Empieza este compendio del Arte Mágica conforme al curso
reformado de la naturaleza, por cuya virtud, sin mediar
distanciamiento ni extrañamiento de la mente ni del cuerpo, estás
capacitado para observar aquellos espíritus que adquieren figura
en el aire y que se condensan en forma de monstruos y de diversos
animales, y de figuras humanas, que vagan por acá y por allá
alternativamente.
Pues bien, todo ello sucede según los principios naturales, que
se basan manifiestamente en las virtudes místicas y que emanan
de distintos actos naturales, de los cuales surge de manera
natural el Arte Mágica. Por ello, si quisieras conocer sus
instrumentos, en que se fijan, de que se forman y de donde pueden
emanar estos principios, ya que de una ciencia emana una nueva
ciencia, aquí tienes la Magia Natural.
Y es que la presente ciencia posee sus propios instrumentos,
entre los que se hallan las virtudes de índole natural que a
través de su respectiva potencia provocan multitud de hechos
admirables, cuando son activadas en sus propios contenidos por
medio del Arte natural, sin necesidad de una acción enérgica
para iniciar el proceso, que se cataloga de común, por razón de
la naturaleza simple que actúa en los elementos simples y
compuestos, si supieras reducir éstos en aquellos.
COMPOSICIÓN
Toma un líquido negro mas negro que el negro y destila de éste
dieciocho partes en un vaso de vidrio, y en la primera destilación
separa solo una parte, procediendo a una nueva destilación de la
otra, de la que separarás, pues, una cuarta parte; y destila el
líquido una tercera vez, separando ahora dos partes; y en la
cuarta destilación separa casi el total, y así sucesivamente
destila la parte restante, hasta ocho o nueve veces, con que
surgirá el elemento perfecto, que no será enmendado si no es
tras veintidós destilaciones.
Separa de esta agua una cuarta parte de una libra y acrécela
destilándola con vegetales como son el apio silvestre, la
cebolla albarrana y otros semejantes de los cuales se habló
anteriormente en el capítulo sobre el alma de la transmutación,
al inicio. Posteriormente coloca el liquido resultante en un vaso
circulatorio junto con lodo especialmente caliente, o con orujo
de uva, para la conservación de las especies, tal como
posteriormente la práctica demostrará, o declarará, pues esta
es una de aquellas cosas sin la cual nada se obtiene en el
magisterio de este Arte.
AGUA QUE CALCINA
TODOS LOS CUERPOS
Toma simientes de las sustancias capitales: de tierra, esto es, D,
cinco onzas y media; y de agua, esto es, C, dos onzas y media, la
suma de las cuales será un peso equivalente a ocho onzas de
libra, y molerás este compuesto finamente en un molinillo de mármol.
Tras ello, pondrás la masa en una vasija de vidrio unida a un
alambique, en que destilarás toda la materia, primero a fuego
lento, con las maderas serradas en dos, con dos libras de carbón
bajo o común y con un poco de salvado seco.
Enciende, pues, el fuego y repudia todo aquello que en adelante
se inflame por si mismo, hasta que la masa se empiece a destilar,
y desde este punto mantendrás el fuego constante hasta el duodécimo
punto, en que avivarás el fuego con pequeños leños, para que
las llamas se yergan rectas bajo la materia; y así mantén el
fuego hasta que remita al doceavo o quinceavo punto, o bien en un
punto menor.
Y a continuación mantendrás compacto el fuego, y lo mantendrás
acorde al punto de su destilación, y posteriormente elevarás de
nuevo el fuego hasta un punto mayor, que mantendrás constante
hasta que el alambique pierda su calor y no destile más materia.
Para entonces, evita que se enfríe, recoge el agua y guárdala
en un lugar cálido y húmedo, guardándote de que por ningún
medio pueda estar en contacto con el aire.
