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Descubre cual sería tu peso si estuvieras en Marte.
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Marte Tiene dos pequeños satélites, Fobos de aproximadamente 21 km de diámetro y Deimos, de tan sólo 12 km, que los astrónomos consideran asteroides capturados por Marte al comienzo de su vida. Ambos tienen numerosos cráteres de impacto.
Los satelites de Marte
Durante mucho tiempo se pensó que no tenía satélites,
hasta que estos fueron descubiertos por el astrónomo Asaph Hall en
1877 durante uno de los momentos en que Marte se encuentra a tan solo una
distancia de la Tierra de tan solo 55 millones de kilómetros. Asaph
los llamó Phobos y Deimos (´Miedo´ y ´Terror´),
como los dos hijos de Marte según la mitología Griega.
Durante años los astrónomos habían realizado diversos mapas de Marte, que no habían sido aceptados porque cada uno tenía el suyo diferente de los demás. Pero en el mismo año y durante esa misma aproximación en que se descubrieron los satélites de Marte, el astrónomo italiano Schiaparelli, que disponía de dos importantes telescopios de 22 y 44 cm de diámetro en el observatorio de Brea en Milán, realizó un mapa que fue aceptado, por que resto de los astrónomos también creyeron ver las mismas estructuras que las dibujadas por éste.
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Aunque de masa inferior, Marte es un planeta con características similares
a las de la Tierra. Su tamaño es aproximadamente la mitad; la duración
de su día es de veinticuatro horas y cuarenta minutos, la inclinación
de su eje de rotación es de 25° (frente a los 23,5 terrestres),
y efectúa una órbita alrededor del Sol cada 687 días.
Marte posee una atmósfera muy tenue (menos de la centésima parte de la terrestre) compuesta en un 95,3% de dióxido de carbono, 2,7% de nitrógeno, 1,5 % de argón, monóxido de carbono, trazas de oxígeno y otros gases. Las temperaturas en su superficie son bajas y las diferencias diurnas llegan a ser muy importantes. En el ecuador en un mediodía de verano, se pueden alcanzar los 22°C, para bajar a -73°C durante la noche.
Los satelites de Marte
Durante mucho tiempo se pensó que no tenía satélites,
hasta que estos fueron descubiertos por el astrónomo Asaph Hall en
1877 durante uno de los momentos en que Marte se encuentra a tan solo una
distancia de la Tierra de tan solo 55 millones de kilómetros. Asaph
los llamó Phobos y Deimos (´Miedo´ y ´Terror´),
como los dos hijos de Marte según la mitología Griega.
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Durante años los astrónomos habían realizado
diversos mapas de Marte, que no habían sido aceptados porque cada uno
tenía el suyo diferente de los demás. Pero en el mismo año
y durante esa misma aproximación en que se descubrieron los satélites
de Marte, el astrónomo italiano Schiaparelli, que disponía de
dos importantes telescopios de 22 y 44 cm de diámetro en el observatorio
de Brea en Milán, realizó un mapa que fue aceptado, por que
resto de los astrónomos también creyeron ver las mismas estructuras
que las dibujadas por éste.
Su clima
Las sondas que se posaron sobre la superficie del planeta y que durante varios años filmaron su superficie, permitieron seguir la evolución de las estaciones marcianas. Éstas son dos veces más largas que las estaciones terrestres (un año marciano equivale a un año y once meses terrestres).
La órbita de Marte es significantemente elíptica, esto tiene como resultado una variación de la temperatura de 30 ºC en el punto sub-solar entre el aphelion y el perihelion, influyendo de manera directa en el clima de Marte. Mientras que las temperaturas promedio en Marte van desde 218K (-55ºC, -67ºF), las temperaturas de la superficie marciana llegan hasta 140K (-133ºC, -207ºF) en un día de verano. En invierno se producen nevadas, pero la nieve es carbónica, debido a que el principal constituyente de la atmósfera de Marte es el gas carbónico (95%).
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Canales en Marte
Schiaparelli, creyó ver zonas oscuras interconectadas con una intrincada red de finas líneas negras a las que llamó canales; al mismo tiempo comenzó a asignar nombres a las diferentes zonas extraídos de la mitología y de la antigua geografía de Egipto, Grecia y Roma.
