- Del Arte Dorado, tan estimado por muchos,
- hemos probado, y enseñado por ejemplos,
- que no era fábula como muchos estimaban,
- sino real; ahora nuestra musa al fin es llevada
- al orden para desvelar su debida práctica,
- por la que pueden conseguirse plata y oro.
- Y como fundamento de lo que pretendemos,
- considera bien, y calibra con buen juicio,
- la razón de nuestro trabajo, o de otro modo
- gastarás tu costo en vano, y tu obra no sufragará
- las inútiles cargas que pueda consumir,
- no cosechando de ellas sino hedor y humo.
- La Piedra que buscas, dijimos y todavía afirmamos,
- es solo oro llevado a una perfección tan alta como es
- posible, el cual, aunque es un cuerpo
- firme y compacto, sin embargo, por la dirección del
arte,
- y la operación de la naturaleza, se convierte
- en un espíritu tiñiente que nunca se desvanece.
- Esta piedra no puede ser perfeccionada sólo
- por el ingenio de la naturaleza. Por qué?
- Es seguro que el oro no tiene intención de allegarse
tan lejos,
- sino que permanecerá siempre en su constancia,
- Aquél que quiera conseguir esta esencia, debe hacer,
- por el arte, que el oro se convierta en polvo.
- Y que después sea ablandado en agua mineral,
- circulada luego con un fuego debido,
- hasta que la humedad sea agotada por la sequedad,
- y sea después fijado según el deseo de su corazón.
- Embebe éste entonces a menudo, y vuelve a congelar,
- y sella al niño en el útero de su madre.
- Alimenta éste hasta que llegue a la fortaleza,
- capaz de superar a todos los tenaces opositores,
- el cual, fermentado, debe sufrir la sentencia
- de la negrura repetida, que se desarrollará
- mientras que las naturalezas se pudren y mueren,
- las cuales estate entonces seguro revivificar.
- Sublima, exalta, y después a la tierra
- hazla volver, permitiendo que permanezca en el calor
- hasta que el llanto sea cambiado en regocijo.
- Sitúa entonces al Rey sobre su asiento real,
- que brillando como la llama centelleante
- es esa piedra oculta a la que llamamos nuestro Azufre.
- Multiplica ésta hasta que llegues
- al elixir que lo llamamos de los Espíritus,
- que como el juez el día de la sentencia,
- juzga al fuego toda la terrestreidad,
- que se adhiere, en los metales imperfectos,
- a la sustancia perfecta que ahí hay.
- Pero así es nuestro sujeto. Debemos pues encontrar
- un agente que pueda abrir este sujeto,
- el cual, si sabes buscarlo en su propio género,
- no necesitarás emplear mucho capital
- para prepararlo, pues es de materia vil,
- y su asqueroso exterior ensucia mucho.
- De éste hablan pocos autores, y los que lo hacen
- obscurecen esta clave, pues mucho en ellos miente.
- Pero yo, amable lector, mostraré tal candor
- que nunca ningún hombre lo concibió mayor.
- Atiende pues primero a este misterio,
- que reside en nuestro agente ígneo.
- Créeme, ésta no es una obra a ser conseguida
- por uno cuya ingenuidad está embotada, ni tampoco
- por aquél que desdeña laborar;
- pues la ociosidad es un impedimento para este arte.
- Pero si tienes una maña dócil, y eres
- industrioso, escúchame entonces.
- La sustancia que tomamos primero
- es un mineral, familiar al mercurio,
- que cuece en la tierra un azufre crudo;
- vil a la vista, pero glorioso interiormente,
- el hijo de Saturno, Qué más necesitas?
- Concíbelo correctamente, pues ésta es nuestra primera
puerta.
- Es de color de sable, con venas plateadas
- que aparecen entremezcladas en el cuerpo,
- cuyo matiz centelleante lo mancilla el azufre connato.
- Es del todo volátil y nada fijo,
- pero tomando en su crudeza nativa
- purga toda superfluidad del sol.
