CESAR GARCÍA GOMARIZ        Sacerdote de la Parroquia de San Benito de Murcia

 

 

Nació el 23 de abril de 1933 en Molina de Segura, a los 7 años tuvo que salirse de la escuela para trabajar y en 1944 a la edad de 11 años entró en el seminario, fue ordenado sacerdote el 10 de Junio de 1956. Una vida de entrega y amor a Dios que ha cumplido durante 47 años.

 

“No ha sido un paseo en lancha, he corrido muchas veces el desierto de la vida pero siempre feliz y contento de la mano del Señor”

 

¿Cómo era su vida de joven?

Muy pronto salí de la escuela para trabajar y poder subsistir en aquellas circunstancias. Una de las cosas que nunca olvidaré es cuando andábamos mi hermano y yo 300 o 400 metros cargando fruta para llevarla a un carro, muchas veces todos los días, esto hacía que se nos hiciesen heridas en la espalda y en aquellos tiempos de tanta escasez y penuria, la única forma que teníamos para curarlas era con vinagre, y así volver a trabajar al día siguiente. A los 11 años entré en el seminario, la vida era muy dura, hambre, escasez y estrecheces, pero por la gracia del Señor salimos adelante.

 

¿Qué planes e ilusiones tenía cuando se ordenó?

Todos los que un muchacho de 23 años puede tener, pero nunca he sido más bien un hombre pragmático, pendiente siempre de la realidad gris que me ha rodeado durante toda mi vida; y como nunca he volado por las alturas ni me he creído nada, sino lo que soy, pues tampoco he tenido desengaños.

 

¿En qué parroquias ha estado?

Una vez ordenado sacerdote el 10 de junio de 1956, hubo un nombramiento para San Bartolomé, después otro nombramiento para Rincón de Seca, otro también para Blanca, después la Parroquia de la Esperanza y de allí, una vez finalizado todo vine a San Benito.

 

¿Cómo recuerda su primer destino?

En San Bartolomé tenía un gran complejo, complejo que olvidé al poco tiempo. La razón era que en aquellos momentos se decía que tanto en San Bartolomé como en los Jesuitas estaban los sacerdotes más inteligentes y claro, esto obligaba a mucho. Fue un tiempo maravilloso que nunca olvidaré. Una persona que actúa en nombre del Señor nunca tiene fracasos, si algún fracaso hay siempre será aparente, tampoco hay éxitos porque siempre la fuerza la da el Señor, por tanto, hice todo cuanto se pudo en aquellos momentos.

 

Una anécdota o vivencia que se le haya quedado más que otra.

Tengo un sinfín de anécdotas pero la más fuerte fue estando en Rincón de Seca. A mi tía le dio un trastorno, un dolor muy grande en el pecho, llamamos al especialista y mientras venía, viéndose ella en aquella situación me pidió, nada más y nada menos que confesión, fue una vivencia muy especial tener que escuchar a mi tía en confesión. Ha habido otras pero desde el punto de vista humano la más fuerte ha sido esta.

 

Un momento malo y un momento bueno.

Lleno de ilusión, con mi fe anclada en el Señor y viviendo con la alegría de la esperanza, para mi no ha habido momentos malos ni buenos. Ni los buenos me han sublimado ni los malos me han abatido en ningún aspecto. Cuando alguna vez me he visto en el suelo, me he levantado he chequeado mis fuerzas y he seguido adelante.

Un momento que me hizo padecer mucho fue el caso de un señor que rechazó los sacramentos a pesar de tantas visitas como le hice.

 

Algo he haya aprendido de un feligrés.

Ver la claridad con que aquella gente me ha dado ejemplo de vida cristiana. De un modo especial la confesión ha sido para mí un modo para acercarme más ellos; más concretamente a esa gente que no sabiendo leer ni escribir tenían un sentido muy grande de Dios, ellos han sido los modelos míos a seguir.

 

Los jóvenes de aquellas parroquias.

Eran diferentes a los de ahora, quizás por el ambiente de vida de antes. Aquellos jóvenes vivían una vida con unos compromisos espirituales y reales que empujaban a una vida apostólica, eran hombres y mujeres de Dios que amaban al Señor con todo su corazón y ahora son padres de familia y abuelos maravillosos. En aquel tiempo no tenían gran eco en la sociedad porque había mucha gente así. En los momentos que vivimos actualmente pasarían por locos, o tontos, pero, como ellos decían: “con tal de ser cuerdos a los ojos de Dios, aunque seamos locos ante la gente, nos da lo mismo”.

 

¿Alguna anécdota en relación a la Virgen?

Antes la gente salía de la escuela muy pronto para trabajar y es el caso de un muchacho que estando haciendo la mili en Mallorca andaba un poco liado con el tema de las advocaciones de María. Una vez hablándome de este tema le dije: “saca tu cartera, ¿cuántas fotos llevas de Reme? -su novia-. Me enseñó varias, entonces le pregunté si era la misma y me contestó que sí, pues así también todas las vírgenes aunque sea diferente su figura o forma.

 

¿Cómo ha influido la virgen en la gente? ¿y en usted?

A través de ella mucha gente ha venido al conocimiento del Hijo y todos aquellos que aman a María aman también a su Hijo. En mi vida ha sido todo esto, y de un modo especial cuando estaba recién salido del seminario, la Virgen de las Angustias de la parroquia de San Bartolomé.

 

Doña Joaquina

Mi tía es un alma de Dios, es el ángel de la guarda que necesitaba para ser un buen sacerdote, que pide por mí, reza por mí, que me aconseja en todo momento y que procura todos mis caminos. Estamos juntos desde que tenía 14 meses, toda una vida. El Señor quiso que ella me acompañase, pues, siendo joven nunca le faltaron muchachos que se interesasen por ella, pero tenía unos valores en la vida y no le agradó nadie, lo único que quería era estar con su sobrino, espero que el Señor quiera que sea por muchos años.

 

 

Esta entrevista se realizó en Abril de 1996 por Camilo Hernández, la cual aparece en el nº 3 de la revista TAL COMO SOMOS editada por el Grupo de Jóvenes de la Parroquia de San Benito.