RetrocederPágina PrincipalÍndice de AutoresColaboracionesÚltimos AutoresAutor al AzarAvanzar
DOLORES CASTRO

 

(México)

Su voz trabaja hacia abajo y en espiral, sin detenerse a divagar, sin entretenerse en sortilegios, ni en superficies. Voz de piedra que busca la piedra de donde han de surgir la chispa y el fuego. Palabra desnuda, que no acumula elementos sino que los concentra en busca de una imagen que contenga tanto a quien ve como lo que mira. Imagen que una vez construida actúa por gravedad y toca el fondo, y lo remueve con el pequeño impacto del reconocimiento.

 

SELECCIÓN DE POEMAS

 

POEMAS (CASI) INÉDITOS

A veces ya no cabe en lo posible
lo que sucede aquí.
En vez de pecho a pecho
por el amor fundidos
solo quebrantahuecos
encontramos
carroña devorada por carroña
ciegos que conducen a otros ciegos
al matadero
Y no es lo peor la muerte
que de morir, ¿quién habría de escapar?
Lo peor es esa torpe
y minuciosa forma
de quitar cada pétalo
al hálito de vida
y borrar la esperanza
¡Y borrar la esperanza!

--------------------------------------------------------------------------------

Fluir, volverse ajeno
sin arrojarse al mar de cada instante y poseerlo
en su profundidad.
Recostarse en el parpadeo
y para huir del horror,
no mirar.
Sólo el mar vuelve una y otra vez.
Fluir es no volverse,
no ser siquiera estatua de sal.
Fluir, volverse ajeno,
conocer la tierra de Irás
y no Volverás

--------------------------------------------------------------------------------

Ojos
de los animales,
pozos
en donde crece la noche
inundando el por qué de su vagar.
Párpados
que se cierran sobre sus ojos
poniendo un vado a la amenaza oscura.
Sueño de los animales
donde los ojos van cada vez más adentro
de lo desconocido.

--------------------------------------------------------------------------------

Este modo ondulante de ver a través de las lágrimas
cristales que se rompen
ahogo que se pierde en el fluir
y murmullo de voces interiores
que encienden y apagan
entre nudos de mudez la garganta.
¿Quién llora?
¿Quién no llora en este valle de lágrimas?
Empieza a llover:
tras la puerta entornada
no se puede evitar que sacuda el corazón
este aroma de tierra llovida.
Se adivina a lo lejos
el furor de las gotas
junto a la sed.
Con el aroma, por la puerta entornada
entra al jardín.
Mientras acecha mi sediento corazón.

--------------------------------------------------------------------------------

Los dones se derraman:
transparencia, caricia de oleajes.
Bajo los párpados
suavidades de pétalo nocturno;
De pronto
quiebra la luz la línea del horizonte
y es el aroma de la madreselva
sólo un recuerdo de la sombra.
Ya eres tú contra todo viento oscuro:
¡Detente, día!

--------------------------------------------------------------------------------

No hay hilo que conduzca a la salida
del laberinto.
Al compás de nuestros pasos
arrastramos
cadenas de necesidad.
¿Qué nos queda?
Volver sobre lo mismo,
en el profundo sueño
de hormigas aferradas
a la naranja
que se traslada y gira,
penetrar
al único hechizo de cada noche
y al prodigio de cada día,
despertar.

--------------------------------------------------------------------------------


Esto de separar los tiempos, las distancias
o dividirlos:
¿En dónde está la tarde?
Cielo lluvioso contemplado
desde el ablandamiento del alma,
desde el temblor del cuerpo que recibe
el peso doloroso
de la felicidad.
El brillo de las gotas de lluvia
no más intenso que las miradas
ni menos húmedo
ni mejor.
Aquella tarde no se encuentra
en el corazón,
sino en la hondura
más honda que la carne,
la distancia o el tiempo.
Tarde que nunca
anochecerá.

--------------------------------------------------------------------------------

Si se pudiera esta noche
con el aliento deshacer el frío,
a dentelladas romper el hielo:
Desterrar el invierno.
Si se pudiera
dentro y fuera de si vencer el caos,
encender la música
hasta incendiar el cielo
en un desesperado intento
de amar.

--------------------------------------------------------------------------------

Al pozo de la noche
le nace una estrella:
Alborozado por su cintilar
va por senda de sueños
todo el que repta o vibra,
camina o vuela.
Entre el cielo y la tierra
algo se ata.
Y la sombra más sombra
humilla la cabeza
ante la luz.

--------------------------------------------------------------------------------

 

QUE ES LO VIVIDO, 1980


IV

Es el mar
que regresa después de huir mil veces.
Son los días y su paso de langosta
que devora el silencio.
Es el mar y los días:
son las horas de paso redoblado
y las noches fugaces
con sus lunas que crecen y decrecen.
Es el sol cotidiano y sus fulgores;
el cielo de la noche,
donde asoman sus ojos centenarios
muchas estrellas frías.

Soy yo
con una caja resonante
donde guardo preguntas.

V

Es de tarde, la sombra se extiende:
los altos edificios, jaulas de oro,
se levantan al paso: el autobús
sortea un chirrido de frenos y el obstáculo.
Apenas veo. Vamos de pie, y cada uno a solas
en esta multitud.

