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Todo empezo con una campaña publicitaria pagada por una multinacional...
LA ALIMENTACION TRANSGENICA ES UNA CUESTION DE OPINIONES: MONSANTO CREE QUE USTED DEBERIA OÍRLAS TODAS.
Los alimentos modificados genéticamente son el centro de una discusión muy acalorada. Como empresa de biotecnología en Monsanto creemos firmemente en esta tecnología. Por supuesto somos un negocio y queremos que nuestros accionistas obtengan un beneficio de esta tecnología. Pero nuestro entusiasmo y compromiso por la biotecnología de los alimentos se deriva de los beneficios reales que proporciona tanto a los consumidores como al medioambiente. Otros tienen una opinión menos favorable. Algunos son abiertamente hostiles. Lo justo es que usted pueda apreciar el abanico de opiniones antes de tener una decisión formada al respecto.
Estamos a punto de organizar una campaña de publicidad presentando las ventajas de la alimentación transgenica. Además de nuestros pareceres publicaremos las direcciones y los teléfonos de aquellos con opiniones distintos incluso las de aquellos que son nuestros mas abiertos críticos, animándoles a ustedes para que se pongan en contacto con ellos. Esto puede sonar extraño pero creemos que la alimentación es tan importante que todo el mundo debería saber todo aquello que quiera al respecto. Además de la publicidad hay folletos en muchos supermercados y pueden ustedes llamar al teléfono de información gratis 08000920401, si tienes alguna duda o quieres mas documentación. También puedes visitar nuestra pagina web en www.monsanto.co.uk.
Sin lugar a dudas nuestro objetivo es favorecer una opinión favorable sobre la alimentación transgenica. Ciertamente sabemos que se necesitaran algo mas que palabras para convencerles a ustedes.
ETIQUETADO A LOS ALIMENTOS. TIENE EL TOTAL APOYO POR PARTE DE MONSANTO.
Antes de comprar una patata u otro alimento usted es posible que quiera saber si es producto de alimentación transgenica.
Monsanto es una compañía biotecnologica puntera. Nuestra patata, maíz y soja están adaptados para producir mayores cosechas a través de un control mejor de las plagas y las malas hierbas. En un paso adelante desde la ya tradicional hibridación, hemos insertado un gen beneficioso, producido de forma natural, en el sistema genético de la planta.
Se han realizado análisis rigurosos durante los veinte años de historia biotecnologica de Monsanto para asegurar que nuestros cultivos son tan seguros y nutritivos como los normales.
Tenemos completa seguridad en que lo son. Y de la misma manera opinan los organismos reguladores de veinte países (incluido el Reino Unido) que los ha aprobado. Puede ser que hayan notado últimamente una etiqueta en los alimentos de los supermercados Esto es para informarles sobre el uso de la biotecnología en la alimentación.
Monsanto apoya totalmente a las empresas de alimentación y de distribución en la introducción de estas etiquetas. Creemos que ustedes deberían ser conscientes de todos los hechos antes de hacer una compra. Le animamos a que busquen esas etiquetas, si quieren saber mas no dude en pedir un folleto en su supermercado, llame a nuestra línea de atención al cliente al 0800 082 0401 o visite nuestra pagina web en www.monsanto.co.uk.
(las patatas producidas mediante biotecnologica todavía no se pueden adquirir en el Reino Unido)
Para entererarse de lo que otros opinan llamen a Iceland al teléfono 0990 133373 o visite su pagina web de internet www.iceland.co.uk. Intente contactar con Friends of the Earth en el 0171 865 8222 o en su pagina web www.foe.co.uk.
La revista The Ecologist reacciona ante la campaña publicitaria (capitulo I) y trás dos meses de investigación decide publicar un monográfico sobre Monsanto.
El editorial es una carta abierta al Sr. Shapiro, Jefe Ejecutivo de Monsanto:
Este número especial de "The Ecologist" analiza de cerca la biotecnología, concentrándose en particular en las actividades de Monsanto, la compañía que Vd. dirige, que es también una de las mayores y mas poderosas empresas del mundo.
La razón de que aparezca este número es sencilla: han sido ustedes mismos quienes lo han pedido. En su campaña publicitaria reciente, hicieron un llamamiento a una discusión libre y abierta sobre el impacto del trabajo que hacen Vds. La "biotecnología de los alimentos", como ustedes dicen, es una cuestión de opiniones, y "Monsanto cree que el público debería oir todas ellas".
Las opiniones que presentamos aquí se oyen mucho menos que las suyas, pero están también mucho mas extendidas. Representan, de hecho, algo así como un movimiento contra la biotecnología en general y la biotecnología de los alimentos en particular. Esperamos de verdad que, en respuesta a su invitación, comiencen a tener la difusión pública masiva que merecen.