- Es venenoso en su naturaleza, y sin embargo
- abusado por muchos de un modo medicinal.
- Si se sueltan sus elementos por el arte,
- el interior es resplandeciente como el día,
- el cual fluye entonces en el fuego como metal,
- del que ningún metalino resulta más quebradizo.
- Este es nuestro dragón del cual el dios de la guerra
- asaltó con armadura del más fuerte acero;
- pero todo en vano, pues una estrella no vista antes
- mostró que Cadmo, cuando sintió esta fuerza,
- no pudo soportar tan gran poder,
- y dividió su alma de su cuerpo.
- Oh, fuerza poderosa!. Los sabios contemplaron esto,
- y viéndolo se asombraron, llamaron a éste
- su León Verde, al que conjuraron con hechizos,
- confiando domar con el tiempo su furia.
- Le dejaron depredar a los asociados de Cadmo,
- y encontraron por su poder que alcanzó el día.
- La riña concluyó. Mirad, una estrella de la mañana
- se vio aparecer de la tierra;
- separadas las carcasas, no fueron lejos,
- pero se le apareció un manantial fluyente.
- Le dieron a beber a la bestia de este mismo manantial,
- y vieron entonces algo que consideraron sumamente extraño.
- Pues cuando esta bestia se acercó al manantial,
- como asustadas, las aguas se retiraron;
- la ayuda de Vulcano no valió de nada.
- Entonces aparecieron las Palomas de Diana en aderezo
- brillante.
- El aire fue calmado con sus alas puras y plateadas,
- en las que el dragón abrazado perdió su picadura.
- Entonces el agua volvió con nubes,
- y se engulló a la bestia, a la que bebió
- hasta que su cuerpo estalló; su piel se volvió
- como carbón, y pronto la fuente hedió
- con el olor impuro que dio nuestro dragón;
- él murió; el agua probó ser una tumba para él.
- Con la ayuda de Vulcano este dragón revivió,
- y del cielo recibió un alma.
- Ambos reconciliados están, para lo que te esforzaste,
- y sus almas unidas abandonan sus cuerpos;
- éste es el verdadero baño de la ninfa, nuestro león
verde,
- cuyo semejante nunca antes fue visto.
- Pero para no mantenerte por más tiempo en suspenso,
- te mostraré llanamente esta alegorías,
- desatando los nudos cuyo oscuro sentido
- puede aperplejar al lector; sabe ahora pues,
- que nuestro hijo de Saturno debe ser unido
- a una forma y mercurio metalinos.
- Por qué?. Es el azogue, y sólo él,
- nuestro agente que requiere nuestra obra.
- Pero el azogue común no sirve para nuestra piedra.
- Está muerto, y sin embargo desea
- ser aguzado por la sal de la naturaleza,
- y el azufre verdadero, pues es su único cónyuge.
- Se encuentra que la sal del retoño de Saturno
- es pura, y puede penetrar hasta el centro
- de los metales; esta sal abunda en cualidades
- que la hacen adecuada para entrar
- en el cuerpo del sol, dividiendo sus elementos,
- y permaneciendo con él después de que es disuelto.
- Busca este azufre en la Casa de Aries;
- éste es el fuego mágico de los sabios
- para calentar el baño del rey, que prepararás
- en una semana. Este fuego permanece estrechamente
cerrado.
- Ábrelo, lo que puedes hacer en una hora,
- y lávalo después con una lluvia plateada.
- Es extraño ver un metal recio y fijo
- que sabe soportar el golpe atronador de Vulcano,
- y que no se ablandará en el fuego, si se mezclará
- en flujo con metal alguno, que sin embargo
- sea hecho retrogradar por nuestro nuevo arte,
- tanto poder ha tenido este punzante mineral.
- Esta obra de la realeza la sella el Todopoderoso,
- para enseñarle al prudente que aquí nace el niño
real,
- al que los justos buscan diligentemente,
- y al que son acertados por la estrella;
- sin embargo los necios buscan nuestro secretos en cosas
- sórdidas, sin su género, lo que les lleva a la ruina.
