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JOSE LUIS APPLEYARD

 

La "penúltima" generación paraguaya se deja sentir, sobre todo, en las voces de Appleyard, Ramiro Domínguez, Luisa María Martínez, Ricardo Mazó, Carlos Villagrá Marsal y Rubén Barero Saguier.

José Luis Appleyard nació en Asunción en 1927. Se licenció en Derecho y ejerció como profesor de literatura. Sus actividades se desarrollan también en el campo de la novela, la cr´tica y el periodismo. Sus versos se han publicado, fundamentalmente, en las revistas Panorama, La Estrella y Pulso, ésta en Buenos Aires.

Podemos sintetizar su creación poética diciendo que es un esteticista preocupado ent odo momento de lo formal. Entre sus libros, Entonces era siemrpre y el sauce permanente.

 

SELECCIÓN DE POEMAS

 

EL TIEMPO MIS AMIGOS

Saber que los amigos no necesitan tiempo,
saber que son los mismos
y sin embargo ajenos
a aquéllos que lo fueran
cuando los años nuestros
nos brindaran su esencia
del " compañero eterno ".

Pero vuelven, persisten
y son tiempo y castigo:
la edad no diferencia
la visión del amigo.
Mi edad, tu edad, la suya
no son hitos brutales
que separan los míos

El tiempo
-nuevamente me enfrento con el tiempo-
es una forma dulce
del constante recuerdo.

Saber que los amigos
son de mi voz el templo.
Saber que ellos conmigo
me ayudan a lo eterno.

Y entonces, cada día
se vuelve hacia el principio
de saber que un amigo
es una voz sin tiempo.

 

EL TIEMPO

Ya es ayer pero entonces era siempre
un trasegar de horarios inmutables
Desde la noche al sol.
                                  Cada semana
era distinta e igual a la siguiente.
El niño desdeñaba el calendario
y su patrón reloj era el cansancio.
Edad sin equinoccios, sólo el tiempo
de ser feliz entonces ignorarlo.

 

HAY UN SITIO

Hay un sitio en este mundo donde vivo
pequeño y singular
un sitio mío.
Un pedazo de tierra con olor a madera
con gente como yo
con diminuto, sangrante y triste
corazón cautivo.

Un pedazo de tierra, pocos hombres,
un alfanje de acero como rio.
Yo estoy en él, soy parte de esa parte,
minúscula del mundo. tengo amigos
que comparten el tiempo y lo desangran
con lentitud, sin prisa, desde antiguo.

La vida es muy sencilla, solo basta
ser fiel al cumplimiento de los ritos
matar la verdad cada mañana
y dejarla morir cada domingo.

Quien conoce la clave,
puede vivir tranquilo en este sitio.
Las palabras mantienen la tersura
de su forma redonda y sin resquicios,
pero aquello que encierran por ser verbo
en cada labio da un sabor distinto.

la gramática es tensa, diferente
de toda similar. Solo el sonido
de sus vocablos tiene semejanza,
con un idioma al que llamara mío.

Hay sinónimos claros, transparentes
ser libre es vegetar sin albedrío
robar es trabajar, amor es odio
y vivir es morir desguarnecido.

La soledad se llama compañía
y el traicionar, ser fiel a los amigos.
La novedad, vejez. Todo lo nuevo
tiene una oscura pátina de antiguo.

Hay un sitio en el mundo donde vivo
pequeño y singular.
Un sitio mío.
Un pedazo de tierra que se pudre,
con gente como yo,
de diminuto, sangrante y triste
corazón cautivo.

 

TÚ, DEL SUR

Tú, del sur,
de esa tierra
que huyendo de los trópicos se sumerge en el río;
de allá donde se borran las fronteras del alba,
de allá donde florece la arena en la simiente,
de allá trajiste, niña, tus ojos de agua y malva.

En las manos de espuma del viento sur crispado
tú viniste, pequeña;
aún están tus cabellos aromados de espigas
y de campos tranquilos,
y hay un verde remoto de movidos maizales
en tus ojos, sureña.

Del norte va mi voz
en brújula de sueños
buscando abierta y dulce la rosa de los vientos
para saber del sur,
y saber que en él vibra
la canción de un arroyo
de palabras inmensas
que le roba a tus ojos
la guaca transparencia
para teñir el mar.

Del norte va mi voz
hacia las noches claras
que tiemblan en las aguas del Ñeembucú dormido.
Del sur viene tu nombre
aún mojado de estrellas,
hecho luz en la calma rumorosa del río

 

Es Navidad un tiempo, una manera
de festejar la vida del verano..
una forma de hacer obligatorio
el mensaje de paz en un regalo.

Un tiempo de realzar con falsedades
la mentira sutil de todo un año.
De jugar al pesebre mientras muere
el soplo de verdad que hay en los labios.

Navidad es llenar con luces blandas
la penumbra de todo ser humano.
Es ornar de oropeles los ramajes
de un árbol nunca nuestro y siempre extraño.

Navidad es la historia repetida
que, de tanto saberla, la ignoramos,
que nos cuenta de un Dios cuya memoria
es un perfil de barro sobre el patio.

Navidad es una infancia muerta
entre flores de coco y de quebranto
y es un poco de pan que ha sido dulce
porque supo llorar el padre un año.

Es esta Navidad, Señor, la nuestra:
un recordar momentos y veranos
y es el tiempo preciso cuando el hombre
usa y abusa de Tu nombre en vano.

 

YO

Yo cuando siempre y por entonces mudo,
abierto hasta el dolor, sin presentirlo,
sol de mi sombra y amparado escudo,
aullantes de nostalgias mis sentidos,
yo sin saber, y oscuro retenido,
agitando rincones agoreros,
buscando entre las risas otros labios
de azucenas lloradas de aguaceros.

Yo siempre así, sin fuerza para el río,
para nadar lo gris de la corriente,
hecho de asa inerte y sollozada
en la inquietud de ser adolescente.
Yo sin virtud, que por matar la mía
abandoné el silencio y la espectancia
y oscureciendo el tono de mis ojos
dejé morir sin rosas una infancia.

Sí, siempre yo y ya nunca consentido
de un huérfano dolor y canto mío,
igual a todos y aterido y triste,
yo frente a mí y ya nunca niño mío.

 

COLOFÓN

Todo puede volver,
pero este amargo corazón de patios,
esta víscera ardiente que revuelca
su agónica vivencia entre la sangre,
que late, sueña, duele y se desvela,
este pedazo viejo de mi carne
adherida a un pasado,
apretujada a él como en un beso,
hacinante de ayeres,
adustamente mía,
esta víscera trágica y absurda
que se está yendo siempre
y que se aferra,
este pedazo de mi vida en siempre
necesita y no puede
regresar.

Huyen las tardes,
laten los veranos,
los perros muerden el osario cárdeno
de la desesperación de los crepúsculos.
Las viejas cuentas de gastados brillos
amparan la mudez de los rosarios,
la tarde, el tiempo, el sol, la lluvia, el viento,
las palabras margas,
los ojos que miraban y se han ido
y dentro de mí mismo,
crepitante,
este reloj de carne que se muere,
que sigue yendo siempre,
que sigue trajinando,
este pedazo de mi vida en siempre
necesita y no puede
regresar.

 

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