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Blas Muñoz
ya pretendía la alcaldía desde los años sesenta. En 1965 un
informe del Gobierno Civil decía de Blas: "Ansía sobremanera
la Alcaldía y para ello se mueve en todos los sentidos, buscando
apoyos de personalidades políticas, entre las que se cita el
General Cabanas, residente en Madrid , emparentado con su esposa...
De lo que no hay duda es de que lucha para obtener la alcaldía, de
ello hay pruebas”.
Pocos años después, en 1970, en
otro informe de la misma institución, se decía: “Es una persona
de vida política activa, con aspiraciones que vería colmadas si se
le designara para cargo de la máxima representación. Es ambicioso
y no dudaría en utilizar los medios necesarios para lograr sus
objetivos. Tiene valía personal, es inteligente, audaz y no
repara mucho en problemas de conciencia” (cursivas nuestras).
En mayo de 1970 se decía: “Aspira ostensible y tenazmente a
conseguir el cargo de Alcalde”.
Había nacido el 24 de mayo de 1925
en Mazarrón (Murcia). Según un informe del Inspector Provincial
del Gobierno Civil, Enrique Riverola Pelayo, de 7 de diciembre de
1964, Blas fue Jefe de Centuria en el Frente de Juventudes.
Llegó a Santa Coloma recién acabada la guerra, en 1942, y según
los informes que utilizamos, con apenas 128 pesetas en el bolsillo,
de las que 100 devolvió a sus padres que vivían en un estado de
lamentable pobreza. Y desde entonces su objetivo en la vida fue
hacerse rico. Para ello sólo había que tener iniciativa y... pocos
escrúpulos. Se instaló en Santa Coloma como vendedor ambulante de
caramelos, de lo que llegó a tener una fábrica instalada en el nº
15 de la calle San Silvestre y un comercio de lo mismo en Barcelona.
Después se introdujo en otros negocios inmobiliarios y financieros.
Y así, en 1965 se le calculaba ya un patrimonio de entre 15 y 20
millones de pesetas de la época.
Blas Muñoz no había podido
realizar estudios y tenía una formación básica. En 1944 trabajaba
como dependiente en “Atracciones Apolo”, de Conde de
Asalto-Paralelo, en los conocidos como “Caspolinos”. En marzo de
ese año el propietario lo denunció como autor de una apropiación
de parte de la recaudación de un día, aunque no lo pudo demostrar.
Pero tuvo que cambiar de actividad.
Se le veía repartiendo caramelos
por tiendas y quioscos de Santa Coloma, pero en pocos años aparece
ya como un hombre enriquecido. El informe que comentamos dice, en
abril de 1965: “El rumor popular le achaca este rápido
enriquecimiento a sus negocios de contrabando”. En 1952 fue
detenido junto a dos personas más y se le abrió el expediente
590/52 por el Tribunal Provincial de Contrabando y Defraudación de
Barcelona. Este Tribunal lo absolvió, pero las otras dos personas
recurrieron la sentencia al Tribunal Económico Administrativo, que
condenó a Blas Muñoz al pago de una multa de 10.222 pesetas de
entonces (era mucho dinero en la época) ¡que pagó de inmediato y
sin recurrir, como podía haber hecho legalmente!, luego... las tenía.
Cuando años más tarde Blas solicitó al Tribunal Provincial de
Contrabando y Defraudación una certificación de que fue absuelto,
este Tribunal se lo denegó. Por esta época, él ya no pasaba
hambre. Pero otro informe, de la Guardia Civil en este caso (firmado
por el Comandante de Puesto de Santa Coloma el día 17 de diciembre
de 1964), decía: “Hay que señalar que ha estado encartado por
contrabando en los años 1957 y 1958, según citaciones que obran en
este Puesto, del Tribunal de Contrabando y Defraudación de
Barcelona, ignorándose si fue absuelto, o por el contrario recayó
sobre él mismo alguna sentencia”.