El camionero hace malabarismos,
cobra el pasaje, pide: ¡Pasen al fondo!
¿Al fondo de qué?
De sus diez horas de trabajo,
mientras bajan y suben las hormigas.
Allá, en las jaulas de oro, los burócratas
del turno vespertino
van tras el humo de sus cigarrillos
fuera de las ventanas.
Ha pasado la hora del café, y del último chiste
subido de color.
Los pálidos del ocio
también miran
caer la tarde, mientras todos
nos preguntamos: ¿por qué y para qué?

VI

Era la ira su forma de ser muerte
y la vida con ella
loco juego de sangre:
el trato humano choque de sombras
estruendo de materias divididas.
La muda ostentación de instintos,
el acechar,
y el comprar y vender,
vender, venderse,
acción de cada día.

Era la muerte su escudo y su lanza,
la sombra su color,
y la terrosa ilusión de ser hombres
su condición.

VII

La filiación en Dios
no se reconocía:
Ay como en ese tráfico de aceros,
inmisericordes
en el roce con sus semejantes:
ensamblados
como ruedas dentadas de una máquina
enloquecida.

Las ruedas duermen sobre sus órbitas:
silban sin sueños mientras giran
los días y las noches dentro del tórax
sin alterar el ritmo de la sangre
sin despertar a un solo
corazón amante.

IX

No es una sola muerte,
es la muerte con mil
máscaras distintas:

a la vuelta del día,
en lo mejor de la noche,
a la mitad de la vida.
Mi mano tiene muerte,
el polvo de sus alas entre mis dedos
me recuerda que está viva.

 

SIETE POEMAS, 1952

SIETE

1

Salgo de aquel espacio
grávido de sonido, de luz y de sentido,
pero nada recuerdo:
era en la antigua noche de los siglos.
Algo traigo en la piel
-que no pudo lavarme toda el agua
cuando cayó en el barro de mi cuerpo-
y apagará mi sangre lentamente.
Pasarán los ríos,
callarán algún día para siempre.
Nuevos caminos abrirán nuevos caminos,
y todas nuestras vidas,
unidas en un solo luminoso haz,
irán por el camino de único sentido.
Ahí recordaré la exacta fórmula de mi estructura
y sabré de las arcas donde vibran los eternos sonidos
de la muerte, que ya nunca perseguirá mis noches.
De la vida, hilo temporal de mis recuerdos.
Cerraré los ojos y aún correré por las suaves praderas,
me cercarán a veces olores de manzana.
En medio de la paz de este silencio,
contrastarán más bellas las luchas que ahora palpo.

2

Amo, vida, la fuerza cotidiana
en tu raigambre, fruto de ceniza,
y la sed desprendida de la lucha
que has vencido,
al vibrar como fuego en un instante.
Te amaré como agujas de mis huesos
cuando rompan
esta dulce prisión de fuego y carne
y te amaré en la mano que retuvo
la ceniza caliente de otra sangre,
y en lo que fue constante afirmación
de nuestra estancia.
Amo la estancia que será ceniza
pero ocupó su ritmo en el espacio
y acarició la tierra con su paso.
Amo el paso en la tierra:
vértigo que amanece en cada nueva
sensación de tu presencia.
Con los ojos abiertos a tus ansias,
con las venas abiertas a tu savia
que resbale en la hiedra derretida,
te cantaré en el polvo
desde el olvido de mi antigua forma:
en la última fibra de los tallos
en la altura de un árbol, construida
por dolorosa herida de sus vetas.

3

Volverá el polvo al polvo,
caerán desmenuzados los cabellos
como último baluarte de mi cuerpo.
Te esperaré a la orilla,
en los maderos rotos de mi cuerpo.
Al tomarte la mano, pobre muerte,
tan antigua, tan niña,
palpitará en tu sangre
la madura inquietud de cada día.
Romperás secos lazos
recostada en la hierba de tu sueño,
te embriagarás en angustioso canto
de la noche primera.
Te llegará en latidos de mis ansias,
la frescura del agua tan lejana
la voz, y el sonido
de la vida que evita tu llamada.

Y morirás de amor,
del mismo amor que apagará la hierba.
Y morirás de viento y de tristeza,
cuando fría mi sangre
no transmita a tu cuerpo,
el calor que robamos a la fragua.
Y cuando de nosotros
no quede ya en la tierra
más huella que la ardiente de tu estancia,
volveremos al polvo
que al cubrir este canto
lo perderá en la noche de su huella.

--------------------------------------------------------------------------------

 

OCHO POETAS MEXICANOS, 1955

Miro a la gente que se arrima
para darse calor.
Un vaho sube de las bocas.
A los ojos el temblor de las aguas
que se reconocen
después de haber corrido
bajo la flor
de los vientos
y el mismo sol.

Miro a la gente que se arrima
y a la boca me sube
el balar de una oveja perdida.

--------------------------------------------------------------------------------

En este mar
de manos temblorosas
y ruidos leves,
tengo mi parte,
que se estremece
en el pecho del valle
donde el bosque suspira y crece.

Mi parte que canta
desde las hojas de los ahuehuetes.

--------------------------------------------------------------------------------

Savia que sube al pecho
de la higuera
y mana leche por la herida.

Regazo que cobija mis palabras.

De la tierra poblada sube tu amor hasta la herida
y mana.

El sueño de las piedras y las ramas
se levanta de mi lecho
y el de las aguas.

Cada uno su lengua,
todos en una llama.

--------------------------------------------------------------------------------

Nada sabe decir
pero le llega un golpe de frescura
y en un gozo aromado
hasta las ramas
sube su flor,
dorada
como el sol que le quema.

