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Bajo esa sonrisa peculiar, Cuevas esconde una imaginación expresionista que hizo historia en la pintura mexicana.
José Luis Cuevas es, sin duda alguna, una de las personalidades más peculiares y originales de todo el panorama pictórico mexicano contemporáneo. Su irrupción quebró los moldes academicistas que prevalecían hasta entonces y que eran defendidos y propugnados por la escuela clásica nacional, aunque sin adoptar tampoco los recursos estéticos y las teorías defendidas por el grupo de muralistas, cuyos máximos exponentes fueron David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera y José Clemente Orozco, que determinaron con su rotunda y particular personalidad el devenir del arte mexicano durante toda la primera mitad del siglo XX.
Nacido en Ciudad de México, en 1934, su formación fue por completo autodidacta; y hay que destacar que Cuevas es uno de los escasos artistas que no han pasado por la Academia de Bellas Artes de San Carlos, cauce de casi todas las vocaciones pictóricas y único vivero de sus pintores. Su formación técnica profesional se limitó a un curso en la Escueta Nacional de Pintura y Escultura la Esmeralda, que había sido fundada por Frida Kahlo y Diego Rivera, cuando era sólo un niño de diez años, y a unos cursos de grabado que realizó a los catorce con la profesora Lola Cueto, en el México City College. Su primera exposición tuvo como escenario un local de la calle de Donceles de Ciudad de México en 1948.
Escaso bagaje académico, en verdad, el de José Luis Cuevas, que pone más de relieve su formación irregular, su labor de autodidacta, que confluye en un arte empeñado en plasmar los sentimientos que pueblan su ímpetu creativo y que lo llevan a alejarse de las corrientes realistas y naturalistas, y a apartarse hasta cierto punto de las definiciones figurativas. Se advierte en su obra, que puede considerarse netamente expresionista, una indiscutible preeminencia del dibujo. que se convierte en el eje principal que sustenta la lenta elaboración del cuadro. Cuevas intenta renovar los planteamientos figurativos adoptando también, como sus contemporáneos de más conocida militancia política, una temática social crítica, pero rechazando siempre las soluciones, superadas ya, que habían sido experimentadas y defendidas por los teóricos del realismo socialista. Se niega a adherirse a cualquier tendencia política que pueda encasillar o limitar su espíritu artístico; busca, por el contrario, los medios adecuados para encauzar la pasión que bulle en su pecho y brota de sus pinceles una personalísima pintura, que pronto comenzó a ser reconocida internacionalmente.
Moviéndose en el universo expresionista, tiende hacia una deformación en la figura y una libertad de trazo, rasgos que se ponen de relieve en sus Apariciones, y que permiten relacionarlo con el denominado arte fantástico. Su inspiración bebe en las fuentes más diversas, a las que no son ajenos algunos de los más brillantes artistas del siglo XX, como Henri Matisse, Paul Klee, Oscar Kokoschka, Marc Chagall y Wassili Kandinsky, aunque, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, los fauves franceses parecen haberle influido poco. Cuevas intentó reflejar en sus primeras composiciones la profunda intensidad simbólica de la expresión y ese empeño creativo le supuso, a veces, perder el equilibrio de la forma. En 1953 practica la disección de cadáveres, lo que le permite dar rienda suelta al dibujo de un universo expresionista rayano en lo fantástico, que cobra toda su fuerza en las imágenes de prostitutas, hospitales, cadáveres y niños desvalidos del barrio de Nonoalco.
Muy joven, a los veinte años, Cuevas pudo presentar en Washington su primera exposición y aprovechó la oportunidad para darse a conocer en el restringido mundillo de los marchantes y las galerías de arte, oficios y lugares que al parecer detestaba, llegando a afirmar que "sólo eran necesarios para ganar dinero" y negándoles su papel e influencia en las auténticas pulsiones artísticas. Esta primera exposición le sirvió para ponerse en contacto con algunas escuelas y con las facultades universitarias que habían estado ausentes en su proceso de formación y, paradójicamente, el pintor que se había hecho a sí mismo, el hombre alejado de los establecimientos pedagógicos, consiguió una plaza de profesor en la Universidad Iberoamericana y, más tarde, habría de llegara impartir sus enseñanzas en la Universidad de Austin (Texas), como invitado especial. Muy poco tiempo después, recibe una invitación del crítico José Gómez Sicre y exhibe de nuevo su obra, esta vez en la Unión Panamericana de Washington D.C.
