VISIÓN DEL PERÚ PLURICULTURAL Yolgaoctub.jpg (1956 bytes) MULTILINGÜE

 

 

Olga Gamboa de Ludeña


Lima 1945. Dra. en Educación y Profesora en Geografía e Historia. Dra en Historia, Periodista. Actual Presidenta del Colegio de Doctores en Educación del Perú. Es Miembro del Centro de Estudios Históricos Militares del Perú. Conferencista invitada a certámenes internacionales. El presente trabajo es su ponencia presentada al V Encuentro Internacional de Poetas. Correspondencia. Universidad Ricardo Palma, Surco, Lima.


El Perú es un crisol, un mosaico, una síntesis de culturas. En el Perú no hay pureza cultural, en nuestro país concurren por lo menos cuatro sangres: la andina, la hispánica, la africana y la sangre asiática: chinos y japoneses.

Hay diversas gradaciones de mestizaje, siendo las matrices culturales básicas: andina, blanca, africana. El mestizaje se expresa en la comida, música, lenguaje, arte, arquitectura; se ha evolucionado en la fusión étnica y cultural, pero las ciudades se han vuelto caóticas. Hay relaciones de amor-odio; de aceptación- rechazo, mundo ajeno- excluyente, ciudad de marginados y pobres con predominio de informalidad.

Las ciudades de hoy son una mezcla de tradición hispana-mestiza, del mundo andino y de la modernidad, es la convivencia y la incorporación del criollo popular entremezclándose creando una nueva cultura. En cuanto a las sociedades plurireligiosas es necesario que las actitudes vividas se conformen a la sinceridad de los compromisos adquiridos, de lo contrario la disparidad que surge descalifica el diálogo interreligioso.

Es necesario el fomento del diálogo intercultural para la prevención de los conflictos. Los hombres y mujeres de buena voluntad de distintos orígenes culturales, de diferentes creencias religiosas y diversas procedencias étnicas y social a fin de lograr una cultura de paz.

 

Considerando todas las vicisitudes de la humanidad, uno se queda asombrado frente a las manifestaciones complejas y varias de las culturas humanas. Cada una de ellas se diferencia de las otras por su específico itinerario histórico y por los consiguientes rasgos característicos que la hacen única, original y orgánica en su propia estructura. La cultura es expresión cualificada del hombre y de sus vicisitudes históricas, tanto a nivel individual como colectivo. En efecto, la inteligencia y la voluntad le mueven incesantemente a "cultivar los bienes y los valores de la naturaleza", 1  plasmando en unas síntesis culturales cada vez más altas y sistemáticas, los conocimientos fundamentales que se refieren a todos los aspectos de la vida y, en particular, los que atañen a su convivencia social y política, a la seguridad y al desarrollo económico, a la elaboración de los valores y significados existenciales, sobre todos de naturaleza religiosa, que permiten a su situación individual y comunitaria desarrollarse según modalidades auténticamente humanas.2 

 

 

FORMACIÓN HUMANA Y PERTENENCIA CULTURAL

Si por esto es importante, por un lado, saber apreciar los valores de la propia cultura, por otro es preciso tomar conciencia de que cada cultura, siendo un producto típicamente humano e históricamente condicionado, también implica necesariamente unos límites. Para que el sentido de pertenencia cultural no se transforme en cerrazón, un antídoto eficaz es el conocimiento sereno, no condicionado por prejuicios negativos, de las otras culturas. Por lo demás, en un análisis atento y riguroso, frecuentemente las culturas muestran, por encima de sus manifestaciones más externas, elementos comunes significativos. Esto se puede ver también en la sucesión histórica de culturas y civilizaciones.

Las diferencias culturales han de ser comprendidas desde la perspectiva fundamental de la unidad del género humano, dato histórico y ontológico primario, a la luz del cual es posible entender el significado profundo de las mismas diferencias. En realidad, sólo la visión de conjunto tanto de los elementos de unidad como de las diferencias, hace posible la comprensión y la interpretación de la verdad plena de toda cultura humana.3 

 

DIVERSIDAD DE CULTURAS Y RESPETO RECÍPROCO

En el pasado las diferencias entre las culturas han sido a menudo fuente de incomprensiones entre los pueblos y motivo de conflictos y guerras. Pero todavía hoy, por desgracia, en diversas partes del mundo constatamos, con creciente aprensión, la polémica consolidación de algunas identidades culturales contra otras culturas. Este fenómeno puede, a largo plazo, desembocar en tensiones y choques funestos, y por lo menos hace difícil la condición de algunas minorías étnicas y culturales, que viven en un contexto de mayorías culturalmente diversas, propensas a actitudes y comportamientos hostiles y racistas. Ante esta situación, todo hombre de buena voluntad debe interrogarse sobre las orientaciones éticas fundamentales que caracterizan la experiencia cultural de una determinada comunidad.