Erizado de espinas se levanta
en la mitad del llano.

Su fronda
es una copa
de polvo.

Cuando la roza el aire
es una tórtola
triste de sed.

Ay, pero en el verano
el huizache recibe
la humedad de la tierra.

Su débil tronco olvida,
reverdece las hojas,
ablanda las espinas.

Ay, pero en el verano
en una sola flor
amarilla, pequeña,
canta toda la tierra

--------------------------------------------------------------------------------

 

LA TIERRA ESTA SONANDO, 1959

Parten el alma
buscando su rincón para quedarse quietos
los muertos.

Cierran los ojos al fulgor del nacimiento,
velan la llama de su juventud
porque no encienda el verdadero fuego.

Tocan la de su madurez
con tiento.

No quieren soledad
y los va persiguiendo.

Hasta que los alcanza
en el desgarramiento de un aire
que alza los párpados y cuaja la mirada
con un solo dolor
desde su nacimiento.

-------------------------------------------------------------------------------

Largo y frío es el sueño de la piedra.
Nada guardó del esplendor del fuego
su gris naturaleza.

¡Cómo me espanta lo que se apaga y queda!

Al rojo vivo, quieta,
bajo la noche de mis sentidos
prisionera,
sólo pido calor.

¡Cómo me espanta lo que se apaga y queda!

-------------------------------------------------------------------------------

Bajo certero golpe se desprende
el fruto del verano.

La madurez abre su pulpa
y desata en su entraña
el llanto.

Tan sólo el hueso queda inconmovible
en su abismo cerrado.

--------------------------------------------------------------------------------

Sobre su plumaje gris
una gota de sangre delata
que hay una herida abierta.

Bajo el ala que tiembla
esconde su terror
la cabeza.

Entre el ir y venir de las respiraciones
solo un coágulo grande de pena.

La vieron ya,
los picos se adelantan.
A uno y otro lado las cabezas.
Y como de puntillas,
se lanzan.

¡Qué furia desatada
contra tal impotencia!

Junto con ella
despedazarían
la propia muerte:
si pudieran.

--------------------------------------------------------------------------------

Para querer moverse es ya muy tarde.

En el rumor de mi frente
hay un solo pasaje.

Por si quisiera hablar,
el día encima
y la noche encima
se me han venido,
para que calle.

------------------------------------------------------------------------------

¡Cómo pesa el silencio!
Más cerca de su inmensidad
que de mi acabamiento,

sintiendo
cómo al abrir la boca
pruebo una bocanada
de misterio.

Sintiendo
estas palabras mías apuntalándolo
en medio de mi cuerpo.

--------------------------------------------------------------------------------

A veces
le pesa al corazón musicalmente
su trajín azorado.
La claridad celeste
nos vuelve todo de cristal,
y una dicha lejana se acumula
a la dicha presente.

--------------------------------------------------------------------------------

No sé por que le asusta el movimiento,
no sé siquiera si sus ojos le avisan.

Por temor de morir se finge muerta,
Y no sé si al calor de tanta muerte fingida,

algún día resista
muy quieta, muy despierta, muy viva.

------------------------------------------------------------------------------


A mitad de un suspiro
sea detenido el cuerpo.

Lleve en las manos juntas
la nada que me llevo.

Guarde mi boca la penúltima
la fría bocanada
antes del aire libre y quieto.

Al cerrarme los ojos
no me tomen en cuenta la mirada
cercana y ardorosa de miedo,

Toquen mi alma persistente
creciendo
más allá del final,
como el cabello.

--------------------------------------------------------------------------------

 

CANTARES DE VELA, 1960

A cabezadas rompo este silencio.
Rumia tinieblas
mi boca terca.
Porque terca es la luz que rompe,
el agua que rompe
mis ojos arrasados,
donde la oscuridad
levanta y quiebra.
A cabezadas rompo este silencio
como la gota terca
de cabeza contra la boca
donde la sombra ahonda
cada vez con más fuerza.
A cabezadas rompo este silencio
porque terca es la sed.
Y yo, bajo la tempestad,
estoy sedienta.
No la contemplación,
no la quietud.
No el molusco que llora
su perla.
Desde la soledad de mi esqueleto
su débil cascarón la muerte quiebra.
Traigo la boca llena
con el eco del mundo
que llega con su piel de oveja,
que se amansa y entra,
que dentro se acuesta
para crecer,
hasta quebrar mi pequeñez.
Sombra adentro,
donde la dentellada de la muerte
pierde facultad,
donde la llama en azorado salto,
en pleno vuelo quiere sosegar,
una granada se abre,
velo en su intimidad.
Los témpanos se quiebran,
por bocanadas entre el mundo
hasta donde mi cuerpo ya no sabe llorar.
Bajo plumón de noche,
emplumada en tinieblas,
tiembla mi voluntad, y se levanta.
Hace equilibrios, la domina el sueño,
y si se para quiere anidar,
y si quiere anidar,
con un soplo de mi alma vuela la paja.
Lanza los ojos lejos,
allí quedan abiertos
como las aguas.
Pero acá, donde velo,
¡ah, cómo pasa el viento,
como siega y arrasa
mientras tiembla mi voluntad
y se levanta!

--------------------------------------------------------------------------------

INFANCIA

El fulgor en el baño del zenzontle,
un sacudir de gotas irisadas
entre las pardas plumas,
eso dura la infancia.

Después queda la jaula,
después las cuatrocientas
voces del alma
por los cuatro horizontes separadas.
El incienso azulea, se levanta,
y se acercan las sombras,
y se agrandan.

