Justicia en las palabras y en los juicios
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I. Por amor a Dios y al prójimo, por amor a la justicia, el cristiano debe ser
justo en el decir, en un mundo en que tanto se maltrata con las palabras.
¡Cuántas injusticias se pueden cometer al emitir juicios irresponsables sobre
el comportamiento de quienes conviven, trabajan o se relacionan con nosotros!
El Apóstol Santiago nos dice que la lengua puede llegar a ser un mundo de
iniquidad. La calumnia, la maledicencia, la murmuración... constituyen grandes
faltas de justicia con el prójimo, pues el buen nombre es preferible a las
grandes riquezas (Proverbios 22), ya que, con su pérdida, el hombre (y las
instituciones) queda incapacitado para realizar una buena parte del bien que
podía haber hecho (SANTO TOMÁS, Suma Teológica). El origen más frecuente de la
difamación es la envidia, que no sufre las buenas cualidades del prójimo o de
una institución. Murmuran también los que propagan a través de cualquier medio
de comunicación, hechos o dichos calumniosos comentados al oído; o mediante el
silencio, cuando se omite la defensa de la persona injuriada. Hoy pensemos si
vivimos aquel sabio consejo: "cuando no puedas alabar, cállate" (J. ESCRIVÁ DE
BALAGUER, Camino)
II. Debemos pedirle al Señor que nos enseñe a decir lo que conviene, en el
momento y en la medida oportunos, a no decir palabras vanas. Nosotros viviremos
la caridad y la justicia si, con la ayuda de la gracia, mantenemos la presencia
de Dios a lo largo del día, y si evitamos con prontitud los juicios negativos.
El amor a la justicia nos llevará a no formar juicios precipitados sobre
personas y acontecimientos, basados en una información superficial,
especialmente cuando se trata de noticias sobre la Fe, el Papa, los Obispos o
Instituciones de la Iglesia, pues estas noticias generalmente vienen de
personas sin fe o sectarias. El amor a la verdad nos llevará a huir del
conformismo y a contribuir a la buena información de los demás.
III. Pidamos mucho al Señor ver siempre y en primer lugar, lo bueno, que es
mucho de quienes están con nosotros. Así sabremos disculpar sus errores y
ayudarles a superarlos. Vivir la justicia es también respetar la intimidad de
las personas, protegerla de curiosidades extrañas, y no exponer en público lo
que debe permanecer en el ámbito de la familia o la amistad. Invoquemos con
frecuencia a Santa María, Asiento de la Sabiduría, para que Ella nos llene de
la Verdad que su Hijo nos ha traído.
Fuente: Colección "Hablar con Dios" por Francisco Fernández Carvajal, Ediciones
Palabra.
Resumido por Tere Correa de Valdés Chabre