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Del ascenso y descenso del intelecto
1. Es la piedra un ente pasivo, bajo del sentido como
queda dicho; pero no generalmente de todos ellos, porque por no ser gustable, ni
odorable, no pueden tener en ella sus actos el gusto, ni el olfato.
2. Percibe la vista en la piedra color y figura, y por medio de la misma
potencia visiva, comprende el entendimiento el color y la figura de la misma
piedra, sin duda ni credulidad, y sin que la imaginación tenga acción, porque
la presencia de la piedra y el acto actual de la potencia visiva no lo permiten,
como también, porque la imaginación no puede tener acto sin especie: en lo que
se manifiesta que el entendimiento con solo el acto de la vista, y sin
concurrencia de la imaginación puede entender, como cualquiera puede
experimentar en sí mismo.
3. El hombre, cerrados los ojos, no ve la piedra, pero la imaginación la
imagina si antes por medio de la vista recibió la especie; y así por medio de
ella, y sin la vista en acto actual, el entendimiento entiende que la piedra
tiene color y figura, y que la misma piedra tiene pasión bajo los actos de la
imaginación y del entendimiento, sin concurrencia de la vista entonces, como
cualquiera puede experimentar: de lo que el entendimiento hace ciencia.
4. Tiene la piedra pasiones bajo las potencias activa y auditiva, porque el
afato la nombra hacienda de ella unas veces sujeto y otras predicado: v.g.:
diciendo, la piedra es coloreada; el zafiro es piedra, y por el acto de oírlo
la potencia auditiva tiene también pasión en la piedra, y así la piedra en un
mismo instante es dos veces pasiva, cuyas pasiones recoge la imaginación, y de
ella el entendimiento, haciéndola por este medio inteligibles; en que se
manifiesta que la piedra es paciente bajo el sentido de imaginación y el
entendimiento.
5. El hombre que tiene en la mano una piedra siente en ella pasiones por
medio del tacto, que siente su dureza, frialdad, peso, ligereza y aspereza sin
sucesión. Estas pasiones recoge del tacto la imaginación, pero no lo puede
hacer sin sucesión de tiempo, y lo mismo es del entendimiento, quien
sucesivamente las saca y recoge de la imaginación, por lo que éste se admira
de que siendo la imaginativa más noble potencia que la sensitiva, y siendo él
más que la sensitiva e imaginativa, el tacto perciba sin sucesión muchas
pasiones en la piedra, y el mismo entendimiento y la imaginación no puedan
percibirlas, sino con ella y una después de otra. Pero descendiendo a la
potencia tactiva, considera que así como ella a un mismo tiempo es general para
percibir muchas pasiones, así él y la imaginativa son generales para
comprenderlas juntas, cuando las tiene en hábito por medio del afato y el oído:
pero que por causa de que por ellos las perciben sucesivamente ni pueden usar de
ellas sin sucesión, si antecedentemente no las tienen recogidas y habituadas;
mas la potencia tactiva sin sucesión las percibe, por no percibirlas mediante
el afato, oído y vista; y en este caso se manifiesta de qué modo el
entendimiento es práctico y general: práctico por la sucesión; teórico y
general por el hábito.
6. Vuelve a descender el entendimiento a la piedra, y por medio del tacto e
imaginación, considera que su frialdad es una cualidad y su dureza otra, y que
no siendo éstas propias pasiones suyas, sino es apropiadas (por ser
inseparables del sujeto que las sustenta), conoce que en la piedra hay agua y
tierra, porque la frialdad es propia e inseparable cualidad del agua, y la
dureza de la tierra, y conoce también que en la piedra están los elementos:
pero la potencia sensitiva no puede percibirlos si no es mediante el afato y el
oído, pues aunque por el tacto perciba frialdad, y dureza en la piedra, éstas
no son los elementos, sino es sus cualidades.
7. En tanto que el entendimiento por este medio conoce que en la piedra están
los elementos de agua y tierra, se admira cómo no percibe el aire y el fuego,
siendo así que la piedra es un compuesto de los cuatro elementos, y entonces
vuelve a descender y por medio de la potencia visiva, que ve salir fuego del
pedernal herido con el hierro, alcanza que en la piedra hay fuego y se mueve a
inquirir de nuevo si en ella está el aire, y percibiendo diafanidad por medio
de la misma potencia en el zafiro, esmeralda y rubí, y que cuando son intensos
en el color, colorean el aire, del cual es propio color, la diafanidad alcanza
que el aire está en la piedra y conoce también que lo que no puede percibir
por medio de un sentido particular, lo percibe por medio de otro.