------------------------------------------------------------------------------


DESDE LA TIERRA HENDIDA

Desde la tierra hendida como boca
suave, pero terriblemente transitoria,
te espero.

Me arrancará de golpe como arrancan
a la ternera hambrienta de su pecho.
Estas estrellas, dulces como leche,
estos días de octubre
en que dan ganas de abrazar el cielo,
no me los llevo.

Este amor que yo tengo
torpe y delgado como mis brazos,
aquí lo dejo.

------------------------------------------------------------------------------

SEQUÍA

En espera, tendida como yerba
que apresura su flor en la sequía,
oigo, el viento quebrado,
el espiral, la seña.

Quiero decir ahora,
que yo amo la vida:
que si me voy sin flor,
que si no he dado fruto en la sequía,
no es por falta de amor.

Quiero decir que he amado
los días de sol, las noches,
los árboles, el viento, la llovizna.

--------------------------------------------------------------------------------

LLAMADO DEL HIJO

Por una y otra vez
como el tallo doblado,
desnuda a mis oídos
tu voz se me levanta.

Todo me engaña y voy:
mi corazón hundido,
la luz de miel y cera,
mi dolor y mi sed.
Yo me tiré a beber
de un río bajo tierra.
Tengo húmeda la boca
y ganas de llorar.

El viento me desata
una flor en el pecho.
Se me pone a cantar
el hijo que no tengo.

Vine por él,
espero que amanezca.
Reviente el fruto, el vientre, la azucena.
Estos colores míos engañosos
como la flor para la abeja son,
para que venga.

Bajo tu cuerpo el mundo
rumoroso en la lucha.

Suena, amorosa flauta de mi sangre.
Quiebra mi cuerpo, tierra,
para que pase.

Bella música el agua,
fiera contra nosotros
y amorosa en su cauce.

Te daré lo que tengo:
este poco de viento
que escapa entre mis dedos,
que es el dulce dolor
de estar viviendo.

-------------------------------------------------------------------------------

LA TIERRA ESTÁ SONANDO

La tierra está sonando
y yo estoy desolada,
hueca por dentro, triste.

Mi juventud se tiende como el ala
rígida y negra de una golondrina.
Se me estremecen muy espesos árboles
y me duelen las aguas más tranquilas.

La tierra está sonando.
Llora de amor y hiere
mientras ama.
Y mata y acaricia.
¡Quién nos encierra duro
como la flor en su rojo silencio
de párpados ahogados
o de cerrados pétalos!

La tierra está sonando:
Aguas, espesos árboles:
¡Tierra sobre mi cuerpo!

--------------------------------------------------------------------------------

LA CORONA ROTA

Tiempo habrá de morir.
Ahora, detenida sobre la yerba, húmeda,
con un poco de cielo por mis ojos,
con el viento tañendo
esa música lenta,
doliente entre sus dedos,
con su corona rota y caída en mi falda,
y con sus pies cansados
danzando sobre el río,
y con el río en el hueco de mi mano.
Yo he de dormir al viento.
Su pasajera carne tendrá frío,
su corazón que huye tendrá miedo.

--------------------------------------------------------------------------------

EL PÉNDULO

Porque yermas delicadas me tañen,
este cuerpo, la cuerda,
se queda dócil en manos del viento.
Río abajo van mis ojos,
yo vibro rígida.
Río abajo se me pierde la carne de mí misma.
Mientras quedo vibrando
con la necia virtud del péndulo,
con la esperanza del péndulo
de quedar fija.

--------------------------------------------------------------------------------

TENGO MI PARTE

En este mar
de manos temblorosas
y ruidos leves,
tengo mi parte,
que se estremece
en el pecho del valle
donde el bosque suspira y crece.

CON LOS OJOS CERRADOS

Llueve sobre el silencio de la noche
y mi cuerpo.

La luz del día se abrió como una flor:
aún la toco
cuando cierro los ojos.

Llegó la noche, llueve,
tengo sueño.

¡Quién pudiera dormir
y despertar como la verde rama
que asoma de la tierra
vencedora del sueño!

 

CON LOS OJOS ABIERTOS

Yo no sé qué me lleva
más allá de mis ojos
y me dobla las fuerzas
como ramas.

Yo no sé dónde empieza.
Cuando cierro los ojos
no miro el fondo, y si los abro
entre profundidad como una ola
entre todas las cosas.
Yo no sé qué me lleva
y me dobla las fuerzas como ramas.

 

HERIDA

Savia que sube al pecho
de la higuera
y mana leche por la herida.

Regazo que cobija mis palabras.

De la tierra poblada
sube su amor hasta la herida
y mana.

El sueño de las piedras y de las ramas se levanta de mi lecho
y el de las aguas.

Cada uno su lengua,
todos en una llama.

 

A LA SOMBRA DE LAS PALABRAS

A la sombra de las palabras
que se aduermen en la lengua
oigo correr el agua
que se recoge en cada cosa
y pasa.

A la sombra de las palabras
que se aduermen en la lengua
bebo hieles colmadas
como fuentes pasajeras.

A la sombra de las palabras
crezco como luz
que de noche despierta.

A la sombra de las palabras
encuentro mi ascendencia.

 

PARÓ LA MÚSICA

Paró la música.
En el aire los miembros
se detienen buscando posición.

Todo lo llena
un asombro más grande que yo.

Nada, ni aproximarse ni tocar,
consuela.