También fue corresponsal del Banco
Hispano Americano en Santa Coloma, labor que le ocupó hasta entrada
la década de los sesenta, cuando lo dejó para empezar a aspirar a
cargos políticos en la localidad. Por entonces era ya un hombre
riquísimo y en los informes ya se dice que es uno de los mayores
contribuyentes de Santa Coloma. Ese mismo informe de la Guardia
Civil dice: “Considerado buena persona, de buena conducta, un
tanto pedante y conocido como “nuevo rico”, ya que en un lapso
de tiempo de 15 a 20 años, ha pasado de ser dependiente de colmado,
a uno de los mayores contribuyente de la localidad”.
Pero no contento con esto, quería ser alcalde de la ciudad.
Para ello se afilió a la Falange Española Tradicionalista y de las
JONS, el partido único que daba soporte inquebrantable al Caudillo,
el día 8 de octubre de 1964, con el carnet nº 54.607. El salto a
la política lo daba desde su cargo de Presidente de la U.D.A.
Gramanet. En 1964 era Concejal y miembro de la Comisión de
Gobernación (orden público), en una época en que las fuentes
orales recuerdan cómo la policía municipal a sus órdenes, entre
los que destacaba el miembro de la Guardia de Franco Javier Badía
Sala, golpeaba con saña a los que guardaban cola en las paradas del
autobús de la Pza. de la Vila. Fue Vicepresidente del Consejo Local
del Movimiento y Consejero de Cultura Física y Deportes en 1969.
Era un hombre, como vemos, involucrado a fondo en las estructuras
políticas del franquismo local.
En
1970 mandó una carta al Gobernador Civil de Barcelona, Tomás
Pelayo Ros, ofreciéndose para alcalde de la ciudad, y entre otras
cosas, decía: “... las peticiones de este tipo se hacen de manera
indirecta. Más como decía el Fundador (José Antonio, fundador de
la Falange Española), nosotros preferimos lo directo, ardiente y
combativo. Por ello, sin intermediarios le expongo mi deseo, indicándole
que mi posición económica es más que independiente, gracias a
Dios, notoriamente buena, mi sincera afección al Movimiento está
fuera de toda duda...” y remataba diciendo que reconocía que le
gustaban los cargos públicos. En 1974 fue nombrado Concejal por el
tercio corporativo y, finalmente, en febrero de 1975 fue nombrado
alcalde con el apoyo del Gobernador de entonces Martín Villa.
Es curioso observar cómo las informaciones sobre Blas fueron
variando con el tiempo. El informe de abril de 1965 decía de él:
“La impresión general es que no reúne muchas condiciones para un
cargo de la máxima representación pública en el pueblo. Gusta de
hablar en exceso y de criticar; es ambicioso, indudablemente, y no
tiene gran preparación”. De su formación se decía que no había
tenido otros que los primarios, aunque poseía buena autoformación.
En 1970 se decía: “No hay garantías absolutas de una gestión
honrada y altruista caso de ser designado para cargo de
responsabilidad... Es por otra parte, hombre exaltado, nervioso y
muy personalista”. En 1974 se decía que su formación era de
Bachiller elemental y que era: “Hombre emprendedor y de gran
actividad, podría desempeñar la alcaldía”, que finalmente
consiguió.
Blas
Muñoz no necesitaba el poder para beneficiarse económicamente,
pero sí por prestigio social. Era un hombre enormemente rico,
y es interesante conocer cómo era percibido por los propios
servicios de información y qué decían de cómo había conseguido
tal fortuna. Daremos unos datos, extraídos de la propia documentación
franquista, que nos ofrece pistas jugosas que pueden ayudarnos a
deducirlo con facilidad.
El informe
de enero de 1975, en vísperas de su nombramiento como alcalde, decía
que fue en su época de corresponsal del Banco Hispano Americano
cuando “aprendió a comerciar con el dinero de cuyo
conocimiento hizo la fortuna que tiene hoy día, calculada en
millones de pesetas, no sólo en inversiones inmobiliarias, bolsa,
etc. sino también en liquidez bancaria. Tiene inmuebles en
alquiler, fábrica de caramelos, fincas, solares, etc.”.
Hasta
aproximadamente el año 1970 formó parte de la denominada sociedad
“BARÇA”, de inversiones inmobiliarias, en las que, según el
informe del Gobierno Civil de mayo de 1970, se hacían préstamos
con intereses, hipotecas sobre solares, etc.