- Esta sustancia es estelada, y está
- totalmente inclinada a huir del fuego;
- es del todo espiritual, la razón de lo cual,
- si la demandas, (para satisfacer tu mente),
- toma esto: el alma de uno al otro es un imán;
- a esto lo llamamos el beso del viejo Saturno.
- Este es nuestro acero, nuestro hermafrodita;
- ésta es nuestra luna, llamada así por su brillantez;
- éste es nuestro oro inmaduro, pues a la vista
- es un cuerpo quebradizo, domado por Vulcano,
- cuya alma, si puedes mezclarla con mercurio,
- ningún secreto puede permanecer escondido de ti.
- No necesito la cita de ningún autor, pues he visto
- y llevado a cabo este misterio con mis manos;
- con la naturaleza he estado a menudo en concilio,
- he vuelto suave el cuerpo más sólido
- y un cuerpo grosero lo he convertido
- en una tierra fija tiñiente, que no se desvanece.
- Pero lo digo esto yo sólo?. No, muchos más
- declaran lo mismo, y sus nudos yo desato yo aquí;
- Artefio lo nombra, pero no llega
- a descubrir otro secreto; Por qué?
- Es, dice él, a ser buscado por Dios,
- a no ser que sea enseñado por un sabio maestro.
- Este es un acertijo que ha aperplejado mucho
- a los estudiantes de este arte; pues los autores dicen
- que nuestra piedra es vil, y a continuación preciosa.
- Vileza que es arrojada en el camino abierto
- en los muladares, sí, se encuentra en lugares
asquerosos,
- y que debemos tomar por el verdadero fundamento de
nuestro arte.
- Nadie puede vivir sin ella, y es aplicada
- para usos prohibidos, todas las cuales denotan
- únicamente a Marte, al que corresponde todo esto.
- En los barcos flota sobre el océano,
- y no podemos comerciar sin él;
- sin él no vemos ni barco ni casa alguna.
- Como él aramos nuestra tierra, cosechamos nuestro
grano,
- cortamos nuestra carne y nuestros vestidos, con él
hervimos.
- Su uso es tan grande que no amontonaré ejemplos;
- a menudo yace condenado sobre el suelo.
- Por él se calzan los caballos, viejos clavos remachados
- cuyo encuentro apenas merece la pena,
- ¿Qué puede ser ser más vil, digo yo?
- La Casa de Marte, el fornido Aries es conocido,
- en el que todos los artistas te encargan comenzar
- tu obra, ¿Qué puede ser más llano? No puede haber
nadie
- tan botarate que no conceda que hay en
- estas palabras un significado oculto en la letra,
- significado que nunca fue explicado mejor.
- Belus en la Turba ordena juntar
- al luchador con aquél que no se aviene a luchar.
- El Dios de la guerra es Marte; asígnale a él
- en unión a Saturno, el cual se deleita
- en la paz, cuyo reino no necesito relatar,
- tan conocido es por todos (se apellida Dorado).
- Observa la segunda figura que está situada
- en el verdadero Rosario de los Filósofos.
- El Rey y la Reina con túnicas
- agraciadas de modo sumamente real.
- sosteniendo entre ellos nuestra verdadera lunaria,
- que tienen ocho flores, pero sin raíz;
- entre ellos un pájaro, y bajo los pies
- el Sol y la Luna. El Rey sostiene una flor,
- la Reina la otra, y una tercera (en el pico)
- la sostiene el pájaro; el pájaro lleva una estrella
- sobre su cola, que habla de nuestros secretos.
- El pájaro alado denota al mercurio,
- unido con la tierra estrellada hasta que ambos vuelan.
- Los viejos sabios mas bien instruyeron al ojo
- por figuras, que al oído por palabras llanas;
- algunas son tan llanas que cualquier tonto puede colegir
- el significado en ellas encubierto, tan claro está.