En esos años, los astrónomos individualizaron las estructuras superficiales del planeta y estudiaron su climatología, los casquetes polares que se extienden y se retraen según las estaciones, los sistemas de nubes y las tempestades de arena que azotan durante meses extensas regiones del planeta.
Schiaparelli, al hablar de canales pensó en estructuras naturales, nunca pasó por su mente que estas estructuras pudieran ser obra de criaturas inteligentes, pero al traducir su publicación al inglés, donde daba noticia del descubrimiento ("Observaciones astronómicas y físicas sobre el eje de rotación y sobre la topografía del planeta Marte", Roma, 1878), la palabra "canales", en vez de ser traducida por su equivalente channels, se le dio el término de canals, que tiene el mismo significado de "canal" pero de origen artificial.
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La publicación de estas noticias tuvieron una amplia difusión en todo el mundo, incluso fuera de los ambientes científicos, y fueron interpretadas como la prueba de la existencia de una civilización evolucionada en Marte, que había realizado importantes obras de ingeniería para el transporte del agua desde las zonas polares a las ecuatoriales.
Entre los muchos astrónomos que también creyeron ver los canales de Marte, el más entusiasta fue el rico americano Percival Lowell (1855-1916), quien construyó un observatorio privado en Flagstaff, en el despejado y limpio aire del desierto de Arizona, lejos de las luces de las ciudades, con el objetivo de estudiar el planeta rojo con todo detalle. Lowell, que creyó haber localizado más de 500 canales, además de otros descubrimientos, los cuales publicó en media docena de libros que popularizaron la idea de vida inteligente en Marte. Sin embargo, en los años sucesivos, al multiplicarse las observaciones realizadas con instrumentos de mayor potencia y precisión, se demostró que los canales de Marte y una multitud de otras estructuras geométricas observadas por Schiaparelli, Lowell y otros, eran ilusiones ópticas, variables en función de las condiciones de observación, la turbulencia de la atmósfera y la apertura del instrumento.
Por ello en los primeros dos decenios del siglo XX, si bien a ratos la polémica entre canalistas y anticanalistas continuaba, las primeras fotografías astronómicas de Marte relegaron al olvido la idea de un Marte con vida inteligente, hasta el 30 de octubre de 1938, en que un programa de radio realizado por Orson Welles, en el que se describió una ficticia invasión de Nueva Jersery por parte de naves marcianas, hizo cundir el pánico en EEUU. Aquel programa de radio, revivió de nuevo la polémica sobre la existencia de vida en Marte, y a pesar de que entre la clase científica no albergó ninguna duda sobre la no existencia de vida, no faltó algún visionario en contra, como el astrónomo soviético Shklovkjy, que afirmaba, a comienzos de los años setenta, que las dos lunas de Marte, Fobos y Deimos, eran dos satélites artificiales lanzados al espacio por una civilización tecnológicamente avanzada.
Entretanto, los astrónomos norteamericanos William Weber y Carl Otto Lampland habían conseguido medir en 1926, la temperatura superficial que había resultado ser mucho más baja de lo que se pensaba (-55° de media), y el también norteamericano Peter Kuiper, mediante el análisis del espectro infrarrojo del planeta llego a la conclusión en 1946, que su atmósfera estaba formada casi exclusivamente de anhídrido carbónico, por lo que las posibilidades de existencia de vida eran muy improbables, en condiciones tan desfavorables.
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Si dividimos la superficie de Marte en dos hemisferios, por un plano inclinado 30° con respecto al ecuador, la mitad norte más lisa, se supone más joven, con una densidad de cráteres cinco veces inferior a la del hemisferio sur, y estos parcial o totalmente rellenados por efecto de la erosión, de los vientos, y de proyecciones volcánicas.
Se supone que la lava inundó ampliamente esta superficies, inmediatamente después de haber cesado el intenso bombardeo de meteoritos que siguió a la formación del planeta, aunque en algunas zonas las inundaciones de lava pueden ser relativamente recientes (algunos centenares de millones de años). En su parte más septentrional se encuentran las zonas más planas, como la denominada Vastitas Borealis, aproximadamente a 50 grados de latitud se encuentra la Utopia Planitia en la que se sitúa el volcán Mie, en cuyas proximidades aterrizó el Viking Lander 2. Más cerca del ecuador, sobre la Elysium Planitia, se encuentran dos grandes volcanes con forma de escudo, Elysium Mons y Hecates Tholus.