Más adelante, en enero de 1975, se decía: “Está
clasificado como comerciante en dinero, es decir, que en la
actualidad sigue haciendo préstamos, en competencia con los bancos,
sin las cortapisas legales de estos, y con los intereses que
libremente pacten...”. Está claro que se deduce que ofrecía préstamos
personales a gente necesitada y con intereses elevadísimos. Esto no
pasaba desapercibido para la ciudadanía hasta el punto que el
informe de mayo de 1970
ya recogía lo que era un secreto a voces: “... uno de los motivos
del aumento de su fortuna ha sido el haber aprovechado críticas
situaciones de otros, cobro de intereses crecidos, renovación de
efectos en situaciones altamente inmorales, etc. Tiene por todo ello
fama de carecer de escrúpulos”. No podía ser de otra manera,
esta fortuna que iba adquiriendo con esta lucrativa actividad lo
invertía en fincas y viviendas. El informe del Inspector Provincial
Enrique Riverola, ya señalado más arriba, decía en 1964 que Blas
Muñoz era propietario de 7 casas y varios terrenos, pues bien, en
1974 el Sub-Jefe Provincial del Movimiento, Antonio Casas Ferrer,
decía: “Es propietario de varias fincas y bares que ha construido
y tiene arrendados”. Y continuaba: “Unas 400 o 500 viviendas”.
Increíble. En sólo diez años había pasado de ser propietario de
7 casas a tener más de 400.
Pero esto no era todo. Dado su poder económico y el hecho de ser
acreedor de numerosas personas, le permitía ejercer poder sobre
ellas, es decir, el verdadero poder social. El informe de 1975
explicaba cómo presionó a comerciantes e incluso a los bancos para
que le apoyasen en sus aspiraciones políticas o para evitar el
embargo de algunas entidades deportivas, como la UDA Gramanet. De
esta forma se iba granjeando la fama de protector del deporte local:
“Es un hombre que ha presionado a comerciantes de la localidad, e
incluso a bancos y cajas de ahorros, no sólo para lograr su apoyo
en el cargo que pretende, sino también en detener las acciones de
embargo a entidades deportivas...”. Y el informe reconocía que
“no deja de tener cierta fama, aunque encubierta, de usurero”.
Esta fama
era un problema político para los mandos superiores pues era un
elemento de debilidad política que en 1975, cuando su nombramiento
como alcalde se acercaba, cierta prensa antifranquista podría
airear. Pero el peligro no consistía en que Blas hubiera sido un
usurero, sino en que se pudiese conocer públicamente . De todas
formas daba tranquilidad que el poder económico de Blas pudiera
impedir, por medio de un chantaje sutil, que las cosas salieran a
relucir. El Servicio de Información del Gobierno Civil decía el 23
de enero de 1975: “Si en la localidad se ha especulado desde hace
años con el suelo y con el sector inmobiliario en general, causa de
constantes conflictos y “campañas” de prensa, no sería extraño
que, incluso la propia prensa, al menor desliz del informado (Blas
Muñoz) en el cargo de Alcalde, hiciera una campaña contra él en
base a sus actividades anteriores y actuales, aunque quizás la
habilidad -por las presiones
económicas que pueda hacer- pueda soslayar este problema”
(cursivas nuestras).
El día 28 febrero de 1975, cuando acababa de ser nombrado alcalde,
se le puso una querella criminal, en el Juzgado nº 7 de Barcelona
por la empresa inmobiliaria “La Suiza Catalana del Montseny S.A.”,
acusándolo de usura por descuento de letras con intereses usurarios.
Se abrieron las diligencias previas nº 1457-75 y a continuación el
sumario nº 57-75-V que continuó el Juzgado de Instrucción nº 3.
El monto de la operación ascendía a 17.494.859,50 pesetas, siendo
demandado por exceso de aplicación de intereses por 2.783.767,45
pesetas. El estudio de la querella nos permite conocer los
mecanismos de enriquecimiento de Blas Muñoz Blaya.
