Sus películas arreligiosas
como Viridiana, Simón
del desierto y La Vía Láctea han recibido
severas críticas del Vaticano. Su agresivo sarcasmo se centra
en la Iglesia, en la que es incapaz de ver más allá de
lo que consideró formalismo eclesiástico. Buñuel
poseía un amplio conocimiento de la letra del cristianismo pero
no de la espiritualidad; sabía el dogma pero careció de
la vivencia personal. Fue, a pesar suyo un eterno buscador de
Dios, aunque por vía negativa.
Viridiana constituía un paso adelante en la obra del
director aragonés. Viridiana era la hermana espiritual de Nazarín
( título de otra película de Buñuel anterior
a ésta que no se había podido ver en Europa), una antigua
monja cuya educación tardía era el tema del film. Más
aún que Nazarín, Virdiana pone de manifiesto la paradoja
del enfoque de Buñuel sobre el cristianismo: cuánto más
violentamente ataca a la Iglesia, más sujetos aparecen sus personajes religiosos a
las tentaciones de la carne y el demonio. Es como si reconociera en ciertas
personas una aptitud natural hacia la beatitud y la santidad que se ve
impedido a mancillar.
La bondad se equipara en sus
filmes con la presunción, la hipocresía
y la destrucción. Viridiana fue acusada entonces de blasfema:
pero lo que Buñuel realmente considera degradante es la forma
en la que la religión cristiana desprecia muchas de las cosas
que hacen la vida digna de ser vivida. La propia reflexión de
Buñuel sobre el film está encerrada en las siguientes palabras: "La
gente siempre quiere una explicación para todo. Este es el lógico
resultado de siglos de educación burguesa. Y cuando no pueden
explicar algo, terminan por acudir a Dios. Pero, ¿qué ganan
con eso si después tienen que explicar a Dios?" |