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En las proximidades del ecuador, en el hemisferio oriental, se encuentra la Syrtis Major Planitie, sin grandes detalles morfológicos, mientras que en el hemisferio occidental, se encuentra la región volcánica de Tharsis, la mayor del Sistema Solar, y el complejo de cañones de Valle Marineris, la mayor formación de origen tectónico del planeta.
Tharsis es el resultado de una impresionante acumulación de lava sobre un radio de más de 1000 km de radio, en el que llega a alcanzar una altura de más de 20 km sobre el nivel medio del planeta. Las alturas más importantes de estas regiones son los llamados Olympus Mons, Arsia Mons, Pavonis Mons y Ascraeus Mons.
Por el contrario, la mitad sur tiene un aspecto más similar a la Luna, con numerosos cráteres casi intactos, y algunas grandes cuencas de impacto, entre las que se encuentran las mayores del planeta, Hellas Planitia, con 1.500 km de diámetro, y Argyre Planitia, de 900 km. Estas tierras se supone que datan de los primeros tiempos de formación del planeta, hace 4.000 millones de años, cuando Marte, al igual que la Luna y el resto de los planetas, estaba sujeto a un constante bombardeo de meteoritos.
Entre las características comunes de ambos hemisferios, destaca el color rojizo de la superficie y la estructura de los cráteres. Un 80% de la superficie marciana esta cubierta por una arcilla producto de la meteorización de los basaltos superficiales. Esta arcilla es más rica en hierro y más pobre en aluminio que las equivalentes de la Tierra, y tiene un color rojizo producido precisamente por el oxido de hierro. Parece que en Marte es frecuente la escapolita, una serie de silicatos complejos que se originan por alteración de los feldespatos y que incorpora en su composición CO2. La escapolita, relativamente escasa en la Tierra, se supone que puede ser una fuente de CO2, principal gas que interviene en la formación de la atmósfera marciana.
Los cráteres, que aunque con distribución y grado de erosión
diferentes en los dos hemisferios, se diferencian de los restantes del Sistema
Solar por su forma amurallada. Se supone que si bien en la superficie de Marte
no existe agua liquida, en la época de formación de la mayor
parte de los cráteres, incluso en la actualidad, en importantes áreas
del subsuelo de Marte se encuentra una estructura similar a la de barro congelado
(permafrost). El impacto de un meteorito generaría una gran cantidad
de calor, que produciría un deshielo, seguido por una avalancha de
partículas que terminaría por rodear los cráteres. Una
peculiaridad de los cráteres de Marte es que existen muchos menos cráteres
de menos de 50 m de diámetro, que lo que cabría predecir. Este
hecho se anticipó en 1970 por Donald E. Gault y otros, en base a que,
aunque liviana, la atmósfera de Marte es lo suficientemente densa para
erosionar y romper los meteoritos pequeños antes de que alcancen la
superficie con suficiente velocidad para formar un cráter.
Volcanes
La actividad volcánica en Marte ha tenido probablemente lugar desde
hace 4.000 millones de años. Fue especialmente importante en los últimos
mil millones de años, aunque parece haber cesado en los últimos
cien, ya que no se tienen pruebas concluyentes de actividad volcánica
reciente. Presentan diferentes grados de degradación, lo que indica
que las actividades erosivas han sido mayores que en Mercurio o la Luna. En
algunos casos han sido parcialmente obturados por flujos de lava más
recientes, o por acumulaciones de sedimentos arrastrados por el viento. Los
geólogos suponen que las lavas de Marte son fluidas, extendiéndose
con facilidad en amplias zonas.
Marte posee los edificios volcánicos más grandes del Sistema Solar, tienen una forma similar a los volcanes-escudo basálticos de la Tierra, como el Mauno Loa de Hawai, aunque de mayores dimensiones. El más alto, Olympus Mons, está situado en la cuenca de Tharsis, tiene un diámetro de 600 km, se eleva 26 km por encima del nivel medio del planeta y al menos 2 km sobre la meseta que le rodea. Su cima está coronada por numerosas calderas, y a pesar de que no se ha manifestado ninguna actividad volcánica, no se descarta que pueda estar activo. Para que la corteza marciana pueda soportar estructuras de las dimensiones de Tharsis, debe tener un grosor de unos 200 km, cinco o seis veces mayor que el de la corteza terrestre. Situados al este del Olympus se encuentran tres volcanes-escudo más pequeños denominados Arsia, Pavonis y Ascraeus, que fueron fotografiados por primera vez por el Mariner 9.
