TRADUCCIÓN DE NUEVE HOMILÍAS SOBRE

LA VISIÓN DE ISAÍAS QUE ESCRIBIÓ

ORIGENIS ADAMANTI1

 

Homilía Primera

 

I. Y sucedió que en al año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado sobre un trono elevado (Is.6,1). Mientras vivió el rey Uzías, el Profeta Isaías no pudo ver la visión. Uzías era pecador, actuando con maldad ante la mirada del Señor y en contra de la voluntad de la Ley Divina. Entró en el Templo y también en el Santasantorum y por esto la lepra cubrió su frente y así fue contado entre los que salen fuera de la ciudad a causa de su inmundicia.

Es necesario, pues, que muera tal príncipe del espíritu para que podamos ver la visión de Dios. No está escrito en vano: Y sucedió que en el año en que murió el rey Uzías, ví al Señor sentado sobre un trono elevado (Ibid.). Uzías o lo que es lo mismo, el faraón, vive en cada uno de nosotros y no suspiramos2, realizando así la obra de los egipcios, pero si morimos, entonces suspiramos, como está escrito en el Exodo, y si Uzías vive, no vemos la gloria de Dios, pero si muere, entonces, en el mismo momento en que muere Uzías, vemos la gloria de Dios.

Es necesario que reine en nosotros la palabra de quién dijo: Pero yo he constituido un rey a partir de él. Y no que reine la ira, pues ciertamente existe también un rey del pecado; el Apóstol, sabiéndolo dice: No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal (Rom.6,12). ¡Miserable el hombre en quién reina el pecado!, quién se entrega a tal rey desprecia el reino de Dios y se somete a la voluptuosidad y por ello es amante de la voluptuosidad y no amante de Dios, como dice al Apóstol sobre algunos: Amantes de la voluptuosidad más que de Dios (I Tim.3) y ciertamente esto no lo dijo únicamente sobre los infieles3 sino también sobre los que conviven en su interior con la voluptuosidad en lugar de ser amantes de Dios. Poseen la apariencia de la piedad4 negando su virtud. Esta fue la causa de la muerte del rey Uzías, después de cuya desaparición se dice que fue vista por el Profeta la visión.

Pero ¿Qué visión es ésta?: Vi al Señor sentado sobre un trono excelso y elevado (Is.6,1). No todos los que ven a Dios sobre un trono excelso y elevado. Sé de otro Profeta que ha visto al Señor y que lo ha visto sentado sobre un trono que no era excelso ni elevado. El libro de Daniel explica que se pusieron en tronos (Dan. 7,9) pero ese trono no estaba elevado. Vendrá y se sentará para juzgar al pueblo en el valle de Josafat5. Así pues, se sienta allí, en el valle: en el valle donde debe juzgarles y condenarles. Sin embargo, verle sentado sobre un trono excelso y elevado es otra cosa.

También en Miqueas se explica: Sale y desciende Dios6. También desciende para observar Sodoma: Desciendo, dijo, para ver si el clamor de su pecado, que ha llegado hasta mí, ha sido consumado7. Así pues, Dios, un día sube o un día parece que baja hasta la categoría de los asuntos molestos.

Vi, pues, al Señor, dice Isaías, sentado sobre un trono excelso y elevado. Si veo al Señor en las cosas que reina aquí, no lo veo sobre su trono excelso y elevado; si le veo reinando sobre las virtudes celestiales, le veo sentado sobre un trono excelso y elevado.

¿Qué son las virtudes celestiales?. Son Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades y Virtudes celestiales, y, si le veo reinando sobre las virtudes celestiales por el Verbo: Veo al Señor sentado sobre un trono excelso y elevado (Is. 6,1).  

Elevado es su trono y llena de gloria su casa8. No creo que la casa llena de la gloria del Señor se encuentre en la tierra, pues la plenitud de la gloria de Dios no se encuentra en el tiempo presente si no has edificado el Templo de Dios y por esta razón observa que está dicho que la casa parece llena de la gloria de Dios. No sé si la casa está realmente llena de gloria. Sobre éste asunto y con la gracia de Dios leemos en el Levítico lo siguiente: Y habiendo entrado Moisés y Aarón en la tienda de la reunión, al tiempo de salir, bendijeron al pueblo y la gloria del Señor se dejó ver por todo el pueblo (Lev. 9,23). Nunca aparecerá la gloria de Dios si no se realizan estas cosas; lo sabemos por las palabras de la Biblia.

