PLANO DE JAMILENA: 1751 

 

EL LUGAR DE XAMILENA Y SUS GENTES

En uno de los protocolos de los escribanos he encontrado el Acta que levantó el Escribano de Martos D. Jose Garrido López, que era del Lugar de Xamilena, el día 15 de abril de 1807 de la reunión de los vecinos con su alcalde Juan Nicanoro Arroyo, los rexidores Ramón Barranco, Fabián Liaban y Andrés Gómez, el Mayordomo de Propios; Lucas Barranco que era el Fiel de Fhos, y los vecinos Juan Eulalio Gutierrez y 20 más para solicitar que la Parroquia de Jamilena fuera independiente de la de Martos, por tener ya el Lugar 250 cabezas de familia y como 950 almas, y disponer de Pósito y Bienes Propios. Y firman  ¡ hasta 12! y como vemos de las 121 cabezas de casa que había en 1750 se pasó a 250, así como de los 60 que tenía por el año 1654 se pasó a 121 del 1750. Y hoy es uno de los pocos pueblos de la provincia de Jaén que ha crecido en más de 1000 habitantes.

Tiene su mérito. Porque aquella pobrisima Aldea hay que verla ahora que es un pueblo prospero y bello. Dependía de Martos, tenía muchas relaciones con Torreximeno, el Lugar de Torrecampo y la misma ciudad de Jaén. Los varones salían a trabajar en estos pueblos como obreros agrícolas, pastores, aceituneros, segadores, molineros de los de aceite. Las mujeres tejían, trabajaban en el campo, servían en las casas de las personas acomodadas de esos pueblos, o ejercían el oficio de lavanderas. Las lavanderas de Jamilena hacían su faena metidas en el agua hasta las rodillas y a la intemperie en todo tiempo y tendían la ropa en los prados que había al comienzo del Pecho de la Fuente. Acudían muchas y allí se comentaban todos los sucesos reales o inventados del pueblo. Eran los habitantes analfabetos en un 95%, pero eran humildes y sufridos, y así con esa vida de privaciones y trabajo han conseguido que cambie la faz de aquella población. Salen a trabajar, pero en condiciones ventajosas. Y dentro hay donde ganarse la vida. Cuenta con dos Cooperativas aceiteras que muelen muchos kilogramos de aceituna. La mayoría de las tierras que poseen los del pueblo son de los términos limítrofes. La industria de los ajos les ha proporcionado pingües ganancias. Tiene una piscina que es la delicia de propios y extraños.

Volvamos la vista atrás y escribamos de lo que era Jamilena. Eran muy buenos cristianos y como habían de pasar la mayor parte del año fuera del pueblo por ser arrendadores o tener que trabajar en los cortijos y caserías de los limítrofes, hacían muy buenas fiestas en los señalados días que acudían para pasar unos días de descanso. Y de ahí las que organizaban en diferentes fechas del año. Hoy ya son menos sonadas porque casi todos los días son fiestas. Antes había una vida sosegada y tranquila, una vida de trabajo, en cierto modo rutinaria. De pobres; las mejores tierras eran de la Iglesia, unas 40 fgas. de las buenas y otras 30 del Duque de Abrantes aparte de los numerosos hacendados forasteros. El que tenía algo era arrendado. Y así se ha seguido hasta fecha reciente. Es decir hasta que llegó la mecanización. Llegaron los tractores, las cosechadoras, los Land-Rover, los seats, y dejaron los cortijos de la Torre María Martín, el Berrueco, La Hita, el Conde, el Peñón, la Cañada, y tantos y tantos cortijos como eran conocidos por aquellas criaturas situados en los términos del Cazalilla, Fuerte del Rey y otros. Y ya pasan su vida en Jamilena.

Como, desgraciadamente, no hay noticia de sus fiestas, costumbres, modos de vida, yo quiero evocar y consignar las que he conocido en mis 70 años de vida, que no es poco, y porque ya va quedando poco, muy poco, de aquella vida. Las fiestas que en mis tiempos se conmemoraban eran el Día de Jesús, la Virgen del Rosario, Los Santos, La Nochebuena, Año Nuevo, Reyes San Antón,  la Candelaria, San Jose, La Virgen de la Cabeza, La Pascua de Mayo (Pentecostés), el Corpus pero en su Infraoctava, San Juan, Santiago, la Virgen de Agosto, las bodas, y ¡ya esta bien!. Pero todo se reducía a la fiesta religiosa y después el baile y en el buen tiempo el paseo a la Fuente Mayor, o a los Baños. No había que hacer grandes dispendios. Y se pasaba muy bien. Se me olvidaba nombrar la Semana Santa y Pascua de Resurrección, que eran muy importantes.

Yo he disfrutado de todas ellas y las he padecido, como se vive la vida. Con alegrías y penas y con las diferentes edades: niño, estudiante, joven, enamorado, como hijo, como padre, ya como abuelo, con alegría, con desgarrones en el alma por la perdida de seres muy queridos; en Jamilena fuera de Jamilena, recordando esos días, en fin vamos a ver si los borbotones de ideas que se me agolpan puedo ordenarlas.

