ANTECEDENTES HISTORICOS

A lo largo de la vida conocida del ser humano sobre la faz de la Tierra ha mantenido contacto con dioses, que lo guían en las acciones que ha de tomar, lo llevan por el buen camino, le enseñan técnicas y artes, lo impulsan a viajar por lugares desconocidos en busca de la tierra que les han prometido, seres angelicales que descienden sobre nubes o carros de fuego, visiones majestuosas de la gloria de Dios, son muchos los casos y acontecimientos que hacen pensar a los ufólogos que lo que ocurrió en los tiempos remotos es lo que en estos tiempos más se desea: establecer un contacto con los seres del espacio. Tal pareciera que este contacto se dió de una manera franca y abierta, solo que nuestros antepasados al estar en la más completa ignorancia sobre los viajes por el espacio, o simplemente por sobre la atmósfera terrestre, al no tener conocimiento de causa, confundieron a aquellos seres con dioses que los trataban de proteger.

La Biblia es el mejor ejemplo que nos ilustra como Dios y sus ángeles guían al pueblo hebreo a sobresalir de todos sus males, como los llevan en un principio de tierras babilónicas a Palestina, como los sacan de Egipto de regreso a Canaán (Palestina), como pelean con ellos en cada batalla, entre muchas cosas más las cuales dan la idea clara de que algo extraño sucedió.

Andreas Faber Kaizer, en el año de 1991 publicó un documento en el cual ofrece datos históricos sobre la aparición de objetos volantes en los tiempos remotos, aquí un extracto obtenido a través de ínternet:

“[...] En el Popol Vuh, el Libro del Consejo de los indios quichés, de la gran familia maya, se dice: «Y los maestros gigantes hablaron, así como los Dominadores, los Poderosos del Cielo: «Es tiempo de concentrarse de nuevo sobre los signos de nuestro hombre construído, de nuestro hombre formado, como nuestro sostén, nuestro nutridor, nuestro invocador, nuestro conmemorador. Haced pues que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos conmemorados, por el hombre construido, el hombre formado, el hombre maniquí, el hombre moldeado.»

Algo similar recoge la Epopeya de la Creación, cuando pone en boca del dios creador y solar babilonio Marduk las siguientes palabras: «Produciré un sumiso primitivo; “Hombre” será su nombre. Crearé un obrero primitivo. En él recaerá el servicio de los dioses, para que ellos puedan descansar tranquilos.»

El volumen II de la Introducción a la Ciencia Espacial, publicado por la Academia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, incluye un capítulo de estudio de los OVNIs. Se afirma allí literalmente que «los OVNIs son objetos materiales que están, o bién pilotados, o controlados por control remoto por seres que son de fuera de este planeta». Y también se afirma que «las visiones OVNI parecen extenderse a lo largo ya de 47.000 años».

 

El testimonio acaso más antiguo que relaciona, a los supuestos dioses con los objetos volantes no identificados, sea el que transmiten los aborígenes de los montes Kimberley, en el noroeste de Australia. Cuentan que en tiempos remotos sus dioses trazaron sobre las rocas unos dibujos antropomorfos de notable tamaño, los wandjinas, con rostros carentes de boca y rodeadas sus cabezas por uno o dos semicírculos en forma de herradura, con finas líneas que irradia el círculo exterior. Después de ello y de instruir a los nativos, los wandjinas o dioses se transformaron en serpientes míticas y se refugiaron en charcos cercanos. Cuentan los nativos que de vez en cuando se les puede ver de noche en forma de luces que se mueven a gran altura.