Y acuérdate de tener una compuerta en la parte cerámica extrema
del alambique, en el cuello del receptáculo, para poder extraer,
por ella de vez en cuando aquello que no dejara un respiradero al
recipiente. Pues a veces tal es el calor allí acumulado, que el
recipiente resulta incapaz de soportar aquel calor excesivo. Así
pues, cuando convenga, ábrela, cuando no, ciérrala. Ten en
cuenta que el agua que recogiste, provinente de materia vil,
tiene la facultad de convertir los cuerpos en su respectiva
materia original, la cual, unida a la virtud vegetal, da origen a
muchas perfecciones, al punto que, tras ser destilada, necesita
ser puesta en acción, para que su espíritu, que es de
naturaleza sutil y extraña, no perezca en el aire, supuesto que
es en grado pleno obtenido de la destilación.
DE LA CALCINACIÓN NATURAL
Recoge dos partes de Luna per-fectamente purgada por una cabrilla
o muy purificada por constante incineración, y haz con ella unas
pocas partes, con unas pinzas, y pon la mitad de éstas en un
vaso de disolución o licuación, y cúbrela con tres lociones de
agua calcinadora; y la otra mitad en otro vaso de disolución,
cubriéndola con tres lociones de agua calcinadora. Cierra
perfectamente los vasos con sus tapones, y sella sus junturas con
harina y clara de huevo, poniendo a continuación ambos vasos al
baño durante tres días naturales.
DE LA SEPARACIÓN DE LA CAL
Y DEL AGUA CALCINADORA
Una vez tengas los metales calcinados en ambos vasos de disolución,
separa de éstos el agua, colándola con sumo cuidado, para que
la tierra no pueda de ningún modo ascender ni enturbiar el agua.
Pon a continuación el agua aparte, bien tapada en su propio vaso,
y recupera la tierra de la propia Luna calcinada con un poquito
de su humor, y ponla sobre cenizas ardientes, con el alambique y
el recipiente, a un fuego activo por un espacio de doce horas.
Destila el licor, y ten cuidado con el fuego ardiente, pues bajo
el calor abrasante del Sol de vez en cuando se produce ésta
separación, por lo que deja que el fuego remita por si mismo,
con lo que tendrás Luna calcinada de manera óptima.
DEL FUEGO CONTRA
LA NATURALEZA
Pon dos medidas de agua vegetal aguada en una botella de cuello
largo, en el cual habrás puesto seis medidas de agua calcinada,
y cubre la botella rápidamente con su tapón, y séllala con
cera, y colócala o sométela a un baño de dos días naturales,
espacio de tiempo tras el cual la totalidad del vegetal se habrá
convertido en agua clara, tras lo cual podrás retirar la
disolución.
DE LA OCULTACIÓN POR LOS FILÓSOFOS
DE LA DISOLUCIÓN DE LA LUNA
Tendrás fuego vegetal disolvente en agua calcinadora. Y añadirás
sal a ocho medidas de agua, esto es, cuatro onzas, y dos medidas
de cal de Luna, esto es una onza, y lo pondrás todo en un vaso
de disolución con una cubierta propia de cobre, cuidándote de
que lo que en él introduzcas no sea expuesto a calor alguno sino
al que le proporcione su propia naturaleza; y cuando esté
reposada la sustancia sella perfectamente la juntura y pon aquélla
al baño durante tres días naturales, tras los cuales colarás
el agua y destilarás el humor y calcinarás la tierra tal como
ante-riormente habías hecho, repitiendo la acción hasta que
toda la sustancia esté disuelta en forma de licor. Pon aparte
esta sustancia, también el licor disuelto por obra de tu Arte,
pues ésta es la sustancia del cuerpo depurada por obra del Arte.
DE LA CONGELACIÓN DE LOS
LICORES DE LA LUNA
Después de que la Luna sea disuelta en licor en su recipiente,
pon entonces dicho licor en un vaso de doble circulación,
dividiendo el licor en dos porciones iguales. Y pon en otro vaso
cinco medidas del susodicho licor de Luna, y pon encima, en
cualquier otro vaso, siete medidas de agua básica de vida,
manipulada, y pon todo en un horno de dos brazos, donde un fuego
templado pueda transmitirles su calor.
