Poesía Ayacuchana Contemporánea


HEBER OCAÑA

El Notario bermejo del hombre


HEBER OCAÑA GRANADOS. Huarmey, Lima 1967. Profesor en Lengua y Literatura por la San Martín. Radica en Huarmey desarrollando, casi regularmente, labor de promoción cultural. Periodista radial, fundador del movimiento OBRAJE, del cual ya no sabemos más, aunque nos dicen que representa al grupo promocional Mammalia. Su imagen de buen poeta lo ha fabricado su constancia y talento; no le debe a nadie en este sentido. No hay sitio donde hemos caminado, donde no hayamos encontrado una plaquette de su autoría. Esto quiere decir que su labor de promoción lo ha manejado con excelencia y sin estridencias, ayudando a ello su presencia feliz en Encuentros internacionales de poetas. Pero.., le falta un libro de aliento; todo lo que sabemos de él es por sus plaquettes y textos publicados en Lima y provincias. Antologado a nivel latinoamericano al lado de 125 vates en Entre el Fulgor y los Delirios, Maribelina Lima 1997.
Su poesía mantiene textos detallistas que describen un mundo dantesco ayudado de un lenguaje áspero, trágico y cruel. Clavo afilado y un martillo contundente en la cerviz, mientras una arboleda de letales metáforas describen magistralmente a un mundo caótico que agoniza. Cierto: Su corpus y coherencia poéticas se mantienen enhiestos sosteniendo a un Hombre que saldrá triunfante. Cuando, sin darse cuenta, se introduce como una mariposa la ternura, da sus mejores entregas y se le nota más sincero. Hombre de profunda fe en un adviento divino, nos extraña esta parlafernalia de un mundo caótico. Pero apúntelo: le tenemos fe por su sencillez y extraño talento. Buena voz. Salvo mejor parecer. Ultima producción: CANCIÓN DE LOS ANCESTROS. Huarmey, 2000. Av. Olivar Maz. I. Lote 04. Huarmey. Lima.


CANCIÓN DE LOS ANCESTRO / 
CON PREMONICIÓN DE MUERTE

A mi padre


Mi casa pintada color caca /aglutina naranjos
            Al fondo de su cuerpo.
Antiguas brujas visitan la ciudad orinada por perros
            Y multitudes,
Desechando el saludo añil de niños cancerosos.

Mi casa o la casa de los ancestros,
Lo único que tiene
            es esa melancolía en la punta del estómago,
Que lo acecha como ridícula obsesión
Raspándole los sueños,
Quemándole los ojos.

Pero nosotros al fin,
Viejos / acabados,
Dóciles para la muerte, despeinados para la sonrisa,
Nos entregamos al vicio en vísperas de luna llena.
Bebemos alcohol,
            Nos desfiguramos el rostro con nuestras (manos
Y titubeamos con nuestros nombres
            A la hora de recoger flores
                Para nuestros hijos,
                Para nuestros ojos.

Sabemos que la muerte brota de las uñas largas de la sombra.
De los enervados gritos del arco iris,
De los vestigios más horrendos de las piedras.

Pero nosotros, al fin / viejos,
Incoloros como anfibios sin aurora.
Acabamos con nuestras vidas /
DE PIE.




TRÁNSITO DE NIÑO

A Gandi Israel ( 20 días de nacido)


A mi hijo no le crecen los dientes
            Por ventura.

Sus caminos
Como crepúsculos silenciosos
            Se levantan en medio de este 
                                                (desastre.
Y la esperanza como pétreas palabras
No es sino
Su propia canción
Que acumula regiones de árboles 
                                        (y hierbas.

A mi hijo le falta la existencia
Debajo del sol.
Mas nadie a pedido sombra
                Ni designios,
Sólo las sílabas de su boca
Van rodando entre pálidas mañanas
                Sin teléfonos.
                Ni llamadas urgentes,
Solos como piedra
                Espectral y dulce.
Solos como lluvia
Con pasión de relámpago,
Con pasión de viento y gaviota.
Con dulzura crepuscular/
                Sin lamento.

Porque cuando haya crecido
Que el viento no sea
Aquella figura humana llena de cáncer
                Y holocaustos.
Porque cuando él haya crecido
Agradecerá a los muchachos dóciles de la esquina.
A los que sufren y son pálidos.
A los fantasmas de todas las tardes indeclinables.
A las manos carcomidas
Por los pájaros más voraces e invencibles de la tierra.

Porque cuando él haya crecido
Todas las ventanas permanecerán abiertas
Y todas las ciudades deshilachadas
            Reverdecerán
Al estruendo silencioso de su voz.

A mi hijo le hace falta una palabra.
Pero en sus piecesillos ingenuos
            Y frágiles,
Se han adentrado
            Inmensas calles /
Por donde nunca le alcanzará la tristeza.


 


 

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