En la querella se exponía con
claridad cómo Blas Muñoz aprovechó la urgente necesidad de dinero
del promotor inmobiliario para imponer unas condiciones de verdadera
usura en el pago de intereses: “Hallándose mi mandante en
angustiosa necesidad de dinero, entró en relación, por medio de
Don Mariano Yúfera Guirao, con Don Blas Muñoz Blaya, quien se
prestó a descontarle letras libradas por la misma a los compradores
de las parcelas de su propiedad en la Urbanización denominada la
Suiza Catalana sita en el término del Montseny... Blas Muñoz se
aprovechó de la imperiosa necesidad de mi poderdante de disponer de
dinero en efectivo para exigirle y percibirlo cuantiosos intereses,
defraudándole de esta forma usuraria cuantiosas cantidades”
La querella continuaba relatando cómo
entre el 3 de abril de 1970 y el 23 de mayo de 1973, la empresa había
entregado a Blas Muñoz, numerosas letras que él convertía en
dinero efectivo, pero en cantidades muy por debajo del valor de las
mismas. Si ponemos un ejemplo, y sólo con uno bastará, se entenderá
mejor: “En 5 de junio de 1970 el importe nominal de las letras de
cambio entregadas al querellado es de pts. 1.334.567, se reciben a
cambio, en talón nominativo, sólo pts. 1.094.377,74, por lo que al
ser las letras vencederas a un plazo de 19 meses el beneficio del
prestamista de pts. 239.189,26 representa un interés del 22%
anual”. De esta forma, en el período que duró la relación, el
interés medio que cobró Blas Muñoz en esta operación fue del
25,35%: “En resumen entre el 3 de abril de 1970 y 23 de mayo de
1973 Don Blas recibe de La Suiza Catalana del Montseny letras de
cambio por un valor de 17.494.859,50 pts., vencederas en un promedio
de 15 meses de plazo, recibiendo en contrapartida solamente
12.210.886,10 pts. La diferencia de 5.283.173,40 pts. representa un
interés anual del 25,35%. Si consideramos normal el cobro de un
interés del 10% anual, ello representaría 2.499.485,95 pts.,
siendo por tanto la diferencia de 2.783.767,45 pts. la defraudación
que debe reintegrar a mi principal por el usurero”.
Finalmente, el querellante pedía
la detención de Blas Muñoz o la libertad condicional bajo fianza
del valor que creía se le debía reembolsar. Sin embargo, las cosas
no fueron como los denunciantes pretendían. El Gobernador Civil
entró en contacto con el Magistrado D. Juan Poch Serrats, y el día
1 de marzo en una nota dirigida al primero ya se aventuraba como
posible un acuerdo entre las partes que desactivara las posibles
consecuencias políticas del caso: “De haber causa suficiente, y
sin perjuicio de que las actuaciones judiciales debieran seguir de
oficio, cabría la posibilidad de un acuerdo entre las partes que
sin duda restaría fuerza al asunto”. El 19 de junio de 1975 el
Juzgado de Instrucción nº 3 declaró concluso el sumario y se
sobreseyó provisionalmente la querella. De todas formas parece ser
que nunca más se volvió a hablar del tema.
Bien fuese por influencias políticas, pues recordemos que bajo el
franquismo la independencia judicial era inexistente, o bien porque
los intereses cobrados, al ser entre particulares, no constituyeran
delito, Blas Muñoz pudo seguir siendo alcalde de Santa Coloma, pero
no se niega en ningún momento que Blas actuara como prestamista
cobrando altos intereses, y es una demostración de las prácticas
que como hombre de negocios lo convirtió en uno de los más ricos
de la ciudad.
Blas Muñoz administró la ciudad
en el período crítico de la Transición, pero este es un período
que no entra en nuestro estudio. Se mantuvo en la alcaldía hasta
las primeras elecciones municipales, en abril de 1979. Para entonces
se había adaptado a los nuevos tiempos, se incorporó, como muchos
franquistas locales, a partidos de reciente creación, en este caso
a la UCD de Adolfo Suárez, y fue el único concejal de este partido
elegido. Dio paso, entonces, a la alcaldía a un histórico
militante antifranquista, Luís Hernández (PSUC).
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