Coloca allí tus vasos, y únelos a las cañas del alambique y
colócales alrededor esponjas espesas que siempre tendrás
humedecidas con agua fría. Y cuando penetren en las cucúrbitas,
aquellas medidas se contraerán, y cuando noten el calor las
botellas, verás como de inmediato el fermento asciende con el
agua, destilándose de un vaso al otro alternativamente, y en
cuanto ascienda en un vaso, en tanto se destilará y penetrará
en el otro. Así verás a qué proporción calorífica el espíritu
resulta purificado y a cual condensado por el fermento. Cuanto más
bajo es el fuego que produce tal destilación, tan menor es la
purificación del espíritu y tanto más engorda continuamente el
fermento. Sigue, pues, este método, hasta que no más sustancia
veas ascender, se fije con el fermento y se convierta en piedra,
lo cual sucederá al cabo de nueve o diez días.
DEL ELIXIR DE AGUA EN ACEITE
Extrae al mismo tiempo ambos vasos, cuando la materia esté ya
congelada, y colócala en un horno o en el baño, y de nuevo se
disolverá en dos días. Y congélala de nuevo, reiterando esta
acción tres veces o más, y verás como lo que no haya podido
ser congelado se distinguirá por su virtud y potencia, al punto
que aceite parecerá por su espesura.
DEL MÉTODO PARA HACER ACEITE DE LUNA
Verdad es que el método abreviado ahora descrito de inmenso
valor es, pues en diez días se solidifica sobre el fermento y
con el fermento la quintaesencia, por el hecho que la muy espesa
materia terrestre también se halla estable en la Luna, pero en
ésta no tan rápidamente se disuelve, tras complementar la
solidificación de la quinta esencia, como en el Sol, en el cual,
al llegar al final el acto de complementación, no se distingue,
por culpa de su rapidez, el paso de la materia por los estados
blanco y rúbeo.
La medicina que así obtengas, si la unes a azufre de Saturno, o
de Júpiter, favorece la transmutación material, gracias al
fermento que encierra. Por la gracia de Dios que suficiente
dijimos ya respecto al elemento blanco, ahora hablemos, pues, del
rúbeo, ya que, de hecho, la operación solar en sus pasos y
medidas, coincide con las operaciones lunares, en caso de que
sepas operar filosóficamente con agua corrup-tible, que tiene
como principal virtud la de disolver totalmente el Sol y
convertirlo en aire, hecho en que consiste nuestro secreto.
Toma, pues, en nombre de Dios, dos medidas del agua de Luna
tratada y destilada anteriormente por el alambique, y añádele
dos medidas de agua vegetal aguada; vierte encima tu oro en un
peso equivalente al del agua vegetal, y acaba poniendo el
concentrado al baño durante dos o cuatro días, tras los cuales
hallarás oro negro parecido al carbón. Así es como éste se
disuelve y se materializa, tal como la Luna. A continuación pon
la totalidad del compuesto de Sol y agua en un vaso circulatorio
con doce partes de agua de vida rectificada, y cuando las
botellas se calienten verás de inmediato disolverse el cuerpo
solar sin el fermento, y verás al principio como el Sol se
destila y al final se solidifica hasta convertirse en piedra.
Toma a continuación ambos vasos, retirándolos a la vez del
horno, o del baño, y de inmediato verás disolverse el oro, en
una noche. Vuélvelo a solidificar, y realiza la acción una
tercera vez, tal como hiciste con la Luna, y más ampliamente
resultará exaltado por la virtud divina aquello que no pueda ser
congelado, pues parecerá tal aceite espeso. Y éste es el más
precioso proceder, y Dios lo crea para que sea en sus efectos y
virtudes y bondades, durante su ejecución, el más noble y
exacto proceder. Por más que no posea aquellas propiedades del
poderoso elixir que afirman los filósofos que el elixir posee,
con todo, si mezclases esta medicina con el azufre debido, te
apunto, sea el de Venus o el de Marte, mudaría la forma de éste
por la acción de este fermento.