8. Es la piedra movible con movimiento violento y natural: violento cuando se
arroja con impulso al aire, y natural cuando desciendo, pues entonces se mueve
con su gravedad, cuyos movimientos son sensible por la vista, imaginables por la
imaginación e inteligibles por el entendimiento, sin duda ni credulidad, por
causa de las sensuales experiencias.
9. En tanto que el entendimiento así las conoce, considera dónde se coligen y
caracterizan y halla que en el sensible, que es propia pasión del sentido común,
y extrínseca de la esencia de al piedra, respecto de que ella por sí no
siente, sino que es sentida por otro, que no es de su esencia, y distinguiéndose
el sentido común esencialmente de la piedra, de la imaginación y del
entendimiento; y estando en él la potencia sensitiva activa, con la cual como
eficiente, obra y colige las pasiones de la piedra, haciéndolas sensibles, se
manifiesta que lo sensible, lo sensitivo y el sentir son partes esenciales y
connaturales del sentido común, de las cuales consta está constituida.
1. Percibiendo el tacto la piedra fría, y después
caliente si se ha puesto al fuego, o calentado, por medio de él la imaginación
y el entendimiento conocen las acciones de la piedra; pero éste se admira e
inquiere dónde se fue la frialdad que primera percibió en la piedra, y halla
que la frialdad que primero estaba en acto en ella, con el calor se redujo en
potencia y el calor que estaba en potencia en ella misma quedó puesto en acto,
y como la frialdad sea inseparable del agua, que es su propio sujeto, y el calor
del fuego, que también lo es suyo, vuelve de nuevo a comprender y a cerciorarse
de que en la piedra están los elementos; mas de nuevo vuelve a dudar si éstos
están en la piedra en acto o en potencia, y ayudándose con el sentido e
imaginación, y con su propia razón y naturaleza, conoce que necesariamente están
los elementos realmente en la piedra, pues de otra forma su frialdad, que quedó
reducida de acto en potencia cuando la piedra se calentó, no volvería a
recuperarse cuando se enfrió, por no tener sujeto propio en que sustentarse, y
así quedaría siempre reducida a la potencia, respecto de que l cualidad activa
existente en acto, no podría sustentarse en un elemento existente sólo en
potencia.
2. Aplicado el jaspe a las venas abiertas las restriñe y cierra, no dejando
salir la sangre, d que tenemos experiencia por la vista; cuyo acto representado
de la potencia sensitiva a la imaginativa, y de ésta al entendimiento, éste,
admirado de la causa de esta acción virtuosa, se vale de la vista y tacto para
hallar la razón y por la vista conoce que la piedra es del género de la
tierra, del cual también son los nervios, de cuyo género son las venas; y por
el tacto, que la tierra es seca y fría, siendo la sangre caliente y húmeda,
y el jaspe intensamente seco y frío, con su frialdad contradice al calor de la
sangre y con su sequedad a su humedad, por lo que el jaspe cierra las venas y la
sangre se detiene y retira, no osando salir por la parte que está el jaspe, por
ser su opuesto y enemigo.
3. El rubí es piedra que tiene el color rojo y diáfano, y tiene virtud de
alegrar el corazón del hombre que le ve, pero no el de la gallina u otra ave,
antes si ésta ve un grano de trigo u otra simiente se alegra, no haciendo caso
de la piedra, y eligiendo el grano: lo que admira el entendimiento, por haber
creído que el objeto movía la potencia, lo que la vista en este caso le
manifiesta ser falso, pues si no lo fuese, la vista del rubí causaría alegría
al corazón de la gallina, como la causa al del hombre; y experimentándose lo
contrario (pues eligiendo el grano no hace caso de la piedra), conoce el
entendimiento, que por razón del fin la potencia se mueve con el objeto y que
por esto el hombre con el fin de adquirir riquezas se alegra objetando el rubí;
y la gallina con el fin de vivir, que para ella es el principal, se alegra
obteniendo el grano de trigo: y en este párrafo se manifiesta también de qué
modo el entendimiento asciende a adquirir las ciencias, no la gallina ni otro
animal.