A gran altura debió moverse también un desconocido aparato volador, inteligentemente guiado, hace ahora unos 11.000 años. Así se desprende de los datos recogidos en los mapas de Piri Reis, que se conservan en el museo Topkapi de Istanbul. Fueron trazados en 1513 por el almirante de las flotas turcas Piri Reis, y muestran fielmente los accidentes geográficos de las costas americanas, incluyendo los de la Antártida. Con la notable peculiaridad de que en ellos el extremo Sur de la Tierra de Fuego enlaza por medio de la estrecha lengua de tierra con la Antártida, allí en donde hoy en día las aguas del estrecho de Drake enlazan entre sí a los océanos Atlántico y Pacífico. Cotejados los mapas con las fotografía infrarrojas aéreas que reflejaban el perfil submarino, se llegó a la conclusión de que realmente había existido este puente de tierra entre el continente sudamericano y la Antártida a finales de la última glaciación; o sea, hace ahora unos 11.000 años. Piri Reis había reseñado en sus mapas con asombrosa exactitud costas, islas, bahías y montañas que en parte hoy ya no son visibles, sino que están cubiertas por una considerable capa de hielo. El propio almirante Piri Reis indicó, en los textos explicativos de sus mapas, que para su confección se había servido de otros mapas anteriores, entre ellos uno requisado a un marino que había formado parte de las tripulaciones de Cristóbal Colón, y que fue capturado en aguas peninsulares ibéricas. Debemos concluir que alguien trazó con perfección la orografía terrestre de aquella zona del globo hace 11.000 años. ¿Quién fue? El cartógrafo americano Arlington H. Mallery afirmó en su día que no podemos imaginarnos como se trazó un mapa tan preciso sin el concurso de la aviación.

En la India, podemos leer en la gran epopeya sánscrita del Mahabharata que precisamente Maia, el constructor, el ingeniero y arquitecto de los asuras, diseñó y construyó un gran habitáculo de metal, que fue trasladado al cielo. Era solamente uno de muchos habitáculos similares. Cada una de las divinidades Indra, Yama, Varuna, Kuvera y Brahma, disponía de uno de estos aparatos metálicos y voladores. El gran sabio de la antigua tradición, Narada, explica que la ciudad volante de Indra se hallaba ininterrumpidamente en el espacio. Estaba rodeada de una pared blanca, que producía destellos de luz cuando el vehículo se desplazaba por el firmamento.

Otros aparatos automáticos se desplazaban libremente bajo agua y en las profundidades de los océanos de una forma similar a los modernos submarinos. El texto sánscrito del Mahabharata se refiere normalmente a los aparatos volantes con el nombre de «vimanas».

Pero habla también de grandes ciudades o colonias espaciales, de grandes ciudades submarinas, y de ciudades subterráneas. Arjuna, una de la divinidades, disponía de un indestructible vehículo volador anfibio, pilotado por su ayudante Matali. Todas estas construcciones y aparatos voladores, submarinos y subterráneos, están descritos en la epopeya del Mahabharata con gran lujo de detalles, con detalle de sus medidas y descripción de sus características. También Valmiki, el autor de la otra gran epopeya hindú, el Ramayana, nos habla con absoluta naturalidad de los vehículos que, a voluntad de su piloto, volaban libremente por el aire. También eran metálicos y brillaban en el cielo.

Leemos en los textos bíblicos cómo el profeta Ezequiel nos narra su encuentro con un vehículo volante, que se le acercó tanto, junto al río Quebar, en la inmediaciones de Babilonia, que incluso vió a uno de sus tripulantes, el cual le habló a él personalmente. Esta visión que Ezequiel tuvo, y que está descrita con lujo de detalles en los textos bíblicos, fue detenidamente analizada por el ingeniero de la agencia espacial norteamericana (NASA) Josef Blumrich, quién concluyó que lo que vió el profeta fue efectivamente y sin ningún género de dudas una nave volante. Tanto es así, que dicho ingeniero, director de la Oficina de Construcción de Proyectos de la NASA, rediseñó el aparato descrito por Ezequiel y patentó algunos de sus elementos. También en la Biblia, la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra refleja con precisión los efectos de una explosión atómica, anunciada a Lot por dos emisarios que bajan de las alturas y comen alimentos en casa de su anfitrión. Finalmente, en muchos pasajes de los textos bíblicos, comenzando por el libro del éxodo, se describen con detalle nubes inteligentemente guiadas. En el caso del libro citado, una de estas nubes, luminosa de noche y en forma de columna de humo de día, guía al pueblo de Israel en su huída de Egipto. Esta nube indica el camino a seguir, proporciona alimento, e incluso desciende hasta el suelo para que sus tripulantes (en este caso el mismo Yahveh) pueda dar órdenes verbales al caudillo de los hijos de Israel, Moisés.