II. Alrededor del trono se mantenían erguidos los Serafines: cada uno de ellos tenía seis alas (Is.6,2). Veo dos Serafines y cada uno de ellos tiene seis alas. Después, veo la disposición de las alas: dos de ellas velas su rostro, no su propio rostro sino el de Dios. Otras dos alas cubren sus pies, no sus propios pies sino los de Dios. Con las otras dos alas, vuelas. Lo que aquí está escrito parece contradecirse pues si se mantienen erguidos no pueden volar, pero está escrito: Alrededor del trono se mantenían erguidos los Serafines: cada uno de ellos tenía seis alas. Con dos cubrían su rostro, con dos sus pies y con dos volaban y clamaban a coro (Is.6,2 y 3).Verdaderamente estos Serafines que están cerca de Dios, con un único conocimiento dicen: Santo, Santo, Santo (Ibid.) indicando así el Misterio de la Trinidad pues las tres personas son santas y entre todas las cosas que existen no hay de más santas y no es con ligereza que dicen a coro: Santo, Santo, Santo, pues pronuncian con clamor, la salvación de la confesión de la fe para todos.

¿Quiénes son estos dos Serafines? Mi Señor Jesús y el Espíritu Santo. No creas que la naturaleza está separada de la Trinidad si los hombres conservan sus funciones.

“Cubrían el rostro de Dios”, es decir, el principio desconocido de Dios, pero también “sus pies”;  no se puede asir lo último de nuestro Dios, pero nos parece que sólo lo podemos aprehender por el centro. No conozco el “antes”; reconozco a Dios por las cosas que son ahora. Desconozco lo que serán en el futuro hasta vivir el futuro. ¿Quién dijo esto? El Eclesiastés dice: Anunciad las cosas primeras y últimas que serán y decirme qué dioses sois. En el mismo sentido Isaías también dice: Anunciadnos las cosas primeras: ponemos nuestro corazón y conocemos. Indicadnos las últimas cosas que han de venir. Vaticinad lo que ha de acontecer en el futuro: sabemos que vosotros sois dioses. (Is.41,22 y 23). Pues quién dice el pasado y puede decir el futuro es Dios.

En consecuencia: ¿Quién aparte de los Serafines puede decir Santo, Santo, Santo?. Los Serafines desvelaron cierta parte de Dios, es decir, su centro, y clamaban a coro manteniéndose erguidos frente a Dios diciendo Santo, Santo, Santo. “Se mantienen erguidos y se mueven” Se mantienen erguidos con Dios y se mueven para desvelarle.

Entiende pues por qué velan sus rostros y cubren sus pies, no moviendo lo que está velado y no velado lo que les permite volar y dicen “Santo, Santo, Santo, Señor de los Ejércitos9 llena está toda la tierra de tu gloria”. Se anuncia así la venida de mi Señor Jesús Cristo y ahora. “llena está toda la tierra de su gloria” o bien, ciertamente aún no esta llena pero se llenará en el futuro, realizando la oración con la que el mismo Señor nos invitó a orar al Padre diciendo: Cuando queráis orar decir: Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la cielo como en la tierra (Mt. 6,9-13). Hasta este momento, la voluntad del Padre está en el cielo, en la tierra su voluntad todavía no está perfeccionada como cuando el mismo Jesús, revestido de carne mortal10 dijo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.(Mt.28,18)

¿Se puede tener potestad en el cielo y no en la tierra y que alguien la recibiera en la tierra?. Creyendo en Dios en la tierra11 como creemos en Dios en el cielo se recibe el poder del hombre-Cristo que antes no se tenía. Hasta que no se encuentra en medio de nosotros no tiene poder sobre toda la tierra12 y no reina sobre aquellos que pecan, pero cuando le sea dado el poder, estándole todas las cosas sujetas, entonces se completará el poder y Todas las cosas le estarán  sujetas.(I Cor.15,28). Nosotros finalmente exclamamos: ¿no estará mi alma sujeta a Dios? (Sal. 62,5). Sujeta a Dios mi salvador.

III. Ambos volaban y decían el uno al otro. Santo, Santo, Santo SeñorDios de los Ejércitos, llena está toda la tierra de tu gloria y clamaban elevados sobre los quicios de la puerta por la voz.(Is.6,49). por la voz de Jesús Cristo y del Espíritu Santo. Si alguno de vosotros al orar clamando oyera la voz de Jesús Cristo, sería elevado sobre el quicio dela puerta y más alto que cuando estaba elevado, como está dicho: Alzad, oh puertas, vuestras cabezas y elevaos vosotras, puertas eternas y entrará el Rey de Gloria. (Sal.24,7).

