"Esta
película nació de la confluencia
de dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días
en su casa y, al llegar a Figueres, yo le conté un sueño
que había tenido poco antes, en el que una nube desflecada cortaba
la luna y una cuchilla de afeitar hendía un ojo. El, a su vez,
me dijo que la noche anterior había visto en sueños una
mano llena de hormigas. Y añadió: «¿y si partiendo
de esto hiciéramos una película?». Escribimos el
guión
en menos de una semana siguiendo una regla muy simple adoptada de común
acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una
explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas
las puertas a lo irracional". (Mi último suspiro,de
Luis Buñuel).
Tras su estreno, llovieron las denuncias acusando
al film de obsceno y cruel, pidiendo que se prohibiese; y es que nos
encontramos ante un film extraordinario en el que los hechos se suceden
sin ninguna conexión
lógica, tan llenas de horror que el espectador queda absolutamente
conmocionado. Es un film que no puede explicarse, debe ser contemplado.
Como apuntó Dalí: "no dice ni quiere decir nada, es
una simple constatación de hechos que en vez de ser unos hechos
convencionales, fabricados, arbitrarios y gratuitos, son hechos reales
o parecidos a los reales y por tanto enigmáticos, incoherentes,
irracionales, absurdos, desligados y sin explicación". |