La estrella de Belén, cuya aparición está tan íntimamente ligada al fenómeno Jesús, es como se puede repasar en los Evangelios una «estrella» que se mueve y que, además, tiene la facultad de detenerse. No es extraño que una estrella esté aparentemente «parada» en el firmamento, como parece que lo están todas las que vemos normalmente, ni tampoco que una estrella se mueva, como es el caso de las estrellas fugaces o de los cometas. Lo que sí se sale realmente de lo usual es que haga ambas cosas: moverse y pararse. Y que, además, demuestre ser inteligente: «Salieron, y la estrella que habían visto en Oriente», podemos leer en los Evangelios, «iba delante de ellos hasta que se detuvo encima de donde se hallaba el niño.» Se le ha querido dar una explicación astronómica a este fenómeno de la llamada estrella de Belén, aduciendo que se habría tratado de la conjunción, tercera conjunción por aquellas fechas, de los planetas Júpiter y Saturno. En dicha conjunción los citados planetas se juntaron ópticamente en dirección Sur de tal manera que los magos de Oriente, en la ruta que seguían de Jerusalén a Belén, siempre tenían a estos dos planetas que formaban una sola estrella, delante de ellos. La estrella iba efectivamente, como dicen los Evangelios, precediéndoles. Hasta aquí, todo correcto. Pero si hubieran caminado siempre en la dirección que les indicaba esta conjunción de Júpiter y Saturno, y dado que se trataba de un fenómeno extraatmosférico que por lo tanto, por mucho que avanzasen los magos, siempre habría estado situado por delante de ellos, a donde habrían llegado es a las aguas litorales del mar Rojo.

Pero no: se detienen a 7 km escasos de Jerusalén. ¿Por qué? Porque no iban en pos de la conjunción Júpiter-Saturno, sino de un objeto brillante que finalmente se detuvo a baja altura encima del lugar encima del lugar en el que se hallaba el niño: Jesús. Un objeto volador que se movía inteligentemente dentro de nuestra atmósfera.

Los antiguos habitantes de China se autodenominaban «hijos del cielo». Y su literatura clásica proporciona una abundante selección de observaciones de objetos volantes desconocidos, con especificación muy concreta del momento histórico en que apareció cada uno de ellos. Una de las referencias más antiguas que podemos hallar figura en la obra Ciencia Natural, que en el capítulo X reza: «Bajo el reinado de Xi Ji», hace aproximadamente 4.000 años, «fueron vistos dos soles en la ribera del río Feichang, uno de los cuales subía por el este, mientras que el otro bajaba por el oeste. Ambos producían un ruido como el trueno.» En época mucho más reciente, el escritor Wang Jia, que vivió bajo la dinastía de los Tshin, relata en su libro Reencuentro una historia acaecida en el siglo IV antes de JC: «Durante los 30 años del reinado del emperador Yao, una inmensa nave flotaba por encima de las olas del mar del Oeste. Sobre esta nave, una potente luz se encendía de noche y se apagaba de día. Una vez cada 12 años, la nave daba una vuelta por el espacio. Por esto se la denominaba Nave de Luna o Nave de las Estrellas». En su obra “Observaciones del cielo”, otro historiador, que vivió entre los años 960 y 1279 nos da una imagen todavía más clara de esta nave del cielo, afirmando de ella: «Había una gran nave voladora expuesta en el palacio de la Virtud bajo la dinastía de los Tang. Medía más de 50 pies de largo, y resonaba como el hierro y el cobre, resistiendo perfectamente a la corrosión; se elevaba en el cielo para retronar después, y así continuamente.»