En primer lugar describamos lo que era un día cualquiera. Tenemos en Jamilena una Iglesia hermosísima con un torre esbelta y ésta con cinco campanas. Hasta hace unos años la Torre agrupaba a aquel pueblecito con sus casas apretujadas alrededor de la Iglesia. A crecido mucho y ya no se oyen sus campanas desde todos sitios. Y hay muchos ruidos. Antes en la paz de sus horas oíamos las aves marías al amanecer. Puntualmente. Teníamos campanero y sacristanes en la Parroquia. Se levantaba la mayoría de la gente. Unos a traer una carga de agua para la casa, dar de beber a sus bestias y luego a trabajar en lo suyo. Otros acudían a la Placeta donde se contrataba el personal eventual. Si no salía jornal se iban a cazar, o por leña que vendían o llevaban a casa. De todos modos había trabajo para todos. Desde el campo oíamos las campanas que tocaban a misa, alzaban, es decir un toque de tres campanadas mientras consagraba el Sacerdote y eran pocos los que  no paraban en la tarea, se descubrían y rezaban y hasta se arrodillaban. No había respeto humano para esto. A las doce, otro toque que señalaba la hora de la merienda. A las tres, las vísperas, por eso de las cinco el toque al Rosario. A las siete el Angelus, qué toque tan majestuoso. En ese momento paraban todos los pequeños ruidos del pueblo, se hacía un silencio respetuoso y también se rezaba a la Virgen, Nuestra Madre del  Cielo. Y a eso de las nueve de la noche, las Animas. Era hora de recuerdo para nuestros difuntos. Y de todos, marchar a casa, a acostarse y descansar para el día siguiente volver al trabajo. Si sonaba la campana gorda con doce campanadas pausadas y solemnes, era una expiración, era  que un alma se nos iba al cielo. Ese toque, más alegre, se hacía también en las bodas y las fiestas tocaban a pino, así como en los entierros doblaban.  Todos participábamos de la vida del pueblo a través de nuestro campanario. Y también la campana del reloj de nuestro Ayuntamiento. Hoy, ya lo he dicho, con los ruidos ni se oyen las campanas de la Torre ni la del Reloj. Además, ¿Quién no tiene ahora reloj?.

Y una circunstancia feliz que sigue dándose en mi Jamilena es que todos somos unos. Todos íbamos a todos los sitios, no había esa mala separación que he observado en otros sitios por razón de situación económica, cultural etc.. Y por eso la boda de una pareja era fiesta para todos, un entierro era una manifestación de pesar de todos. Y las fiestas eran para todos. En la actualidad sigue viva esa cualidad, pero la mentalidad es otra. Hay cultura, no hay quien no sepa firmar. Todos tiene ya hasta el 8º de Enseñanza General Básica, antes había personas que no conocían Jaén la capital. Hoy cualquiera a recorrido y vivido en muchos lugares de España y del extranjero. Todo esto influye en el modo de ser.

Siguiendo con nuestra Torre, nuestro campanario, diré que siempre ha tenido 5 campanas: la gorda, la mediana, el esquilón grande, el pequeño, y otro que parecía de juguete. Hoy no se como estará, pues tiene instalación eléctrica y no hay que subir por aquellas empinadas escaleras y las finales de caracol para llegar a lo alto. Y además de los toques dichos había un para tocar a arrebato, fuego, o desgracias; otro para la doctrina, que hoy llaman catequesis, otro para las letanías, otro para cuando se daban los santos óleos, otro para cuando iban a llevar el Santo Viático en que acudían un sinfín de personas para acompañar al Santísimo desde la Iglesia a la casa del enfermo grave que iba a recibirlo, y puede que hubiese alguno más que no recuerdo. Como vemos toda la vida estaba impregnada de un vivo color religioso.

También eran muy aficionados a las “Comedias”, al Teatro. Había uno precioso en el Casino que llamaban del “Quezo”. Estaba en alto, y cuando allí no ocurrió una catástrofe por la precaria construcción y los llenos que registraba, hay que admitir la protección del Angel de la Guarda de Jamilena. Había otro en el corral de la Peña o casino de Manolete. Esto iba bien para el verano y no entrañaba peligro. Por allí pasaron muy buenas compañías de teatro y lo que más gustaba eran las representaciones de los aficionados. Cómo no citar aquí a “Juan de Foso”, mi tío, que fue un autentico director y organizador de aquellas veladas que muchos años después perduraban en el recuerdo de los jamilenuos. Y estas representaciones las llevó a la Semana Santa. A los “Pregones de la Pasión” y otros pasos vivientes que por desgracia han desaparecido. Y ya diré algo de los cómicos en relación con el cuadro de Nuestro Padre Jesús que hoy se venera en su Iglesia Parroquial.

Tenían buenas aptitudes musicales, pues siempre hubo una banda de música local y hasta dos, que competían en preparación y en precios por sus actuaciones. Cosas de mi Jamilena, muy simpáticas.

