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En el fondo del valle, rodeado por los pagos del Barreiro, La Barreca, el Cembón, La Fontanina, El Teso, El Cardal, La Mina, La
Fragua..., se cobija ete pueblecito atravesado por el río Meruelo, que da frescor y suficiencte energía para mover los molinos del Escobio
y del Zembón.
En sus aledaños crecen cerezos, avellanos, y algún castaño. Por encima de estos, la retama del monte bajo ha ido borrando la tierra centenal de todos los alrededores, incluidas las laderas del cerro de San Pelayo, cuya cumbre también conoció el arado.
Su nacimiento se produjo con anteriodidad a 1163, fecha en la que el lugar aparece vinculado a San Pedro de Montes. Seguramente, por efecto de la intervención humana, reciba este singular nombre en plural. Porque, una bouza, no es otra cosa que el viejo sistema de quema de una porción de terreno comunal durante dos o tres años seguidos, para luego ser roturado comunalmente.
También hablan las gentes de la existencia de un convento en el valle de San pelayo, de unos "misteriosos" carriles que atraviesan la ladera, de las desaprecidas ermitas de San Pelayo y Santa Leocadia, y de que pertenició al ayuntamiento de San Esteban.
Así, apretado en el valle, pero a 1.070 m de altitud, entre sus bosques otrora, seros y bajo la sombra del reloj de sol que luce su iglesia de la Asuncion, Bouzas ha ido describiendo sus soledades y sus encantos en su magnífica arquitectura tradicional. Como tambinén el exinto atisbo de progreso de un pequeño salto de agua que, en torno a 1946, quiso sustituir con un hilo de luz eléctrica, ese palito de brezo o urz llamado aguzo, con el que en cada casa se combatía la oscuridad de la noche.