Juicios sobre la obra de Molina Campos

Juicio de Cesáreo Belnaldo Quirós

Molina Campos es el creador personalísimo de ese personaje que, derivando del gaucho legendario, y que tanta gloria le cupo como soldado de la Libertad y como montonero en las guerras intentinas, gasta sus últimas bizarrías dentro de su natural coraje, como hombre de "a caballo", domador si viene al caso, y siempre manejando el cuchillo, arma y utensillo sin rival en sus manos.
Molina Campos alcanzó las postrimerías de este curioso sujeto allá en su niñez, en las estancias de sus familiares, hecho él mismo, hombre de "a Caballo" , conocedor del campo y sus faenas, y muy especialmente, de las "pilchas" y el apero de un "montao". En esa comunión cotidiana, y conociendo el más allá del gaucho, del tape y del pulpero gringo, se encontró un día con la sorpresa de que aquel pasado y este presente, bullían en su espíritu, y así, sin propósito de trascendencia, sin   saber dónde iba, encontró su forma de narrar, de dar vida, a ese personaje de las soledades; romántico, raptor de mujeres, confiado siempre en su caballo y en su cuchillo.
Así, su lápiz y su pincel, fueron requeridos trazos que la imaginación opulenta, bizarra del artista, marcaba en el papel.
Solo, sin academias ni maestros, traduciéndo esa verdad que llevan los predestinados, fue contando, Molina Campos, todo lo que sabía y había percibido en el campo abierto, en el "rodeo", en las "Fiestas", en la "pulpería", en su propia guitarra y en ese enorme conocimientos de "pilchas" y sus nombres, y de pelos y marcas de "montados".
De ese medio, de ese rigor de la vida campera, del extraordinario desapego de ese hombre de campo, por el interés material de las cosas, fue plasmándose ese personaje suyo, el gaucho: el Gaucho de Molina Campos, jamás por él ridiculizado, pues nunca supuesto tal descortesía, puesto que, lo que podamos encontrarle de caricaturesco, no es sino un recurso del que , el artista, sin saberlo, echa mano para dar más fuerza, más vigor, al extraordinario carácter de su obra.

 

Juicio de Hugo Monzón

Florencio Molina Campos es un capítulo aparte en la historia de la plástica local, un capítulo asociado a la estampa popular de ribete caricaturesco y acento costumbrista que con el artista desborda los límites del género... Hay agudeza y penetrante observación en esas estampas que glosan aspectos de la vida en la llanura, fusionando cierta épica pampeana y el singular gracejo criollo, el ademán de un ritual cotidiano o el estatismo concentrado, silenciosos como la horizontalidad del campo. El gaucho, el paisano, está construido desde sus botas o alpargatas, hasta el apero, descriptos sus adornos y detalles con minucia miniaturista, introducido en un esquema personal que deforma rasgos hasta lo grotesco, sin desvincularse de la fisonomía campesina. Es espectáculo - gaucho para exportación - pero nunca más que eso: documento, historia, una literatura autóctona calificada gráfica y pictóricamente y cierto engranaje sutil aún en las más gruesas descripciones.
Molina Campos confería un tratamiento a la figura, vigorosamente estilizada, y otro al paisaje, generosamente pictórico y elocuente, lírico y expresivo en su dimensión..."

 

Juicio de Alberto Rossi

"Escribir sobre la obra de Molina Campos, es algo superior a mis posibilidades, si sólo pudiese escribirse con el corazón, ya lo creo que lo haría; pero, como además de esto, hay que ajustarse a las reglas de gramática castellana, me sería imposible.
Italiano de origen, pues nací en la docta Bologna, llegue con mi padre a la Argentina, a los ocho años. Nunca pense que haría de esta tierra, la mía, y por esto y por consecutivos viajes a Europa no me adentré en su idioma.
Pero, dejando mi modestia a un lado, creo que, podría definir la obra de este artista; la originalidad indiscutible de su estilo, no imitada ni superada; su humorismo jamás rayano en el ridículo; la autenticidad y el sabor criollo de sus escenas gauchescas y la entonación sutil y armoniosa de sus paisajes pampeanos... son únicos.
Y, respetando y admirando la obra de los grandes pintores clásicos y contemporáneos de este suelo argentino, puedo agregar que Florencio Molina Campos es, y será, el gran pintor de la pampa.

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