Ya que no hay alusiones a las fiestas y costumbres de mi simpático pueblo, Jamilena, describiré las vividas en mis largos años. Tiene muchas fiestas, pues eran como los días de cita de familiares y vecinos que al tener que salir fuera a los trabajos, les servían para lo que llamaban la vestidura, cambiarse de ropa, tras la quinzada de trabajos penosos en cortijos y caserías donde iban y venían  a pie, con caminatas de hasta 6 horas. Todas estas fiestas las he vivido como niño, ya mayor, enamorado, ya padre, ya abuelo, con alegría, con penas, pero siempre con ilusión. Y estas fiestas eran: Día de Jesús, Virgen del Rosario, Los Santos y Difuntos, la Concebida, “Nochigüena”, Año Nuevo y Reyes, San Antón, Carnaval, Semana Santa, la Pascua de Mayo, Día de la Octava, Día de los Corazones, Santiago, la Virgen de Agosto. Y no olvidemos la Virgen de la Cabeza, Santa Ana, y nueva San Isidro. Y las bodas. Una boda era un acontecimiento. Duraban tres días. Con sus comilonas y sus bailes. Era lo que nunca faltaba, el baile. Eran como reuniones de familias y amigos en los casinos. Allí estaban las mocitas y los mocitos, y las madres de ellas dándole seriedad a la reunión. Siempre había varias velas encendidas puestas sobre botellas en lugares altos, por si había lo que era frecuente, un apagón de luz. Y la música, el piano. Pianista durante muchos años fueron Negrillo y Paco de Diego. Qué mérito el de estos hombres. Y el de los dueños de los Casinos: El “Quezo”, la “Charilla”, Manolete, el Antoñete. Tantos como aguantaron nuestras impertinencias.

EL DÍA DE JESÚS 

 Se celebra el 14 de Septiembre. Tiene su víspera el 13. A las doce de este día se echan a pino las campanas. Las cinco campanas de su Torre. La Gorda, la Mediana, el Esquilón Grande, el Mediano y el Esquiloncillo. Cuánta ilusión nos hacía subir al campanario por sus empinadas escaleras, cuyo último tramo de caracol nos ponía ante los huecos que nos ofrecen unas vistas maravillosas. Y según la edad se hacía el reparto de la campanería. Lo de voltear la “Gorda” quedaba para los fornidos hechos y derechos. Voltear ésta era la mayor hazaña que se podía soñar. Y con el campanerío el estruendo de los cohetes. Ya estabamos en el día de Jesús. El día grande entre los grandes. Todas las casas blanqueadas, bien preparadas de comida y bebida, con las bullas para dar los últimos retoques, esperando los que todavía no habían llegado, saludos, abrazos por doquier, los vestidos, los trajes, la corbata, los zapatos, había que echar la casa por la ventana. Y al toque de Animas, otra vez campanas al vuelo y seguidamente el Castillo de Fuegos Artificiales. Este número no lo tenían en pueblos cercanos y mayores. Y venían muchos de Torredelcampo por la Cuesta a verlo. Y de Torredonjimeno. En él había ruedas multicolores, nunca faltaba la “loca”, las baterías, el castillo, el cuadro de Jesús, que al parecer, tocaba la Marcha Real la Banda de Música, y orlado con bengalas le dábamos vivas, musitábamos una oración y le pedíamos porque tuviéramos unas fiestas felices. Y como final, la “porreta gorda”.

