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(Notas de contraportada de The Basement Tapes)
Hace algunos años, The Band grabaron un tema titulado “The Rumor”. Es una canción que podría describir muy bien la música recogida ahora en este disco. The Basement Tapes (Las cintas del sótano) son un poco como la sesión fantasma de 1956, que reunió a Elvis, carl Perkins, Jerry Lee Lewis y Johnny Cash por primera y última vez. A pesar de los discos piratas y las versiones de otros artistas, las cintas del sótano han sido más un rumor que otra cosa.
Algunos datos. Las
veinticuatro canciones que aparecen en estos dos discos están extraídas de las
sesiones que se celebraron entre junio y octubre de 1967, en el sótano de Big
Pink, una casa alquilada por algunos miembros de The Band en West Saugerties
(Nueva York). Bob Dylan es el cantante solista en dieciséis números; uno de
ellos, “Goin´ To Acapulco”, jamás ha sido pirateado; de hecho, ni siquiera
habían corrido rumores sobre el. Richard Manuel, Levon Helm, Rick Danko y Robbie
Robertson son los solistas en los otro ocho temas, ninguno de los cuales había
salido a la superficie. Y en todos ellos hay acompañamientos vocales por parte
de todos los participantes.
Respecto a la parte
instrumental, encontramos lo siguiente: Rick Danko toca bajo (mandolina en
“Ain´t No More Cane”); Garth Hudson toca órgano (saxo en “Oranje Juice Blues”
(Blues For Breakfast), acordeón en “Ain´t No More Cane”); Richard Manuel toca
piano (batería en Odds And Ends”, “Yazoo Street Scandal”, “Ain´t No More Cane”
y “Don´t Ya Tell Henry”, armónica en “Long Distance Operator”); Robbie
Robertson toca guitarra solista (batería en “Apple Sucking Tree”). Levon Helm
–que había dejado The Band cuando se llamaban The Hawks y acompañabam a Dylan
en sus actuaciones de 1965- no se había reincorporado al grupo cuando se grabó
la mayor parte del material de Dylan; ya había vuelto a la batería (y mandolina
en “Yazoo Street Scandal” y “Don´t Ya Tell Henry”, bajo en “Ain´t No More
Cane”) cuando se registraron las canciones de The Band.
Grabados en directo
con un magnetofón, con un número de micros que iba de uno a tres, el sonido de
todos los temas ha sido perfeccionado: han sido destacadas las partes mejores,
agudizados los tonos, limpiados los ruidos de fondo de las cintas y todo lo
demás. El sonido es claro, inmediato y directo; tan íntimo como un cuarto de
estar y tan punzante como una cerca de alambre espinoso.
Respecto a la calidad
de los sentimientos de la música, nunca ha habido ninguna duda.
“... con un cierto
tipo de música de blues no puedes sentarte y tocarlo..., tienes que lanzarte un
poco más”, Bob Dylan, 1966.
En 1965 y 1966, Bob
Dylan y The Hawks tocaron por todo el país y por el extranjero; aquellas giras
duras empujaron la música de Dylan y The Band hasta un cierto límite y tuvieron
que hacer música brutal y sin cuartel. En el verano de 1967, Dylan y The Band
estaban buscando otra cosa.
Ni John Wesley Harding
(hecho a finales de ese año) ni Music From Big Pink (para el cual estaban
destinados todos los temas de The Band) suenan como The Basement Tapes, pero
hay dos elementos que esas tres sesiones comparten: una especie de clasicismo y
una dedicación absoluta de los músicos y cantantes hacia su material. Debajo de
la superficie fácil y risueña de The Basement Tapes están ocurriendo algunas
cosas muy serias. Lo que estaba tomando forma mientras Dylan y The Band
jugueteaban con las canciones era más un estilo, un espíritu que nos refiere el
gozo de la amistad y la inventiva.
