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En todas las estaciones hay:
una virgencita de Luján,
perros, muchos perros, de los más variopintos,
baldosas antiguas, todavía tibias
resintiéndose lejanas,
la espantosa soledad de los que viajan
el polvo que el tren levanta a su paso
la tremenda vastedad del tiempo
con sus horas caprichosamente marcadas
-y veintidós, y cincuenta y siete-,
maquinistas, guardas, boletos por el piso,
negocios inverosímiles
y caras,
caras que siempre/nunca cambian
(2001, Estación de trenes de La Plata)
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