Usted presenta a Monsanto como una empresa honrada y justa, cuyos intereses coinciden a la perfección con los del mundo natural y con los de nuestro lugar en él, pero existen algunas contradicciones manifiestas en dichas afirmaciones. Nos dice Vd. en sus anuncios que Vd. quiere ayudar a conservar el ambiente, y, sin embargo, Monsanto ha contaminado el medio ambiente de forma masiva, por ejemplo, produciendo suficientes PCBs para exterminar a todos los mamíferos de los oceános del mundo. Nos dice también Vd. que su objetivo es alimentar a los que pasan hambre en el mundo, pero Monsanto ha sido directamente responsable de atentar contra una de las prácticas clave de la agricultura de subsistencia sostenible, como es el conservar y mejorar las semillas adaptadas a las condiciones locales de año en año. Y afirma Vd. que considera a la ingeniería genética como un medio para reducir la necesidad de plaguicidas, pero Monsanto es el productor de Roundup, uno de los plaguicidas mas vendidos del mundo.
No estamos prejuzgando ni despreciando su respuesta al debate que ha iniciado Vd., pero tampoco confiamos demasiado en que quiera escuchar realmente. En el pasado, ha sido para Vd. sumamente difícil tomar en cuenta los puntos de vista de sus críticos. En verdad, tal y como queda claro en las siguientes páginas, se ha apresurado Vd. a suprimir cualquier debate que pudiera amenazar sus intereses.
Nos dice Vd. que la biotecnología es "cuestión de opiniones". ¿De verdad cree Vd. que deberíamos escucharlas todas?
The Ecologist
De repente The Ecologist, la revista insignia del pensamiento ecologista durante los últimos 30 años,
se vió inmersa en una polemica por creer en la publicidad.
Los 14.000 ejemplares de la edición especial sobre la ingenieria genética y Monsanto fueron destruidos sin aviso alguno por la imprenta Penwells, que llevaba 29 años imprimiendo The Ecologist.
Según informó el diario británico The Guardian: la imprenta se niega a hacer comentarios, se cree que tuvo miedo de exponerse a una denuncia por calumnias de Monsanto.
Zac Goldsmith, de The Ecologist, ha declarado que "Estamos atónitos y escandalizados. Tenemos un largo historial de denuncias contra las multinacionales, pero la imprenta no se había negado a editar un número en 29 años. Pregunte si nos podian enviar un ejemplar de la revista. Dijeron que no, que los 14.000 ejemplares fueron destruidos. He intentado averiguar que ha pasado, pero no contestan a nuestras llamadas."
Daniel Verakis, portavoz de Monsanto en el Reino Unido, dijo que la noticia le ha causado perplejidad. "Yo habia hablado con Zac Goldsmith en septiembre sobre el hecho de que este número iba a ser un monográfico sobre la biotecnología, y supuse que, siendo la empresa más grande en el area, nos mencionaría, pero no sasbía que iba a ser un número especial sobre Monsanto. El hecho de que se haya destruido el número es un misterio para mí. No tuvimos nada que ver con ello."
The Ecologist debería haber estado en los quioscos ayer, pero todavía siguen buscando una imprenta.
Trás númerosas visitas a imprentas, por fin consiguen editar el número, pero no habían acabado los problemas...
Las cadenas de quioscos WH Smith y John Menzies han confirmado hoy que no venderán el último numero de la revista The Ecologist por miedo a una denuncia de la gigantesca empresa de biotecnología, Monsanto.
El numero monográfico es una respuesta directa a una campaña de publicidad de Monsanto, en la cual se afirma entre otras cosas que "la biotecnología alimenticia es una cuestión de opiniones. Monsanto cree que debes oírlas todas."
La revista destaca el historial de irresponsabilidad social y ecológico de la empresa, y demuestra su disposición de intimidar y aplastar las ideas que chocan con sus intereses inmediatos. "Solo por medio de su reputación," dice el co-editor Zac Goldsmith, "Monsanto ha podido, una tras otra vez, llevar a cabo lo que es de hecho una política de censura. En repetidas ocasiones, su tamaño e historia de agresión ha truncado con lo que es incuestionablemente un legítimo e importantísimo debate. Ellos creen en la información, pero solo la que asegura una respuesta del público que resulte favorable a sus productos, los cuales a menudo resultan peligrosos."
La centralita de The Ecologist ha sido colapsada con llamadas del publico deseoso pero incapaz de adquirir ejemplares de la revista.
A principios de este mes, la imprenta de The Ecologist redujo a pasta todas las ejemplares de la edición, solo horas antes de su distribución, por miedo a denuncias legales por parte de Monsanto. La imprenta había trabajado conjuntamente con The Ecologist durante más de 25 años sin ningún tipo de conflicto. Ahora, con la negativa a distribuir la revista en las principales cadenas de quioscos, Menzies y Smith, argumentando "potenciales problemas legales", se empieza a cuestionar la propia independencia de la prensa en el Reino Unido.
Mientras tanto en la India...
L@s campesin@s de Karnataka (sur de la India) han empezado a reducir a cenizas los campos de experimentación de Monsanto existentes en la región. Hace dias, el ministro de agricultura de Karnataka en una conferencia de prensa fue obligado por los periodistas a revelar los lugares donde estos experimentos con algodon Bt estan siendo realizados. Miles de campesin@s ocuparon y quemaron los campos delante de las camaras, en una accion de desobediencia civil anunciada y abierta.
