UNICORNIO
(Silvio
Rodríguez)
Mi unicornio azul ayer se
me perdió,
pastando lo dejé
y desapareció;
cualquier información
bien la voy a pagar,
las flores que dejó
no me han querido hablar.
Mi unicornio azul ayer se
me perdió,
no sé si se me fue,
no sé si se extravió
y yo no tengo más
que un unicornio azul;
si alguien sabe de él
le ruego información,
cien mil o un millón
yo pagaré.
Mi unicornio azul se me ha
perdido ayer,
se fue.
Mi unicornio y yo hicimos
amistad,
un poco con amor, un poco
con verdad,
con su cuerno de añil
pescaba una canción,
saberla compartir era su
vocación.
Mi unicornio azul ayer se
me perdió
y puede parecer acaso una
obsesión,
pero no tengo más
que un unicornio azul
y aunque tuviera dos, yo
sólo quiero aquél,
cualquier información
la pagaré.
Mi unicornio azul se me ha
perdido ayer,
se fue. |
PRINCESA
(Joaquín
Sabina)
Entre la cirrosis y la sobredosis
andas siempre muñeca,
con tu sucia camisa
y en lugar de sonrisa
una especie de mueca.
Cómo no imaginarte
cómo no recordarte
hace apenas dos años
cuando eras la princesa
de la boca de fresa
cuando tenías aún
esa manera de hacerte daño.
Ahora es demasiado tarde
princesa,
búscate otro perro
que te ladre princesa.
Maldito sea el gurú
que levantó entre
tú y yo un silencio oscuro
del ya sólo sales
para decirme:
"Vale, déjame veinte
duros".
Ya no te tengo miedo, nena,
pero no puedo seguirte en
tu viaje,
cuántas veces hubiera
dado la vida entera
porque tú me pidieras
llevarte el equipaje.
Ahora es demasiado tarde
princesa...
Tú que sembraste en
todas
las islas de la moda las
flores de tu gracia.
Cómo no ibas a verte
envuelta en una muerte con
asalto a farmacia.
Con qué ley condenarte
si somos juez y parte todos
de tus andanzas.
Sigue con tus movidas, reina,
pero no pidas que me pase
la vida pgándote fianzas.
Ahora es demasiado tarde
princesa... |
CALLE
MELANCOLIA
(Joaquín
Sabina)
Como
quien viaja a lomos
de
una yegua sombría,
por
la ciudad camino
no
preguntes adónde,
busco
acaso un encuentro
que
me ilumine el día
y
no hallo más que puertas
que
niegan lo que esconden.
Las
chimeneas vierten
su
rollito de humo
a
un cielo cada vez
más
lejano y más alto,
por
las paredes grises
se
desparrama el zumo
de
una fruta de sangre
crecida
en el asfalto.
Ya
el campo estará verde,
debe
ser primavera,
cruza
por mi mirada
un
tren interminable.
El
barrio donde habito
no
es ninguna pradera,
desolado
paisaje
de
antenas y de cables.
Vivo
en el número siete,
calle
Melancolía,
quiero
mudarme hace años
al
barrio de la Alegría,
pero
siempre que lo intento
ha
salido ya el tranvía,
en
la escalera me siento
a
silvar mi melodía.
Como
quien viaja a bordo
de
un barco enloquecido
que
viene de la noche
y
va a ninguna parte,
así
mis pies descienden
la
cuesta del olvido
fatigados
de tanto
andar
sin encontrarte.
Luego,
de vuelta a casa
enciendo
un cigarrillo,
ordeno
mis papeles,
resuelvo
un crucigrama,
me
enfado con las sombras
que
pueblan los pasillos
y
me abrazo a la ausencia
que
dejas en mi cama.
Trepo
por tus recuerdos
como
una enredadera
que
no encuentra ventanas
donde
agarrarse, soy
esa
absurda epidemia
que
sufren las aceras,
si
quieres encontrarme
ya
sabes dónde estoy.
Vivo
en el número siete... |
PONGAMOS
QUE HABLO DE MADRID
(Joaquín
Sabina)
Allá
donde se cruzan los caminos,
donde
el mar no se puede concebir,
donde
regresa siempre el fugitivo,
pongamos
que hablo de Madrid.
Donde
el deseo viaja en ascensores
un
agujero queda para mí
que
me dejo la vida en sus rincones,
pongamos
que hablo de Madrid.
Las
niñas ya no quieren ser princesas
y
a los niños les da por perseguir
el
mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos
que hablo de Madrid.
Los
pájaros visitan al psiquiatra,
las
estrellas se olvidan de salir,
la
muerte pasa en ambulancias blancas,
pongamos
que hablo de Madrid.
El
sol es una estufa de butano,
la
vida un metro a punto de partir,
hay
una jeringuilla en el lavabo,
pongamos
que hablo de Madrid.
Cuando
la muerte venga a visitarme
no
me despiertes, déjame dormir,
aquí
he vivido, aquí quiero quedarme,
pongamos
que hablo de Madrid. |