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VAMPIROS |

Parece existir una base clínica
y genética para explicar lo que la superstición
interpretó como vampirismo. En el siglo xix se describió,
por primera vez en forma científica, ungrupo deenfermedades
poco frecuentes de las que existían algunas referencias
antiguas: las porfirias. Las personas afectadas por esas dolencias
tienen dificultades para sintetizar las porfírinas, sustancias
que, al combinarse con determinados metales, juegan un papel
fundamental en el metabolismo de plantas y animales.
Con el hierro las porfírinas
forman una molécula compleja llamada «grupo hem»,
que forma parte de la hemoglobina - pigmento rojo de la sangre,
que intercambia oxígeno y dióxido de carbono con
los tejidos, permitiendo la respiración celular-. El
mismo tipo de moléculas integra el citocromo P-450, pigmento
que da el color pardo rojizo al hígado y que cumpleun
rol en laasimilación de los medicamentos. En ios vegetales,
las porfírinas se unen al magnesio, constituyendo la^torofila
—pigmento verdecapaz de absorber la energía solar
durante la fotosíntesis. La síntesis del grupo
hemconsistee» una larga serie de pasos, cada uno de los
cuales está regulado por una enzima diferente. Un organismo
al que te falte alguna de esas enzimas no podrá completar
el proceso y acumulara, en consecuencia, algún producto
intermedio —una porfírina- con efectos graves para
la salud. Una enfermedad de este tipo es la porfíria
erítropoyética congénita o enfermedad de
Gunther, que es bastante rara -sólo se han descrito clínicamente
unos 100 casos en el mundo . La acumulación patológica
de porfirinas produce una característica hipersensibilidad
a ciertas radiaciones del espectro solar (fotosensibilidad).
La absorción de la energía solar por las porfirinas
cutáneas desencadena un proceso que termina con la producción
de peróxidos que. por liberar oxigeno atómico
dentro de los tejidos, destruyen las estructuras celulares.
Una experiencia familiar análoga, para que esto se comprenda
más claramente, es la de aplicar agua oxigenada sobre
una herida. La sangre hace burbujas y la herida deja de sangrar:
el agua oxigenada es un peróxido y «quema»
el tejido con el que entra en contacto.Por esta razón,
los porfirices sufren lesiones en los tejidos expuestos a la
luz solar. La piel desarrolla un fuerte enrojecimiento, ampollas
y escoriaciones, que se infectan e incluso se necrosan. Lo que
ocurre es que sus propios tejidos van liberando peróxidos,
que los autodestruyen.
Las heridas se ulceran y, al cicatrizar.
dejan marcas, eczema y deformaciones. Si estas lesiones son
muy extensas, la persona sufre mutilaciones espontáneas
en los dedos y orejas, se destruyen los cartílagos de
la nariz, etc.. De este modo la persona enferma puede perder
los labios y aparecerle grietas en la piel, que sangran cuando
son expuestas al sol.Como reacción orgánica para
protección contra la luz, suele aparecer otro síntoma:
la hipertricosis o hirsutismo (desarrollo anormal de pelos),
que puede llegar a ser muy intensa en la cara y extremidades.
Los ojos pueden aparecer de color rojo, acompañados de
eritrodoncia (enrojecimiento de los dientes debido a la acumulación
de porfirinas en la dentina). Los defectos en la producción
de hemoglobina derivan en un cuadro de anemia hemolitica. En
otro tipo de esta enfermedad, la porfiria hepatocutánea
tarda, los síntomas sólo aparecen en la edad adulta.
Se presenta fotosensibilidad, con lesiones de la piel. Se forman
ampollas que se rompen, producen costras y, si se protegen del
sol, finalmente cicatrizan quedando marcas blancas que llegan
a calcificarse. En este tipo de porfirias las lesiones no son
necrosantes, sino que es más común la hipertricosis
o hirsutismo en la frente y pómulos; la piel se hace
áspera y seca. y se va oscureciendo.
El efecto más importante
de esta enfermedad son los graves trastornos hepáticos,
hepatitis crónica y cirrosis.Algunas porfirias provocan
crisis abdominales, con fuertes dolores (esto es frecuente en
la «porfiria de tipo sueco», estudiada por Waldenstrom,
en 1936, en varias familias de Suecia), asi como alteraciones
neurológicas y trastornos psíquicos. En la década
de 1950 se estudió, sobre 236 pacientes de Sudáftica,
un tercer tipo: la porfiria variegata o porfiria sudafricana.
Su diferenciación de los tipos anteriores, de índole
clínica y bioquímica, excede la intención
de esta nota, pero es importante anotar que todos los pacientes
eran descendientes de una sola pareja de holandeses que emigraron
hacia 1668 a la ex Colonia del Cabo. Determinadas circunstancias
favorecen que una enfermedad hereditaria se mantenga en los
descendientes de una familia, sobre todo si se dan condiciones
de parentesco directo entre cónyuges.Más tarde
también se describió algún caso de esta
porfiria en Checoslovaquia.
