EL ASEDIO AL ALCÁZAR DE TOLEDO

 

   Franco estaba ocupado con la necesidad de tomar una decisión trascendental en cuanto a la ruta que debía seguir el Ejercito de África, tras haber conquistado la parte occidental de Andalucía  y Extremadura.

   El 21 de septiembre de 1936, sus columnas habían llegado hasta Maqueda, un importante cruce de vías, donde la carretera del sur se dividía para ir hacia el norte, a Madrid o al este, a Toledo. Las columnas podían, pues, dirigirse hacia Madrid o desviarse en dirección a Toledo para socorrer a la guarnición nacionalista que se encontraba sitiada por las milicias republicanas. Los mil guardias civiles y falangistas encerrados en el Alcázar en los primeros días del alzamiento habían llevado con ellos como rehenes a numerosas mujeres y niños, familiares de izquierdistas conocidos. Los milicianos habían malgastado enormes cantidades de tiempo, energía y munición en el intento de capturar una fortaleza sin ninguna importancia estratégica. La resistencia de la guarnición sitiada se había convertido así en el gran símbolo del heroísmo nacionalista. Por supuesto, la existencia de los rehenes y su posterior desaparición fueron totalmente olvidadas. A lo largo de la guerra, y más tarde, durante muchos años, se aceptó la historia de su asedio en la versión difundida tanto por los simpatizantes españoles como ingleses de la causa nacionalista. Se afirmaba que el 23 de julio, el jefe de las milicias  republicanas encargado del asedio había llamado por  teléfono al coronel Moscardó, comandante de la plaza para decirle que, si no se rendía, su hijo sería ejecutado.

   Se dice que Moscardó le pidió entonces a su hijo que encomendara su alma a Dios y que muriera valerosamente. Y supuestamente, Moscardó oyó  por teléfono el disparo que acabó con la vida de su hijo. Casi con toda seguridad la historia es apócrifa por varias razones. En realidad, el hijo de Moscardó murió el 23 de agosto, y no por la supuesta amenaza hecha a su padre, ya que fue ejecutado junto a otros presos como represalia por un bombardeo nacionalista. La leyenda propagada por los facciosos presenta una sospechosa semejanza con la leyenda de Guzmán el Bueno, que sacrificó valerosamente la vida de su hijo durante el sitio de Tarifa  por los árabes, en el siglo XIII.

   En realidad, este hecho le sirvió a Franco para reivindicar su derecho al poder total en la patria: Comandante Supremo del bando nacional en la guerra, Jefe del Estado, y presidente del Gobierno.

   El 26 de septiembre las tropas nacionalistas entraron en Toledo y pudieron liberar a sus camaradas sitiados. Siguió un baño de sangre para los republicanos. Franco paso así a simbolizar el esfuerzo bélico para los nacionalistas.

 

VEAMOS LA VERSIÓN FRANQUISTA, EN CÓMIC (TARDA UN POCO EN CARGARSE PERO MERECE LA PENA)

 

 

 

 

 

1

1