El día 14, muy de mañana nos despertaba la diana y pasacalles de la Banda de Música. Los había madrugadores que iban a las huertas a coger higos fresquitos, higos rallados, higos negros, con su gota de miel. Y rábanos muy tiernos para el almuerzo, y otras hortalizas que se criaban muy buenas. En el pueblo nos íbamos por los tallos calentitos para tomarlos con chocolate o café caliente. Qué bien los hacía José Colmenero... Y a arreglarse, que llegaba la hora de la solemne fiesta religiosa. Campanas a pino, y toque a la Santa Misa. La Música recogiendo a las autoridades y a los hermanos de Jesús, presidida por el Hermano Mayor, banderas y gallardetes. La Iglesia, nuestra hermosa Iglesia, se abarrotaba de propios y forasteros. Una Capilla actuaba cantando en la Misa. Negrillo años atrás, luego Manolete, el Maestro de Música, título muy buen ganado, dirigiendo. Juan de Facundo y José de Diego con sus voces de tenor y barítono, qué solemnidad le daban. Luego del Evangelio, el Sermón. También, muchos años antes, el Señor Prior. D. Juan José Verdejo. Cómo lo queríamos todos. Hombre recto, sencillo, sabio; Murió Santo. Luego, el Sermón estaba a cargo de buenos predicadores traídos de Jaén. Don Juan Montijano, Don Manuel Sánchez, canónigos de la Santa Iglesia Catedral, ahora hijos del Pueblo. Era un grandilocuente Sermón donde no faltaba la historia del cuadro, esa historia que ya conocíamos desde niños, contada por nuestras madres. La historia de es Cuadro cuya Foto, o como decimos nosotros su retrato, lo llevábamos todos los hijos de Jamilena desde que tuvimos que salir de casa. Nuestra madre nos lo ponía muy bien envuelto como bendito talismán. La mayoría cuando se marchaban a cumplir sus deberes militares. Yo desde que con nueve años me fui al Colegio a estudiar. La historia, hay un librillo que la contiene. Quedan pocos. Un frailecillo, en la Olluela, le ofrece un cuadro a un viejecillo que trabajaba en su viña. Era el de Nuestro Padre Jesús. No tiene para pagarle y quedan en que vendería una carga de leña y al día siguiente la pagaría. El vendedor ya no volvió. El comprador se lo mostró a su mujer. Era matrimonio sin hijos, muy buenos cristianos. Y lo colocó en el cuarto de la casa. Las vecinas lo visitaban y le rezan y le piden. Pronto se producen los prodigios, y finalmente lo instalan en la Iglesia y lo proclaman Patrono del Lugar. Llega la maldita guerra, se desatan los odios contra todo lo que a religión se refiere. La horda quema los santos. Destroza los altares, el archivo parroquial, con escritos de mucha antigüedad, y el Cuadro se salva, porque todavía quedaba un respeto para el que lo era todo para el pueblo, y lo esconden casa de la Juana María, la “Berrenda”. En aquellos días aciagos eran muchos los que expuestos a todo lo visitaban para rezarle. Acampa en el pueblo una brigada de forajidos y se llevan el Cuadro con su marco de plata y a los sacerdotes D. Juan y D. José a Jaén. En el camino, antes de llegar a Jaén, asesinan a D. Juan, D. José se salvó. Y el Cuadro lo destruirían, pues a pesar de la intensa búsqueda no apareció. Termina la guerra y había otro casa de Ramón Linde y se pone en el lugar del otro y éste es el que tenemos. Y tiene su bonita historia. Yo digo que milagrosa historia. Pasan por el pueblo unos cómicos. Son tiempos difíciles, de miserias, de estrecheces, y se quedan a vivir en el pueblo hasta que llegara el buen tiempo, como Dios quisiera. Uno de ellos tiene actitudes de pintor, y pinta el Cuadro. Lo rifan  y por donde, la papeleta premiada no apareció. Lo depositan casa del señor juez, que por entonces lo era Fco. José Linde, cuya mujer, la Reyes, era una gran señora. Lo instala en su cuarto, le pone un precioso marco, le hace su altar, y allí lo vimos todos los de nuestras generaciones. Todo esto que refiero debió ocurrir por los años 1880.Y así es como ha llegado a ser este Cuadro el que nos representa a nuestro Patrono con todo merecimiento. Termina la fiesta de tres capas, muy solemne, y al refresco, y luego, la casa, donde no falta la comida con carne. Es día de Jesús y hay que festejarlo con todo. El pollo y el conejo fueron siempre los animales más sacrificados. Y el vinillo, y los rábanos, y las aceitunas de cornezuelo preparadas para ese día, y de postre el rico melón traído de la campiña. Tenían fama los de Cajeros. Y los de la Golosilla y los del Berrueco. Y luego el café o un helado. Esto era un lujo en aquellos tiempos. Y a esperar la hora de la Procesión. LA  PROCESION. Unica en aquellos contornos. A eso de las seis y media de la tarde empezaba a sonar el esquilón como si dijéramos a calentar motores. Cuando iba a llegar la hora, ya sonaba también la mediana, y ya acudía todo e mundo a la Iglesia con sus velas para acompañar a Jesús. Muchos para cumplir promesas, descalzos, otros con el hijo en brazos, los anderos, casi todos vestidos de soldados para cumplir la que hicieron si volvían bien de su Servicio Militar, y todos, con mucha devoción. Las Filas de la Procesión interminables. Al salir Jesús, las campanas al vuelo, la Marcha Real, cohetes, ¡qué momento tan emocionante!. Cuántas vivas, quién no echa unas lágrimas recordando a los seres queridos que nos enseñaron a querer a Nuestro Padre Jesús, o que nos acompañaron en éstos días. Pasa por las calles del pueblo recibiendo la adoración de todos. Hay quién se pesa a trigo. ¡Cómo achuchaban los abanderados para que pesaran más! Todas las fachadas de las casas engalanadas con las mejores colchas. Desde muchos balcones le echan pétalos de flores, y por fin entran en la Iglesia. Todos contentos, relajados, nuestras conciencias descargadas por haberle rendido la pleitesía que se merece; y a divertirse, y a preparar la fiesta del año que viene. Que volvamos a ver a nuestros hijos, hermanos y parientes, y que estemos todos buenos. Hay una explosión de alegría que se refleja en el bullicio. Todo lleno. Todos los puestos de bebidas abarrotados. Hay que esperar y tener paciencia para invitar al amigo, al pariente. Donde éramos 3500 habitantes, ahora seremos 12000. Hay gente de todos sitios. Los de Torredonjimeno en número mayor, y entre ellos, D. Juan Montijano Chica, al que ya he nombrado como predicador, que tanto quiere a Jamilena, y Jamilena a él. De Torredelcampo también muchos, de Jaén, de Villardompardo, y de Martos. Martos que también tiene su Jesús, y celebra fiesta éste día. Está en Santa Marta. Su imagen es de talla. La trajeron de Madrid y lo que llaman capellanías de Jesús son muy cuantiosas. Las fundó Escobedo, personaje muy rico. Pero está visto que los pueblos quieren lo suyo, aunque pobre. Y  éste es el gran misterio: la grandeza de la FE. Y por eso todos los de Jamilena nos sentimos subyugados y electrizados con Nuestro Padre Jesús, y pobre del que llegado el día de la Fiesta se encuentre lejos.  Cómo la recordará. Y los visitantes quedan admirados del orden y devoción con que se hace todo, y su comentario es ¡Vaya con Jamilenilla!. Lo pasan muy bien y no regatean piropos y buenas palabras para ensalzar lo que han visto y vivido. En la del año 83 se consiguió una cota difícil de superar. Un ilustre jamilenúo, Miguelito, consiguió que la banda de música fuera de unos 90 números; en la Fiesta que actúan eminentes músicos de la capital de España, por la tarde, en la Plaza de España, un concierto popular inigualable, Y al día siguiente la memorable actuación de otro simpático hijo del pueblo, Luis de Anacleto, con una preciosa agrupación de acordeones y trompetas, de la que es director. Y en el marco de su incomparable Piscina Municipal, la entrega de premios a escolares, donde estuvo presente el Gobernador Civil.

