Blanca: el último reducto islámico de España. La historia de Blanca se remonta a milenios, aunque la prueba arqueológica más evidente se remonta a su castillo del siglo XII y el nombre de Negra como identificación de la población que se abrigaba bajo el enorme macizo pétreo al sol. El valle empieza a alcanzar especial importancia en el siglo XIII, ya que en 1.228 Ibn Yusúf in Hud se revela contra los almohades de las Peñascales (en el castillo de Ricote), haciéndose fuerte en el castillo denominado Alarbona. Negra (la que sería posteriormente Blanca) se adscribe al valle morisco con sede en Ricote, y sufre los avatares de los enfretamientos entre los reyezuelos de esta fértil y codiciada comarca. Un cambio importante se va a producir en la zona cuando Alfonso X el Sabio firma en Sevilla un privilegio rodado (1.226) por el que incluye en el término de Murcia el valle de Ricote, al que le otorga el Fuero de la ciudad. Sancho IV (1.285) otorga a la orden de Santiago el valle, sus alquerías, villas y lugares, entre ellas Negra, a la que los señores cristianos la llamarían posteriormente Blanca. Pero Jaime II se apoderó del reino murciano y entrega la villa y su castillo a Bernardo de Sarriá, aunque Juan López, comendador santiaguista de Ricote, le reclama la posesión, que le es devuelta el 19 de septiembre de 1.303 a Juan Osores, siendo la última vez que en un documento se le llama Negra. La labor de los santiaguistas se centró en mejorar el rendimiento de las tierras, convirtiendo al cristianismo a los mudéjares blanqueños y unificando las acciones productivas, bélicas, etc, con el resto de las villas del valle morisco, unificado bajo la encomienda de Ricote. Más tarde en el siglo XVI sería emplazada la mezquita por la parroquia de Blanca. Esta es la historia de Blanca reflejada en los documentos pero pocos conocen que durante cerca de un siglo, los moriscos blanqueños -los musulmanes blanqueños que abrazaron el cristianismo a finales de 1500 y al principo de 1501, conservando en privado sus prácticas religiosas y tradiciones - protagonizaron una dolorosa lucha por mantener su identidad frente a la política de asimilación forzada del Estado cristiano. La vida de los estos moriscos estuvo marcada por tensiones permanentes con la sociedad cristiana, donde arrasó el tribunal de la Inquisición como en ningún otro pueblo morisco de Murcia en el año 1562. La expulsión finalmente el 13 de diciembre de 1613 culminaría la tragedia de los moriscos blanqueños, vejados y oprimidos. Pero los moriscos blanqueños superon hacer frente a tal medida tan injusta y prometieron volver. En este pueblo perduraron, conviviendo lo mejor posible con los cristianos, los últimos árabes, que como un pequeño fuerte se resistían al destierro de su tierra natal. El pueblo musulman de Blanca en 1609 contaba con 908 vecinos, la mayoría de ellos eran moriscos blanqueños. Un aspecto demográfico interesante era la gran cantidad de matrimonios que se celebraron entre los años 1609 y 1613, todos los novios tenían apellidos blanqueños, es decir árabes, aunque hoy día no se conserva ninguno. Los matrimonios celebrados se caracterizaban por la mezcla de culturas. Eran muchas las moras blanqueñas que no ponían impedimentos para casarse con cristianos, sin embargo las mujeres cristianas que vivían en el pueblo eran más reticentes a contraer matrimonio con los hombres árabes. Corría el año 1613 cuando se llevó a cabo la expulsión de los moriscos blanqueños donde cerca del 75% tuvieron que salir del pueblo. Algunos se fuerona a vivir a la Granja, en el reino de Valencia, otros se marcharon a Mallorca. Algunos consiguieron la ayuda de personalidades de aquella época con autoridad política con el fin de conseguir permisos que les permitieran irse a otros reinos de España, como fue el caso del Conde de Salazar. Pero esta dificil situación cambió en pro de los moriscos gracias a la politica liberal que implantó Felipe IV. En 1624 los árabes dejaron de ser perseguidos y pudieron volver a sus lugares natales. Por lo tanto muchos de los blanqueños árabes que fueron expulsados volvieron a Blanca. El cerco controlado por las tropas cristianas mandadas por las autoridades murcianas fue disgregado, la normalidad volvia al pueblo, Blanca seguiría siendo un pueblo morisco durante no mucho tiempo. Los responsables del destierro fueron el Estado y la Iglesia que en aquellos tiempos eran una sola institución, aunque la Iglesia influyó más en esta caótica situación, ya que la consideraban como una victoria del cristianismo sobre el islam. Uno de los propulsores de esta operación fue el arzobispo Juan de Rivera y el Papa Paulo V que alegó no estar informado de esta situación por lo que se desligó de toda culpa. Aunque las máximas autoridades eclesiásticas del país tomaron medidas nefastas en este asunto, no podemos decir lo mismo de la Iglesia de la localidad que vivía diariamente con los moriscos y de las autoridades eclesiásticas murcianas que hicieron todo lo posible por ayudar a sus infelices feligreses.
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