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El título Cantar de Helena nos remite a la
tradición griega ni más ni menos, nacimiento de la
literatura, y, a su vez, el subtítulo Y otras muertes,
nos pone un atajo a la interpretación. Debemos entonces
tener una suerte de mapa de sueños y culturas para poder
hurgar en este laberinto en el cual se enhebran el
conjunto de cuentos y relatos que conforman esta opera
prima del narrador Fernando Carrasco (Lima, 1976).
“Aquí, al filo de la muerte, he de cantar mi verdad”,
nos dice en el primer párrafo de dicho cuento que
parodia al mundo helénico. Cantar se transforma en
sinonimia de contar, o sea, el contar de Helena es el
que nos introducirá en aquel juego del destino que es el
asunto más importante del libro. Este juego, marcado por
la fatalidad, es una lucha inútil contra la muerte:
aquellas “otras muertes” que señala irónicamente el
subtítulo del libro no son más que la “misma muerte”, la
“muerte única” que a todos nos habrá de tocar.
Muerte, ironía, destino, son
algunos de los hilos conductores que nos hacen recorrer
estos diez textos, número de la perfección clásica. Es
desde lo clásico de donde parte la escritura de
Carrasco: su ritmo, su léxico, su entonación, la
construcción de sus historias; algo que podría
remitirnos al Decamerón, insisto, y no solo por el
decálogo. Pero también hay una suerte de rastreo por
diferentes estilos recogidos de una vasta tradición
universal, un catálogo de registros temáticos, una sutil
gama de experimentalismo, un ludismo calculado, en el
que desfilan personajes muy definidos tal como se
concebían a los héroes y antihéroes clásicos. Pero lo
que convierte a la escritura de Fernando Carrasco en el
arte de desmembramiento del arte formal, y siguiendo
quizás a un maestro como Julio Ramón Ribeyro, es la
conciencia oscura del hartazgo existencial, la intuición
elaborada y desaforada de hallar una salida a la muerte
de los metarrelatos. Lo que llama Miguel Angel Huamán en
el prólogo, en una perspectiva postmoderna: la angustia.
La angustia es el
aniquilamiento del destino que hacen que los personajes,
de alguna manera, puedan vencer a la muerte; el saber
que la guerra está perdida de antemano, hace que el
enemigo (la muerte) no pueda celebrar su victoria. Se
rinde, pero no se entrega (la vida). Es por eso que el
final que corren personajes excelentemente construidos
como el negro Coco o personajes fantasmales como los sin
nombre, nos impelen a vislumbrar un mundo que ha
perdido, entre otras cosas, su centro.
La prosa de Carrasco se
traslada no solo por variados registros estilísticos,
con niveles altos de prosa, casi poéticas en algunos
casos, o coloquiales que subvierten la linealidad;
también aborda diferentes mundos, atmósferas, llegando
al punto de escribir un cuento al estilo porteño,
siguiendo tal vez a otro maestro como el argentino
Roberto Artl, en el cuento Nocturno de tangos y tangas.
Estos mundos o espacios
conflictivos, en el que están siempre palpitando el tema
del amor y la revancha o venganza helénica, se articulan
con pasajes memorables que hemos conocido en escritores
como Borges, Vargas Llosa y Reynoso, entre otros. La
influencia es una licencia necesaria. Y la
intertextualidad, y la parodia. Respiro, por lo tanto,
un aire más anterior, el maestro de maestros, James
Joyce, y su cuento Los muertos perteneciente al libro
Dublineses. Un modelo con el cual enfrentar no solo
literariamente a los propios demonios, sino lo que
significa abordar un tema serio y antiguo en la
literatura universal.
Creo que el mejor acierto de su
escritura es esa capacidad descriptiva, con un rico
bagaje léxico, en esos instantes moribundos pero lúcidos
ante la cercanía de la muerte, la fijeza de los
detalles, el tiempo que se siente en las cosas, en la
mirada del personaje o del narrador. Esto es difícil de
hacer en estos tiempos, sobre todo sin evitar caer en el
ripio. Es interesante, también, como ya se ha dicho, la
creación de personajes, de los cuales se cuenta lo
pertinente para así mantenernos a la expectativa, en el
suspenso. Podríamos comentar, además, de su capacidad
técnica en la construcción de las ficciones, los cambios
de tiempo, las citas, los registros musicales del mundo
popular en los últimos cuentos. Más allá de todas esas
cualidades, lo importante es que son historias que
entretienen, que captan al lector.
Quizás una crítica sea su
disparidad, y como dice Miguel Angel Huamán la unidad se
da en el aliento poético que sirve de enlace. Pero creo
que lo dispar o pluralidad es también una cualidad que
nos permite abordar, con cierto barroquismo o
tropicalismo, como un prisma, aquel insondable misterio
sin retorno que es la muerte.
Leído en Huánuco, el 16 de marzo del
2006.
©
Milguel
Ildefonso, 2006
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Milguel Ildefonso.
Lima, 1970. Estudió Literatura en la Universidad Católica del Perú e
hizo una Maestría en Creative Writing en la Universidad de El Paso,
Texas. Ha publicado los libros de poesía: Vestigios, Canciones de un
bar en la frontera, Las ciudades fantasmas, m.d.i.h. y
Heautontimoroumenos. En el 2005 publicó el libro de relatos
El Paso con el
que ganó el Premio Nacional de Cuento de la Asociación
Peruano-Japonés (2005). Ha publicado la antología de poesía peruana
“21 Poetas”.
Su poesía ha sido publicada en las más importantes
revistas del país como Hueso Húmero o Ajos y Zafiros y en antologías
como:
La Generación del Noventa,
Poesía Peruana Siglo XX y
Los Más
Bellos poemas de Amor. Ha editado fanzines contraculturales como El
Bote. Colabora en diversas revistas: Sieteculebras y Flecha en el
Azul. Lo mismo escribe artículos en diferentes revistas de cultura
del Perú y del extranjero, impresas y páginas web.
Dirige la revista virtual
El Malhechor Exhausto (www.geocities.com/Elmalhechor7).
Codirige la revista de Literatura Pelícano. Ha dirigidos talleres de
creación literaria como en el Centro Cultural Antares Artes y
Letras.
Ha sido finalista en diversos concursos como: Segundo Premio
Poesía Juegos Florales Universidad Católica (1991), finalista Premio
Poesía Peruano- Japonés (1995), finalista Premio Poesía Copé (1995),
Cuarto puesto en el Premio Nacional de Poesía del diario El Comercio
“Centenario César Vallejo” (1996), Concurso de Poesía Revista
Ajiaco-The Arkansas Tech University (2002), Segundo Puesto Poesía
Erótica Centro Cultural Español (2003), Mención Honrosa en el
Concurso de Cuento Matalamanga (2003), Mención Honrosa en el
Concurso de Cuento Las Dos Mil Palabras de Caretas (2004) . Ha
ganado los premios: Primer Premio Poesía Juegos Florales Universidad
Católica (1995), Primer Premio Juegos Florales Poesía El Paso- Texas University (2001),
Primer Premio Copé de Oro Poesía (2002) y
Concurso de Cuento “Alfredo Bryce Echenique” (2003).
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