- Esto, yo , un hijo del arte, lo he dicho, para ayudar,
- completamente, en otra parte, y tan llanamente como un
- sol.
- A ella remito al lector estudioso,
- y proseguiré en mí pretendido curso
- de enseñar nuestro agua, que tan pocos atinan,
- por la que extraer la semilla del sol tan sagrada.
- Aprende este agua con toda tu diligencia,
- pues ella es el fundamento de nuestra quintaesencia.
- Sabes pues que los metales tienen todos una materia,
- la cual no es sino el mercurio.
- Este fundamento dio al principio una entrada
- a la transmutación, y una posibilidad.
- De aquí concluimos que nuestra agua sumamente secreta,
- tiene la misma materia que el mercurio vulgar.
- Y si el mercurio crudo puede convertirse en oro,
- y todos los cinco metales imperfectos, que
- por razón de su crudeza se queman en el fuego,
- esto ocurre, como enseñan todos los sabios,
- porque todos participan de mercurio,
- y son transmutables por su propia cuenta.
- Y si nuestro mercurio al que llamamos
- nuestra agua viva, no es sino oro inmaduro,
- entonces cualquier cosa que sea convertida en oro,
- por el arte, debe tener tal naturaleza
- que pueda ser convertida por el arte en nuestro azogue,
- para cuya confección se las ingenia el arte.
- Así pues, si el plomo, o el estaño, o el cobre fueran
- resueltos en un mercurio real,
- el arte podría hacer que aparecieran esas aguas,
- tan cambiada es su forma, que realmente
- cualquiera, o cada una de todas las aguas nombradas,
- fueran como nuestro mercurio sófico.
- Pero , ¿Qué necesidad hay de esto cuando la naturaleza
- ha producido un agua sometida a la mano de todo artista,
- en la cual puede ser inducida por la artesanía una
forma,
- que puede fácilmente gobernar nuestros secretos?
- Atiende pues qué mercurio requiere
- nuestro más secreto menstruo, pues aseguramos
- que en peso ambos son iguales, también en color,
- ambos igualmente fluidos, ambos metalinos,
- ambos volátiles en el fuego, pero en el nuestro
buscamos
- un azufre del que carece el de la mina;
- este azufre purifica la materia
- y la hace ígnea, pero la deja como agua.
- Pues el agua es la matriz que, careciendo de calor,
- es del todo inhábil para la verdadera generación;
- ni será reducido nuestro cuerpo a sudor,
- para emitir su semilla, sino en una estación
- de fuego circulante, comezclado por el arte
- con mercurio( que participa de azufre).
- Este azufre debe ser de fuerza magnética,
- y por tanto de la sustancialidad del oro
- (aunque inmadura), sin embargo de un solo origen
- tanto en cuanto a la materia como en cuanto a la forma;
- una debe ser volátil y fugitiva,
- y la otra fija, desatando la primera a la otra.
- No hay en la tierra sino un solo cuerpo,
- al cual el mercurio está aliado tan de cerca,
- como para prepararlo para nuestra piedra secreta,
- ocultando el cuerpo sólido en su matriz.
- Es, como dije, es el retoño de Saturno,
- conocido de todos los magos, y por mí mostrado.
- Pues todos los metales, aunque algunos puedan ser
mezclados
- con el azogue, sin embargo no entran uno en el otro
- más que a la vista, y se van
- uno del otro por el calor, y percibiréis
- que su centro nunca fue penetrado,
- ni encontraréis uno alterado por el otro.
- Si buscáis la razón, tomad esta respuesta:
- que el azufre que reside en los metales
- está sellado (si es perfecto), o participa
- de heces terrenas, y de crudezas
- que aborrece el mercurio, que no se unirá a ellos
- aunque a la vista parezca mezclado.
- Y si separáis primero estas heces
- obtendréis un mercurio fluido,
- y un azufre crudo, el cual endurecía
- la humedad por congelación;
- también encontraréis una sal aluminosa,
- pero todos estos son de género muy remoto al del oro.