No creas que esta medicina tiene su propio sistema de
multiplicación tal como tienen el resto. Pues si con este Sol
convenientemente disuelto pastases, mediante una correcta
mezcolanza, plata viva vulgar solidificada en siete ocasiones con
vitriolo, en una proporción de catorce medidas de plata viva por
cada dos medidas de Sol, y posteriormente solidificases la pasta
resultante unas cuantas veces, siempre reduciendo la masa
solidificada sobre el sedimento, y de esta manera de solidificará
el Mercurio en la medicina penetrante y tingente.
De igual forma otro hecho milagroso: si se aplican dos medidas de
este Sol así disuelto a fuego lento durante ocho días con ocho
libras y una cuarta parte de una libra de Mercurio solidificado,
el compuesto se convertirá en oro.
Milagros como éste se hallan en la naturaleza, y ello ocurre
porque el espíritu del agua en una disolución de oro con oro
indivisiblemente se solidifica; y asimismo, el aceite de la
piedra de los filósofos, oculto a todos, a ti revelado, en un
lugar decidido anteriormente, hace a esta medicina penetrable y
compatible y aplicable a cualquier cuerpo, aumentando a la vez su
eficacia, con un proceder del más allá, que resulta el más
secreto en el mundo.
Por ello, si supieras abreviar este proceder, o separar el
elemento acuoso, y trabajases bajo el proceso de mezcolanza ya
descrito, podrías en treinta días obtener la piedra. Así mismo,
si tras la cuarta destilación del agua susodicha, posterior-mente
destilas en siete ocasiones el líquido con cinabrio y vitriolo,
en una proporción idéntica de uno y otro, siempre añadiendo en
todas las operaciones nueva materia, y secando en toda destilación
la masa de piedra antes de añadir agua; al final podrás poner
junto con doce partes de la susodicha agua una parte del fermento
así preparado de oro, y verás como éste se solidifica en el
vaso circulatorio.
DE LA EVOCACIÓN NATURAL
DE LOS CUERPOS POR SUS ESPÍRITUS
Ya en los primeros capítulos demostramos de qué manera los
cuerpos perfectos pueden disolverse, en el agua de la piedra de
los filósofos, y de qué manera pueden purificarse y
solidificarse. Y pues sólo queda mostrar de qué manera podemos
de cuerpos imperfectos extraer azufre natural, y hablar de la unión
de ambos.
Así pues, en nombre de Cristo, Amén. Toma la cal de cualquier
cuerpo que quieras y ponla en una botella que tenga un largo
cuello, y cúbrela con agua de vida rectificada, que la sobrepase
en cuatro dedos, y posteriormente pon encima cenizas, dejando que
hierva todo por un día, y tras la ebullición ponlo junto a lodo
caliente o a una estufa por un espacio de dos días naturales,
para que mejor se asiente y puedan separarse las partes de
materia sutiles de las gruesas por razón de su tamaño: hecha
esta operación, extrae la botella inclinada, para que puedas
extraer de ella con precaución el agua.
Coloca este agua clara en una calabaza y cuídate de que no se
enturbie, para lo cual inclinarás el vaso y taparás la calabaza
de paredes de cobre con su tapón de cobre, y la pondrás junto a
la estufa o a lodo tal como ya hiciste, bien tapada. Una vez
realizada la evacuación, introduce más agua de propiedades
similares a la primera, que llegue a una altura de cuatro dedos,
tal como anteriormente, y hazla hervir en lodo, cuidándote de
realizar tales operaciones hasta que todo cuerpo haya desalojado
sus espíritus. Y si el agua se te acaba, toma la cucúrbita en
que se hallan todas las sustancias licuadas y ponle encima el
alambique, destilando agua a fuego lento, bien por medio del baño,
hasta que aparezcan dos partes de sustancias licuadas.
Pon entonces parte de este agua sobre la materia sólida que hay
en la botella, en la cantidad anterior, es decir cuatro dedos, y
reitera las operaciones anteriores hasta que la tierra se evacue,
hecho que así comprobarás: toma una porción de dicha tierra, sécala
al Sol, y una vez seca pon la sobre una piedra abrasante; si
surgiese humo, reitera las susodichas operaciones hasta que no
apareciese más humo, y desde entonces conserva tus sustancias
licuadas en un lugar húmedo y cálido, pues en él mejor se
conservarán.