Esto del DÍA DE JESÚS es para empezar y no terminar. Cuando éramos nenes nos volvíamos locos con los caballitos, el subeybaja los cristobillas, las mil chucherías. De jóvenes, ¡madre de mi alma! que días tan singulares con las cuatro pesetas que apañábamos. Cuándo novios, ¿Quién no recuerda esas fiestas como las mejores que pasó en todos los años de su vida?. Y siempre con los amigos, la familia, los vecinos. Y para que nada faltara, el día tercero, los numerosos Hermanos de la Virgen de la Cabeza, hacen una gran fiesta. La Cofradía ha elegido una preciosa en el Pecho de la Fuente con su correspondiente imagen y en ese día por la mañana hay solemne fiesta religiosa y por la tarde hacen su procesión con la Morenita. Que colorido y casticismo dan a la manifestación de fe. La Hermana Mayora acompañada de un gran número de muchachas con trajes de gitana. Todos los hermanos con sus bandas rojas bordadas en oro. Y la Junta con sus báculos de plata. Y las banderas y la Música, y los cohetes, el gentío. Y al oír los compases de “es Morenita, lo mismo que una aceituna...” entra escalofrío Señores, que esto hay que vivirlo en las calles de Jamilena! Y, como todos, dar fervorosos vivas a la Morenita,  a la
Virgen de la cabeza.

Y pasan las fiestas. Que silencioso y solo se queda Jamilena. Siempre hubo que salir a otros puntos para buscarse la vida. Hubo una dispersión, la diáspora hebrea, pero no cabíamos en un término tan reducido. Y tan pobre, agricolamente hablando, pues hoy con las industrias y el turismo se ha requetemultiplicado. Pero de todos modos hay más jamilenuos esparcidos por el mundo que en Jamilena. Antes en los cortijos y caserías, ahora en las zonas más desarrolladas de España y hasta en el extranjero. Y a las Fiestas acudimos todos. Es como nuestra gran cita. Y todos triunfan en sus nuevos trabajos. Y prosperan. Esa almendrilla de nuestra semilla, es dulce. Nuestros mayores fueron laboriosos, humildes, sufridos, y sobremanera, agradecidos, con un corazón muy grande y muy noble. Y como ya hemos dicho, devotísimos de Nuestro Padre Jesús, al que invocamos en nuestras necesidades e infortunios. Ya .... solo me queda decir: Bendito sea Dios que tanta merced nos dispensa desde toda la vida.

DÍA DE LA VIRGEN DEL ROSARIO

Tenemos una imagen muy graciosa de esta advocación de la Virgen. De antiguo viene la Fiesta. Se hace una procesión muy bella ya que en ella van todas las mujeres, y durante el mes se reza el Rosario todas las tardes y el coro de muchachas le daba mucha variedad. Uno habla de tiempos pasados. Hoy creo que las Fiestas no son tanto porque ya todos los días son fiesta. En los tiempos pasados se cogían con ganas y sabían a poco. Hemos de tener en cuenta que una gran parte de los habitantes pasaban temporadas largas fuera del pueblo. En los cortijos había muchos. Una de las cortijadas la Torre de María Martín, en el termino de Cazalilla, tenía más de cien habitantes, y todos eran de Jamilena. Y había otros núcleos, aunque menos densos de población, como la Hita, el Conde, la Cañada, el Peñón, el Berrueco (tolmo granítico, con su castillo), y muchas caserías, y en los días de fiesta acudían a estar con los familiares. Ahora todas esas casas de campo son edificios arruinados. Hay otras formas de vida. Puntualizar que esta fiesta se celebraba en el mes de octubre. La celebrada el año 1947 tiene su pequeña historia. Copiamos de Fuerte del Rey y se le echaron Salves a la Virgen. Más de 28 horas, veintiocho duró. La salve se cobraba a diez reales y se cobraron unos veinte mil reales. Es decir se le echaron unas dos mil salves. Lo peor fue a la hora del reparto.

EL DÍA DE LOS SANTOS y los DIFUNTOS.-

Eran las dos Fiestas en una. El Día de los Santos era para preparar los nichos y tumbas por la mañana y por la tarde a visitar el cementerio. La noche se pasaba jugando a las castañas. Se organizaban trincas en las casas, allí estaban las muchachas y los jóvenes íbamos visitándolas. De cuando en cuando se daba una vuelta por el cementerio para cuidar las mariposas que ardían o se reponían o echaban nuevo aceite. Las campanas estaban doblando durante toda la noche y al día siguiente a oír las misas de Difuntos. Tres, seis, o las que se pudieran y por la mañana los responsos en el cementerio. Días de tristeza. De verdadera tristeza. Si faltaba el padre, mal. Se llevaba la llave de la despensa. Si la madre, llegaba la desorganización a la casa. Se sentía bastante más que ahora. La vida familiar era más intima. Más solidaria. Hoy están más separados los miembros de la familia, y ya dice el refrán: ojos que no ven, corazón que no siente y duelos con pan saben a menos.