 

DESTINO

Mis días y las tardes de molino
que vuelven a su paso remoliéndose:

Siempre la misma queja de protesta
en la fijeza de su desamparo.

Mis días y las ruedas de molino
acabarían mellados de remoler el polvo
en vértigo de días y trabajos.

Si no fuera porque al herirse piedra con piedra
algo va de nosotros en la chispa,
todo va de nosotros en el fuego que se aleja.

Este perderse así de iluminado,
este perder la cuenta
y la noción de sí,
no le pasa a la rueda como rueda
más que al dejarse ir.

Este volver sobre los mismos pasos
con el fervor de quien conoce el fin,
sólo me pasa a mí.

 

LUZ

Llevo los ojos bajos
por adiestrarlos.

Yo sé cómo los hiere
la luz de lleno.
Llevo los ojos bajos,
el pecho abierto.

Sé que la oscuridad es un deslumbramiento.

 

VIENTO ANCLADO

Miro entre todos
el viento anclado
de tu cuerpo vivo.

Se te sale a los ojos el alma
tan ordenada y limpia
como la madrugada.

Te miro y vuelvo la cabeza
por no llorar,
a la mitad del vuelo
deslumbrada.

 

POEMA DEL ESPOSO

En esta sola carne
es parte luminosa
y en esta casa
sola amistas.
En su mirada alza
la cosa más humilde
para hacerla sombreada
y espaciosa
Es la parte más alta de mí.
La sombra doy
porque su luz recibo,
la vida doy
a su cobijo.

 

POEMA DEL HIJO

Se me remoza el mundo de mis padres:
nace la luz de leve pisada,
viene la lluvia bienvenida
y desde el centro de la tierra
rompe su almendra mi alegría.

Me levanto a soñar
sueño en tierras verdes,
de aguas conmovidas.

Un sueño de cordura
con su cría.

Este es mi corazón
queriendo a saltos;
éste, mi hijo,
y éstos sus dos ojos,
donde la noche empieza
y sale el día.

 

EL HUIZACHE

Nada sabe decir
pero le llega un golpe de frescura
y en un gozo aromado
hasta las ramas
sube la flor,
dorada
como el sol que le quema.
Erizado de espinas se levanta
en la mitad del llano.
Su fronda
es una copa
de polvo.
Cuando la roza el aire
es una tórtola
triste de sed.
Ay, pero en el verano
el huizache recibe
la humedad de la tierra.
Su débil tronco olvida,
reverdece las hojas,
ablanda las espinas,

Ay, pero en el verano
en una sola flor
amarilla, pequeña,
canta toda la tierra.

 

SOLES, 1978

Cómo arden, arden
mientras van a morir empavesadas
las palabras.
Leñosas o verdes palabras.

Bajo su toca negra se enjaezan
con los mil tonos de la lumbre.

Y yo las lanzo a su destino;
en su rescoldo brillen.

 

CON MIRADA SECRETA

Con mirada secreta entro en la bóveda:
el silencio cobija.

Hundo ahí el ojo,
buceador de sombras.

El que sí ve,
el que no adivina.

Palpo sedosos, palpitantes materiales.
Busco membranas
en donde el sueño anida.

 

RUTINA

¿Se habrán acostumbrado los pájaros?
Tomar impulso, y luego el aire,
ese poder de alas tendidas sobre el cielo.
La soledad en medio.


¿Se habrán acostumbrado
o irán sintiendo sólo el frío,
o el calor,
el rumbo que tomar,
la necesidad del alimento?
¿No sentirán la hermosa fuerza del aire
que se suspende entre sus alas
en medio
de la fragilidad
y con respeto?
¿Se habrán acostumbrado los pájaros al vuelo?

 

PASO

Furtivo paso, ya no te conozco.
Tú, tan seguro y firme con el día,
sólo de quebraduras das razones
hoy,
o de terreno agreste,
de barrancas
y resquebrajaduras.

Marchoso en explanadas
tropezaste
con la primera piedra de tropiezo.
Furtivo paso, haz de librar
la noche.
Furtivo paso, haz de cruzar
la muerte.

 

SOMOS

A un paso de la furia,
de la delicia.
En la herida mortal del amor,
de la muerte:
un llanto,
la vehemente memoria
de un cardo
que quiso ser caricia.
El ahogado cosquilleo,
el estallido,
la risa,
el estertor
de agonía.

Somos el accidente:
el equilibrio
de una garza en el viento.
Somos el viento.

 

NUNCA CENIZA

¡Nunca será ceniza!
¡Fuego! ¡Fuego!
Impalpable coto de caza,
mundo de nuestros límites,
inmenso.
Mundo con atadura de seda
y cerradura
con amoroso cerco de púas.

Mundo de nuestros límites:
hacia la media miel
la punzadura,
hacia la música el estruendo.

El paso llano
y a medio pie
el abismo.

¡Fuego!, ¡fuego!
¡Nunca será ceniza nuestro anhelo!

 

TEJER

Tejer y destejer
hilos brillantes con otros
hilos quietos de sobra y ligadura.

En medio del vaivén del corazón
hilos
que sujeten sus vuelcos.

¿Volvería desde aquí el insecto a su vuelo?
Bajo el juego de los hilos
cierra las alas
el ímpetu mismo
y se repliega en su sístole y diástole,
adormilado rey en su dominio,
pájaro en telarañas quieto al fin
con sus dos grietas
por donde viento y sobra
filtran eternidad.