Cuando hayas completado perfecta-mente estas operaciones, y hayas
recibido el signo predicho, extrae de la botella tu materia
acompañada de un poco de la susodicha agua; ponla en la cucúrbita
y cúbrela con el alambique, para que la materia se deseque. Una
vez seca, calcula su peso, y sabido éste conserva el agua de
vida perfectamente rectificada en un vaso circulatorio, y ponle
encima tres pesos, y de inmediato el alambique, que sellarás
bien.
Una vez completada la destilación, evita que se enfríe, y,
cuando veas que la tierra está seca, vuelve a poner el agua
nueva a una temperatura similar de rectificación en relación
con el peso antedicho, separa todas aquellas aguas que extrajiste
de la tierra y ponlas en una botella bien cerrada; y repite todas
estas operaciones hasta cuando veas la tierra reducirse a un
polvo sutil e impalpable.
DEL DESBORDAMIENTO
DE MERCURIO
Hablamos ya de la calcinación o licuación de los espíritus.
Una vez, pues, activados y preparados, toma el vaso en que se
hallan todas las sustancias licuadas y cúbrelo con el alambique.
Destila agua por el alambique por el método del baño hasta que
se espese como la miel, y permite entonces que el baño se enfríe.
Una vez esté frío, quita de este agua que extrajiste de la
tierra toda aquélla que supere un nivel de cuatro dedos, y pon
el resto bajo lodo o junto a una estufa durante un día natural,
con el vaso perfectamente sellado. Tras ello, conecta el
alambique, destila el agua a un fuego muy débil y déjala aparte.
Una vez realizada dicha destilación y con el vaso enfriado, pon
sobre la materia que quede el agua anteriormente separada por
superar el nivel de cuatro dedos, y ponlo todo bajo lodo como
antes, y vuelve a realizar la destilación como antes, y repite
indefinidamente todas las operaciones descritas hasta ahora.
La materia que obtengas es aquella que se suele llamar plata viva
desbordada o lágrimas de doncella. Una vez completado el
desbordamiento, calcula el peso del antedicho polvo sutil y sumérgelo
en una cantidad de agua desbordada equivalente a la mitad del
peso del polvo. Pon todo bajo lodo caliente, del que se nutrirá
durante ocho días, y al cabo de los susodichos ocho días hallarás
tu materia absolutamente húmeda. Ponle encima el alambique y
destílala a fuego lentísimo, recogiendo el agua. Una vez ésta
secada con moderación, calcula de nuevo su peso, que anotarás.
Repón el agua que recuperaste, y añádele aquel agua desbordada,
en una cantidad equivalente a la mitad de su peso.
Todas estas absorciones e inmersiones en lodo y calcinaciones las
repetirás en tanto la tierra no haya absorbido cuatro partes de
tal elemento húmedo, lo cual sabrás por tal signo: porque si
pones la sustancia sobre una piedra ardiente deberá surgir de ésta
humo. Si así no ocurre, insiste en la absorción, inmersión y
calcinación, hasta conseguir el susodicho signo. Una vez
conseguido éste, pon la materia sobre cenizas y aplícale un
fuego lento al principio, pero que paulatinamente irás
aumentando, hasta que toda la materia. ascienda a la parte
superior del vaso.
Cuando se haya elevado toda, se dice que se trata de un cuerpo
elevado por su sal admirable, que los filósofos llaman piedra y
sulfuro de la naturaleza. La incineración de la susodicha sal o
azufre así se realiza. Toma la susodicha sal, cualquiera que sea
el metal del que se haya extraído o la cantidad de que se trate,
y colócala en un crucíbulum, que situarás sobre cenizas
calientes. Y cuando esté un poco caliente aplícale un poco del
anteriormente nombrado aceite, gota a gota, hasta que se haya
enfriado y convertido en una sustancia espesa como la miel. Saca
la sal entonces del fuego, y cuando esté fría toma un poco de
ella y colócala sobre una piedra caliente. Si se funde
lentamente, la operación estará ya hecha. Si no es así,
reitera las anteriores operaciones, hasta que fluya lentamente a
causa de la fuga de Mercurio. Derrama entonces un peso de esta
sal sobre cien pesos de Mercurio crudo.