4. El cristal es piedra que en el transcurso de muchos siglos se formó del agua
helada o congelada: éste, puesto sobre el corro encarnado le recibe, y lo mismo
sobre el verde y otro cualquiera; coloreándose de los colores sobre que se
pone, lo que experimentamos por la potencia visiva; y en vista de ello, pasa el
entendimiento a inquirir cuya es aquella acción en la recepción del color, s
del cristal o del sujeto en que el color se sustenta; y conoce que el color no
deja el sujeto en que está sustentado, por ser accidente inseparable de él;
pero como el cristal es diáfano mediante el aire recibe la semejanza del color,
inquiere además el entendimiento si el sujeto en que el color se sustenta,
influye por modo de acción la similitud del color, o si el cristal la saca y
atrae, y entonces se acuerda haberse explicado en el capítulo de la pasión de
la piedra, que el sentido atrae las pasiones de ella, poniéndolas en su
sensible; en lo que conoce que el cristal tiene potencia activa, atractiva y
potencia pasiva en que recibe el color de que se reviste y colorea; y conoce
también que en el cristal hay acción por su forma y pasión por su materia, de
las cuales está compuesto.
5. Ve la vista que el imán atrae al hierro, y que el hierro tocado con él se
vuelve y dirige a buscar el norte o tramontana; de cuyas dos acciones desea
saber la causa el entendimiento; y halla que como el hierro es un cuerpo
trabajando y sacado artificialmente por el hombre por medio del fuego, siendo su
materia una piedra fría y húmeda, y el fuego para atraerle, mortificó y
despojó el agua de su cualidad y vigor, la que con el apetito natural de
poderla recobrar y sustentar, apetece unirse al imán, que es cuerpo
intensamente frío y húmedo, atrayendo mediante este apetito el imán a sí al
hierro, como lo perfecto atrae a sí a lo imperfecto, para que tenga en sí su
quietud y descanso; del mismo modo se vuelve la aguja tocada al imán a buscar
el norte, porque como esta región es fría y húmeda y el imán lo es también,
apetece y se dirige a ella como lo menos perfecto a lo más perfecto en su
cualidad, de forma que el imán atrae al hierro por tener en sí las cualidades
fría y humera (de que el hierro también participa), más exaltadas y simples,
y se deja atraer o dirigir de la tramontana o septentrión por hallarse en esta
región las mismas cualidades más simples y activas que en el mismo imán.
1. En viendo el hombre la piedra conoce que el color
y la figura son sus accidentes, y viendo también que el jaspe tiene virtud de
restriñir la sangre, el zafiro de curar los ojos, el imán de atraer el hierro;
por medio de la imaginación y el entendimiento, conoce que la piedra en general
tiene naturaleza, porque si no, al vista no pudiera percibir en las antecedentes
tan distintas acciones: mas,. No obstante, se admira por no alcanzar en qué
puede consistir que las expresadas u otras piedras preciosas tenga mejores
virtudes que las vulgares o campestres, hasta que ayudado de su mismo
entendimiento que es potencia que usa de razón y reflecta sobre si, conoce que
así como el sentido común tiene naturaleza de juzgar de los objetos de los
sentidos particulares y de sus diferencias, así la piedra tiene naturaleza en
la cual y con la cual tiene muchas formas específicas por medio de las cuales
tiene su modo de obrar, y así obra u opera por medio del jaspe con la forma
específica de restriñir la sangre; con la del zafiro, con la de sanar los
ojos; y con la del imán, con la de atraer el hierro y así de las demás.
2. En tanto que el entendimiento así elevado discurre sobre la naturaleza
de las piedras y sus virtudes y de dónde dimanan, considera que los cuerpos
celestes son principalmente las causas naturales de ellas, como Saturno, que
siendo seco y frío, efectivamente causa en el jaspe la misma sequedad y
frialdad, con las cuales tiene naturaleza de restriñir la sangre, y así de las
otras cosas semejantes a éstas.
3. Vuelve a dudar el entendimiento cuál sea el medio que entre el jaspe y
Saturno esté separado del género de sequedad y frialdad, y cree que este medio
es natural bondad, natural grandeza, y natural virtud, etc., de Saturno y del
jaspe, mediante las cuales Saturno influye en él la natural bondad, natural
grandeza y natural virtud de restriñir la sangre que dejo expresada; y al causa
de creer y no entenderlo bien es porque de ello no tiene experiencia por los
sentidos.