 

ÁRBOL

Éste es un árbol de pie quieto
que mece la cabeza
porque así debe ser.

Creció alto, muy alto
mientras hundía el pie
en un suelo firme,
tan firme
como un suelo firme suele ser.

Y al crecer
sintió lo débil de su tronco
contra
la grandeza del aire
y le dio por mecer la cabeza,
porque así debe ser.

 

NADIE

Los labios no se mueven. Habría risas
pero sordas (sonoras hacia dentro)
no de alegría.

Ni hojas bajo la lluvia
ni forcejeo de viento
ni el golpe de las gotas
en la llanura.

No tempestad triunfante,
ni grito de animal,
ni una sola palabra.

Aquí ya no se mueve la hoja del árbol,
ni se advierte el árbol,
no, ni siquiera la línea del cielo.

Nadie recuerda un aleteo.
Aquí nada hay. Nadie.

 

SUPERFICIES

Pesadas sedas, flancos palpitantes,
columnas,
cuellos a flor de los vientos,
suaves y grises,
enlunados, rojos;
pesados o vibrátiles.

Patas de noche oscura,
pasos
de piedra contra piedra,
o suavísimos pasos
de pata asilenciada.

Móviles superficies
erizadas de escamas en el salto del pez,
en la pelambre de la ardilla en el aire.

Al aire, al aire,
la roca erguida que sale del mar,
o la piedra de tropezar,
o la piedra de río
que ha tropezado ya.

Al aire, al aire,
todo contorno al aire,
electrizado.

Con el azul y el gris el aire arrastra
su gran cola de música
con la que enciende grandes superficies.

 

POZO

Este es un pozo que refleja cielo
pero es un pozo.

Caen, caen los días,
caen las noches
hasta el fondo.

Todo se vuelve fondo.

Aun el guijarro que tira la muerte
se vuelve fondo.

--------------------------------------------------------------------------------

Noche cerrada
entro.
Noche en mil pedazos
rompo.

Noche cerrada
soy.

-----------------------------------------------------------------------------

 

NOCHE

Noche, yo ya no alcanzo
tu tibieza,
en el seno donde rompe oscuridad
la luz de tus estrellas.

Yo ya no soy
quietud que refleja
sino afilada
pregunta sin respuesta.

Oigo, hacia mí
oigo el llanto
que empieza cuando mi mundo empieza
y al cabo de los años es llanto
que se aferra,
juventud de anchos sueños que se aferra
y madurez
que ávidamente se aferra
para llegar con el poder de los brazos
a la impotencia de la vejez.

Y sin embargo, noche,
tú debes tener otra respuesta:

aunque no sé si sean muchas respuestas:
que sea una para el niño visionario,
y otra para la mujer que sueña.

Una para el navegante en alta mar,
otra para el que espera en tierra.
Una para el enamorado,
otra para el hambriento,
otra para el que ya no sueña.

No sé si será lo mismo pedirte una respuesta
a la luz de una vela
y con el estómago aligerado,
o con el cielo abierto,
sin que ningún techo
nos abrigue de tu respuesta.

Anubarrada noche,
de pura oscuridad tu manto tiembla.

Sólo se ahonda en ti
el silencio,
tu respuesta.

 

Y MUDOS ANTE EL ÁRIDO PAISAJE

I

Son rumiantes, son grises,
tropiezan entre piedras sus cuatro patas:
son rumiantes, son grises, mis palabras.

Tienen pastoso corte de hierba machacada.
Arrancan del silencio
y se lanzan
desde una noche larga.

Ahora mismo se amontonan,
ruedan por esa cuesta,
tratan de ver el sol
con sus ojos de piedra
pulimentada.

II

Un hato de mansísimos corderos
reverbera sobre el cobre de un sol viejo:
cobre en la piel
cobre
en el sabor de boca
que tiene el silencio.

No ver, no oír, no hablar,
bajo la palma del sombrero.

Tierra de ven, de acata, de déjate llevar,
mientras la línea dura de la boca
afila su amenaza.

III

Camaleones de raza,
comedores de aire
invisibles,
olvidados entre los maizales

que ladean la cabeza
con alegría de gallo
si el sol sale.

Allí están bien.

Silencien sus estómagos vacíos.

El hambre es necia
necesidad
del cuerpo, no del alma.

¡Siempre habrá pobres, cállense!

IV

Es todopoderoso
nuestro gran señor.
Pisadas de musgo,
manos de cieno.
Paraliza sin rumor, sin aliento.

Es peligroso y torpe
nuestro señor,
el miedo.
Es
la cabeza loca
de la gallina que descabezaron
sin que probara el mole.

 

¿DÓNDE?

La polución para el aliento.
Para el oído
la desmadejada maraña
de ruido.

Entre confusa multitud
la espasmódica danza
en torno de uno mismo.

¿En donde habría
un refugio de pájaro, un tomillo,
una esperanza; la primera
ramita verde de la primavera?

--------------------------------------------------------------------------------

Ojos fijos, duros, almendrados,
de párpados que alzan
recios muros, pirámides
cada vez más profundas
hacia abajo.

--------------------------------------------------------------------------------

Muda está la pirámide,
no dice nada.
Tampoco las cabecitas de barro
desenterradas.
Y las puntas de flecha no están enteras:
así salen: rotas de aquí, de allá,
despedazadas.
Entre la tierra araña
el barro de la mano
de algún cuerpo
el pie de alguna pierna,
la boca
de otra cabeza callada.