Estos son sólo algunos de
los tipos de porfirias, cada uno de los cuales depende de que
esté fallando una etapa diferente de la síntesis
del grupo hem. Los síntomas no siempre son absolu^mente
distinguibles entre uno y otro tipo. Por ejemplo, se han descrito
casos de aparente enfermedad de Günther, pero con manifestaciones
bioquímicas propias de la porfiria hepatocutánea
tarda, y otras combinaciones de síntomas.Sólo
en épocas más o menos recientes se pudo interpretar
correctamente este grupo de enfermedades y aún se investigan
muchos de sus puntos oscuros. Por su origen genético,
todavía no se conoce un tratamiento especifico, pero
sus síntomas se pueden aliviar hasta cierto punto. Una
protección elemental es evitar la exposición a
la luz del sol.
En algunos tipos de porfirias el
tratamiento clínico principal son las transfusiones o
inyección de hem. Por un lado esto permite paliar la
anemia, pero su utilidad más importante es que el hem
inyectado funciona como inhibidor de su propia biosintesis,
es decir, que cuando la concentración de hem en la sangre
alcanza un cierto nivel, el organismo deja de producir protoporfirinas
y los síntomas de porfiria se alivian; cuando el hem
se destruye, la biosintesis se activa nuevamente.Además
de estas porfirias congénitas, existen porfirias adquiridas,
que son desencadenadas por factores externosenpersonasquetienencierta
predisposición genética. Se calcula que entre
cinco y diez personas cada 100.000 tienen esa predisposición
o sufren estas enfermedades.
Los desencadenantes de la porfiria
adquirida son muchos, entre ellos el alcohol, que altera el
metabolismo porfirinico de las personas sanas y, en caso de
predisposición, puede originar una porfiria hepática,
aguda o crónica. De acuerdocon las descripciones anteriores,la
porfiria eritropoyética daría al enfermo gran
parte de las características que la leyenda atribuye
al vampiro (pálido por la anemia, con ojos rojos y pelos
en las pa.lmas de las manos, etc.). La porfiria hepática
tarda, en cambio, podría haber contribuido al mito del
hombre lobo (con pelos que cubren la cara y extremidades, piel
gruesa y oscura, y un carácter violento), asi como el
de su derivado autóctono, el lobisón (también
hirsuto, con eczema en la cara y que el sábado aparece
enfermo del estómago).Si en la actualidad la vida de
los porfiricos es sumamente penosa, imaginemos lo que habrá
sido en la Edad Media la existencia de alguien que tuviera pelos
en las palmas de las manos o en la cara. saliera únicamente
después de la caída del sol, con un comportamiento
poco usual por las alteraciones neurológicas que provoca
la porfiria y presentara deformaciones por las severas lesiones
de la piel. La pérdida del labio superior deja a la vista
los dientes, que parecen más grandes de lo normal y están
tenidos de rojo. En conjunto, las desdichadas victimas de estas
enfermedades aparecerían como seres no humanos; vampiros
u hombres lobo, según elcaso. En la novela, Drácula
«sonreia y la luz del farol iluminé una boca de
labios muy rojos y afilados dientes. De rostro aquilino, ancha
frente y escaso cabello alrededor de las sienes, pero profuso
en las otras partes. Cejas macizas, casi hundidas sobre la nariz.
La boca, por lo que podia ver bajo el espeso bigote, era de
aspecto algo cruel, con dientes agudos y blancos. Sus labios
eran extraordinariamente rojos...«Sus ojos llameaban:
la luz que despedían era roja, como si las llamas del
fuego del infierno surgieran tras ellos. Su rostro estaba mortalmente
pálido. Las espesas cejas que se unían sobre la
nariz, parecían ahora como una moviente barra de metal
calentado al blanco.»
El daño que les produce la
luz hace que los porfiricos tengan fotofobia y sólo puedan
salir de noche, envueltos en un abrigo o capa. La imagen del
murciélago, que se envuelve con sus alas para dormir,
recuerda a la de una persona embozada en una capa. «Aún
no he visto al conde a la luz del día. ¿Es posible
que duerma mientras los otros están despiertos, para
poder estar despierto mientras los otros duermen?» El
doctor David Dolphin, de la University ofBritish Columbia (Canadá),
presentó un informe ante un congreso realizado en 1985
en Los Angeles, California, donde analizó en detalle
muchos puntos de contacto que se observan entre las leyendas
de vampiros y la bioquímica de la porfiria. Antes de
que se inventaran las técnicas de transfusión,
los médicos consideraban que la anemia podia contrarrestarse
bebiendo sangre.