Por su parte, el historiador Zhang Zuo, autor de la “Historia del poder y de la oposición”, escribe también que «el 29 de mayo del año 2 bajo el reinado del emperador Kai Yuan, durante la noche, apareció una gran estrella móvil, del tamaño de una cuba, que volaba en el cielo del Norte, acompañada de otras estrellas más pequeñas; esto duró hasta el amanecer». Otro texto, el “Nuevo Libro de los Tang”, reza en su capítulo XXII, dedicado a la Astronomía: «El año 2 bajo el reinado del emperador Quian-fu, dos estrellas, una roja y la otra blanca, que medían como os veces la cabeza de un hombre, se dirigieron una junto a la otra al Sudeste. Una vez paradas en el suelo, aumentaron lentamente de tamaño y lanzaron luces violentas. Al año siguiente, una estrella móvil brilló de día como una gran antorcha. tenía el tamaño de una cabeza. Habiendo llegado del noreste, sobrevoló dulcemente la región, para desaparecer finalmente en dirección noroeste.» En otro pasaje de este mismo libro podemos leer: «En marzo del año 2, bajo el reinado del emperador Tian Yu, cierta noche una gran estrella surgió de la bóveda del cielo. Era cinco veces más grande que un celemí y volaba en dirección del noroeste. Descendió hasta treinta metros del suelo. Su parte superior lanzó luces de fuego de color rojo anaranjado. Sus luces llegaban a más de cinco metros. Se desplazaba como una serpiente, rodeada de numerosas estrellas pequeñas que desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Se vió una especie de vapor que subía muy alto hacia el cielo.» Esta es solamente una brevísima selección de cuanto puede leerse en los textos clásicos chinos acerca de los ovnis.

Autores como Plinio el Viejo, Plutarco, Dio Cassio, Séneca, Cicerón o Julio Obsequens fueron en mayor o menor grado conscientes de que los dioses estaban guiando a los hombres sobre la Tierra. Sin ir más lejos, en el libro octavo de la Eneida, Virgilio habla de «ruedas que transportaban rápidamente a los dioses». En el Prodigiorum Liber (el Libro de los prodigios), el historiador Julio Obsequens recoge textos originales de Cicerón, Tito Livio, Séneca y otros. Podemos leer allí: «Siendo cónsules Cayo Mario y Lucio Valerio, se pudieron ver en diversos lugares de Tarquinia un objeto que semejaba una antorcha encendida que súbitamente cayó del cielo. Hacia el anochecer se vió un objeto volador circular, parecido en su forma a un "clypeus" (el escudo redondo empleado por los legionarios romanos) llameante, que cruzaba el cielo del Oeste hacia el Este.»

También podemos leer allí que «en el territorio de Spoleto, en la Umbría, una esfera de fuego, de color dorado, cayó a tierra dando vueltas. después parecía que aumentase de tamaño, se elevó del suelo, y ascendió hacia el cielo, en donde oscureció al disco del sol con su claridad cegadora. Después desapareció en dirección al cuadrante este del cielo.» Tito Livio también informa por su parte: «Naves fantasma han sido vistas brillando en el cielo. Mientras que en el distrito de Amiterno aparecieron en muchos lugares hombres con vestidos destellantes, de lejos y sin acercarse a nadie.» Son solamente unos botones de muestra de la abundante literatura clásica que refiere este tipo de avistamientos.

Una ocasión importante en que manifestaciones concretas del cielo ayudaron a los cristianos, se dió en plena campaña exterminadora de Carlomagno contra los paganos sajones. Así lo explica claramente el monje Lorenzo, en sus Annales Laurissenses. Explica en esta obra histórica cómo los sajones se habían rebelado contra las tropas de los francos, y avanzaban hacia el castillo de Sigisburg para conquistarlo. La oposición de los francos fue dura, motivo por el cual los sajones no pudieron culminar su gesta. Y leemos literalmente en la obra citada: «Entonces, cuando los sajones advirtieron que las cosas no iban a su favor, comenzaron a construir andamios desde los cuales pudiesen saltar valientemente al castillo mismo. Pero Dios es tan bueno como justo. Superó su valor, y el mismo día en que prepararon el asalto contra los cristianosque vivían dentro del castillo, la gloria de Dios apareció en manifestación encima de la iglesia en el interior del castillo. Los que lo observaron, muchos de los cuales aún viven hoy en día, dijeron que tenían el aspecto de dos grandes escudos de color rojo llameante, y que se movían por encima de la iglesia. Y cuando los paganos que estaban afuera vieron este signo, cayeron seguidamente en la confusión y quedaron aterrorizados por el pánico, huyendo precipitadamente.» Como consecuencia de la intervención de este poder aéreo, los sajones se rindieron y decidieron en juramento solemne su conversión al cristianismo. Por lo tanto, acatar las leyes de Carlomagno.