Las culturas se caracterizan siempre por algunos elementos estables y duraderos y por otros dinámicos y contingentes. En un primer momento, la consideración de una cultura ofrece sobre todo los aspectos característicos que la diferencian de lafotoctub.jpg (37538 bytes) cultura del observador, asegurándole un carácter típico en el cual convergen elementos de la más diversa naturaleza. En la mayor parte de los casos, las culturas se desarrollan sobre territorios concretos, cuyos elementos geográficos, históricos y étnicos se entrelazan de modo original e irrepetible. Este "carácter típico" de cada cultura se refleja, de modo más o menos relevante, en las personas que la tienen, en un dinamismo continuo de influjos en cada uno de los sujetos humanos y de las aportaciones que éstos, según su capacidad y su genio, dan a la propia cultura. En cualquier caso, ser hombre significa necesariamente existir en una determinada cultura. Cada persona está marcada por la cultura que respira a través de la familia y los grupos humanos con los que entra en contacto, por medio de los procesos educativos y las influencias ambientales más diversas y .de la misma relación fundamental que tiene con el territorio en el que vive. En todo esto no hay ningún determinismo, sino una constante dialéctica entre la fuerza de los condicionamientos y el dinamismo de la libertad.

La acogida de la propia cultura como elemento configurador de la personalidad, especialmente en la primera fase del crecimiento, es un dato de experiencia universal, cuya importancia no se debe infravalorar. Sin este enraizamiento en un humus definido, la persona misma correría el riego de verse expuesta, en edad aún temprana, a un exceso de estímulos contrastantes que no ayudarían el desarrollo sereno y equilibrado. Sobre la base de esta relación fundamental con los propios "orígenes " a nivel familiar , pero también territorial, social y cultural es donde se desarrolla en las personas el sentido de la "patria ", y la cultura tiende a asumir, unas veces más y otras menos, una configuración "nacional"

 

En efecto las culturas, igual que el hombre que es su autor, están marcadas por el « misterio de iniquidad» que actúa en la historia humana (cf. 2 Ts 2,7) y tienen también necesidad de purificación y salvación. La autenticidad de cada cultura humana, el valor del ethos que lleva consigo, o sea, la solidez de su orientación moral, se pueden medir de alguna manera por su razón de ser en favor del hombre y en la promoción de su dignidad a cualquier nivel y en cualquier contexto.

 

Si tan preocupante es la radicalización de las identidades culturales que se vuelven impermeables a cualquier influjo externo beneficioso, no es menos arriesgada la servil aceptación de las culturas, o de algunos de sus importantes aspectos, como modelos culturales del mundo occidental sostenido por poderosas campañas de los medios de comunicación social, que tienden a proponer estilos de vida, proyectos sociales y económicos y, en definitiva, una visión general de la realidad, que erosiona internamente organizaciones culturales distintas y civilizaciones nobilísimas. Por su destacado carácter científico y técnico, los modelos culturales de Occidente son fascinantes y atrayentes pero muestran, por desgracia y siempre con mayor evidencia, un progresivo empobrecimiento humanístico, espiritual

 

 

DIÁLOGO ENTRE LAS CULTURAS

De manera análoga a lo que sucede en la persona, que se realiza a través de la apertura acogedora al otro y la generosa donación de sí misma, las culturas, elaboradas por los hombres y al servicio de los hombres, se modelan también con los dinamismos típicos del diálogo y de la comunión, sobre la base de la originaria y fundamental unidad de la familia humana

Desde este punto de vista, el diálogo entre las culturas, surge como una exigencia intrínseca de la naturaleza misma del hombre y de la cultura. Como expresiones históricas diversas y geniales de la unidad originaria de la familia humana, las culturas encuentran en el diálogo la salvaguardia de su carácter peculiar y de la recíproca comprensión y comunión es más bien expresión de la convergencia de una multiforme variedad, y por ello se convierte en signo de riqueza y promesa de desarrollo.

El diálogo lleva a reconocer la riqueza de la diversidad y dispone los ánimos a la recíproca aceptación, en la perspectiva de una- auténtica colaboración, que responde a la originaria vocación a la unidad de toda la familia humana. Como tal: el diálogo es un instrumento eminente para realizar la civilización del amor y de la paz como el ideal en el que había que inspirar la vida cultural, social, política y económica de nuestro tiempo. Al inicio del tercer milenio es urgente proponer de nuevo la vía del diálogo a un mundo marcado por tantos conflictos y violencias, desalentado a veces e incapaz de escrutar los horizontes de la esperanza y de la paz.

 

 

RESPETO DE LAS CULTURAS Y "FISONOMÍA CULTURAL" DEL TERRITORIO.

Más difícil es determinar hasta dónde llega el derecho de los emigrantes al reconocimiento jurídico público de sus manifestaciones culturales específicas, cuando éstas no se acomodan fácilmente a las costumbres de la mayoría de los ciudadanos. La solución de este problema, en el marco de una sustancial apertura, está vinculada a la valoración concreta del bien común en un determinado momento histórico y en una situación territorial y social concreta. Mucho depende de que arraigue en todos una cultura de la acogida que, sin caer en la indiferencia sobre los valores, sepa conjugar las razones en favor de la identidad y del diálogo.