La efectividad del tratamiento,
por supuesto, es muy discutible, ya que la sangre que llega
al estomago es digerida. A pesar de ello, en opinión
del doctor Dolphin, si el volumen de sangre bebido es muy grande,
es probable que una parte del hem que contiene pueda ser absorbido
y pasar al torrente sanguíneo del «vampiro».
Por si ese tipo de vida no fuera suficientemente terrible como
para enloquecer a cualquiera, la porfiria además altera
las facultades mentales y posiblemente ésa fuera la causa
de las crueldades y obsesiones que se atribuyen a estos personajes.
La condesa húngara Isabel Bathory. viuda del general
Ferencz Nadasdy, nacida en 1560. vivía en su castillo
de Csejthe, en los Cárpatos. Tenia costumbre de beber
y bañarse en sangre de doncellas, aconsejada según
la tradición por brujas y alquimistas, que la habrían
convencido de que asi conservarla su belleza. La condesa y sus
sicarios recorrían la región en un carruaje, secuestrando
a cuanta jovenc ita encontraban. Más tarde las degollaban
y recogían la sangre en la bañera de la condesa.
Aparentemente algo de esto ocurrió en verdad, ya que
el emperador de Hungría Matías II ordenó
el allanamiento del castillo y se encontró una gran cantidad
de cadáveres. En 1610 se concretó el juicio, en
el que la condesa confesó haber asesinado a más
de 600 doncellas. Sus cómplices fueron decapitados o
quemados en la hoguera, pero la princ ipal culpable, por su
condición noble, fue condenada a morir emparedada.
Como en un cuento de Poe, la condesa
fue encerrada detrás de una pared, en un pequeño
recinto, y se le proveyó alimento a través de
una rendija hasta que murió cuatro años después,
en su propia tumba. Estos casos ¿habrán sido enfermos
de porfíria, alterados mentalmente por la propia enfermedad
y desesperados por conseguir sangre para paliar sus dolencias?Tomando
como base los informes de los médicos de cabecera, algunos
investigadores han reconocido la existencia de porfírias
agudas en las dinastías de Escocia, Inglaterra, Hannover
y Prusia, que se remontan hasta Maria Estuardo. El más
célebre porfírico alemán fue Federico el
Grande de Prusia. Durante la lucha por la independencia norteamericana
el monarca inglés, Jorge III el Hannoverano. tuvo un
comportamiento indebido, que actualmente se interpreta como
un efecto del deterioro intelectual provocado por los ataques
graves de porfíria. El Parlamento inglésdesignó
una comisión médica para dictaminar acerca de
laaptitud del rey. La conclusión fue que ya no estaba
en condiciones de regir los destinos de Inglaterra y se nombré
una regencia. Muchas historias coinciden en afirmar que los
vampiros importantes eran miembros de la nobleza. Estopodría
explicarse por su mayor impunidad y porque serian personas más
habituadas a la «buena vida» y al exceso de alcohol
que es muy profirógeno y puede ser el desencadenante
de una porfíria adquirida .
Un «monstruo» pobre
seguramente seria ultimado sin mayores miramientos, salvo que
se pusiera a las órdenes y bajo la protecc ion del «vampiro»
más poderoso, como se ve usualmente en las películas
sobre el tema, donde no faltan sirvientes deformes y también
afectos a la sangreLa leyenda agrega que la persona mordida
por un vampiro se convierte a su vez en vampiro. Esta idea tiene
una clara conexión con el terror a ser poseído
por el demonio, pero también parece haber una posible
explicaciott médica, una vez más a través
de laopinióndeldoctor Dolphin. Este investigador la relaciona
con los casos conocidos en los que un gen defectuoso produce
sintonías de enfermedad en ciertos miembros de una familia,
mientras que en otros portadores el gen no se manifiesta, salvo
que enfrenten algo que lo desencadene. Además del alcohol
y demás factores ya mencionados, el mismo efecto puede
ocurrir cuando la persona susceptible de coniraertaenfermedad
se ve sometida a un sbock debido a lapérdida de una gran
cantidad de sangre.
A esta altura surge una
pregunta acuciante: ¿cómo es posible que hubiera
tantos porfiricos en los Cárpatos, para consolidar semejante
leyenda? Podemos dividir la respuesta en dos partes.
1) Por un lado, no es necesario que haya habido demasiados casos
para que la superstición se hiciera cargo del tema. Tal
vez bastaría con unos pocos nobles locos por la sangre,
con rasgos de animalidad en su cuerpo o en su conducta. Algún
porfirice, castigado por sus eventuales crímenes, tal
vez haya sido expuesto en la picota, semidesnudo: en tal caso
habrá muerto por las horribles lesiones producidas, al
rayo del sol, a causa de su fotosensibilidad. La supersticiosa
interpretación popular puede haber sido que el «vampiro»,
cuando no se le permitió buscar refugio diurno, se ampollé,
aparecieron grietas sangrantes en su piel, sus tejidos se destruyeron
y murió «desintegrado», como marca la leyenda.
