Ayúdanos a mantener este site. Visita nuestros sponsors

RATITAS DIVINAS
(Kiko Veneno)

Ratitas divinas, 
divinas ratitas, 
gordas, redonditas, 
parece que no falta de comer 
  
Ratitas divinas, 
discretas ratitas, 
entre tanta gente 
por el día casi no se os ve. 
  
Me mordió y no se separaba de mí. 
Laboratorio Municipal, 
veinte inyecciones en la barriga, 
caso, dudoso, caso rabioso. 
  
Ratitas divinas... 
  
Ratas, os comprendo 
porque sois la parte chunga, 
quisiera tocaros 
pero no puedo, 
os he visto crecer entre ratas.
PATA PALO
(Kiko Veneno)


Pata palo es un pirata malo 
Que come pulpo crudo 
Y bebe agua del mar. 
De momento se le presenta un barco, 
Le tira un salivazo 
Y lo hace naufragar. 
Tiene una pata de palo 
Y tiene una joroba: 
Se parece al Monte Gurugú.

Por la baranda, chim-chim-chim-pún 

Pata palo es un pirata raro, 
Que sin leer tebeos 
No puede actuar. 
De momento le entra un sentimiento, 
Se tira en una charca 
Y se pone a navegar. 
Tiene un pata de palo 
Que no es ni de palo: 
Es de aluminio del Japón. 

Por la baranda, chim-chim-chim-pún.

VENENO
(Kiko Veneno)


En un cuartito los dos 
veneno que tú tomaras 
veneno tomaba yo. 
Qué tiene tu amor 
dime qué tiene tu amor 
me está dejando desnudo 
como me trajo Dios 
desnudo me trajo Dios. Desnudito. 
  
Tú me decías y me jurabas 
que me esperarías 
y me quedé toda la noche al relente 
Tú le echabas la culpa al reloj 
pero el reloj era muy buena gente 
el reloj es mejor que tú 
  
Tú me estás queriendo a mí 
un 15% menos no me lo niegues 
con el coste de la vida lo nuestro 
se está quedando en ná. 
En un cuartito los dos 
veneno que tú tomaras 
veneno tomaba yo.
SAN JOSE DE ARIMATEA
(Kiko Veneno)


A la caída de la tarde 
San José de Arimatea 
dejó la radio en el suelo y se puso a bailar. 
  
No pensaba en el trabajo que había puesto en su hacienda 
y siempre había sospechado quién le robaba las almendras 
pero esta vez lo vio y lo invitó a fumar. 
  
No tenía ningún callo 
que lo avisara de tormenta 
nunca supo distinguir la estrella polar. 
  
Sentado bajo la higuera recogía con cuidado 
el fruto que los pájaros habían ya picoteado 
y guardaban para él su mayor dulzor. 
  
Y si a veces ayunaba 
no era que nadie lo tentaba 
era sólo por ver nuevos colores en el sol. 
  
Bajaban por el monte turbas evangelizantes 
que habían hallado el camino de la salvación. 
  
San José que era muy viejo y se lo hacía de incógnito 
levantó su cara al cielo y lo abrazó con los ojos 
Guardó la piedra en la bolsa y se fue a descansar. 


Ayúdanos a mantener este site. Visita nuestros sponsors


Site desarrollado por O'Byron