La muestra de la Unión Panamericana supone el inicio del constante "tira y afloja" que ha marcado sus relaciones con los Estados Unidos. Cuevas hace patente, en sus estancias estadounidenses, un constante y contradictorio sentimiento de amor y de odio que se refleja en dos de sus actitudes más personales; por un lado, siente un instintivo rechazo por todo el ritual que rodea las exposiciones, el vocabulario, los hábitos y los oropeles de una liturgia orientada hacia la "venta", pero siempre está dispuesto, por el contrario, a dar una conferencia, a mantener apasionadas charlas con los jóvenes que se interesan por su obra y a encargarse de un curso cualquiera.
De nuevo en México, inicia una personal protesta por el hecho, que le parece injusto e inaceptable, de que los salones oficiales muestren una evidente preferencia por los artistas de la escuela mexicana de pintura. En este contexto publica su manifiesto La cortina de nopal (1957), en el que arremete contra el muralismo mexicano precisamente el año en que muere su más eximio representante, el pintor Diego Rivera.
Debe tenerse muy en cuenta que todos los pintores muralistas habían adoptado en sus monumentales obras unos presupuestos claramente marcados por la ideología. En efecto, exponían y defendían con sus pinceles los ideales socialistas y algunos de los representantes más conocidos de esta tendencia eran o habían sido miembros fundadores del Partido Comunista Mexicano. De modo que aquel estado de cosas, las preferencias de las muestras y salones oficiales, favorecían sobre todo a los artistas que se movían en la órbita social muralista. Cuevas, por el contrario, se consideraba un artista alejado de las ideologías, por lo menos en lo que se refiere a sus presupuestos pictóricos, y se mostraba muy escéptico en cuanto a la validez del trasfondo político que sustentaba y agitaba la pintura mexicana de la época.
A partir de la segunda mitad de la década de los cincuenta, expone el conjunto de su obra primero, entre 1955 y 1957, en París, La Habana, México y el Museo de Napoule, en el sur de Francia, y, tras una prolongada gira, lo hace en Nueva York, Jerusalén, Lima, Caracas, Buenos Aires y Vancouver. Sus dibujos y litografías han adornado a partir de entonces muchas veces las paredes de las más prestigiosas galerías y museos de Estados Unidos, Latinoamérica y Europa. Y no puede olvidarse su importante labor como ilustrador de libros de arte, de la que son buena muestra títulos como The Worlds of Kafka and Cuevas (Nueva York, 1959), en el que da forma al obsesivo universo kafkiano; The Ends of Legends String (Washington, 1960) sobre una colección de poemas de William McLeod; Recollections of childhood, 1962; Teatro Pánico, 1965, inspirado en los experimentos y las creaciones dramáticas que por aquel entonces llevaba a cabo Jodorowski; Cuevas - Charenton, también en 1965; Crime by Cuevas, 1968; Homage to Quevedo, 1969, y otros muchos.
La Bienal de Sao Paulo le dedicó una de sus salas en 1975, fue invitado en la Documenta VI de Kassel, en 1977, y, en 1978, hubo una retrospectiva de sus obras en el Museo de Arte Moderno de París.
José Luis Cuevas es, sin duda alguna, uno de los mayores dibujantes que ha dado el siglo XX, cuya virtud más destacada es la efectiva combinación de un trazo simplificado y unos colores violentos y llamativos, que dan sugerentes resultados. En 1966, Octavio Paz hizo un lúcido análisis, una penetrante descripción de su producción artística, en la que afirmó, entre otras cosas que "... Se le clasifica normalmente como pintor expresionista. Lo es, aunque en sentido distinto al de los otros expresionistas mexicanos. Su obra no es un juicio sobre la realidad exterior. Es un mundo de figuraciones que, así mismo, es una revelación de realidades escondidas. No es aquello que el artista ve desde la ventana de sus buenos sentimientos y que condena en nombre de la moral o la revolución. El mal que pinta Cuevas no es el mal visible. Esos monstruos no están únicamente en los hospitales, burdeles y suburbios de nuestras ciudades: habitan en nuestra intimidad, son una parte de nosotros".