De Europa nos vamos a tierras norteamericanas. Porque si Yahveh hizo caminar a Moisés con sus seguidores por el desierto durante cuarenta años, el dios de los aztecas obligó a éstos a una caminata de casi 3.000 km, antes de que hallasen en una pequeña isla en medio del lago Texcoco, al águila de su profecía devorando a una serpiente. Era el símbolo que les indicaba que aquella era su tierra de promisión.

Los paralelismos entre el éxodo del pueblo de Israel y el éxodo del pueblo azteca comienzan con la personalidad misma de los dos protagonistas, Yahveh y Huitzilopochtli. Ambos querían ser considerados como protectores e incluso como padres, pero eran tremendamente exigentes, implacables en sus frecuentes castigos, y muy irritables. Ambos les indicaron a sus pueblos elegidos que abandonasen la tierra que habitaban. Ambos acompañaron personalmente a sus protegidos a lo largo de todo el peregrinaje. Yahveh lo hizo como ya vimos en forma de una curiosa nube o coluna de fuego y de humo que les procuraba luz de noche y sombra de día, o les señalaba el camino que debían tomar. Huitzilopochtli, a su vez, acompañaba a los aztecas en forma de un gran pájaro. La tradición afirma que fue un águila o una grulla blanca, que les iba indicando la dirección en la cual debían caminar desde las tierras de Arizona y de Utah hasta el emplazamiento de la actual capital de México. Pero lo más curioso es que los dos pueblos, israelitas y aztecas, transportaban una especie de caja sagrada que para ellos tenía una gran importancia y que servía para comunicarse directamente con la divinidad. Los israelitas llevaban la famosa Arca de la Alianza, y los aztecas llevaban un cofre, tal y como nos lo cuenta fray Diego Durán, historiador contemporáneo de la conquista: «Cuando llegaban a un lugar para quedarse en él durante algún tiempo, lo primero que hacían era construir un templo que servía para alojar el cofre en que llevaban a su dios.»

Si Carlomagno fue ayudado por unos escudos volantes y los aztecas, procedentes de Arizona, contaron con el apoyo de una inteligencia que dominaba el vuelo, ambas circunstancias se repiten en la historia de los indios hopi, establecidos en la actual Arizona. Según explica su jefe White Bear, contaban sus antepasados que sus abuelos habitaban unas tierras situadas al oeste, o sea en algún punto del océano Pacífico. Al hundirse estas tierras, unos seres descendidos de las alturas, los katchinas, les ayudaron a trasladarse al continente americano, en parte sirviéndose de escudos volantes. Estos seres sabían además tallar grandes bloques de piedra, dominaban el transporte aéreo de estos bloques, y eran diestros en la construcción de instalaciones subterráneas. Algo muy parecido a lo que nos narran según vimos los antiguos textos sánscritos.

Alguna inteligencia seguía sobrevolando a los humanos en tierras americanas siglos más tarde. Así, Bernal Díaz del Castillo, cronista de Hernán Cortés, escribe en su “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”: «Dijeron los indios mexicanos que vieron una señal en el cielo que era como verde y colorada y redonda como rueda de carreta y que junto a la señal venía otra raya y camino de hacia donde sale el sol y se venía a juntar con la raya colorada». Y, un poco más adelante: «Lo que yo vi y todos cuantos quisieron ver, en el año 27» -1527- «estaba una señal del cielo de noche a manera de espada larga, como entre la provincia de Pánuco y la ciudad de Tezcuco, y no se mudaba del cielo, a una parte ni a otra, en más de veinte días.»

Son, una vez más, solamente dos pinceladas de los mucho objetos volantes no identificados que, en este caso, refieren las crónicas de la conquista de América. La brevedad de un artículo no da para más.En el tintero se han quedado centenares de casos ovni en la antigüedad, en la edad Media y en tiempos más recientes, hasta llegar a aquéllos vistos por Kenneth Arnold en 1947.