--------------------------------------------------------------------------------

En el ángulo siete
hacia el final del plano
la sombra de la luna
y aquella viejísima estrella,
siempre la misma
con la misma inalcanzable
fugacidad blanquísima

--------------------------------------------------------------------------------

 

SOLES

I

Desde el seno amoroso, las tinieblas
hasta la hiriente luz
humilla la cabeza el armadillo
mientras sus pies miden la tierra,
ese lugar
"que sirve de camino a los pies".
Cuando apenas los ojos
se soportan en luz, se anegan
bajo la enagua azul de cielo y agua,
bajo la cauda
de lo que pasa.

Los grandes animales
de arquitecturas óseas
como enormes arcas
cubiertas de rugosas cortezas
remojadas.

Los hocicos
hasta el filo del agua,
bajo la cauda
de lo que pasa.

Los gigantes ahogados
así como los pequeños animales
bajo la enagua azul,
bajo la cauda.

II

No es el amor el vuelo.

Es lo que va despacio
elevándose apenas, flotando como espuma
adherida, adherida.

Es lo que arrastra el agua si ahogarlo.

La rama verde de cualquier diluvio,
lo que guarda humedad de los diluvios
porque se hundió y flotó.
Es lo que no se ahoga entre lo ahogado.

Soplo de aire
que hiende las aguas
y enseña la primera
corteza de tierra.

Es lo que lleva esa mujer, flotando,
cuando encuentra a ese hombre, flotando,
para quedar, pie firme,
hasta donde las aguas, el pedernal del viento,
el oriente o el norte,
ya no han de separarlos.

Es lo que abriga en las cuevas del hielo;
es lo que les nace en hijos
que se distinguen de los monos ágiles
porque saben que temen
y no saben que aman.

Lo que les nace en hijos
que se distinguen de los pájaros
porque saben que vuelan
y no saben volar,
son las flores que brotan
adheridas espumas de la tierra.

Es la carrera de los conejos,
relámpago entre la hierba,
latido ahogado
en las profundidades
de las cuevas.

No es el amor el vuelo.

Es lo que va despacio
de oriente agua a norte viento
y fuego, y tierra,
y flor.

Es el estrecho abrazo
bajo la misma manta
que produce los días.

Abraso sol y tierra,
y las manos que se abren.

Es tierra, vida, madre:
son los vientres
en donde asoma el rostro de la muerte
y pasa
como ceniza leve
que flota en el agua.

Ceniza que remueve el viento,
que corona el fuego,
que calienta
en el manto de la tierra.

 

PEREGRINACIONES

¿A dónde se dirigen?
¿En qué lugar hay algo que no muera,
que no cambie o se extinga?

Desde la siete cuevas,
y cada cueva un día,
cada día una boca
o la pequeña noche conocida:
cobijo.

Y cada cueva un día:
cada día salvarse del señor de la noche.

Cada día el silencio,
tan amigo
del miedo.

Cada cueva la madre
con su hijo
y el perrillo
ni blanco ni negro.

(Que si negro, manchado.
Que si blanco, lavado de primera negrura.)
Perro gris para guiar,
gris para atravesar el río sin tropiezo.
Cada día el miedo,
y cada cueva una ciudad
donde los perros grises
conducen a sus amos.

Vieja ciudad de tierra roja,
vieja ciudad de tierra parda,
de suelos pardos que se confunden con los pies.
Vieja ciudad de hierba
que los pasos dobla,
ciudad bajo los árboles,
ciudad en las montañas
adherida a las piedras.
Siete cuevas rodeadas
por el miedo,
amuralladas.

"Romperemos la noche,
avanzaremos".

Así dijo el anciano.
Romperemos la noche,
avanzaremos dejando las murallas,
velaremos.

Y el señor de la noche fue vencido
por la primera estrella
y el silencio
por la palabra
y el miedo
por los primeros pasos
fuera
de las murallas.

 

ACABARÁ EL DOLOR

Acabará el dolor.
Cantará el tecolote después de la tormenta.
Se cerrarán después los picos
y las bocas.
Todo silencio,
o hueco.

Si nadie ha de comer,
romperemos el cuenco,
el plato plano,
el vaso y la jarra común.

Ya no ha de haber jamás tú,
yo, otros.
Ni el ahogo de risa,
ni el canto.

Velaremos el fuego,
agonizaremos.
Y toda esta ciudad con sus calles de agua
perecerá.
Perderá sus templos
y sus hombres perecerán.
Ocultará su cabeza el armadillo.

Mañana no habrá fuego nuevo,
ya es inútil, velar.

 

PRIMERO Y DOS DE NOVIEMBRE

Hacia la medianoche, en lo profundo,
se rompe la línea del horizonte
con dos pequeñas luces
y así, hasta donde alcanza
la pupila del ojo entreabierto.

Débiles piernas,
brazos que se alargan
al parpadeo de un cirio.

Bocas que ahogan bullicios,
adioses todavía calientes en el pecho.

Día primero de noviembre en México.

Nubla el sahumerio del copal
los ojos delicados que se rasgan
hacia el fondo del sueño,
y parece de pájaro tildío
su despertar,
y no parece cierto.

Hacia la medianoche
los niños toman
la esencia
y el aroma de los alimentos.

Abandonan ofrendas de los vivos,
se van con su secreto.

Cuando resuena el caracol
el día dos de noviembre
y toman sus lugares los mayores:
arrastran su silencio de dos en dos.