En Marte se distinguen tres provincias volcánicas, que se encuentran concentradas en la región ecuatorial: las mesetas de Tharsis y Elisium y la cuenca de Hellas.
Cañones y canales
Uno de los hechos más importantes descubiertos a partir de las fotos
tomadas por el Mariner 9 fue, por una parte, comprobar la aridez y sequedad
del clima marciano y, por otra, descubrir estructuras similares a lechos de
ríos secos erosionados por el agua. Además de canales estrechos
y largos, con sus afluentes y algunos con típicas estructuras terminales
de delta, el Mariner fotografió también anchos y profundos cañones
similares, a los existentes en la Tierra, como en Cañón del
Colorado, posiblemente como resultado de movimientos tectónicos, lo
cual echo por tierra la idea de un Marte geológicamente inactivo.
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Estas estructuras no tienen nada que ver con los canales de Schiaparelli, ya que sus dimensiones son tales que resulta imposible verlos desde la Tierra, ni empleando los telescopios más potentes.
Los cañones, o grandes canales de desagüe, discurren desde el hemisferio sur hacia el hemisferio norte más bajo. Se baraja la hipótesis de que se han podido formar durante el primer tercio de la vida del planeta (hace 3.000 millones de años) por el repentino derrumbamiento de la superficie y posterior inundación con agua, cuando se fundió el hielo del subsuelo por efecto de un cambio climático extenso o por la actividad volcánica. El más impresionante de estos cañones es el Valles Marinieris, que se extiende en el hemisferio sur casi paralelo al ecuador, y ocupa más de un cuarto de circunferencia. Tiene un longitud aproximada de más de 1500 km, y su anchura alcanza en algunos puntos hasta 700 km y entre 2 y 7 km de profundidad.
Los canales pequeños discurren de manera sinuosa, describiendo meandros, y a veces parecen tener su origen en un cráter de impacto. Recibían caudal de numerosos afluentes. Por observación de los cráteres de impactos que posteriormente a su formación alteraron su fisionomía se estima que se tiene una antigüedad de entre 1500 y 3000 millones de años, son por tanto posteriores a la mayoría de los cráteres, pero sin embargo son más antiguos que la mayor parte de los volcanes.
Las dunas
La superficie de Marte, al igual que la de la Luna, está cubierta por
una gruesa capa de polvo, resultado de la erosión. El viento transporta
la arena de unos lugares a otros formando en algunos lugares extensos campos
de dunas, similares a los existentes en los desiertos terrestres. El más
importante de los fotografiados está situado en la región de
Hellespontus y ocupa una extensión de 1.600 km2. Dar una explicación
a la existencia de dunas en Marte resulta una cuestión problemática,
ya que la baja densidad de la atmósfera marciana únicamente
permite que el viento transporte partículas de polvo. La dinámica
de formación de dunas requiere que los granos que se vayan a sedimentar
reboten contra el suelo, algo que no hacen partículas tan pequeñas,
por lo que se ha propuesto que el hielo podría actuar como agente cementante
del polvo, generando partículas del tamaño de un grano de arena.
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Uno de los grandes misterios de Marte sigue siendo la existencia o no de agua. Las fotografías enviadas desde el espacio por el "Mariner" y por el "Viking", muestran configuraciones geológicas que podrían indicar la acción del agua durante los milenios transcurridos. Estos y otros descubrimientos han inducido a los científicos a pensar que Marte debe haber sufrido, durante los miles de siglos pasados, muchos y repentinos cambios climáticos.
El famoso escritor y astrónomo americano Carl Sagan, elaboró a este propósito una teoría, basada en el convencimiento de que pequeñas variaciones orbitales en la posición del planeta respecto al Sol provocan grandes variaciones climáticas. Sagan pensó que cada algunos miles de años, una pequeña variación en el eje de rotación de Marte, provoca la evaporación de parte de los casquetes polares. La atmósfera marciana se hace más densa, y el CO2 atmosférico provoca un efecto invernadero, con lo que la temperatura sube más y más, hasta que total fusión de los casquetes incrementan la temperatura marciana induciendo la fusión del permafost del subsuelo. Con ello el agua vuelve a la superficie de Marte, la atmósfera se hace más densa y el planeta muerto está nuevamente en condiciones de albergar vida.
