La fidelidad a la gracia
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Viernes de la Tercera
Semana del Tiempo Ordinario
I. La semilla, una vez sembrada, crece
con independencia de que el dueño del
campo duerma o vele, y sin que
sepa cómo se produce. Así es la semilla de la
gracia que cae en las
almas; si no se le ponen obstáculos, si se le permite
crecer, da su
fruto sin falta, no dependiendo de quien siembra o de quien
riega, sino
de Dios que da el incremento (1 Corintios 3, 5-9). Así es
el
apostolado: "la doctrina, el mensaje que hemos de propagar, tiene
una
fecundidad propia e infinita, que no es nuestra, sino de Cristo"
(J. ESCRIVÁ DE
BALAGUER, Es Cristo que pasa). El Señor nos ofrece
constantemente su gracia
para ayudarnos a ser fieles, cumpliendo el
pequeño deber de cada momento, en
que se nos manifiesta su voluntad y
en el que está nuestra santificación. De
nuestra parte está aceptar Su
ayuda y cooperar con generosidad y docilidad.
II. La docilidad a
las inspiraciones del Espíritu Santo es necesaria para
conservar la
vida de la gracia y para tener frutos sobrenaturales.
"Las
oportunidades de Dios nos esperan: llegan y pasan. La palabra de
vida no
aguarda; si no nos la apropiamos, se la llevará el demonio"
(CARDENAL
J.H.NEWMAN, Sermón para el Domingo de Sexagésima: Llamadas de
la gracia). La
resistencia a la gracia produce sobre el alma el
mismo efecto que "el granizo
sobre un árbol en flor que prometía
abundantes frutos; las flores quedan
agostadas y el fruto no llega a
sazón" (R. GARRIGOU LAGRANGE, La tres edades de
la vida
interior). Una gracia lleva consigo otra: -al que tiene se le dará-,
y
el alma se fortalece en el bien en la medida en que lo practica,
cuanto más
trecho se recorre. Cada día es un regalo que nos hace el
Señor para que lo
llenemos de amor en una correspondencia alegre,
contando con las dificultades y
obstáculos y con el impulso divino para
superarlos y convertirlos en motivo de
santidad y apostolado. Todo es
bien distinto cuando lo realizamos por amor y
para el
Amor.
III. La vida interior necesita tiempo, crece y madura como
el trigo en el
campo. "Hay que tener paciencia con todo el mundo
-señala San Francisco de
Sales-, pero en primer lugar con uno mismo"
(Cartas) Nada es irremediable para
quien espera en el Señor; nada está
totalmente perdido; siempre hay posibilidad
de perdón: humildad,
sinceridad y arrepentimiento... y volver a empezar,
correspondiendo al
Señor, que está empeñado en que superemos los obstáculos.
Pidamos a
Nuestra Madre la paciencia necesaria para nosotros y para los demás,
y
continuidad humilde en nuestra lucha.
Fuente: Colección
"Hablar con Dios" por Francisco Fernández Carvajal,
Ediciones
Palabra.
Resumido por Tere Correa de Valdés
Chabre