Para enumerar solamente a algunos de los más importantes, falta hablar de los objetos Tutmosis III el Grande, por Alejandro Magno y por Timoleón (ambos en el s. IV a.JC), por Cayo Julio César y por Pompeyo (s. I a JC), y por Constantino el Grande (s. III). También la espada volante vista sobre Jerusalén en el s. I y citada por Flavio Josefo. Ni hay que olvidar el cuadro La Madonna de san Jiovannino de la escuela de Filippo Lippi (s. XV), en que junto a la Virgen aparece en el cielo un ovni, ni el ovni citado en los anales de la Inquisición, y que transportó al Dr. Torralba en viaje de ida y vuelta de Valladolid a Roma en 1527.

Deben recordarse igualmente los fenómenos ovni citados por Pedro de Valdivia y por el cronista Pedro Cieza de León (s. XVI), y por Fray Junípero Serra (s. XVIII). No deben omitirse los cilindros volantes vistos sobre Nuremberg en el s. XVI, la viga aérea vista por Benvenuto Cellini, los globos ígneos que sobrevolaron Basilea también en el s. XVI, la columna brillante que se presentó la víspera de la batalla de Lepanto, una vez más en el s. XVI, los ovnis que evolucionaron sobre Cataluña en 1604, recogidos en el Diari de Jeroni Pujades, iguales chismes volantes vistos sobre el mediodía de Francia en 1621, la hostia volante que sobrevoló Braga en 1640, la bola volante que sobrevoló Robozero, en Rusia, en 1663, y finalmente los 446 ovnis reportados por el director del observatorio mexicano de Zacatecas, en 1883. En absoluto puede afirmarse, a la vista de este repertorio, que los ovnis son una invención o un fenómeno característico de nuestro siglo XX.

Todo lo aqui expuesto es solo un poco del gran acerbo que existe referente a la explicación de que los ovnis vistos sobrevolar nuestra atmósfera provienen del espacio, ya sea por su tecnología, su capacidad de vuelo, el aparecer y desaparecer en fracciones de segundo, el permanecer estáticos en el cielo, el camuflajearse en nubes, iluminar ciudades enteras, todos estos factores nos llevan a pensar que una inteligencia superior que no habita este planeta es la causante de todos estos acontecimientos que tanta expectación causan y para la cual los antiguos humanos determinaron que eran sus dioses.

OVNIs en la historia


Desde la aceptación del fenómeno OVNI, muchos han sido los investigadores que se han sumergido en los textos históricos y religiosos en búsqueda de rastros de anteriores apariciones de OVNIs. Como resultado de ello se han producido multitud de libros, algunos de ellos con títulos tan curiosos como "La Biblia y los platillos", "Dios viaja en platillos", o "Los OVNIs en la historia"".

Queda claro que si en la actualidad, con multitud de Centros Privados de Investigación del Fenómeno Ovni, múltiples testimonios brindados por personas de diferentes latitudes y hasta gobiernos interesados en el tema, resulta imposible aseverar con rigor científico la existencia de los OVNIs y de seres extraterrestres, las conclusiones obtenidas a través de los diversos estudios practicados sobre testimonios históricos revisten el carácter de meras especulaciones. Uno de los testimonios mas cercanos en el tiempo data del siglo XIX y se trata de una caso que, actualmente, hubiera acaparado la primera plana de todos los periódicos. El 19 de abril de 1897, hacia las 22:30 horas, el campesino de Kansas, Alexander Hamilton, fue despertado por un ruido procedente del corral donde guardaba sus animales. Decidió verificar que sucedía, y, al mirar hacia el exterior, ante su estupor, y según declaraciones publicadas en los diarios de la época, "observó que una aeronave descendía lentamente entre sus animales...", a una distancia aproximada de la casa de unos 200 metros. Luego de un primer momento, decidió llamar a su hijo y a uno de los peones, dirigiéndose los tres hacia la nave, armados de hachas. Para ese entonces, la aeronave flotaba suspendida en el aire, a una cierta distancia del suelo. Hamilton manifestó en declaración jurada, que tenía forma de cigarro, calculando su longitud entre 80 y 90 metros. observándose debajo de la misma una halo transparente, de gran luminosidad. Afirma, asimismo, que dentro de la aeronave viajaban media docena de seres extraños, que dirigieron hacia él un haz de luz. A los pocos momentos y según palabras de Hamilton, se escuchó un zumbido, y la nave se puso en movimiento. Al elevarse, los asombrados testigos pudieron apercibirse de que de una especie de lazo. colgaba una de las vacas del corral, la cual apareció luego en el predio de un vecino. Mejor dicho, aparecieron sus despojos: cabeza, patas y cuero.
El periódico Colony Free Press, de Kansas, aseveraba al relatar el hecho: "no se trata de una aeronave de este mundo. Creemos que se halla bajo control de científicos marcianos..." Es decir, en el siglo XIX se hablaba ya de seres extraterrestres, mas concretamente de marcianos.


