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Cuando Rabí Schmelke y su hermano visitaron al Maguid de Mezricht, lo interrogaron sobre el siguiente punto: "Nuestros sabios dicen ciertas palabras que nos perturban porque no las entendemos. Según ellas, los hombres deberían agradecer a Dios tanto el sufrimiento como el bienestar, y recibir ambos con la misma alegría. ¿Nos dirías, rabí, cómo debemos comprender eso?
El Maguid respondió: "Id a la Casa de Estudio. Allí encontraréis a Zusia, que estará fumando su pipa. El os dará la explicación". Después de oír al Maguid, fueron a la Casa de Estudio y formularon su pregunta a Rabí Zusia, quien rió: "Pues sí que habéis acudido al hombre adecuado. Dirigios a otro antes que a mí, dado que yo jamás experimenté sufrimiento". Pero ambos sabían que, desde el día de su nacimiento hasta ese mismo días, la vida de Rabí Zusia había sido una colección de necesidades y angustia. Y en ese momento supieron de qué se trataba: de aceptar el sufrimiento con amor.
La medida del sufrimiento:
El amor del Rabí de Apt por Israel no tenía límites. Una vez lloró amargamente por causa de su pueblo. Ese mismo día lo visitó Rabí Zusia de Nipol. Se presentó en su casa con una sonrisa en los labios, y le preguntó:
-¿Cuál es la causa de tu llanto? -le dijo-. ¿Acaso el Baal-Shem no nos recomendó estar siempre alegres y agradecidos?
-Sabes, Zusia -dijo el Apt lamentándose-. A veces no sé en qué mundo vives. ¿Acaso no te das cuenta de las terribles persecuciones y de los sufrimientos que padecen los hijos de Israel, nuestro hermanos?
-Sí que los siento, sí que percibo su realidad, pero en el Zohar se dice que Dios envía a la humanidad sólo el sufrimiento que es capaz de soportar.
No malo sino amargo:
Dijo el Rabí de Kobrin: "Cuando un hombre sufre tribulaciones, no debería decir 'esto es el mal', puesto que Dios no nos envía males sino remedios. Debería, antes bien, decir: 'Estoy sobrellevando una mala y amarga experiencia'. Cuando un médico le prescribe a su paciente una medicina desagradable, éste sabe que es para su propio bien".