LOS REYES DE LEON 

El fin del Reino Visigodo

(680 - 722)

El Reino Visigodo


En el año 680 el Rey visigodo Wamba toma, como seguramente fuera su costumbre, una infusión de hierbas. Inesperadamente, y por medio de un narcótico llamado esparteína, el Rey cae en una especie de estado de coma y los nobles y clérigos se apresuran a tonsurarlo, preparándole para la muerte que parecía inminente. Al poco Wamba se recupera, pero ya estaba imposibilitado para reinar, según el Liber Ordinum de la Ley Visigoda, por lo que, a pesar de sus protestas ante la clara conjura realizada contra él, se retira a un monasterio, donde morirá en 687. Con esta superchería fue depuesto el último Rey visigodo que trató de mantener unido un estado cada vez más feudalizado y dominado por la nobleza, y que, sin sospecharlo, se estaba encaminando a su exterminio.


Ervigio (680-687), fue, probablemente, el principal conjurado contra Wamba. Cabeza visible de la familia de Chindasvinto y Recaredo, se dedicó a convocar Concilios para promulgar Leyes que destruyeran la obra de su predecesor y que le permitieran salvar un trono extremadamente débil, sometiéndose totalmente a las disposiciones de la Iglesia, temeroso aún de la posible venganza de Wamba, que se encontraba en el Monasterio de Pampliega. Corona Visigoda Para evitar esta, casó a su hija Cixilona con Egica, sobrino de Wamba, a quien prometió nombrar su sucesor, en un intento de asegurar el futuro de su familia. Se tienen noticias de un desembarco frustrado en las costas levantinas de un contingente árabe, así como también la posibilidad de que fuera entonces cuando la plaza de Ceuta cayera en manos visigodas, tras el hundimiento bizantino del norte de Africa. en Noviembre de 687 Ervigio caía gravemente enfermo y abdicó de la corono a favor de su yerno Egica, tras haberle hecho jurar que cuidaría de su familia, expirando al día siguiente.


Egica (687-702) se encargó muy pronto de dar al traste con todos los planes de su predecesor. Wamba, que aún vivía, se encargó rápidamente de recomendar a su sobrino que alejara a Cixilona del trono. Convocó un nuevo Concilio para que la Iglesia le liberase del juramente hecho a Ervigio en su lecho de muerte, lo que consiguió. Intentó, sin conseguirlo, limitar el poder de los nobles. En 693 tuvo que reprimir una conjura que trató de asesinarle a él y a sus hijos. Fue entonces cuando inició primero una brutal represión contra la nobleza y años más tarde contra los judíos, acusándoles falsamente de tramar una conspiración general contra el Reino. Asoció al trono a su hijo Witiza, pasando este a gobernar Galicia. Conociendo una conspiración para hacer subir al trono a Teodofredo, al parecer hijo de Recesvinto, mandó cegar a este, imposibilitándole de esa forma el poder ser Rey. Teodofredo se retiró a Córdoba con su hijo Rodrigo. En 702 Egica moría de muerte natural, algo no demasiado habitual en aquellos tiempos.


Witiza (702-710) ya llevaba cinco años asociado al trono cuando sucedió la muerte de su padre. Gobernador en Galicia hasta entonces, se creó en Tuy poderosos enemigos, entre ellos al Duque Favila, ya que trató de poseer a su esposa. Evidentemente el Duque se opuso y, tras una reyerta, Witiza acabó con su vida, dejando un hijo de corta edad llamado Pelayo. Una vez nombrado Rey, se apresuró a cambiar la política antinobiliaria de su padre, en un intento de atraerse a los nobles hacia sí. Nombró a Rodrigo, hijo del cegado Teodofredo, duque de la Bética, aunque no consiguió ganarse con ello a la familia de Chindasvinto, siempre tan poderosa. No se tienen grandes datos sobre los últimos años de su reinado, aunque sí se sabe que la descomposición del Reino en dos bandos irreconciliables era tal que el final del mismo era solo cuestión de tiempo. Como así fué.