- Pero nuestro estimadísimo mineral,
- excepto por sus desperdicios crudos, que son todos
separables,
- contiene un mercurio puro, el cual
- restaurará la vida a los cuerpos muertos, de modo
- que sean capaces de propagar su propia especie,
- como todas las cosas, generando su semejante.
- Pero no contienen en sí azufre alguno,
- salvo un azufre ardiente por el que es congelado,
- y sin embargo es quebradizo y negro con venas
brillantes.
- El azufre no es metalino en modo alguno, y se
- diferencia poco del vulgar, en cuanto al aspecto
externo,
- si se separa correctamente como muestra el arte.
- Apartadas las heces, aparece un nuez,
- en la forma como un metal (pero que puede ser
- pulverizada a golpes), en la que se encierra
- un alma tierna, que se eleva como humo
- en un fuego pequeño, como el azogue,
- ligeramente congelada, que arrebata así el fuego.
- Esto se lo da la penetración a nuestra agua,
- y hace que su cuerpo entre hasta sus raíces,
- reduciéndolos a su verdadera primera materia,
- invirtiendo el todo desde su centro oculto.
- Este requiere que se le una un verdadero azufre,
- que encontramos en la Casa de Aries.
- Solo por este mineral se consigue que Marte,
- por la destreza del artista, y también con la ayuda de
Vulcano,
- sea retrogradado a un mineral,
- como ha sido ensayado a menudo por muchos;
- ésta es nuestra verdadera Venus, amada de Marte,
- esposa del cojo vulcano, pero reprobada por este acto.
- Haz primero , pues, que este mineral abrace a Marte,
- de modo que ambos arrojen sus terrestreidades;
- la sustancia metalina, en poco tiempo,
- brillará como el cielo, y de tu éxito
- encontrarás por cierto como signo esto:
- un sello impreso de tipo estelado.
- Este es el sello real, esta es la marca
- que pone el Todopoderoso sobre sus extraños sujetos.
- Este es el fuego celestial del cual una chispa,
- una vez encendido, causa en los cuerpos tal cambio,
- que la negrura brilla ahora como una gema centelleante,
- y corona a nuestro joven rey con una diadema.
- Añade Venus a éste en una proporción de vida,
- pues su belleza Marte la admira, y se sabe
- que ella mantiene un gran amor con él, y que está
- pronto inclinada al movimiento, estando aliada al oro,
- y también a Marte, también a Diana brillante,
- conciliando el amor y el verdadero deleite.
- Vulcano crecerá en celos, y extenderá
- su red para capturar a su esposa con Marte en el acto;
- El cojitranco cabrón, dolido de sentir su cabeza
- con cuernos adornada, y confiando en frustrar éste
concierto,
- muestra a ambos amantes atrapados dentro de su red,
- en la que ambos son envueltos.
- No parezca esto una fábula. Observa primero
- cómo Cadmo es devorado por nuestra fiera bestia,
- el cual, tras atravesar valientemente, merece
- un nombre de campeón, pues sobrepasada en poder
- esta serpiente, contra un roble, es traspasada
- con una lanza mortal, a la cual todos temían.
- Observa la estrella, que es solar sin duda,
- y esto puede ser aprobado, pues el oro se une
- con el niño de Saturno, purgadas sus heces.
- Todo lo que es perfecto cae al fondo,
- y siendo vertido, tras la fusión, muestra,
- cuando se enfría, una estrella, igual que lo hace
Marte.
- Pero Venus da una sustancia metalina,
- tan solo despreciable, unida con Marte,
- envueltos como en una red, y es
- bello de contemplar, lo cual misteriosos poetas
- de aguda vista han descrito en guisa oculta,
- y sin embargo más claramente para los sabios.
