I. Jesús sintió
algo tan propio de la naturaleza humana como es la fatiga: lo vemos
verdaderamente cansado del camino (Juan, 4, 6) y se sienta junto a
un pozo porque no puede dar un paso más. El Señor experimentó el
cansancio en su trabajo, como nosotros cada día, en los treinta años de
vida oculta. En muchos otros pasajes del Evangelio también lo
vemos extenuado. ¡Qué gran consuelo es contemplar al Señor agotado! En
el cumplimiento de nuestros deberes, al gastarnos en servicio de los
demás y en nuestro trabajo profesional, es natural que aparezca el
cansancio como un compañero casi inseparable. Lejos de quejarnos ante
esta realidad, hemos de aprender a descansar cerca de Dios: venid a Mí
todos los que andáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré (Mateo 11,
28), nos dice el Señor. Unimos nuestro cansancio al de Cristo,
ofreciéndolo por la redención de las almas, y nos esforzaremos en vivir
la caridad con quienes nos rodean. No olvidemos que también hemos de
santificar el descanso porque el Amor no tiene
vacaciones.
II. Jesús aprovecha sus momentos de descanso junto al
pozo de Jacob, para mover a la mujer samaritana a un cambio radical de
vida (Juan 4, 8). Nosotros sabemos que ni siquiera nuestros momentos de
fatiga deben pasar en vano. No dejemos de ofrecer esos períodos de
postración o de inutilidad por el agotamiento o la enfermedad. El
cansancio nos enseña a ser humildes y a vivir la caridad; nos dejaremos
ayudar y entenderemos el consejo de San Pablo de llevar los unos
las cargas de los otros (Gálatas 6, 2). La fatiga nos ayudará a vivir
el desprendimiento, la fortaleza y la reciedumbre. Por otro lado,
debemos vivir la virtud de la prudencia en el cuidado de la salud: si
somos ordenados, encontraremos el modo de vivir el descanso en medio de
una actividad exigente y abnegada.
III. Aprendamos a
descansar. Y si podemos evitar el agotamiento, hagámoslo porque cuando
se está postrado se tiene menos facilidades para hacer las cosas bien y
vivir la caridad. "El descanso no es no hacer nada: es distraernos
en actividades que exigen menos esfuerzo" (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER,
Camino) El descanso, como el trabajo, nos sirven para amar a Dios y al
prójimo, por lo tanto la elección del lugar de vacaciones, o el
descanso deben ser propicios para un encuentro con Cristo. Hoy veamos
si nos preocupamos, como el Señor lo hacía, por la fatiga y la salud de
quienes viven a nuestro lado: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo
y descansar un poco (Marcos 6, 30-31)
Fuente: Colección
"Hablar con Dios" por Francisco Fernández Carvajal,
Ediciones Palabra. Resumido por Tere Correa de Valdés