ACONTECE LA OPERACIÓN DE
CARESTÍA DE ACEITE DE LUNA
El aceite de Luna tiene virtud fijadora, y provoca una ligera
fusión de toda la sal producida. Encera, pues, sal de Júpiter,
una vez el azufre de Júpiter hayas obtenido, con aceite de Luna,
hasta que resbale, y derrama un peso de ella sobre cien de Júpiter.
Si la sal fuera de Saturno, derrama entonces un peso de sal sobre
cincuenta de Saturno. Será esta sin duda obra perfectísima,
superior a cualquier obra natural. Si el aceite fuera de Sol,
encera con él sal de Venus o de Marte, y derrama un peso sobre
cien pesos de Venus.
Así se obtiene el agua de la vida: calcina madera de viñas o de
tártaro que sean blancas. Empapa éstas con agua de vida y pon
todo el agua rectificada y aguada en un vaso circulatorio, donde
la dejarás pudrir por un período de un día. Destila entonces
el agua a fuego lento y para acabar calcina la tierra, o la sal.
Empapa la sustancia y destílala y calcínala como anteriormente
hasta cuatro veces, y entonces ponla a disolver por sí misma al
baño. Una vez disuelta al baño la sustancia, congélala, y
realiza esta operación cuatro veces Y obtendrás la sal del Arte,
a saber, Mercurio Testamentario, sin el cual nada nace.
A la vista de todas nuestras medicinas ya nombradas no encontrarás
otro método con capacidad para llevar un cuerpo a la perfección
externa que supere al de la fundición en cenizas, pues el estaño
parecerá estaño como anterior-mente, pero será algo más
rompible y duro sin un esplendor manifiesto, siempre que sea
purgado en cenizas; y lo mismo con el metal saturnal, y
similarmente con el de Venus. Y lo mismo por lo que hace al metal
de Júpiter, que al ser sometido a la acción de las cenizas
puedes ver como se transforma en plata depurada.
Estas diversidades proceden mayormente de la [virtud...] de la
piedra, según si más o menos se han sometido a preparaciones y
sublimaciones. En efecto, la característica mutativa del espíritu
de los cuerpos carece de muchas virtudes en sus partes gruesas,
pues aquélla capacita, por sus propiedades, al cuerpo para
segregar los elementos ajenos a los metales, al transformarlos
mediante su espíritu, y sino por la ayuda de las ceniza. Y ello
ocurre por la intervención de la sustancia gruesa medicinal, a
la cual se halla unida la virtud que transforma y que impide que
se complete la acción íntegra de su espíritu, consistente en
separar aquello que no se corresponde con la esencia natural y
unir aquello que es por naturaleza afín a la naturaleza de la
plata viva, que tras la operación hallarás mutada en plata fina,
que es superior al mineral.
Pero no insistas en querer poner plomo en sus cenizas, pues tan
solo la medicina realiza todas sus acciones con la ayuda de fuego
de cenizas. Así que cuando dichas medicinas son aplicadas con
las cenizas a un cuerpo -y es que éste no puede soportar el
fuego vivo- en el interior del cuerpo se funden las medicinas
sino una ignición determinada. Y ello es así porque su
naturaleza no posee el defecto de ser materia indigesta, que son
aquellas que se funden antes del tiempo en que deben de
incinerarse las sustancias consumidas, que ocupan en el cuerpo el
sitio de la sustancia flemática vaporal.
Ayuda pues a tu medicina y a sus virtudes por medio de la
incineración (cineritium), y encontrarás oro y plata, según si
estuvieran tus medicinas encaminadas a ellos, sea por medio del
elemento blanco, sea por medio del elemento rúbeo.