4. Teniendo el hombre en la mano una piedra siente el tacto su frialdad, dureza
y gravedad, y esto lo percibe en instante el sentido común, pero la imaginación
no puede percibirlo sino sucesivamente y cada cosa de por sí, no el
entendimiento con ser potencia más perfecta, de lo que admirado considera la
naturaleza del tacto y de la piedra, y halla que la piedra y el tacto tienen en
un instante muchas acciones como muchos actos él, la imaginación, el afato y
el oído, aunque todos sucesivos, y sin poder tenerlos en instante como e
tacto. De que admirando vuelve a bajar a lo sensible y conoce que la piedra por
el contacto está contigua con la mano, y que entre la piedra y la mano hay un
medio común, aunque confuso, el cual ni es de la esencia de la piedra, ni de la
mano, pero se comunican por él, y por su contacto; en cuyo acto de parte del
tacto no hay sino un tocar o sentir indeterminado (confuso) y compuesto de la
frialdad, dureza y gravedad; por cuya composición e indeterminación no puede
la imaginación percibir juntamente todas aquellas cosas (y lo mismo le sucede
al entendimiento), pues así como el punto es indivisible, lo es también para
el tacto aquel indeterminado medio, y por eso percibe las cosas juntas; pero
siendo éstas divisible a la imaginación, ésta las distingue y percibe
sucesiva y distintamente, como también lo hace el entendimiento, afato y oído,
y en este lugar se manifiesta cómo para adquirir perfecto conocimiento de las
cosas confusas e indeterminadas se han de distinguir y separar sus accidentes o
cualidades.
5. Queda explicado cómo la piedra tiene actos, pasiones y acciones
naturales. En lo que el entendimiento conoce que la piedra tiene naturaleza, sin
la cual no podría tenerlas, y por consecuencia conoce también que en la
naturaleza de la piedra hay movimiento, sin el cual no podría tener actos,
pasiones, ni acciones naturales. Pero no obstante, inquiere dónde percibe aquel
movimiento, si intrínseca o extrínsecamente en la piedra o en otra cosa: y
descendiendo al tacto, halla que el agua tiene acción, pues enfría la mano, y
también la tierra, pues con su gravedad y peso la ofende, y así de los demás
elementos; y asimismo halla que el jaspe mueve la sangre para que huya y se
retire de él, y que el imán mueve al hierro atrayéndole, y la gravedad a la
piedra para que descienda: en todo lo cual conoce que en la piedra hay propio
natural movimiento por el cual tiene en sí natural movente, natural movible y
natural mover; esto es una simple naturaleza, natural virtud activa, natural
virtud pasiva y natural virtud conexiva, sin los cuales no pudiera moverse a los
referidos actos, pasiones y acciones.
1. Ve el hombre la piedra coloreada y figurada, y el
entendimiento sin el acto de la imaginación conoce estos accidentes sustentados
en la piedra y cerrado después los ojos, por medio del acto de la imaginación,
entiende los mismos accidentes; en lo que se manifiesta que el entendimiento
puede entender por medio de la imaginación y puede entender sin ella, sólo por
medio de los sentidos.
2. Después que el entendimiento ha alcanzado y entendido todo esto vuelve
a descender a los sentidos por medio del oído, que oye decir al afato que ningún
accidente existe por sí, sino por la sustancia, conoce que la piedra es
sustancia, y que la proposición que el afato pronuncia diciendo, ningún
accidente existe sin sustancia, es tan verdadera como decir el hombre es animal;
y conoce también que los antiguos y modernos filósofos han hecho al afato una
gran injuria por no haberle reconocido por uno de los sentidos, siendo él tan
necesario, y aún más para adquirir las ciencias que los otros sentidos, porque
privado el afato se privaría la locución, con lo que no pudiera el oído
causar la ciencia oyendo, y sin la ciencia no tendríamos noticia de las cosas
pasadas, ni futuras, ni de Dios glorioso, pues solamente tendríamos noticia de
lo presente.
3. El que tiene una piedra cristalina en la mano percibe por el tacto su
frialdad y dureza, que son sus accidentes, los que conoce el entendimiento que
se distinguen en especie, y porque le es notorio que los accidentes no existen
sin la sustancia, entiende que la piedra es una sustancia en que los accidentes
se sustentan, y por ello pasa a conocer también que en la piedra hay más de
una sustancia, pues distinguiéndose en ella la frialdad y al dureza, y
pronunciando el afato que la frialdad es propia pasión del agua y su accidente
inseparable, y que la dureza es propia pasión de la tierra y su accidente
inseparable, es preciso que en la piedra existan el agua y la tierra; y por
medio de la vista alcanza también que existen en la misma piedra el aire y el
fuego, pues la diafanidad que ésta ve en el cristal es propia pasión del aire,
y la lucidez que hay en el mismo lo es del fuego, y así por medio de la vista
conoce el entendimiento existir en el cristal los elementos de fuego y aire, y
por medio del tacto los de agua y tierra.