Rodrigo (710-711) fue elegido Rey por los nobles en contra de los deseos de la viuda de Witiza, que intentó que fuera su hijo mayor Olmundo el elegido. La familia del fallecido Rey, junto a algunos nobles, procedieron a nombrar a Agila II como Rey, supuestamente como hijo de Witiza, aunque no está nada claro este parentesco. Estalló entonces la guerra civil y Rodrigo consiguió dominar la mayor parte del territorio, excepto Cataluña y la Septimania, en donde gobernaba Agila II. Durante estas luchas, Rodrigo perdió a un importante aliado, el Conde Don Julián, gobernador de la plaza de Ceuta, según la leyenda por haber violado el Rey a su hija Florinda en la corte visigoda, aunque las verdaderas causas nunca se han adivinado. Lo cierto es que el Conde entregó la plaza de Ceuta a los árabes y les animó a la invasión de la Península. Estos realizaron una primera incursión de poca importancia, saqueando algunos pueblos y retirándose con el botín conseguido. El Rey no debió considerar excesivamente importante esta escaramuza porque no se preocupó de impedirla, al estar más preocupado en dominar una nueva rebelión de los vascones.

En abril de 711 los árabes, que habían pactado con los witizianos, invadieron la península con más de 7.000 hombres, a los que más adelante se unirían otros 5.000. Enterado Rodrigo de ello, abandonó Pamplona, donde se hallaba, y marchó al encuentro de los invasores, deteniéndose en Toledo, probablemente para convocar a los nobles a la lucha. Mientras, su sobrino Evantius intentó detener a las tropas árabes, pero fue derrotado y muerto. Rodrigo acampó en Córdoba y se preparó para la batalla. Quizás excesivamente confiado, entregó las dos alas de su ejército a los hermanos de Witiza, Sisberto y Oppas, que ya estaban decididos a traicionar al Rey. Asimismo y para encargarse de soliviantar a las tropas contra el Rey estaban los hijos de Witiza, Olmundo, Ardabasto y Rómulo.

La batalla tuvo lugar el 26 de Julio de 711 cerca del río Guadalete (aunque esto no está muy claro), y en lo más enconado de la batalla, Sisberto y Oppas se retiraron de sus posiciones. A pesar del empuje y de la resistencia de las tropas leales al Rey, la superioridad numérica de los árabes inclinaron la balanza de su parte. Se desconoce si el Rey Rodrigo murió o sobrevivió a la batalla, aunque muchos años después se descubrió una tumba en Viseu en la que se podía leer una inscripción que decía "aquí yace Rodrigo, último Rey de los Godos", lo cual hace pensar que el Rey y lo que quedaba de su Corte hubieran podido resistir en la ciudad lusitana hasta 713, en que Viseu fue tomada por los árabes. Lo que está claro es que la derrota fue tan clara que el estado se desmembró totalmente a la vez que lo hacía su ejército. Fue el fin del Reino Visigodo.


Los años siguientes (711-733) fueron un paseo militar para los árabes. La mayoría de los visigodos se rindieron sin lucha al invasor, ya que este concedía a sus nuevos subditos libertad religiosa y autonomía administrativa. Los judíos, que tanto habían sufrido en los últimos añós, también se sometieron sin dudarlo. Ciudades como Granada, Málaga e incluso la propia capital goda, Toledo, se rindieron sin resistencia alguna. Muchos debieron pensar que después de todo lo que habían pasado en manos de los nobles godos, peor no podía irles, así que, salvo en casos aislados, la resistencia fue nula. Los witizianos fueron muy bien recompensados por su traición, pero no pudieron recuperar el trono, que había sido la causa principal de esta. El Rey Agila II y su sucesor, Ardo, resistieron en la Septimania hasta que en 720 su capital, Narbona, cayó en manos musulmanas. En 725 fueron conquistadas las últimas capitales visigodas que aún se oponían a la invasión.

Los godos que no quisieron someterse, huyeron hacia el norte, encontrando refugio en las abruptas montañas de la cordillera cantábrica. En un principio los astures y los refugiados godos pactaron con el gobernador musulman de Gijón, Munuza. Este envió a un noble godo llamado Pelayo, que había luchado al lado del Rey Rodrigo en la batalla del Guadalete, a Córdoba, no se sabe si en una comisión o como rehén, aprovechando su ausencia para tomar por esposa a su hermana, de la que se había enamorado. Al regresar, Pelayo desaprueba esta boda y tiene que huir a los montes, en donde toma contacto con los astures y godos rebeldes, que le acabarán eligiendo jefe en 718. Tras una etapa de constante hostigamiento a los musulmanes en una clara lucha de guerrillas en la que su conocimiento del terreno les permitía obtener ventaja, y tras la victoria en la batalla de Covadonga, Pelayo fue nombrado Rey. Había nacido el Reino de Asturias, el sucesor del Reino Visigodo.