Carlos Bousoño se define como un poeta existencialista.
Compañeros
de viaje. La generación poética del medio
siglo cumple medio siglo de vida. De aquellos magníficos
y esenciales de la lírica -Jaime Gil de Biedma,
José Agustín Goytisolo, Carlos Barral,
Claudio Rodríguez, José Ángel Valente,
José M. Caballero Bonald, Carlos Bousoño,
Ángel González, Francisco Brines...- hoy
sólo pueden confesarse a medias con su medio
siglo los cuatro últimos. Con Carlos Bousoño
arrancamos estas conversaciones del medio siglo que
culminarán esta semana en Santander, donde leerán
poemas, repasarán el siglo y hablarán
de ellos mismos, es decir de la poesía en estado
puro.
-Usted
siempre se ha considerado de la primera generación
de posguerra es decir, la de la maestría
de José Hierro, Blas de Otero, la poesía
social.... ¿Cómo ha saltado al 50?
-Bueno,
las generaciones existen pero los estudios se han renovado
y ya no son tan rígidas las clasificaciones.
Si seguimos el criterio de Julián Marías,
yo sería el más joven de la llamada primera
generación de posguerra es decir, de aquellos
autores nacidos entre 1909 y 1923 puesto que nací
en el 23. Pero muchos de mis amigos son de la generación
siguiente es decir, del 50 y de hecho sólo
me separa un año de ellos. Por ello puede decirse
que soy de la generación del 50.
EL YO CONCRETO
-¿Qué
unió a los poetas: el simbolismo, Mallarmé,
Baudelaire, el existencialismo...?
-La
primera y segunda generación de posguerra parten
del yo concreto. Es decir, de «hacer algo»
concreto en una sociedad concreta. Aunque ya se sabe
que hablar de cosas concretas es ser realista. En la
generación de los cincuenta -es decir, según
los criterios generacionales, la de los autores nacidos
entre 1924 y 1938- habita una característica
por encima de las demás: un mayor cuidado de
la palabra. Y también hay realismo, poesía
social y tributo a la amistad y a la familia.
-¿Cómo
se podía «hacer algo» desde la lírica
en aquellos tiempos difíciles?
-Ese
«hacer algo» se podía experimentar
narrando y así apareció una poesía
narrativa.
-¿Toda
poesía de posguerra nace de un pensamiento único?
-Nace
de un pensamiento que consiste en proyectar la verdadera
realidad de ese momento histórico. Esa poesía
nació de una intuición del mundo. De la
intuición radical sobre lo que es el mundo y
la vida y lo que es diferente. La primera y segunda
generaciones de posguerra, después del 27, tienen
una similar visión del mundo: desde la historia
individual, «hacer algo» concreto en un
mundo concreto. Pero la segunda es una generación
que cuida mucho más el verbo. Yo me consideraría
el último representante de la generación
anterior, pero de hecho siempre he perseguido la unidad
de la palabra, por lo tanto estaría en la del
50. Estas cosas proyectan artificialidad, pero más
o menos son reales.
-¿Fue
simbolista el 50?
-Nos
influyó todo el momento del simbolismo pero en
realidad no pertenecíamos a la escuela simbolista.
Es una poesía realista, sólo que en algunos
poetas no se ha olvidado el legado de la escuela simbolista.
POESÍA PROTESTA
-¿Poesía
protesta?
-Era
una poesía que protestó contra la sociedad
dictatorial y en unos poetas más que en otros.
Existía una preocupación social pero con
el riesgo de que aquello pudiera derivar en panfleto.
Yo me aparté de ese ámbito. Siempre cuidé
mucho de que mi poesía no sobrepasara ese espacio.
Hacíamos unos poemas de tipo social para una
generación comprometida. Una poesía crítica
de la sociedad. Pero toda la gran poesía española
del siglo XX es de primer orden. Hay momentos gloriosos.
La gran poesía no se quedó, sólo,
en el 27; después llegó la generación
de posguerra de poesía social, encarnada en José
Hierro, Blas de Otero o la poesía social.
UN POETA EXISTENCIALISTA
-En
1967 publicó usted «Oda en la ceniza»,
donde transita de una poesía realista a otra
más simbólica y con la que obtuvo el premio
de la Crítica. ¿Por qué etapas
poéticas ha discurrido su vida?
-Un
momento poético dura alrededor de quince años
y a partir de ahí debe evolucionar. Yo he pasado
por varias generaciones. Empecé con el existencialismo
e hice poesía social antes de que pudiera llevarme
al derrumbadero total. (Nunca cayó en él
ni calló Bousoño)
©
Extraído
del diario español ABC