4. No obstante esto, le queda al entendimiento alguna duda porque como la
vista no ve en la piedra si no es una figura y un sujeto revestido de color y el
tacto no toca si no es aquel mismo sujeto, no puede persuadirse que en la piedra
haya cuatro sustancias diferentes, hasta que ayudándose con la memoria su
hermana (que es el archivo de las especies que él adquiere), conoce y se
cerciora de que la piedra es compuesta de cuatro sustancias, las que aunque no
puede ver la vista por ser invisibles, ni tocar el tacto por ser intangibles,
las puede nombrar el afato, y oír el oído, como antecedentemente queda
explicado.
5. Aún duda el entendimiento considerando que si e fuego estuviera actual y
sustancialmente en la piedra la quemara; cuya duda le ocasiona la vista cuando
ve que el fuego que sale de la piedra quema el leño y las demás cosas a que se
aplica, y derrite y funde el oro y demás metales; pero por medio de la misma
vista sale de la duda considerando que el fuego no quema la olla o vaso puesto
sobre las brasas encendidas si está lleno de agua, a causa de que el agua con
su natural frialdad resiste a la acción del fuego; y el afato ayuda al
entendimiento para salir de esta duda y comprender la verdad, diciendo: El fuego
no quema sino mediante la llama existente en acto; en la piedra no está la
llama en acto, sino en potencia; luego el fuego no puede quemar la piedra.
6. Cae el entendimiento en otra duda considerando que así como muchos cuerpos
no pueden a un tiempo estar en un cuerpo, de modo que el uno exista en el otro;
así muchas sustancias no pueden a un tiempo estar en una, como es la piedra:
pero ayudándose con el afato, oído y vista, alcanza y comprende la verdad
porque el afato dice que si se hace un triángulo de plata que tenga los tres ángulos
agudos, y un cuadrángulo de oro que tenga los cuatro ángulos rectos, en tanto
que estas dos figuras existan no se puede de ellas formar una por no permitirlo
su situación, habituación y número; pero que si se ponen en un vaso al fuego,
éste las funde, derrite y separa; y deshace los ángulos, habitudes, números y
situaciones que las componían, mezclando la plata y el oro sin destruir las
esencias d estos metales, pero sí las dichas figuras; y que así de un modo en
algo semejante obra el agente natural o Dios, poniendo por modo de misión en
una piedra muchas sustancias, apartando de cada una su situación, habituación
y figuración, y no sus naturales esencias, ni propias pasiones; y de esta forma
por lo que el afato dice, oye el oído y ve la vista, sale el entendimiento de
su duda, y queda quieta y asertivo; y nosotros hemos dado bastante doctrina y
ejemplos, con los que hemos puesto, no sólo para hacer objeciones, sino es para
dar las correspondientes soluciones a estos y otros argumentos, en éstos y
otros asuntos.
1. Teniendo el hombre una piedra en la mano la ve simple en
número, aunque contiene en sí muchas simplicidades, como son el color y la
figura que se distinguen en especie, lo que pronuncia el afato, lo oye el oído
y la vista lo percibe, en lo que el entendimiento conoce muchas cosas simples
diferentes en número.
2. Ve la vista que si se mezclan una cosa blanca o coloreada de la
blancura (como la cal), y una negra o coloreada de la negrura (como el carbón),
resulta u color medio compuesto de ambos y porque en realidad es esto así, y el
afato en realidad lo pronuncia, el oído lo oye, la imaginación y el
entendimiento lo perciben; y este tránsito y paso de lo sensible a l imaginable
e inteligible es lo que llamamos ascenso del entendimiento.
3. Teniendo el hombre en la mano un pedazo de cristal, siente por el tacto
que esta piedra es fría y dura, y así percibe unas simples formas; y en tanto
que el entendimiento considera que éstas no pueden existir sin sustancia,
percibe las simples sustancias, en que están sustentadas estas accidentales
formas, esto es, la frialdad en el agua y al dureza en la tierra, en lo que
conoce que están allí el agua y la tierra y en la diafanidad de la misma
piedra, que está allí el aire, y en la lucidez, que está allí también el
fuego, por ser cualidades propias e inseparable de estos elementos.
4. Conocidas de este modo por el entendimiento las simples sustancias, desciende
el tacto, el cual percibe la composición de las mismas sustancias, por sentir
en instante sus cualidades, aunque se admira, por ignorar el como existen, hasta
que por medio del oído oye del afato estas verdaderas palabras: el fuego
calienta al aire dándole su calidez, la que no se separa de su propio sujeto, y
así cuando la calidez entra en el aire, entra también el mismo fuego; y lo
mismo es del aire que humedece el agua, y del agua que de su frialdad enfría a
la tierra, y de la tierra que de su sequedad habitúa y viste al fuego; y por
esta circulación entran en mixión los elementos, y componen la misma piedra.
