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Por Antonio Astorga

 

ENTREVISTA A CARLOS BOUSOÑO


Carlos Bousoño, poeta español del existencialismo, crítico y ensayista, es un autor que podría estar en dos generaciones: la primera de posguerra -por nacimiento- y la del 50 -por el cuidado de la palabra-. Pero él se incardina a esta última, una generación que arrancó desde «una intuición radical del mundo» y que protestó con sus versos contra la sociedad dictatorial que le tocó vivir. Pura metáfora del desafuero.


Carlos Bousoño se define como un poeta existencialista.

Compañeros de viaje. La generación poética del medio siglo cumple medio siglo de vida. De aquellos magníficos y esenciales de la lírica -Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Carlos Barral, Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, José M. Caballero Bonald, Carlos Bousoño, Ángel González, Francisco Brines...- hoy sólo pueden confesarse a medias con su medio siglo los cuatro últimos. Con Carlos Bousoño arrancamos estas conversaciones del medio siglo que culminarán esta semana en Santander, donde leerán poemas, repasarán el siglo y hablarán de ellos mismos, es decir de la poesía en estado puro.

-Usted siempre se ha considerado de la primera generación de posguerra —es decir, la de la maestría de José Hierro, Blas de Otero, la poesía social...—. ¿Cómo ha saltado al 50?

-Bueno, las generaciones existen pero los estudios se han renovado y ya no son tan rígidas las clasificaciones. Si seguimos el criterio de Julián Marías, yo sería el más joven de la llamada primera generación de posguerra —es decir, de aquellos autores nacidos entre 1909 y 1923— puesto que nací en el 23. Pero muchos de mis amigos son de la generación siguiente —es decir, del 50— y de hecho sólo me separa un año de ellos. Por ello puede decirse que soy de la generación del 50.


EL YO CONCRETO

-¿Qué unió a los poetas: el simbolismo, Mallarmé, Baudelaire, el existencialismo...?

-La primera y segunda generación de posguerra parten del yo concreto. Es decir, de «hacer algo» concreto en una sociedad concreta. Aunque ya se sabe que hablar de cosas concretas es ser realista. En la generación de los cincuenta -es decir, según los criterios generacionales, la de los autores nacidos entre 1924 y 1938- habita una característica por encima de las demás: un mayor cuidado de la palabra. Y también hay realismo, poesía social y tributo a la amistad y a la familia.

-¿Cómo se podía «hacer algo» desde la lírica en aquellos tiempos difíciles?

-Ese «hacer algo» se podía experimentar narrando y así apareció una poesía narrativa.

-¿Toda poesía de posguerra nace de un pensamiento único?

-Nace de un pensamiento que consiste en proyectar la verdadera realidad de ese momento histórico. Esa poesía nació de una intuición del mundo. De la intuición radical sobre lo que es el mundo y la vida y lo que es diferente. La primera y segunda generaciones de posguerra, después del 27, tienen una similar visión del mundo: desde la historia individual, «hacer algo» concreto en un mundo concreto. Pero la segunda es una generación que cuida mucho más el verbo. Yo me consideraría el último representante de la generación anterior, pero de hecho siempre he perseguido la unidad de la palabra, por lo tanto estaría en la del 50. Estas cosas proyectan artificialidad, pero más o menos son reales.

-¿Fue simbolista el 50?

-Nos influyó todo el momento del simbolismo pero en realidad no pertenecíamos a la escuela simbolista. Es una poesía realista, sólo que en algunos poetas no se ha olvidado el legado de la escuela simbolista.


POESÍA PROTESTA

-¿Poesía protesta?

-Era una poesía que protestó contra la sociedad dictatorial y en unos poetas más que en otros. Existía una preocupación social pero con el riesgo de que aquello pudiera derivar en panfleto. Yo me aparté de ese ámbito. Siempre cuidé mucho de que mi poesía no sobrepasara ese espacio. Hacíamos unos poemas de tipo social para una generación comprometida. Una poesía crítica de la sociedad. Pero toda la gran poesía española del siglo XX es de primer orden. Hay momentos gloriosos. La gran poesía no se quedó, sólo, en el 27; después llegó la generación de posguerra de poesía social, encarnada en José Hierro, Blas de Otero o la poesía social.


UN POETA EXISTENCIALISTA

-En 1967 publicó usted «Oda en la ceniza», donde transita de una poesía realista a otra más simbólica y con la que obtuvo el premio de la Crítica. ¿Por qué etapas poéticas ha discurrido su vida?

-Un momento poético dura alrededor de quince años y a partir de ahí debe evolucionar. Yo he pasado por varias generaciones. Empecé con el existencialismo e hice poesía social antes de que pudiera llevarme al derrumbadero total. (Nunca cayó en él ni calló Bousoño)

 


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Extraído del diario español ABC