IV. Y la casa se llenó de humo (Is. 6,4). A consecuencia de la remisión del fuego toda la casa se llenó de humo, pues el humo es el vapor del fuego. Y dije ¡Ay de mí soy muerto!, pues siendo hombre e inmundo de labios... (Is. 6,5). No puedo percibir porqué Isaías se humilló a sí mismo: verdaderamente la Escritura da testimonio de que fue enviado uno de las Serafines para quitarle su pecado13.

Pero uno de los Serafines es nuestro Señor Jesús Cristo que ha sido enviado por el Padre para quitar nuestros pecados. También dice: He aquí que fueron quitadas sus iniquidades y circuncidados sus pecados (Is. 6,7). No pienses en el ultraje de la naturaleza si el Hijo ha sido enviado por el Padre14.

Finalmente, para que conozcas la Unidad Divina en la Trinidad, diré que, en el presente estudio veremos cómo sólo Cristo disuelve los pecados y sin embargo, es cierto que la Trinidad disuelve los pecados. Quién cree en una de sus tres personas, cree en toda.

“Entonces, desde el altar de Dios me fueron transferidas por el  cielo unas tenazas para tocar mis labios”. Si las tenazas del Señor tocan mis labios, éstos se purifican, pero cuando estuviera purificado y circuncidado de mis defectos, como hemos dicho hace un momento, abriré mi boca al Verbo de Dios y en adelante ninguna palabra inmunda saldrá de mi boca.

Siendo hombre e inmundo de labios, también habito en medio de un pueblo que tiene inmundos los labios (Is. 6,5). El Serafín que le fue enviado, purificó los labios del Profeta pero no purificó los labios del pueblo pues el propio Profeta confesó ser inmundo de labios y habitar en medio de un pueblo inmundo de labios. Pero el Serafín que fue enviado no juzgó al pueblo digno de poseer unos labios puros15 y por esta razón, aún son impíos, por esta razón, aún rechazan a mi Señor Jesús Cristo y todavía lo maldicen con sus labios inmundos. Yo, sin embargo, suplico al Serafín para que venga y purifique mis labios16.  

V. Han visto mis ojos al rey, Señor de los Ejércitos.(Is. 6,5).¿Por qué  decimos ahora que algunas tradiciones de los judíos son auténticas y que otras no? ¿Qué solución encontramos a esto?. A propósito de Isaías, algunos judíos dicen que estaba separado del pueblo como trasgresor de la ley y pervertidor de las Escrituras, pues la Escritura dice: Nadie verá mi rostro y vivirá (Ex. 33,20), pero él dijo: He visto al Señor de los Ejércitos. Le preguntan: ¿Moisés no lo vio y tú lo viste?. Es por esta razón que le separaron y le condenaron como impío pero no tenían en cuenta que las alas velan el rostro del Serafín de Dios. Isaías, como Moisés, vio al  Señor pero no vio su rostro, rostro del Serafín de Dios. Isaías, como Moisés, vio al Señor pero no vio su rostro. Posteriormente (como está escrito) Moisés lo vio. Isaías, sin embargo vio al Señor aunque no viera su rostro, por lo que condenaron sin razón al Profeta.

Han visto mis ojos al rey, Señor de los Ejércitos que me envió a uno de sus Serafines

(Is.6, 5 y 6).No solamente para la venida de nuestro Señor Jesucristo baja a las tierras17, también viene para Isaías, también viene para Moisés, también viene para el pueblo, también viene  para cada uno de los Profetas y tú, no temas, pues si ya está establecido en el cielo, vendrá de nuevo ya que antes también había venido en  presencia carnal para los hombres18.

¿Admite tú al testigo que lo declara y lo dice! ¡Jerusalén, Jerusalén que matas a los Profetas y apedreas a los que te son enviados!¡Cuantas veces quise reunir a tus hijos!  (Mt. 23,37). “Cuantas veces”. No dice: “No te hubiera visto si no hubiera venido ahí, sino que dice “Cuantas veces”.

Se transforma a través de sus Profetas19. Yo afirmo que era Cristo quién hablaba a través de los Profetas.