5. Conoce el entendimiento que en el fuego y en los demás elementos ha y una
sustancia simple, en cuanto (por ejemplo) la sustancia del fuego por su esencia
está exenta de todo accidente, pero compuesta de su propia forma y propia
materia; y así de los demás elementos.
6. Aún duda el entendimiento el modo como la piedra está compuesta de dichas
sustancias y accidentes , por lo que recurre al afato, el que verdaderamente
dice que los cuatro elementos componiéndose entre sí mismos, componen la
sustancia de la piedra, y su composición causa la composición de los
accidentes de la piedra, y de esta suerte la piedra es un cuerpo compuesto de
sustancia y accidentes.
7. Duda además el entendimiento si en la misma piedra están las
sustancias simples existentes por sí, como el fuego simple, el aire simple, el
agua simple y la tierra simple, y el afato por medio del oído le saca de la
duda, publicando que si porque según su ser no incluyen accidentes, y por su
esencia están desnudos de ellos, llamando a estas simples sustancias,
sustancias primeras, las que según su ser no son visibles ni palpables, sino es
afables, oíbles e imaginables indeterminada y confusamente, pero inteligibles
por el entendimiento, con distinción y claridad.
8. Considera además el entendimiento que la piedra es sustancia que no
existe por sí sola en su simplicidad por no poder existir sin accidentes, y
luego el afato llama a esta sustancia segunda, por ser compuesta de sustancias y
accidentes y más inmediata a la vista y al tacto que la primera (y por esto ésta
se toca y ve, y aquélla no), y la imaginación comprende más ésta que aquélla
y también el entendimiento.
1. El que tiene en la mano una piedra cristalina, la ve
coloreada y figurada, lo que el afato publica y oye el oído, y teniendo los
ojos abiertos, la entiende sin imaginarla, y así el afato, oído y
entendimiento, según su ciencia, individúan esta piedra con este pronombre ésta,
en lo que el entendimiento conoce que la piedra está individuada por ellos y
por él; pero se admira e inquiere la causa de la natural individuación de la
misma piedra, y ayudándose de la memoria, su hermana (de la cual se sirve para
memorar él; como el afato el oído para oír), se acuerda del capítulo de la
simplicidad y composición de la piedra, en donde se dice que las segundas
sustancias no existen simplemente por sí solas, por estar compuestas de las
sustancias simples, y de sus propios accidentes, por los que naturalmente se
individúan; pero aún duda e inquiere cuál es la causa o causas de la
individuación de las simples sustancias y accidentes de que está compuesta la
piedra y cree que el agente natural o Dios son las causas; creyéndolo solamente
sin entenderlo, porque las causas de la individuación de los entes son
insensibles e inimaginables, en lo que se manifiesta el modo que tiene el
entendimiento de ascender al grado de la credulidad.
2. Teniendo el hombre en la mano una piedra cristalina ve que es un cuerpo
diáfano, y que de ella se saca fuego, por lo que el afato pronuncia que donde
hay diafanidad necesariamente hay aire; y que donde hay lucidez necesariamente
hay fuego; y por cuanto es verdad lo que dice el afato, oye el oído y ve la
vista, en este caso conoce el entendimiento que en la piedra hay dos sustancias
individuadas en especia distintas, que son el fuego y el aire.
3. Siente el tacto en la piedra frialdad y dureza, por lo que pronuncia el afato
que en la piedra hay agua existente, por ser la frialdad su accidente
inseparable y sintiendo también dureza, dice que en aquella piedra hay tierra,
por ser la dureza accidente inseparable de la tierra y respecto de ser verdad lo
que el afato dice, oye el oído y toca el tacto, conoce el entendimiento que en
dicha piedra están también individuadas las dos sustancias de agua y tierra.
4. En tanto que el entendimiento considera de esta suerte y entiende que
en la piedra están individualizadas las cuatro expresadas sustancias; conoce
también que de ellas está compuesta, e individualizada la misma piedra con los
mismos accidentes individualizados y sustentados en ella, como son su propia
cantidad, calidad, relación, acción, pasión, habituación, situación y
lugar; respecto de estar colocada y temporificada, por ser movible y haber
tenido principio.