AÑO NUEVO y DÍA DE LOS REYES.-

Eran, y son días de alegría. Antaño la Fiesta religiosa, las felicitaciones, y el “Año nuevo Vida Nueva”. Como eran días de recolección de la aceituna todo el mundo tenía alegría porque ya había aceite fresco, y dinerillo corriente. Por la noche unos buenos bailes, y no muy tarde a la duerma, que amanecía y el tajo nos esperaba. El Día de Reyes era parecido. Eso de echar juguetes era muy caro. Se ponían los zapatos en las ventanas y luego se encontraba uno con caramelillos, mantecados, anisicos, y alguna que otra chuchería. Pero esto a muy pocos. Otros cuando le preguntaban ¿Qué te han echado los Reyes? respondían con cierta amargura: Na. Y otros en tono sarcástico, un ronrón. Fue en 1941 cuando se organizó la primera cabalgata. Nevaba. Se llevó mucha alegría a los hogares humildes con los regalos y comida, que falta que hacía. Y rabietas para los que tenían algo ya que en aquella mañana veían con envidia que los más pobres tuvieran muñecas, aros, etc., y a ellos no les habían obsequiado, porque ya digo no era costumbre. Eran muy modestas las personas de entonces, y ya era bastante vivir con estrecheces. Lo que era barato y no faltaba, el baile.

EL DÍA DE SAN ANTÓN

Como siempre el día 17 de Enero de cada año, se celebra el día de San Antón. Era una buena fiesta porque estaba bien pagada y preparada. Un vecino que tenía promesa echaba el llamado “Cochinillo de San Antón”. Era un cerdillo recién destetado al que previamente le cortaban el rabo y las orejas y andaba suelto por las calles del pueblo. En muchas casas le echaban comida y se criaba muy rechoncho. Nadie lo molestaba, todos lo trataban con mucho respeto, no querían cuentas con el Santo, decían que era muy vengativo. Y faltando casi el mes para la fiesta hacían papeletas y lo rifaban. Se hacía el sorteo con seriedad y el agraciado ya tenía su entonces imprescindible matanza. Y con lo recaudado se pagaba la fiesta, muy solemne siempre, campanas desde la víspera, cohetes, Fiesta en la Iglesia, más campanas y cohetes y procesión por las calles con el Santo que llevaba junto a sí un cochinillo que era la admiración de los pequeños. Pero la víspera al toque de Animas empezaban los “Chiscos de San Antón” o lumbres.  En la puerta de cada casa se encendía una. O se juntaban varios vecinos y hacían una más grande. Los que tenían luto no participaban. Los jóvenes disfrutábamos dando ronda, pero no era fácil porque el dueño de la fogata tenía un buen garrote que infundia respeto. Luego al final se dejaban esturrear las cenizas y apagar lo que quedaba. Algunos hacían rosetas que repartían entre los vecinos. El día 17, un gran baile. Eso no faltaba.

EL CARNAVAL Y DOMINGO PIÑATA

A pesar de los anatemas del Sr. Prior con el bueno San Juan Jose Verdejo,  la población, muy obediente para tanta cosa, por aquí no entraba, como se suele decir, rompía la traba, y se lanzaba a festejar El Carnaval. Tres días seguidos. Máscaras, comparsas que en Jamilena llamaban estudiantinas y murgas. Graciosisimas, pero no al que era aludido en sus coplillas. Y se justificaban de la alegría de aquellos días, de la vida licenciosilla, cuando decían “luego viene la Cuaresma para ayunar y rezar”. Y una costumbre bruta que ha desaparecido era la de tirar naranjas a la mozas. Eran los pretendientes los que se las arrojaban. Algunas les hacían cucamonas y con gran salero esquivaban los envíos. Ya procuraban ellas estar en los portales con las puertas entreabiertas, y al pasar el grupo de mozos se hacían visibles, y empezaba el lanzamiento. No se ponían el mejor vestido porque se lo podían manchar con las naranjas y también jugaban al Corrondero, lo que dicen el corro, y en Jaén los “Melenchones” el día de San Antón. Y allí salía la coplilla que habían ensayado en el tajo de la aceituna para zaherir, siempre por cuestiones amorosas, y también para lisonjear, que de todo había. Y baile en que se tiraban serpentinas, se echaban papelillos, la locura. Y eso era el domingo, lunes y martes. Y la finalisima el domingo de piñata. Un acordeón, un piano, eso toda la música que se precisaba para pasar una noche de fiesta inolvidable. Que duraba hasta la madrugada. Y allí las madres con sus hijas. Para dar seriedad al acto. Siempre dos o tres velas encendidas por si había un apagón de luz eléctrica. Se había vuelto de la aceituna. El destajo se dio bien y tenían alegría porque se pagaban las cuentas y quedaba para ir viviendo hasta ganar nuevos jornales en las labras o arreglo de olivar, o de las tierras calmas. Y aquellos días se comía el relleno, tan rico, tan amorosamente preparado por la madre de la casa. Qué más se puede decir y pedir a tan sencillas y divertidas costumbres. En estas fechas hay un alambicamiento en la vida, una maraña, que Dios quiera que solo sea un susto infundado el que sentimos los mayores de 50 años. Que podamos oír la buena música que nos trae la radio y la tele, y podamos seguir disfrutando de tanto bueno y tanto bienestar como tenemos. De todos modos, ¡Viva Carnaval!.

