y, para definirla más claramente, es el aire de nuestro pequeño mundo de fuego invisible. Produce cuatro efectos admirables que son: salud, juventud, riqueza y grandeza; cualquiera que sea el sitio donde se la descubra es un signo infalible de vida, por ello puede ser vista en primavera, cuando todas las cosas verdean, cuando la vista y la apariencia son tan amables que alegran el espíritu del hombre.

Del descenso o metempsicosis del alma del mundo

 

(...) Hay dos especies de fermentación, una espiritual y otra corporal. Los antiguos filósofos llamaron a esta composición su elixir, que se puede llevar fácilmente encima, cosa que no sucede con los agentes de los que hemos hablado, pues son un fuego tan sutil y tan húmedo que sólo el cristal los puede contener.

(...) Los cabalistas dicen que en las siete partes hay dos ternarios, y que hay uno en el medio. Doce están en guerra, tres son amigos y tres son enemigos; tres vivifican y tres producen la muerte. Dios es el rey fiel que desde el altar de su santidad reina sobre todas las cosas, uno sobre tres, y tres sobre siete, y siete sobre doce: todos ellos se enfrentan, uno contra otro, y después de ello resulta la unidad.

Eugenio Filaleteo