Dije (hace un momento): “y tú no temas” y ahora es enviado Jesús Cristo. No miente: Estoy con vosotros (dice el Señor) todos los días hasta la consumación de los siglos. (Mt.28,20). No miente pues: Allí donde están dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ello (Mt.18,20), puesto que, repito, Jesús Cristo está presente, permanece, está dispuesto y revestido como Sacerdote20 puede ofrecer nuestros ruegos al Padre para que, por su mediación, se eleven al Padre los sacrificios que ofrezcamos.  

Él mismo se muestra benigno ante nuestros pecados y a Él son dados el poder y la gloria.

Por los siglos de los siglos. Amén.  

Eusebio Jerónimo, Presbítero de Estridón

(Traducción: C. de la Maza)


1. San Jerónimo escribió un comentario sobre la visión de Isaías y poco tiempo después, entre los años 400 al 404, tradujo la presente obra  que él mismo atribuye a un misterioso personaje nunca localizado: ORIGENIS ADAMANTI. Posiblemente se trata del mismo San Jerónimo que pudo así decir cosas, sin comprometerse como autor, en unos tiempos difíciles puesto que sus detractores eran muchos. El curioso nombre escogido, ORIGENIS, indica el principio, el inicio y ADAMANTI significa en latín “del diamante”; en hebreo המדא (Adama) significa tierra, pero una tierra específica de cuyo polvo Dios formó al hombre como vemos en el libro del Génesis cuan do dice: Y el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra (המדא). (Gn.2,7). Es decir, del polvo de Adama. Nuestra traducción, a partir del latín, procede del volumen XXIV de la colección de Patrología Latina editada por J.P. Migne en París en el año 1845. volver

2. El verbo latino utilizado por San Jerónimo es “suspirare” de “sub-spiro”, exhalar aire desde abajo, desde lo más profundo del pecho. S. de Covarrubias, define la voz “sospirar” como “sacar el espíritu de lo profundo del pecho con significación de dolor o ansia que padecemos. Algunas veces es indicio de desear grandemente alguna cosa. Los suspiros es pasión muy común a los enamorados”. volver

3.Se refiere a los gentiles o pueblos que no habían recibido evangelización. volver

4. En latín “pietas” que Virgilio traduce como “justicia de los dioses”. Dic. A, Blaise. volver

5. Cf. Joel 4,2 y 12. Josafat quiere decir “el Señor juzga” volver

6. Cf. Miqueas 1,3. volver

7. Cf. Génesis 18, 20 y 21. volver

8. Cf. Salmos 24,1. volver

9. La Iglesia actual ha cambiado el “Dios de los Ejércitos” por “Dios del Universo” impidiendo así a los creyentes saber que se trata del Ejército de Ángeles o su reunión en Dios. No olvidemos que en hebreo el nombre de Dios Elohim es plural. volver

10. Es decir, apareciendo ante sus discípulos después de la resurrección. volver

11. Es decir, creyendo en el Misterio de la Encarnación. volver

12. Se refiere pues al hombre completo, perfeccionado. volver

13. Cf. Isaías 6, 5-7. volver

14. Sin duda la Encarnación Divina no se rige por las leyes de la naturaleza caída en el exilio; tenemos en las Sagradas Escrituras distintos ejemplos de ello: Sara, engendró a Isaac cuando su naturaleza era ya incapaz de engendrar un hijo. Rebeca, la mujer de Isaac era estéril y Raquel, la mujer de Jacob, también era estéril. María, la madre de Jesús, no había conocido varón. volver

15. Según vemos aquí, el Ángel que transmite el inicio dela obra de Dios, es decir, la purificación, la disolución del pecado, escoge al receptor. volver

16. Esta  operación, pues, es tan factible ahora como en los tiempos de Isaías, el autor lo sabe y suplica al Ángel para obtenerla. volver

17. las tierras, es decir, los hombres, pues cada hombre es una tierra donde Dios si lo desea, puede sembrar su semilla divina. volver

18. Recordamos aquí la expresión de Krisna que figura en el libro II del Mensaje Reencontrado. Y que dice así: Para restablecer la piedad, nazco en distintas edades. volver

19. El verbo latino utilizado aquí es “convertere” que podríamos traducir también como girar, convertir, cambiar, adoptar, por lo que esta oración podría perfectamente traducirse como: “Se cambia en el Profeta o se convierta en un Profeta” es decir, toma posesión del cuerpo del Profeta. volver

20. Es decir, revestido del poder que le otorga albergar a Cristo. volver