Cuando escuches por
vez primera la música que tocaron, te será difícil clasificarla y es posible
que no tengas mucho interes en hacerlo. Lo que importa es el bajo galopante de
Rick Danko en “Yazoo Street Scandal”, el variopinto y omnipresente órgano de
Garth Hudson (que nunca a sonado más evocador que en “Apple Suckling Tree”), la
lenta y creciente amenaza de “This Wheel´s On Fire”, la voz de Bob Dylan, tan
socarrona como la de Jerry Lee Lewis y tan experimentada como la del viejo de
la montaña.
Está ese tipo de
canción de amor que sólo Richard Manuel puede hacer, la irresistible “Katie´s
Been Gone”. Está la modesta pasión de la magnificente “Ain´t No More Cane”, una
vieja canción de prisioneros que debería ser una revelación para cualquiera que
se haya interesado alguna vez por la música de The Band, ya que esta
interpretación captura la esencia de lo que ellos han pretendido siempre ser.
Está la deliciosa idea de “Bessie Smith”, compuesta y cantada por Robbie y Rick
como el lamento de uno de los amantes de Bessie, que no sabe si se ha enamorado
de la mujer en sí o de la forma en que canta. Está la mezcla de aturdimiento
carnal y perplejidad patentada por Levon Helm en “Don´t Ya Tell Henry” (oye los
solos que Robbie y él se sueltan en esa canción) y la historia que cuenta en
“Yazoo Street Scandal”, un relato cómico-horroroso donde la novia del cantante
le presenta a la mujer fatal local, que le seduce rápidamente y luego le asusta
terriblemente.
The Basement Tapes,
más que cualquier otra música hecha por Bob Dylan y The Band, suena como la música
hecha por un grupo de amigos. Cuando Dylan y The Band se responden entre sí,
cuando intercambian frases y matices a lo largo de las canciones, se puede
sentir el afecto y la camaradería que tan liberadoras han resultado para los
seis hombres. Por ejemplo, el lenguaje está completamente libre de cadenas.
Muchas de las canciones parecen tan incomprensibles o disparatadas como un
crucigrama con los números equivocados, pero esto sólo ocurre si escuchas
únicamente las palabras y no la forma de cantarlas y lo que dice la música. El
espíritu abierto de las canciones es tan honesto como su incomparable vitalidad
e ingenio.
Se pueden oír
sentimientos puros y desnudos en algunas de las composiciones e
interpretaciones de Dylan –especialmente en “Tears Of Rage”-, que no
encontrarás en ningún otro sitio. Pienso que es la simpatía musical compartida
por Dylan y The Band en esas sesiones lo que da a “Tears Of Rage” y otros
números su notable profundidad y fuerza. Hay ritmos en la música que
literalmente cantan los cumplidos que se pasan entre los músicos: escucha
“Crash On The Levee (Down In The Flood)”, “Lo And Behold”, y “Ain´t No More
Cane”. Se aprecia también un aire libertino y cachondo, tanto en la mandolina
de Levon como en la forma de cantar de Dylan, un cierto espíritu que es como
una sonrisa a todo lo largo de este álbum.
Más loca que lo
normal, a veces realmente extravagante (escucha “Million Dollar Bash”, “Yazoo
Street Scandal”, “Don´t Ya Tell Henry” y “Lo And Behold”), yendo con toda
facilidad del tono de confesión al del burdel, llena de humor y alegría, esta
música me parece a la vez como una comprobación y un descubrimiento de
afinidades musicales, de nervio, de algunos temas muy puntiagudos: hazlo o
cállate, la obligación, la evasión, el regreso a casa, la admisión, el ajuste
de viejas cuentas.
