NIÑA
DE AGUA
(Ana
Belén)
No
es que la casa no tuviera techo
pero
si algo faltaba lo tenemos
nada
me gustaría como saber cierto
a
que o a quién tendré que agradecerlo
no
es que los días no estuvieran llenos
para
la ternura siempre hay tiempo
ya
está el rompecabezas amarrado
fue
la pieza que andábamos buscando
No
viniste del frío ni la lluvia
Llegaste
del amor y de la luna...
Niña
de Agua
te
crecerán las alas y tu vuelo
Niña
de Agua
quizá
oscurezca el sol así lo creo
Niña
de Agua
nunca
sabrás sumar lo que te quiero
Desde
el alba dispuesta hasta la aurora
descubres
todo y todo te impresiona
del
perro hasta la hormiga laboriosa
la
vida a veces luz a veces sombra
No
viniste del frío ni la lluvia
Llegaste
del amor y de la luna... |
A
LA SOMBRA DE UN LEON
(Ana
Belén)
Llegó
con
su espada de madera
y
zapatos de payaso
a
comerse la ciudad.
Compró
suerte
en Doña Manolita
y
al pasar por la Cibeles,
quiso
sacarla a bailar un vals
como
dos enamorados
y
dormirse acurrucados
a
la sombra de un león.
"¿Qué
tal?
Estoy
sola y sin marido.
Gracias
por haber venido
a
abrigarme el corazón."
Ayer,
a
la hora de la cena,
descubrieron
que faltaba
el
interno 16.
Tal
vez
disfrazado
de enfermero
se
escapó de Ciempozuelos
con
su capirote de papel.
A
su estatua preferida
un
anillo de pedida
le
robó en El Corte Inglés.
Con
él
en
el dedo, al día siguiente,
vi
a la novia del agente
que
lo vino a detener.
Cayó
como
un pájaro del árbol
cuando
sus labios de mármol
le
obligaron a soltar.
Quedó
un
taxista que pasaba
mudo
al ver cómo empezaba
la
Cibeles a llorar
y
chocó contra el Banco Central. |
ERES
LUZ
(Niña
Pastori)
Eres luz
eres eternidad
tu eres la sal del mar
y mi voz de cristal
y mi cielo...
Lele, lele, lele, lele...
Y mi consuelo
porque yo tengo una pena
sin sus besos por su ausencia
por mis celos...
Lele, lele, lele, lele...
Si no estás en mi
vida
que será de mí
si no inventas mis sueños
que será...
Si busco y no te encuentro
que será de mí
si todo es desaliento
si el mundo es un tormento
si no velas mi vida
que será...
Lele, lele, lele, lele...
Y mi consuelo
porque yo tengo una pena
sin sus besos por su ausencia
por mis celos...
Negro que pinta mi velo
nieve de mi soleá
Si no te tengo
si no te siento,
sin Dios no hay nada en
mí...
Lele, lele, lele, lele... |
PENAS
Y ALEGRIAS DEL AMOR
(Concha
Piquer)
Rafael
de León/Mario Álvarez Quiroga
Mira cómo se me pone
la piel
cuando te recuerdo,
por la garganta me sube
un río de sangre
fresco
de la herida que atraviesa
de parte a parte mi cuerpo,
tengo clavos en las manos
y cuchillos en los dedos,
y en la sien una corona
hecha de alfileres negros.
Mira cómo se me pone
la piel
cada vez que me acuerdo
que soy un hombre casado...
y sin embargo te quiero.
Entre tu casa y me casa
hay un muro de silencio,
de ortigas y de chumbreras,
de cal, de arena y de viento,
de madreselvas oscuras
y de vidrios en acecho...
un muro para que nunca
lo pueda saltar el pueblo
que está rondando
la llave
que guarda nuestro secreto,
si yo sé bien que
me quieres
y tú sabes que te
quiero,
y lo sabemos los dos
y nadie puede saberlo.
Salgo de mi casa al campo
solo con tu pensamiento,
por acariciar a solas
la tela de aquel pañuelo
que se te cayó un
domingo
cuando venías del
pueblo
y que no te he dicho nunca
mi vida, que yo lo tengo,
y lo estrujo entre mis manos,
lo mismo que a un limón
nuevo,
y miro tus iniciales
y las repito en silencio
para que ni el campo sepa
lo que yo te estoy queriendo...
Ayer en la plaza nueva,
vida, no vuelvas a hacerlo,
te vi besar a mi niño,
a mi niño el más
pequeño.
Y cómo lo besarías,
ay Virgen de los Remedios,
que fue la primera vez
que a mí me diste
un beso.
Llegué corriendo
a mi casa,
alcé a mi niño
del suelo
y sin que nadie me viera,
como un ladrón en
acecho,
en su cara de amapola
mordió mi boca tu
beso.
¡Ay, qué alegría
y qué pena
quererte como te quiero!
Mira, pase lo que pase,
aunque se hunda el firmamento,
aunque tu nombre y el mío
los pisoteen por el suelo,
aunque la tierra se abra
y aún cuando lo sepa
el pueblo
y eleven nuestras banderas
de amor a los cuatro vientos,
sigue queriéndome
así
tormento de mis tormentos.
Ay, qué alegría
y qué pena...
quererte como te quiero. |