- Así que cuando el alma de Saturno, y de Marte,
- son mezcladas tan solo por nuestro arte y la ayuda de
Vulcano,
- ambas son iguales de vuelo, y sus partes no son
divisibles,
- hasta que el alma de Marte es fijada;
- entonces abandona a Saturno, y en los ensayos se
encuentra
- un oro perfectísimo, cuya tintura es buena y verdadera.
- Pero esto debe conseguirse con la mediación de Venus,
- o de otro modo no serán separados
- por ninguna maña del hombre; ni los resolverás
- en polvo; no obstante, unidos se reducirán,
- pero solo con la asociación con Venus,
- Diana hace de ellos una separación.
- Algunos usan las palomas de Diana para preparar
- el agua, labor que es tediosa,
- y para atinarla correctamente, un raro artista
- puede errar dos veces de cada una; el otro modo, que es
sumamente
- secreto,
- se lo recomendamos a todos los que intentan ser
artistas.
- Que el vapor más sutil que el agua,
- sea circulado tanto y tan a menudo,
- que las almas de ambos (abandonando la materia grosera)
- se unan, y vuelen juntas hasta la colina,
- donde no las dejes permanecer tanto tiempo
- que se congelen, pues entonces trabajas erradamente.
- Del hijo del viejo Saturno sean tomadas dos partes,
- de Cadmo una, y asegúrate de purificar éstos por la
ayuda
- de Vulcano tanto tiempo, hasta que,
- libre de heces, la parte metalina sea pura;
- esto se hará en cuatro reiteraciones.
- La estrella te enseñará las operaciones perfectas.
- Haz a Eneas igual a su amante,
- purgándolos artísticamente hasta que la red
- de Vulcano encierre a ambos, la cual toma entonces,
- y mira que con el agua sean bien mojados,
- con calor y humedad, hasta que , perforadas,
- las almas de ambos sean glorificadas.
- Este es el rocío celestial que debe ser nutrido
- tanto y tan a menudo como lo requiera la naturaleza.
- Tres veces al menos, y hasta siete, sea conducido
- a través de ollas y llamas, como requerirá la razón.
- Ten cuidado al menos de no poner en fuga
- la naturaleza tierna; entonces tu fuego será correcto.
- Sabe también por cierto que el mercurio,
- que debe comenzar la obra, debe ser líquido
- y blanco; no seques con un fuego excesivo
- la humedad hasta polvo (rojo a la vista),
- pues así se corrompe tu esperma femenina,
- y perderás tu deseado resultado.
- Ni busques convertir el azogue en una
- goma clara transparente, o en aceite, o en ungüento,
- pues entonces perdida la proporción, no puedes llegar
- a la verdadera disolución, sino que debes encomendar
- tu desesperado trabajo a otra estación tan diferente,
- pues procedes sin una razón verdadera.
- Busca pues tan solo añadir un espíritu
- del que carece el azogue común, y después
- sublima lo grosero hasta el firmamento,
- separando los desperdicios por el arte, y cuando
- hallan pasado siete veces completas, espósalo
- con el oro, de modo que se tengan uno al otro.
- Así es preparada la verdadera doncella, por la artesanía
- y la ayuda de la naturaleza, la cual, separada de las
heces,
- se convierte en un retoño celestial, que ablanda
- el sólido cuerpo del oro, el cual, separado en átomos
- negros, se pudre y corrompe,
- y después revive y vuela de nuevo.
- Si yo descubriese aquí todos los secretos
- que están contenidos en la fabricación de nuestra
agua,
- sería desdeñado de todos los verdaderos artistas;
- pues solo son comunicados a aquellos
- a los que Dios se digna enseñarles; el resto
- debe vagar en una bruma, y anidar en el error.
- Pero aquel que inquiera estudiosamente,
- para encontrar con penas y oraciones esta verdad oculta,
- y a quien la ambición no excite su deseo,
- sino que busque el conocimiento con una mente cándida,
- ése, seguro que alcanzará este misterio,
- pues nadie, nunca, escribió el arte tan llanamente.