En el Dráwla de Stoker, el contacto de la cruz contra
la frente de Mina, que estaba en proceso de vampirizaeión,
produjo una marca que no se borró hasta que estuvo fuera
de peligro. Si aun «vampiro» expuesto al sol le
hubieran aplicado una cruz (o cualquier otro objeto) sobre la
frente (o en cualquier otra parte), es posible que ese lugar,
al quedar a cubierto del sol, quedara marcado como una zona
de piel sana o eritematizada, rodeada por las ulceraciones generalizadas
del resto.Si el porfirico no podía sobrevivir a la luz,
se debía, sin lugar a dudas, a que era un ser de las
tinieblas, endemoniado. Nada más lógico en la
Europa central de entonces, con su extensa tradición
católica. El predominio cultural de la religión
preconciliar amenazaba a todos con un infierno de fuego y advertía
contra las constantes asechanzas espirituales y físicas
del demonio y sus discípulos las brujas, los malos espíritus
y los sabios. 2) Por otra parte, es efectivamente probable que
en Europa central haya habido una frecuencia relativamente alta
de portadores de genes de la porfiria. Las enfermedades genéticas
se transmiten de generación en generación, de
modo que puede detectarse su origen si se cuenta con un registro
genealógico suficientemente detallado. Un caso muy conocido
involucra a las casas reales de Inglaterra. Prusia, Albania,
España, muy significativamente Rusia y otras de Europa,
que presentaron casos de hemofilia: todos los principes afectados
son descendientes de la reina Victoria, primera portadora del
gen.
Esta enfermedad sólo se manifiesta
en los varones, en los que provoca dificultades en la coagulación
de la sangre, de modo que cualquier herida menor puede resultar
en una hemorragia fatal. Los sucesivos casamientos entre miembros
del reducido ámbito de la nobleza permitieron registrar
cómo se ha ido difundiendo la enfermedad. En poblaciones
confinadas por barreras geográficas o culturales, donde
se sólo se practica el casamiento entre personas con
algún grado de parentesco, hay más probabilidad
de que aumente la frecuencia del gen responsable de una afección.
La difusión de un gen inusual en una población
cerrada se conoce como «principio del gen fundador»
y existen casos bien documentados. A modo de ejemplo, se puede
mencionar a la población del «Oíd Order
Amish» de Lancaster, Pennsylvania. Alrededor de 1770 se
estableció alli una reducida cantidad de personas y fundaron
esta colonia que conserva pautas culturales muy tradicionales.
Durante más de doscientos años vivieron prácticamente
aislados del mundo y, consecuentemente. presentan un alto grado
de endogamia (casamientos entre descendientes de la misma comunidad).
En este grupo se observa una frecuencia inusual de personas
con seis dedos en pies y manos, y con enanismo condrostrófico
(brazos y piernas muy cortos, con tronco y cabeza normales).
El gen que produce estas características habrá
estado presente en alguno de los pocos colonos originales y
pudo generalizarse en la población por falta de diversificación
genética en sucesivos matrimonios.
Dentro de ese marco real y documentado,
no parece descabellado inferir que en las aisladas aldeas de
las montañas de Europa central podria.haber ocurrido
una frecuencia inusualmente alta de enfermos de porfíria.
es decir, de «vampiros». En tiempos en los que las
comunicaciones eran lentas y penosas, en general las sucesivas
generaciones de una familia vivían y se casaban en el
mismo pueblo, sin contacto con otras poblaciones, de modo que
el grado de consanguinidad era alto. La familia que había
recibido alguna vez el gen de la porfíria, lo mantenía
y multiplicaba, favoreciendo su mayor frecuenciaal no diluirse
el problema en una población mayor. El carácter
hereditario del «vampirismo» parece estar reflejado
en la tradición eslava: los upyri rusos únicamente
vampirizan a miembros de su propia familia. Agreguemos que,
en la sociedad feudal, el señor del lugar y tal vez el
mismísimo conde Drácu la tenia o se tomaba derechos
sobre la población bajo su dominio, distribuyendo generosamente
sus genes entre las mujeres de los labriegos y aldeanos.
Muchos hijos bastardos de los nobles
valacos podrían llevar la predisposición a la
porfíria y transmitirla a su descendencia.En tal caso,
tal vez fuera relativamente alta la probabilidad de que un enfermo
de porfíria (un «vampiro») pudiera atacar
a una víctima portadora de predisposición genética
para la misma enfermedad, y ésta se desatara a partir
del shock por pérdida masiva de sangre: la victima del
vampiro se convierte en vampiro.
INDEX
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