LUIS BUÑUEL (Calanda, Teruel, España, 1900-México
D.F., México, 1983)
Nace en un pueblo perdido, en el
seno de una familia de terratenientes; estudia el bachillerato en Zaragoza
con los jesuitas y más tarde
se traslada a Madrid para hacerse ingeniero de caminos. Ingresa en ingenieros
industriales, no acaba ciencias naturales y en 1924 se licencia en la
rama de historia de filosofía y letras. Tiene la suerte de hospedarse
en la madrileña Residencia de Estudiantes, donde convive con las
grandes personalidades de la generación del 27 y llega a ser amigo íntimo
de Salvador Dalí y Federico García Lorca. Bajo su influencia
comienza a escribir, pero, atraído por el cine, al mismo tiempo
organiza los primeros cineclubs en Madrid y trabaja como ayudante de
dirección
de Jean Epstein en París. Sobre un guión de Dalí y
suyo, y con dinero de su madre, rueda el cortometraje Un chien andalou (Un
perro andaluz, 1928), que no tarda en convertirse en el manifiesto cinematográfico
del grupo surrealista, al que pasa a pertenecer gracias a Ramón
Gómez de la Serna, Juan Larrea y el propio Dalí. Su última
colaboración con Dalí es la transgresora La edad de
oro,
que realiza gracias al mecenazgo del vizconde de Noailes, provoca un
gran escándalo en Francia y le vale una invitación de los
estudios Metro-Goldwyn-Mayer para trabajar en Hollywood. Su primera película
española es el mediometraje Tierra sin pan (1932), un
duro y poético documento sobre la miseria de Las Hurdes, realizado
con el dinero ganado por un amigo anarquista en la lotería y
prohibido por el gobierno de la II República. Durante los últimos
años
republicanos trabaja como productor ejecutivo de la empresa Filmófono
en Don Quintín el amargao (1935), de Luis Marquina; La
hija de Juan simón (1935) y ¿Quién me quiere
a Mí? (1936), de José Luis Sáenz de Heredia,
y Centinela alerta (1936), de Jean Grémillon, que supervisa
personalmente y con las que intenta hacer un cine popular digno. Durante
la guerra española colabora en París en el montaje del
documental España
leal en armas (1938), de Roman Karmen, y luego es enviado a Hollywood
como asesor de dos películas que no llegan a rodarse. Después
de la guerra es contratado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York,
pero no tarda en ser expulsado por comunista. |
Tras sobrevivir doblando
documentales, viaja a México
para rodar unversión de La casa de Bernarda Alba, de
García Lorca, que no se hace nunca, pero se queda a vivir allí,
acaba nacionalizándose mexiciano y por fin arranca su carrera
como director. Hace para el productor Oscar Dancigers Gran Casino y El
gran calavera, películas intrascendentes, pero gracias a
la habilidad y rapidez que demuestra en sus rodajes y el éxito
de la última, le permiten realizar la personal Los olvidados,
una historia neorrealista sobre un grupo de muchachos marginados, con
algunos toques surrealistas, que tiene cierta repercusión internacional.
Desde entonces trabaja con regularidad en el cine mexicano y entre 1950
y 1955 realiza, con poco dinero, once películas muy desiguales
entre las que se encuentran algunas de sus mejores obras: Él,
análisis del comportamiento de un neurótico a través
de las relaciones con su mujer; Abismos de pasión, perfecta
adaptación de la novela Cumbres borrascosas, de EmilyBrönte,
y Ensayo de un crimen, sobre la vida de un hombre para quien
el erotismo está asociado al deseo de muerte. Gracias a la repercusión
de estos trabajos comienza una etapa más internacional, pero menos
interesante, con las coproducciones entre México y Francia Así es
la aurora, La muerte en este jardín y Los ambiciosos,
y entre México y Estados Unidos, La joven, entre las
que realiza Nazarín, adaptación de la novela homónima
de Benito Pérez Galdós. Su éxito le permite regresar
a España para rodar Viridiana, una nueva y brillante
demostración de la imposibilidad de ejercer la caridad cristiana,
que le consagra internacionalmente al ganar la Palma de Oro del Festival
de Cannes, pero que la censura del general Franco prohíbe en
España durante dieciséis años por ?sacrílega?.
Su obra posterior está realizada en Francia, a excepción
de la genial historia surrealista El ángel exterminador,
la incompleta parábola sobre un estilita Simón del
desierto, que hace en México, y la excelente Tristana,
nueva adaptación de PérezGaldós, que rueda en España.
La última etapa de su obra tiene una calidad técnica superior
por estar realizada con más dinero y encierra trabajos de gran
interés como Diario de una camarera, perfecta adaptación
de la novela de Octavee Mirbeau; La Vía Láctea,
personal y compleja historia de las herejías, y Ese oscuro
objeto del deseo, viejo proyecto sobre la novela La mujer y el pelele,
de Pierre Louys, que cierra su filmografía. Sin embargo, alcanzan
mucho mayor éxito sus intentos fallidos de volver a los comienzos
surrealistas en Bella de día, adaptación de una
novela de Joseph Kessel, El discreto encanto de la burguesía y El
fantasma de la libertad, basadas en guiones originales. En sus memorias,
Mi último suspiro, escritas en colaboración con Jean-Claude
Carrière, coguionista de la última etapa francesa, dice
preferir sus películas galas a las mexicanas o españolas,
pero por cortesía hacia su colaborador y porque gana mucho más
dinero con ellas. |