EL DÍA DE SAN ISIDRO

Esta fiesta empieza a celebrarse por los años 1940, y ha calado honda en el pueblo ya que es la fiesta de los agricultores y hasta le han levantado una hermosa Ermita en el Puerto en unos llanos que allí hay, y tiene su carretera, siendo aquel un paraje delicioso. Hacen Romería, muchas chicas de gitanas, se baila, se bebe, el desfile es muy pintoresco, y luego un gran baile. Que mis paisanos trabajan y se divierte. Que el señor los proteja y lo puedan hacer muchos años. La celebran el día 15 de mayo. Y antes, el último domingo de abril, que es la Fiesta de la Virgen de la Cabeza van muchos al Cerro. Unos andando, a cumplir promesas, y los más, antes en caballería o carros, hoy en autobuses, en automóviles, que abundan en Jamilena. Y al volver hacen el sorteo de Hermano Mayor de esta Cofradía, y otra fiesta. Ya le han levantado una Ermita a la Virgen de la cabeza en la falda del Pecho de la Fuente. El pueblo queda a sus pies y el horizonte que se domina es fantástico, hasta los pueblos de Porcuna, y Cañete de las Torres se divisan en la lejanía, y Sierra Morena, donde está su Santuario principal. ¡Que no hay quien pueda con la gente de Jamilena!.

EL DÍA DE LA OCTAVA

Así lo llamamos en Jamilena. En realidad es el Domingo Infraoctava del Corpus. Un día muy solemne. Es su fiesta de Primavera. Tiene su explicación en que como la Parroquia y el Lugar dependían de la Jurisdicción de Martos, el Día del Corpus no podía tener el esplendor que merecía y lo trasladaban el Domingo siguiente. También se debe a que siempre hubo en Jamilena mucha devoción al Santísimo, con una buena Cofradía de tal título, y desde siempre ha sido grandiosa esa Fiesta en Jamilena. La víspera se hacía El Arco en la puerta del Hermano Mayor, tocaba la música, se bebía, se comía, se bailaba, en fin, un buen principio. El domingo diana, cohetes, campanas, Fiesta solemne en la Iglesia con Misa Cantada, tres capas, predicador, sermón, y las Autoridades en lo que llamábamos el Escaño de la Justicia, y a la salida de la fiesta y bullicio para caldear el ambiente, y por la tarde, la Procesión de Santísimo con paso obligado por la calle donde estaba el Arco, campanas a pino, muchos cohetes, alguna rueda de artificio costeada por entusiastas Hermanos y devotos del Señor de los Señores en su Carro adornado con mil flores, las calles tapadas de juncos, mostranzos, yerbabuena, enjunciadas, cubiertas de juncia, y los balcones y ventanas adornadas con las mejores colchas y mantones de manila, y altares con macetas, todo con mucha ilusión y fe para agradar al Señor. Y sigue, con más grandeza, si cabe.

EL DÍA DE LOS CORAZONES

Fiesta muy singular en nuestro pueblo. Y era causa de la ocupación agrícola de su población. Había muchos arrendadores de tierras en la Campiña, o sea tierras calmas con sus Cortijos en los términos municipales de Fuerte del Rey, Torredelcampo, Cazalilla, Higuera de Arjona, y otros. Empezaba la siega, la barcina, la faena de la era, después los barbechos para la sementera del próximo años, en fin el trajín, y la mayoría de sus trabajadores se iban a esas labores y vendrían a lo que llamaban la vestidura, que era dar una vuelta por el pueblo, mudarse y pasar uno o dos días con la familia. Había familias enteras que se iban a la Campiña, los varones a las faenas duras, las mujeres y los hijos a la espiga, o de meloneros, y hacían su vida en la choza que a tal fin se construían. Y a la vuelta para el Día de Jesús traían su pan para el año, sus ahorros, y a esperar a la aceituna en que volvían a salir, esta vez a las caserías de Jaén, Torredonjimeno, Arjona, Martos, etc., a coger aceituna a destajo, y ya hasta el Carnaval. Pero ciñéndonos a la Fiesta de los Sagrados Corazones de Jesús y María hay que decir que se sentía en el pueblo una gran devoción por estas advocaciones, como por todas, pues Jamilena es un pueblo notablemente religioso, si se quiere, a su manera, pero muy religioso. Tenía dos imágenes muy buenas, las que salían en procesión. Era la Fiesta el día 30 de junio, el día siguiente al de San Pedro y San Pablo, y si había un Domingo antes o después, pues una pequeña feria. Y todas las Fiestas con el colofón ineludible del baile en los casinos. Allí iban las mozas con sus madres, y eran muy típicos siendo amenizados por la música de un bien tocado piano. Por ello el forastero que iba en alguna fiesta se quedaba encantado, creía que allí siempre era fiesta, y la realidad, triste realidad, era, que pasados estos días el personal se marchaba a la Campiña, a las Caserías, a trabajar fuera, y el pueblo quedaba muy solo, triste y callado. ¡Ay, cuanta vivencia!. Yo también me marchaba. De estudiante, a mis estudios, ya mayor, a mi profesión. Hay tanto que contar, que se agolpan las muchas cosas buenas, y se juntan las letras de la máquina y no cuaja nada. ¡JUVENTUD QUE NO VUELVE!. Menos mal que la edad esta , que ahora llamamos tercera, es que ni mejor. En este momento que estoy casa de mi hija Pilar en Alcaudete, tengo a mi lado un precioso transistor con música de la que siempre gusta. Es la una y media de la tarde, escribo junto a una ventanilla que domina la huerta, la piscina, el paseo que lleva a la Ermita de la Fuensanta, las Sierras de Luque,  Cabra, Rute, etc., y escribiendo, este quehacer de escribir que tanto me satisface y encanta. ¡Sagrado Corazón de Jesús, gracias!. 

