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CONSTRUCTORES DE PIRAMIDES
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Para que el Faraón pudiera trasformarse en dios, se
requería, no obstante, una condición su cadáver debía
permanecer intacto. Por ello, conservarlo en una tumba bien protegida era
la preocupación esencial de los egipcios. Las primeras tumbas reales
fueron las Mastabas: se componían de una cámara sepulcral
subterránea, a la que se descendía por un pozo, y una pequeña
construcción superficial de ladrillo, en forma de pirámide
truncada de planta rectangular.
Hacia el año 2700 a.c. el faraón Doser encargo a su ministro
Imhoteb la construcción de una tumba que mostrase a sus súbditos
la grandeza del faraón y del dios que representaba. Imhoteb que era
también arquitecto, puso una sobre otra seis mastabas de piedra,
cada una algo más pequeña que la anterior, y logró
así la primera pirámide: una pirámide escalonada. Es
la pirámide de Saqqarah, cerca de el Cairo. Con 60 metros de altura,
parece una gran escalera que sube al cielo.
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Un siglo después, el la llanura de Gizeh (cerca de el Cairo), aparecen ya pirámides autenticas: las de los faraones Keops, Chefren y Micerino. sus grandes dimensiones (la pirámide de Keops tiene 146 metros de altura) y la perfección de sus proporciones dejan atónitos a quienes las contemplan. Su asombro crece aún más cuando saben que la construcción de la pirámide y de los templos que la acompañaban duraba por lo general una veintena de años y que necesitaba de varios miles de toneladas de piedras, extraídas por decenas de miles de obreros . Estos las transportaban sobre troncos y las subían mediante gigantescas ramplas de tierra.
Los egipcios iniciaron la construcción de pirámides hace muchísimo tiempo, a lo largo de su Antiguo Imperio: ¡Las más antiguas tienen cerca de CINCO MIL años! En efecto, la más antigua que se conoce es la pirámide escalonada de Sakkara, tumba del faraón Djoser, que data del 2750 a. de C. El arquitecto inventor de la pirámide fué el gran Visir, y famoso sabio, Inhotep. Después de este primer ejemplo, los egipcios continuaron construyendo pirámides hasta bien entrado el Imperio Medio, en que se pasó a emplear el sepulcro subterráneo en vez de las pirámides. Sin embargo, del Antiguo Imperio nos han quedado nada menos que ochenta de éstas, repartidas por el Bajo Egipto.
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Imaginemos ahora que estamos presentes en el séquito funerario del faraón Khufu. Una ligera embarcación nos transporta por el Nilo desde la antigua capital, Menfis, hasta la necrópolis de sus afueras, en la vasta llanura de Gizeh. Allí abundan las construcciones funerarias, pues es el cementerio donde van a parar todos los habitantes de la capital, nobles o villanos. Nuestra embarcación se detiene: en la orilla nos espera una comitiva de sacerdotes. Detrás, espera el templo construído especialmente para nuestro faraón, donde se le rendirá culto igual que a un dios (¿acaso no es de naturaleza divina?). Aquí es donde el cuerpo del faraón es preparado convenientemente e introducido en el sarcófago. Después, una comitiva trasporta a éste a lo largo de una vía funeraria hacia su sepultura.
Ya vemos las pirámides. Su impresionante mole destaca sobre el horizonte de la llanura, dejándonos boquiabiertos. ¡Todo eso es piedra! Bloques de granito descomunalmente pesados, de un metro de altura, forman las filas tan apretadamente que no es posible introducir ni un cuchillo entre ellos. Las filas de piedras están pintadas, formando franjas de diferentes colores; la punta es de color dorado. Todas las pirámides, absolutamente todas, tienen la misma alineación: están orientadas al norte con total exactitud. Los lados de la pirámide tienen una inclinación impresionante, de 51 grados, que cuando nos acercamos más nos produce la sensación de que la pirámide "se nos cae" encima. En los alrededores, se encuentran las pirámides menores y las (edificaciones rectangulares de paredes inclinadas) para los altos funcionarios.
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Estamos ante la pirámide. Sus dimensiones son impresionantes: 146.59 m de altura, 230 m de ancho. Tras subir un poco por su parte lateral, penetramos en su interior. A la fluctuante luz de las antorchas vamos descubriendo las paredes, perfectamente lisas, como corresponde a la sepultura de una encarnación del dios Ra. Tras depositar el sarcófago en la cámara sepulcral, el corredor será cegado y disimulado, para evitar robos. La pirámide contiene asimismo una falsa cámara sepulcral.
A pesar de todas estas precauciones, son pocas las tumbas egipcias que permanecerán
intactas hasta la llegada de los arqueólogos. Los ladrones de tumbas
irán saqueando con el paso del tiempo la mayoría de las pirámides
y sepulcros. Cuando el arqueólogo Flinders Petrie entre en las tumbas
reales de Abydos, unas de las más antiguas de Egipto, sólo podrá
encontrar un brazo de la momia de una reina. De las tres grandes pirámides,
sólo la más pequeña, la de Micerino, permanecerá
intacta.