Suena también como una
comprobación y un descubrimiento de recuerdos y raíces. The Basement Tapes es
un caleidoscopio que no se parece a nada que yo conozca, algo completo y en
absoluto envejecido, unos sonidos que saltan de un caleidoscopio de música
americana que no es menos directa por su condición de venerable. Raspando la
superficie de canciones como “Lo And Behold” o “Million Dollar Bash” aparecen
las extrañas aventuras y desmadres de personas aparentemente normales que
relatan canciones tan clásicas como “Froggy Went A-Courtin”, “E-ri-e”, el
“Fishing Blues” de Henry Thomas, “Cock Robin” o “Five Nights Drunk”; el
fantasma del sardónico “James Alley Blues” de Rabbit Brown tal vez esté detrás
de “Crash On The Leeve (Down In The Flood)”, (“A veces pienso que eres
demasiado dulce para morir”-cantaba Brown en 1967- “y otras veces pienso que
deberías ser enterrada viva”). The Basement Tapes recuerda las salomas de los
marineros, las canciones de los borrachos, los romances cantados y el “rock and
roll” primitivo.
Al lado de esos
elementos –y frecuentemente entremezclado- hay algo muy diferente. “Obviamente,
la muerte no es aceptada universalmente. Quiero decir que podrías pensar que la
gente que toca música tradicional deduciría de sus canciones que el misterio es
un hecho, un hecho tradicional.” (Bob Dylan 1966)
Creo que uno puede
escuchar lo que Dylan menciona en la música de The Basement Tapes; en canciones
como “Goin´ To Acapulco”, “Tears Of Rage”, “Too Much Of Nothing” y “This
Whell´s On Fire” es imposible no percibirlo. Es un misterio que no tiene nada
que ver con sortilegios, encantamientos o maleficios. La “aceptación de la
muerte” que Dylan halló en la “música tradicional” –las viejas baladas de la
música de las montañas- es simplemente la insistencia del cantante en
considerar el misterio como inseparable de cualquier comprensión honesta de lo
que es la vida. Es el silencioso terror de un hombre que busca la salvación y
que mira a un vacío que le devuelve la mirada. Es el fatalismo imponente e
impenetrable que impulsa a aquellas baladas intemporales que se grabaron por
primera vez en los años veinte: canciones como “East Virginia”, de Buell Kazee;
“Coo Coo Bird”, de Clarence Ashley; “Country Blues”, de Dock Boggs, o el “I
Wish I Was A Mole In The Ground”, registrada por Bascom Lamar Lunsford en 1928.
“Quisiera se un topo bajo tierra. Como un topo bajo la tierra yo demolería esa
montaña. Y quisiera ser un topo bajo la tierra.”
Lo que el cantante
quiere es obvio y es casi imposible de entender en toda su amplitud. Quiere ser
librado de su vida, quiere ser convertido en una criatura insignificante y
despreciada; como un topo bajo la tierra, desearía no ver a nadie y no ser
visto por nadie; quiere destruir el mundo y sobrevivir.
Dylan y The Band
comprendieron esos sentimientos –comprendieron al vacío que devuelve la mirada-
en el verano de 1967. En las canciones más poderosas y perturbadoras de The
Basement Tapes introdujeron un antiquísimo sentido del misterio con una
intensidad que no se había oído desde hace mucho tiempo. Puedes encontrarla en
la forma de cantar de Dylan y en la letra de “This Wheel´s On Fire” y, desde
luego, en cada nota tocada por Garth Hudson, Richard Manuel, Robbie Robertson,
Levon Helm y Rick Danko.
Y es por todo esto que
The Basement Tapes es una comprobación y un descubrimiento de raíces y
recuerdos, ésta podría ser la razón de que “Las cintas del sótano” sean más
subyugantes hoy que cuando fueron hechas; como el “Mistery Train” de Elvis
Presley o el “Love In Vain” de Robert Jonson, es poco probable que se
marchiten. El espíritu de una canción como “I Wish I Was A Mole In The Ground”
es importante aquí no como “influencia” y ni siquiera como “fuente”. Ocurre
simplemente que una cara de The Basement Tapes proyecta su sombra sobre tales
cosas y, a su vez, es ensombrecida por ellas.
Greil Marcus