Ya en 1976 el astrónomo inglés Edmund Halley era informado por un matemático italiano de la observación de un objeto de tamaño inusual, que había cruzado toda la península a una altura superior a los 60.000 metros, a una velocidad calculada en 15.360 kilómetros por hora. Al año siguiente, el mismo Halley tendría la oportunidad de observar "una gran luz celeste a muchas millas de altitud, visible en todo el sur de Inglaterra." También observaría, ya en 1716, la evoluciones de un OVNI, cuyo resplandor le permitiría leer sin esfuerzo alguno durante la noche.
Según el libro de navegación de Cristóbal Colón, hacia las 22 horas del 11 de Octubre de 1942, tanto él como otro tripulante de su carabela, pudieron divisar "una luz trémula a gran distancia", la cual se desvanecía y volvía a aparecer reiteradamente.
Si bien es cierto que muchos de estos fenómenos podrían merecer explicaciones que entrarían dentro del campo de la meteorología, existen otros muchos que saldría airosos de cualquier examen científico y que entran dentro de los misterios, aún sin resolver en nuestros días.
Ya en los tiempos de Carlomagno, existen constancias de presuntos contactos con seres extraterrestres. Según Brinsley le Poer Trench en "The Flying Saucer Story", un grupo de terrestres fue llevado por tripulantes de una aeronave para mostrarles como vivían los seres del espacio. Al regresar a la Tierra, como consecuencia del relato de su experiencia, fueron tomados por el populacho como <brujos>, siendo torturados e incluso, alguno de ellos, muertos.
Retrotrayéndonos aún mas en el tiempo y examinando los textos sánscritos, encontramos las referencias a los "vim anas", divinidades guerreras que surcaban el cielo en aeronaves, portando aterradoras armas.


En el "Drona Parva", antiquísimo texto sánscrito, traducido al inglés en el año 1889 por Protap Chandra Roy, puede leerse: "Salió disparado un proyectil brillante, poseído del resplandor de un fuego sin humo, y las huestes enemigas quedaron rodeadas por una densa oscuridad: por todas partes se hizo la oscuridad. Soplaban vientos terribles y las nubes se elevaban, rojas como la sangre: los mismos elementos mostraban su confusión. Giraba el Sol, y el mundo, achicharrado por el calor de aquella arma, parecía presa de una fiebre. Los elefantes huían despavoridos, buscando refugio. Las criaturas acuáticas se abrazaban y el enemigo caían como árboles derribados por un voraz incendio... Corceles y carros, destruídos por la energía de aquella arma, semejaban tocones sumidos por la conflagración del bosque. Por todas partes se derrumbaban carros a millares. Y entonces, la oscuridad se abatió sobre el ejército..."
Los manuscritos antiguos mencionan también a la "Saeta de Indra", poderosa arma accionada por lo que hoy sería descrito como mecanismo de reflexión circular-
Con los conocimientos actuales, no resulta en absoluto difícil asimilar esas descripciones a las modernas bombas atómicas o al rayo láser. Pero... ¿quiénes poseían entonces el conocimiento suficiente para su utilización?
Sobre los múltiples testimonios que contienen los textos sánscritos, el catedrático Maharishi Bharadwaja, ha realizado una versión inglesa editada por la Academia Internacional de Estudios Sánscritos de Mysore, India, que posee el sugerente título de "Aeronáutica: un manuscrito prehistórico".

Pero en realidad, siempre bajo nuestra ideología, Secreto Ovni propone a los grandes historiadores de las dos Historias de la Humanidad, que unifiquen sus conceptos y traten de fundir esa bifurcación de la historia, ya que la Historia de la Humanidad ES UNA SOLA...