DÍA DE LA VIRGEN DE AGOSTO 

También tenía su fiesta en Jamilena. Venían de los Cortijos a la vestidura, y era un día de alegría para los que tenían que cobrar las rentas, y muy doloroso para los que tenían que pagar, y sobre todo en los años rabones. Sudores de muerte les entraban, hechos unos esclavos y tras toda una vida viviendo en condiciones poco deseables conseguían casar a los hijos lo más dignamente que cabía y al final, si no es por las nuevas leyes sobre Seguridad Social promulgadas en tiempo reciente, se vienen con los bolsillos vacíos.  La juventud participaba poco de aquella desazón, venía a pasar un día de descanso, a beber agua de la Fuente Mayor, que era un lujo, ya que la que tenían en la Campiña era de pozo, con poca salubridad e higiene, que se veía aumentada por la desidia y falta de previsión, y el baile que no faltaba, y el estar con la novia unas horas. El Querer, ¡qué grande es el Querer!.

LAS BODAS 

Todo el pueblo participaba en estas hermosísimas e incomparables ceremonias. Con qué mimo preparaban las madres el ajuar de sus hijas. De pequeñas ya empezaban a guardar cosas con tal fin. Son dignas de leerse las cartas-dote que firmaban las parejas medianamente desahogadas. Hoy no es costumbre, pero qué ajuares, qué pisos, qué vestidos, qué fiesta se organiza. Ya digo que participa todo el pueblo. Desde que sale la novia del brazo del compadre seguida del novio que da el suyo a la comadre, desde la casa de ella hasta la Iglesia han de pasar por entre una doble fila de paisanos que así muestran su admiración por los nuevos desposados. Van a continuación los numerosísimos invitados, luego, a la salida, las vivas a los novios, y al lugar del refrigerio. Y allí son invitados con largueza, y al final los regalos en metálico a la joven pareja. En definitiva lo que hacen es reembolsar lo que ellos y sus familiares dieron a otros. Y así tiene para empezar a vivir dignamente. En la antigüedad eran muchos los que por distintas causas se llevaban la novia y ya no podían levantar cabeza. Y lo peor era que lo hacían parejas más jóvenes de lo conveniente y al marchar él a Servicio la dejaban con un hijo ó más, y a veces en estado. Así se instaló la tuberculosis en muchas familias. Hoy gracias a Dios se ha superado esta lacra. Se alimentan mejor. Viven bien. Y luego el baile.

LA NOCHIGÜENA

Así la llamaban aquellas gentes sencilla. Era la Noche Buena. Fiesta encantadora y de todos. Nace el Niño Jesús. Que dulzura, que deleite, que embeleso. Después de cenar, todos a la calle. A cantar villancicos. Se formaban grupos o parrandas con los instrumentos más inverosímiles. Todos sonaban bien. Y las letras, ¡qué poetas las compondrían de manera tan sencilla!. Eran de todos, de la aceitunera que las ensayaba en el tajo, del artesano en su taller, de todos. El Niño, la Virgen, San José, los Pastores, la Luna, la Nieve, todo lo que se refería a tan grande y único acontecimiento. No faltaban los cuatro desgraciados que los adulteraban con coplas de mal gusto. Yo, como Maestro, en mi Escuela, procuré enseñar muchos villancicos populares para que hubiera repertorio, mis nenes los enseñaran a su vez y no se perdiera el buen gusto, la tradición, y sobre todo el respeto a la Noche Buena. Y con la alegría de los cantos, y la añadida por las cuatro coplillas del momento, llegaba la Misa del Gallo. De momento, silencio, estábamos en la Iglesia, en la Casa del Señor, pero al llegar al Gloria, había una explosión de alegría, de cantos multitudinarios. Era la Iglesia el Portal de Belén, todos le cantábamos al Niño al son de nuestros instrumentos y del armonio que desde el coro repartía sus alegres notas. Y esto se repetía después de Alzar. Y luego mientras se besaba al Niño. Y felices aunque agotados, nos marchábamos a casa. Allí encontrábamos una lumbre de postín. Era que nuestros abuelos, o nuestros padres, habían echado una gran fogata con el “nochebueno”, un gran tronco de olivo guardado desde la corta del año anterior para tal fin. El piadoso fin de que, como decía la sin par y buena de mi abuela María Jesús, pudiera venir la Virgen de Belén a calentar los pañales del Niño. ¡Ellos que tanto miraban por la leña y por todo, y con qué alegría hacían semejante despilfarro!. Y ¡qué ternura invadía nuestros corazones y que ilusión la nuestra al pensar que mientras dormíamos, llegará la Virgen a calentar los pañales del niño Jesús, del Niño Dios, del anunciado por los Angeles como portador de la Paz en la tierra!.

Y a la mañana siguiente la Pascua de Navidad. Que ricos mantecados, roscos y alfajores habían preparado nuestras madres. Y ahora a la misa y fiesta solemne en la Iglesia. También sonaban los villancicos en el coro. Y como se estaba en plena recolección de la aceituna, se ganaba y había dinerillo, y alegría, y vida. Al llegar la noche, los bailes en los casinos, que bien se pasaba.


Historia y Costumbres de Jamilena

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