1. Considera el entendimiento en la piedra dos géneros
de especies, es a saber, reales e intencionales; de este modo, el hombre,
teniendo una piedra cristalina en la mano, ve que aquella y otra u otras piedras
cristalinas están contenidas bajo una misma especie; esto la potencia visiva lo
ve, el afato lo dice, el oído lo oye y la imaginación lo imagina, todos con
realidad y verdad; por lo que con la misma ascienda el entendimiento a
comprender las especies de las piedras reales e intencionales, y mediante las
intencionales adquiere ciencia de unas y otras.
2. Percibe el tacto la frialdad de una piedra cristalina, la potencia visiva ve
al mismo tiempo otra piedra cristalina separada de aquélla, y ve otra piedra
marmórea separada de las dos, y tocándolas el hombre a un mismo tiempo o tomándolas
en las manos siente en ellas dos frialdades diferentes en número, las que juzga
estar contenidas bajo una misma especie; pero la potencia visiva que ve en ellas
tan distintos colores y figuras, las distingue y diferencia, percibiendo ser la
una mármol y la otra cristal, y respecto de que estas dos potencias
verdaderamente han juzgado (porque el tacto también verdaderamente percibió
las dos especias de frialdad o una frialdad distinguida en dos especies, esto
es, en las distintas piedras), el afato verdaderamente lo publica, el oído lo
oye y la imaginación lo imagina, y el entendimiento, conducido de otras estas
verdades que percibe por los sentidos e imaginación, conoce las distintas
especies de las piedras y de ello adquiere verdadera y segura ciencia.
3. Ve la potencia visiva que el imán atrae al hierro, y que la esmeralda (que
tiene el color intenso) reviste o colora de su propio color al aire; por lo que
el afato pronuncia que el aire es un elemento receptivo del color que se le
aplica, y el afato llama aquel color especie de la piedra por ser su semejanza,
de lo que ascienda a tener conocimiento el entendimiento por medio del afato, oído,
vista e imaginación; mas se admira de que el imán no preste o dé color al
aire que está en medio de el y del hierro; lo que le hace creer que entre el
hierro y el imán no hay especia por medio de la cual éste atraiga a aquél;
pero descendiendo a la potencia visiva experimenta lo contrario, y el afato
pronuncia que el imán sin especie no pudiera atraer al hierro, lo que obliga al
entendimiento a volver a descender a la potencia visiva, y por ella sale de la
duda, advirtiendo que el imán y el hierro son cuerpos opacos, y no diáfanos y
que por esto no pueden colorear el aire, en lo que llega a conocer que entre el
hierro y el imán hay especie; pero que ésta es invisible e imperceptible a la
vista, pero perceptible al oído por medio del afato.
4. Percibe el tacto la frialdad, dureza y gravedad de la piedra; por lo
que el afato pronuncia, el oído oye y la imaginación imagina que entre la
piedra y el tacto hay un por medio, el cual percibe estos accidentes y que éste
es especie; lo que verdaderamente mediante ellos comprende el entendimiento, y
adquiere de ello verdadera y cierta ciencia.
1. Teniendo el hombre en la mano una piedra cristalina, la
potencia visiva ve que la misma piedra, y otra cualquiera piedra campestre o
mineral, convienen en un género, porque cada una es un cuerpo de piedra, de
suerte que cuando el afato absolutamente sin añadir algún signo particular o
pronombre demostrativo nombra piedra, el oído oye piedra, y así entrambos
hacen de ella género el que la imaginación imagina y el entendimiento
entiende; pero como es invisible, se admira no pudiendo comprender dónde existe
y está colocado, hasta que recuerda lo que se ha dicho en los capítulos de la
especie, individualidad, simplicidad y composición de la misma piedra, y
entonces el afato dice que el género existe tan realmente en las distintas
especias de las piedras como las especies realmente existen de sus individuos;
conociendo entonces el entendimiento que el afato pronuncia la verdad: en lo que
se manifiesta que el afato participa más con el entendimiento que cualquier
otro sentido por cuya razón es más alto y más noble que los demás sentidos.
2. La potencia tactiva toca en un tiempo una piedra y en otro otra, y
sucesivamente muchas, percibiendo en todas una cualidades generales, como son:
pesadez, dureza y frialdad, y entonces dice el afato que estas cualidades
generales son en la piedra diferentes en número una de otras, las que el oído
verdaderamente oye y la imaginación verdaderamente imagina; de donde ascienda
el entendimiento a conocer las generales pasiones de al piedra, sustentadas en
un mismo sujeto; pero se admira y duda dónde existe aquel sujeto general
invisible, hasta que memorando los capítulos próximamente citados, pronuncia
el afato que este género, por modo de ciencia existe en el mismo entendimiento,
por modo de voz en el mismo afato, en el oído por modo de acto y por
consiguiente en la imaginación.