Pese a que en su propio país Cuevas nadaba a contracorriente (no hay que olvidar que, a los treinta y tres anos, realizó un célebre Mural efímero en una zona de Ciudad de México que él mismo había bautizado como Zona Rosa), comenzó muy pronto a obtener el reconocimiento internacional. Recibió así el Premio internacional de Dibujo, en 1959, en la va Bienal de Sao Paulo, Brasil, a la que ya había sido invitado a participar cuatro años antes; siguieron el Primer Premio Internacional en la VII Mostra ínternazionale di Bianco e Nero, de Lugano, Suiza, en 1962; el Premio de Excelencia en Arte y Diseño, del Art Directors Club, en Filadelfia, Estados Unidos (1964); en 1965 recibió el Premio Madeco de la II Bienal de Santiago de Chile; y en 1968 se le otorgó el Primer Premio Internacional de Grabado en la II. Trienal de Nueva Delhi. India.
Su carrera se vio jalonada, desde entonces, por las más variadas distinciones y galardones de los que sólo citaremos, como últimos ejemplos, el Primer Premio en la lila Bienal de Grabado de San Juan de Puerto Rico, en 1977 y por fin, en 1981, el reconocimiento en su propio país con el Premio Nacional de Arte de México.
Como ya hemos dicho, sus ideas sobre el arte y sus posturas personales, su enfrentamiento con los presupuestos del "arte comprometido", sus tomas de posición, muchas veces radicales, despertaron y siguen despertando constantes polémicas. Además, su inquieto temperamento y su interés por las más diversas facetas de la plástica le han impulsado a adentrarse en los campos creativos más variados, utilizando así distintas técnicas y realizando experimentos como su invención de las pinturas transportables, una iniciativa que no tuvo, en verdad, demasiado éxito y que, en realidad, es una adaptación de las técnicas utilizadas algunas veces por Rivera en sus murales. Su preocupación por romper moldes académicos se puso de manifiesto en 1970 con la organización de varios happenings en el San José State College de California, en los que regalaba a la salida carteles contra la guerra del Vietnam. El mismo año presentó su candidatura a diputado federal, llamando a jóvenes e intelectuales a formar un nuevo partido político que rompiera con el statu quo, puesto de manifiesto en 1968 con el triste episodio de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.
Como muestras de la diversidad de sus actividades artísticas podemos mencionar sus colaboraciones en revistas de circulación internacional, como Life o Playboy, en las que ha publicado sus ilustraciones; o las incursiones en el mundo de la escenografía teatral, como en La noche de los asesinos, del cubano José Triana, o del periodismo, con su columna Cuevario en el diario Excelsior. También ha publicado su libro autobiográfico Cuevas por Cuevas (1985).
En julio de 1992 tuvo lugar la inauguración del Museo José Luis Cuevas, situado en el antiguo Convento de Santa Inés (en la calle Academia, 13), en el centro histórico de la capital mexicana. En sus salas se exhibe permanentemente una serie de dibujos y litografías del pintor, así como su monumental escultura La giganta. Sus obras pueden contemplarse en numerosos museos internacionales, como el de Arte Moderno de Nueva York, el Art Institute de Chicago, el Museo de Tel Aviv, el de Sao Paulo el de Caracas.
| 1934 | Nace en Ciudad de México JOSE LUIS CUEVAS. |
| 1948 | Expone por primera vez en un local de la calle Donceles de Ciudad de México. |
| 1954 | Expone por primera vez en Washington e invitado por Gómez Sicre, consigue el éxito en la exposición de la Unión Panamericana de Washington. |
| 1957 | Publica su manifiesto La cortina de nopal contra el proteccionismo oficial a los muralistas mexicanos. |
| 1959 | Expone en Jerusalén y obtiene el Premio Internacional de Dibujo en la VaBienal de Sao Paulo. |
| 1962 | Primer Premio Internacional en la VII' Mostra Internazionale di Bianco e Nero de Lugano (Suiza). |
| 1968 | Premio Internacional de Grabado en la II Trienal de Nueva Delhi. |
| 1978 | Retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de París. |
| 1981 | Se le otorga el Premio Nacional de Arte de México. |
| 1992 | Se inaugura el Museo José Luis Cuevas en Ciudad de México. |
Bibliografía
Grupo EDITORIAL OCEANO DE MEXICO, GRANDES BIOGRAFIAS DE MEXICO, 1ra edición, 1996,
ed. OCEANO, México, 312 pp.