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(...) El efecto, el mercurio se forma a partir del auténtico azufre que no quema. Pues, como dijo el Filósofo, el azufre blanco que no quema congela el Mercurio en excelente Luna. Si el mercurio fuese de buena sustancia y el azufre no fuese puro y quemara, entonces convertirá el mercurio en cobre. Pues según el Filósofo, la fuerza del azufre blanco que no quema coagulará el mercurio, si éste es puro, en plata. Por esta razón dice el Filósofo que en toda plata hay azufre blanco, al igual que en todo oro hay azufre rojo. Pero tal azufre no se halla sobre la tierra, como dice Avicena, sino que se origina en estos dos cuerpos. Por este motivo debemos preparar minuciosamente estos dos cuerpos, para que tengamos sobre la tierra el azufre y el mercurio de aquella materia, de la cual se obtenía oro y plata sobre la tierra. De este modo, por ser el oro un cuerpo precioso, es la tintura del color rojo para todos los metales, tiñendo y transformando todos los cuerpos. Está tanto en los cuerpos como en el mercurio natural, pues hemos descubierto que son de una única naturaleza.
(...) Así pues, de aquellos cuerpos se extrae un azufre extremadamente blanco y rojo, al hallarse en ellos la más pura sustancia del azufre depurada por el genio de toda la naturaleza. No hay sin embargo materia del mercurio ni en su naturaleza ni en toda su sustancia, pero fue parte de aquélla. La sustancia de la preciosa piedra se busca tanto en los cuerpos como en la misma sustancia del mercurio. Esta materia prima es el mercurio, por ser el más dúctil de todos los elementos. Sobre esto dicen también los Filósofos: si los cuerpos no son hechos incorpóreos, o bien no cuerpos o bien volátiles, o viceversa, no trabajáis en nada.
(...) Pues la disolución del cuerpo se produce con la congelación del espíritu, y la congelación del espíritu con la disolución del cuerpo. Entonces el cuerpo se mezcla con el espíritu, o con los espíritus, y es hecho un solo cuerpo con ellos, o con él, y nunca se separan, como tampoco lo hace el agua mezclada con agua, porque entonces todos son reducidos a su naturaleza prima homogénea.
(...) La tierra no se convierte en aire sin antes haberse transformado en agua. El aire y el agua son pues elementos medios. El fuego y la tierra son elementos que están en los extremos. El aire está junto al fuego, como la tierra junto al agua, y por esto el agua se contrapone al fuego, y la tierra al aire, porque el agua es fría y húmeda, el fuego cálido y seco, la tierra fría y seca, y el aire cálido y húmedo. De este modo, el agua y el aire concuerdan en humedad, y el fuego y la tierra en sequedad. Por el contrario, tanto el aire y la tierra como el fuego y el agua no se convierten uno en otro sin que antes se convierta el fuego en aire y la tierra en agua. Disolver consiste en dividir los cuerpos y la materia, o hacer la materia prima. Cuando la más blanca haya ascendido, arrójala al agua hirviendo, hasta que quede reducida a mercurio. Entonces, en este Mercurio limpio arroja cuerpos limpios que en la balanza den un peso idéntico. Sin embargo, no mezcles un cuerpo blanco con otro rojo, ni el rojo con el blanco, sino que disolverás cada uno aparte por separado, puesto que el agua blanca es para albificar, y el agua roja para rubificar. Los cuerpos disueltos son reducidos a la naturaleza del espíritu y nunca se separan, como tampoco lo hace el agua mezclada con agua. Sublima primero el Mercurio y luego disuélvelo. Los lapídeos son el fuego y la tierra, porque son secos. Los acuáticos son el aire y el agua, porque son húmedos. Primero, por fuego liviano constante e ininterrumpido, y retira su agua. En cuanto a la tierra, no te preocupes de qué sustancia sea, mientras sea una sustancia blanca y fija. La tierra deseca y fija, el agua limpia y lava, el aire y el fuego tiñen y hacen fluir. Por esto tiene que haber mucha agua y mucho aire, porque tanta cantidad habrá de tintura como la haya de aire.
(...) Por consiguiente, el aire es destilado con el fuego, porque aquél es agua teñida, y su tintura es el fuego, puesto que el aire es un cuerpo que lleva el fuego como espíritu.
(...) Por esta razón, cuando la cal se sublima para la Luna debe ser blanca, y el Mercurio igualmente blanco. Por lo tanto, no proporciones Mercurio rojo al blanco, ni blanco al rojo, sino que pon cada especie con su propia especie. Éstas son suficientes para completar el azufre blanco y el rojo.
(...) Un peso de fuego equivale a medio peso de agua, y en esto ni se añade ni se quita nada, puesto que si hay mucha agua y poco fuego, el fuego se extingue, y lo mismo si hay mucha tierra y poco fuego. Lo contrario sucede con el aire, porque el aire alimenta el fuego, al igual que el agua alimenta la tierra. Pues el fuego vive del aire, el aire de la ayuda del agua, y el agua de la ayuda de la tierra. Fija pues el agua en la tierra, para que el aire pueda fijarse en el agua, ya que si matas el agua, los matas a todos. Entonces, lava la sal con agua dulce, clara, y secada al fuego. Pues el azufre fijo, al ser coagulativo por naturaleza, congela su Mercurio por sublimación frecuente, o por reiteración de la sublimación sobre aquél.
(...) Efectivamente, es así como se fija el aire con el agua y la tierra, porque la naturaleza se regocija con la naturaleza, y la naturaleza, a la naturaleza que por sí misma sea combustible, le enseña a luchar contra el fuego. Entonces pruébalo sobre el fuego. Primero obtendrás agua, luego aceite, después fuego, y la tierra quedará en la parte inferior. Reduce por tanto el agua por sublimación sobre la tierra, hasta que ésta se beba toda el agua y se fije con ella. A continuación, proyecta la primera parte de esta medicina congelada sobre 100 partes de Mercurio lavado, mientras éste está hirviendo al fuego dentro del crucíbulo, y aún se transformará todo en medicina.
Arnau de Vilanova