Vienen los hombres recios,
los que no supieron decir no.

Y las mujeres,
cirios que ardían en lo quieto.

Algunos muestran sus índices de fuego
porque sus deudos
olvidaron las ceras de la ofrenda.

¿Es umbral, o alas negras?
¿Son abismos, o son
ojos capaces de ver el sol sin parpadeos?
Emborracha los sentidos
este aroma de incienso y copal,
este aroma de flores,
estos recuerdos.

¿Adónde tanto, tanto, tanto sueño?

 

INTELECTUALES, S.A.

Mientras tú trabajas,
yo pienso por ti.

Y si tú sufres,
yo sufro por ti.

Y si tú no comes,
yo ya comí.

Y si te matan
yo no morí.

 

LAS PALABRAS, 1990

Las palabras
agujeros negros
música de tinieblas
piedras lanzadas sobre conciencias
amplias como atrio
en donde todos los vientos se dan cita.

Las palabras
serpentean bajo los filos de los años
húmedas, encendidas
entre las comisuras de los labios.

 

ELEGÍA A JAVIER PEÑALOSA

Amontono las piedras ardientes
en torno de tu imagen
y me quiero apartar, alejarme,
ya no pensar en ti.

Pero quedo atrapada
recordando
el tibio trato tuyo
sol nuevo y más hermoso cada día
y luego tus acciones
de corte delicado y sorpresivo
más allá de medidas humanas mensurables.

Todavía estoy prendida
al fuerte canto de tu corazón
activo y deslumbrante.
Al cauce que formamos
con tu cuerpo y el mío.

Y levanto mi triste fortaleza
con piedras que se apagan lentamente
sobre tu amor, el real, el de tocarse
y contestar palabras.

Me cerraron la boca de los días
ahora son enormes y callados.
Atropellados como piedras sueltas
entre las patas de los caballos.

------------------------------------------------------------------------------

Yo lo creí de luz
era de cera.
¡Ah, pero ardía!
Ningún golpe de viento lo apagaba:
para apagarlo sólo el mar
sólo el mar.

Asistí a su esplendor
y me tocaba
de cerca su grandeza.

Hoy vivo vida extraña
de medio ser
tocada por el aire
en carne viva
recién cortada.

-------------------------------------------------------------------------------

Aún recuerdo luz
mientras vivo la sombra
el ajetreo
de espaldas a la vida
a la ventana.

--------------------------------------------------------------------------------

La torre que con tanto tiento
habíamos construido, no sé por dónde
terminarla. Tú me diste
la fuerza, los contornos:
sólo me faltan tus manos
y el aliento.
Yo traspaso los días
como agujeros.
Tragando lágrimas
me alimento

y busco puentes para cruzar ríos
donde se ahogan todas las imágenes.

Las noches me recuerdan otras noches
las cosas se me vuelven enemigas;
la cabecera de la cama
y tu lugar vacío.

 

TIEMPO TRANSCURRIDO

La ceniza
tan leve, tan ala, tan nieve,
ancla del fuego
testigo del vuelo
y de la breve órbita
del volador.

 

SER

Eran luces, luciérnagas,
eran frondas de la noche
y viento que las movía.
Eran fugaces
ojos
y piedras dormidas.

Era
uno mismo
en su lago, su espejo, su espejismo.

 

FUERA Y DENTRO

Fuera de mí
el vuelo torpe
de un ave de corral.

Dentro de mí
una flecha,
el acerado vuelo
de una golondrina.

Pero también la flecha
y el ave fija
que el viento hace girar
en la veleta.

 

ASÍ ERA (A Enriqueta Calderón)

Surgió como el aroma
de una ciudad perdida
entre naranjos
y otros frutos de invierno:

Dorada entre lo gris
y suave al tacto,
seda en la nieve.

Así como esos cuadros
fijos en la pared
que nos reservan la sorpresa
de algún ángulo nuevo
por donde se cuela la noche
o el vuelo azul
sobre el pozo de la luna.

Cálido vaho sobre el vidrio nevado
y la clara visión
a través de su hueco.

 

NO MENOS LUZ

No por ser la postrera, menos luz,
última luz de la tarde.

Empoza entre las nubes
la experiencia
de calentar el mármol
y traspasar el ámbar.
Di algo antes de huir
instante o siglo.
Tan sólo una palabra de consuelo.

No enmudezcas cercada por el frío
en los umbrales del invierno.

Entre los pozos
de luz
esta mañana opalina
de ópalo lechoso,
en la que apenas al nacer
mueren los pasos
y no hay grito que dure.
Aun el zureo de la tórtola
pierde su eco
y en el humor acuoso de los ojos
se detiene la niebla.

 

Algunos enlaces complementarios


¿ Más poemas ?

| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |
| 32 | 33 | 34 | 35 | 36 | 37 | 38 | 39 | 40 | 41 | 42 | 43 | 44 | 45 | 46 | 47 | 48 | 49 | 50 | 51 | 52 | 53 | 54 | 55 | 56 | 57 | 58 | 59 | 60 |

¿ Artículos-Estudios ?

| 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 |
| 32 | 33 | 34 | 35 | 36 | 37 | 38 | 39 | 40 | 41 | 42 | 43 | 44 | 45 | 46 | 47 | 48 | 49 | 50 | 51 | 52 | 53 | 54 | 55 | 56 | 57 | 58 | 59 | 60 |


Nota:  ¿Dispone de página web sobre el autor?
            Remítanos por Formulario el link para que conste aquí.