Por otro lado, se ha de valorar la importancia que tiene la cultura característica de un territorio para el crecimiento equilibrado de los que pertenecen a él por nacimiento, especialmente en sus fases evolutivas más delicadas. Desde este punto de vista, puede considerarse plausible una orientación que tienda a garantizar en un determinado territorio un cierto «equilibrio cultural » , en correspondencia con la cultura predominante que lo ha caracterizado; un equilibrio que, aunque siempre abierto a las minorías y al respeto de sus derechos fundamentales, permita la permanencia y el desarrollo de una determinada « fisonomía cultural », o sea, del patrimonio fundamental de lengua, tradiciones y valores que generalmente se asocian a la experiencia de la nación y al sentido de la « patria » .

Es evidente que esta exigencia de « equilibrio » , respecto a la «fisonomía cultural » de un territorio, no se puede lograr satisfactoriamente sólo con instrumentos legislativos, puesto que éstos carecerían de eficacia si no estuvieran fundados en el ethos de la población y, sobre todo, estarían destinados a cambiar naturalmente, cuando una cultura perdiera de hecho su capacidad de animar un pueblo y un territorio, convirtiéndose en una simple herencia guardada en museos o monumentos artísticos y literarios.

En realidad, una cultura, en la medida en que es realmente vital, no tiene motivos para temer ser dominada, de igual manera que ninguna ley podrá mantenerla viva si ha muerto en el alma de un pueblo. Por lo demás , en el plano del diálogo entre las culturas, no se puede impedir a uno que proponga a otro los valores en que cree, con tal de que se haga de manera respetuosa de la libertad y de la conciencia de las personas. « La verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra, con suavidad y firmeza a la vez, en las almas ».4 

 

 

CONCIENCIA DE LOS VALORES COMUNES

El diálogo entre las culturas, instrumento privilegiado para construir la civilización del amor, se apoya en la certeza de que hay valores comunes a todas las Culturas, porque están arraigados en la naturaleza de la persona. En tales valores la humanidad expresa sus rasgos más auténticos e importantes. Hace falta cultivar en las almas la conciencia de estos valores, dejando de lado prejuicios ideológicos y egoísmos partidarios, para alimentar ese humus cultural, universal por naturaleza, que hace posible el desarrollo fecundo de un diálogo constructivo. También las diferentes religiones pueden y deben dar una contribución decisiva en este sentido.

 

 

EL VALOR DE LA SOLIDARIDAD

Ante las crecientes desigualdades existentes en el mundo, el primer valor que se debe promover y difundir cada vez más en las conciencias es ciertamente el de la solidaridad. Toda sociedad se apoya sobre la base del vínculo originario de las personas entre sí, conformado por ámbitos relacionales cada vez más amplios -desde la familia y los demás grupos sociales intermedios hasta los de la sociedad civil entera y de la comunidad estatal. A su vez los Estados no pueden prescindir de entrar en relación

 

 

RECOMENDACIONES

Se debe reconocer la multiculturalidad de nuestras sociedades y fomentar la convivencia intercultural rechazando toda discriminación por razones de género, raza o religión.

Garantizar el pleno acceso a los medios de comunicación de los pueblos comunidades y personas de las culturas originarias, incluyendo la transferencia de tecnologías, la protección de los derechos individuales y colectivos de los pueblos.

El derecho a la diversidad y a la diferencia, la preservación del patrimonio cultural indígena fortaleciendo los valores de la paz.

La educación, en especial en los profesores de las Escuelas de Post- Grado, debe desarrollar la capacidad de reconocer y aceptar los valores que existen en la diversidad de los individuos, los géneros, los pueblos y las culturas y desarrollar la capacidad de comunicar, compartir y cooperar con los demás ciudadanos de una sociedad.

Debe haber contenidos sobre el problema del racismo y la historia de la lucha contra el sexismo y todas las formas de discriminación y exclusión. En los programas de estudio, se debe dar conocimientos sobre el respeto de la cultura de los demás.

Promover la valorización de la propia cultura, respeto a la diversidad cultural, el dialogo intercultural y la toma de conciencia de los derechos de los pueblos nativos originarios y otras comunidades. La educación Bilingüe intercultural debe ofrecerse en todo el sistema educativo, también en las Escuelas de Post- Grado

La educación Bilingüe intercultural garantizará el aprendizaje y desarrollo de la lengua materna y de una segunda lengua en los educandos como en los medios de comunicación.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Declaración de Panamá 1999- fuente UNESCO

Mensaje del Papa Juan Pablo II - 2000

 1 Cf. CONC. ECUM VAT. II. Const. Past. Gaudium et spes, 53.

 2 Cf. Juan Pablo II, Discurso a las Naciones Unidas, 15 de octubre de 1995.

 3 Cf. Juan Pablo II, Discurso a la UNESCO, 2 de junio de 1980, 6

 4 Conc. Ecum. Vat. II, Decl. Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa.


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