1. La potencia visiva ve que la piedra es un ente
revestido de color y de figura el tacto que la toca siente que es un ente frío
y pesado; en lo que conoce el entendimiento que la piedra es un ente natural,
por que lo dice al afato, lo oye el oído, y la imaginación lo imagina.
2. En tanto que de esta suerte considera e entendimiento que la piedra es un
ente natural, considera también que en ella hay ente sustancial y accidental,
como largamente queda dicho en el capítulo de la simplicidad y composición de
la piedra, y el mismo entendimiento compone este mismo ente, que es la piedra de
sustancia y accidente y considera que en ella es un ente corpóreo compuesto de
ente sustancial y accidental, y el afato lo nombra ente corpóreo, como queda
dicho en el expresado capítulo.
3. La potencia visiva ve esta piedra cristalina que es un ente, y la tactiva la
toca, y entonces el afato afirma que esta piedra es un ente, y no es el ente de
otra piedra cristalina, ni es el ente de otra piedra de mármol, ni menos es el
ente de aquella planta; y entonces considera el entendimiento en cuál de estas
cosas que el afato ha pronunciado ha dicho mayor verdad, si en las que afirma, o
en las que niega; y descendiendo al tacto que en la piedra toca pesadez y
frialdad, y no en las otras cosas: conoce que al afato es más verdadero en lo
que afirma que en lo que niega.
4. Vuelve a pronunciar el afato que esta piedra cristalina no es aquella otra
piedra cristalina, ni aquella otra piedra de mármol, ni menos es aquella
planta; y entonces considera en cuál de estas negaciones es el afato más
verdadero; y descendiendo a la potencia visiva, por medio de ella alcanza y
conoce que esta piedra cristalina no es aquella otra piedra cristalina, lo que
es verdad; pero que lo es mayor cuando dice que esta piedra cristalina no es
aquella piedra marmórea, porque la cristalina y al de mármol difieren en
especie, y las dos cristalinas no; en lo que se manifiesta el superior modo que
tiene el entendimiento para conocer los entes naturales más por la afirmación
que por la negación, y más por una negación que por otra negación.
5. Estando así el entendimiento elevado en el conocimiento del ente natural,
considera e inquiere si en la piedra se convierten el ente y la entidad, y
descendiendo a lo sensible, halla que la vista ve la piedra coloreada y que el
tacto la toca fría y pesada, sin que por tanto pueda percibir que la piedreidad
o esencia de la piedra sea coloreada, ni fría; y entonces el afato pronuncia
que en la piedra el ser y la esencia no son una misma cosa, lo que entiende el
entendimiento.
6. Estando éste satisfecho de su ascenso al conocimiento de la piedra por medio
de aquellas cosas que le son naturales, desea alcanzar el conocimiento del ente
metafísico, y descendiendo a lo sensible, conoce que por los sentidos ni por la
imaginación no puede alcanzarle, por ser insensible e inimaginable, y sólo
propio del mismo entendimiento (como potencia más noble en poder y virtud),
ascender al conocimiento de que el ente metafísico tiene ser, pero dudando si
su ser es ente real, o si sólo le tiene en el alma, desciende para más poder
ascender, y acordándose de los capítulos en que e trata de la sustancia y
accidente, de la simplicidad y composición, y de la especie y el género de la
piedra; y ayudándose del oído, pronuncia el afato que así como el cuerpo
natural y real es compuesto de sustancia y accidente, así el ente metafísico
es un ente real que existe por el mismo entendimiento sobre la sustancia y
accidente y así en cuanto asimismo es natural y superior, como el cuerpo
natural compuesto de sustancia y accidente, lo es sobre las cosas de que se
compone y se dice que es ente natural, porque es compuesto de su simple forma y
materia, y en cuanto a su esencia esta desnudo de todo accidente, por cuya razón
se le nombra ente metafísico separado de la naturaleza del cuerpo.
7. Percibiendo el entendimiento mediante el oído lo que pronuncia el afato,
duda si es discurso verdadero o no, y volviendo a descender a la vista, oído e
imaginación, vuelve a hallar que éstos no pueden ascender a tener por objeto
la ente metafísico ni a darle noticia alguna de él; pero al mismo tiempo halla
también que no se la pueden dar ni informarle de nada en contrario, ni que
repugne a lo que el afato ha proferido; en lo que conoce que el afato ha dicho
la verdad, y de ella saca el entendimiento especies abstractas del ente metafísico,
con las cuales le conoce y hace de él real ciencia.
Ramon Llull