Esta accion marca el comienzo de una campaña de acción directa de campesin@s contra la biotecnologia, que recibe el nombre de "Operacion Quemar Monsanto', que no cesara hasta que todas las multinacionales asesinas como Monsanto, Novartis, Pioneer etc se vayan de la India. Representantes de movimientos campesinos de otros tres Estados de la India (en los que Monsanto tambien esta llevando a cabo experimentos) estuvieron ayer en Bangalore para preparar una campaña.
La campaña contra la ingeniería genética y las patentes sobre los seres vivos, tiene como objetivos quemar Monsanto y enterrar a la Organización Mundial del Comercio. Además recomiendan a quienes hayan invertido en Monsanto que recuperen las inversiones antes de que sean reducidas a cenizas.
Nanjundaswamy, presidente de Karnataka State Farmers Association, ha declarado que "Sabemos que detener la biotecnologia en la India no nos sera de mucha utilidad si se sigue practicando en otros paises, pues la biopolucion no se detiene en las fronteras. Tambien pensamos que el tipo de acciones que tendran lugar en la India tienen el potencial no solo de echar a estas multinacionales asesinas de nuestro pais: si jugamos bien nuestras cartas a nivel global y coordinamos nuestro trabajo, estas acciones pueden tambien convertirse en un reto importante para la supervivencia de estas empresas en los mercados de valores."
"Por estos motivos" continua Nanjundaswamy "estamos haciendo una convocatoria internacional de accion contra Monsanto y el resto de la mafia biotecnologica. Esperamos que esta convocatoria inspire a toda la gente que esta ya haciendo un brillante trabajo contra la ingenieria genetica, y a mucha otra que hasta ahora no ha trabajado este tema, a unir sus esfuerzos y acciones a nivel global."
"Este es un buen momento para atacar a Monsanto, pues se ha quedado sin un "chavo" debido a sus intentos megalomanos de monopolizar la industria de la vida en tiempo record. Ahora esta en medio de un proceso de despidos masivos y reestructuracion en un esfuerzo deseperado por sobrevivir, pues no puede pagar sus facturas. Tambien es un buen momento pues varios escandalos recientes (como la destrucción de la edición completa del último numero de la revista The Ecologist, dedicada a Monsanto; el escandalo de la 'tecnologia terminator', la introducción ilegal de algodón Bt en Zimbabwe..) han contribuido a aumentar su reputación como asesino multinacional, que, como creador del Agente Naranja de la guerra de Vietnam y del rBGH, ya era suficientemente conocida." finaliza Nanjundaswamy.
Mientras en Europa se hacen públicos documentos internos de la multinacional...
Según unos documentos internos que han sido filtrados, Monsanto, la compañía líder en producción de alimentos transgénicos se enfrenta a un grave desprestigio en Reino Unido y Alemania debido al desplome que ha sufrido el apoyo social a sus tecnologías radicalmente nuevas. En medio de un aumento de problemas con los medios de comunicación y hostilidad por parte de los supermercados, solo los altos funcionarios del Gobierno y miembros del parlamento, principalmente laboristas, han mostrado un apoyo creciente a las polémicas tecnologías de Monsanto en el pasado año.
Dos documentos internos filtrados a Greenpeace y confirmados como verdaderos por Monsanto ayer (martes 17 de noviembre), afirman que la compañía debe poner en practicas medidas para abordar la crisis. Un portavoz de la empresa dijo que Monsanto no había llegado a plantearse retirarse de ambos países pero si que estaban preocupados por la situación. Aunque sondeos independientes reflejan que el publico Británico no se fía de la introducción de alimentos modificados genéticamente, este es el primer análisis interno de la compañía que se ha hecho publico. Según los documentos, los últimos sondeos de Monsanto y grupos de discusión muestran que a pesar de la campaña de publicidad de un millón de libras esterlinas la oposición publica ha continuado disparándose. "En cada momento seguimos pensando que hemos tocado fondo... pero aparentemente no es así", escribe el autor de los documentos Stan Greenberg un técnico en encuestas estadounidense que ha trabajado para Clinton Tony Blair y el canciller alemán Gerhrard Schroeder. La estrategia de Monstanto en Gran Bretaña se ha centrado en convencer a una elite socioeconómica de los beneficios de los alimentos transgenicos, para que estos a su vez pudieran incidir sobre otras personas para que acepten los alimentos con ingredientes modificados genéticamente. Se dice en el documento que el único avance que han conseguido es precisamente con esta elite formada principalmente por altos funcionarios de las escalas superiores y diputados con los que se tiene constancia que se han mantenido reuniones.
Según Greenberg "El seguimiento en los medios de comunicación de la biotecnología ha sido especialmente difícil en Reino Unido" donde "los principales periódicos y periodistas han llevado una campaña contra los alimentos transgenicos".
Greenberg recomienda a la compañía que seria bueno que estuviera preparada para una crisis en Alemania donde Monsanto afirma tener menor apoyo a nivel europeo hacia los alimentos manipulados genéticamente. Daniel Veraksi de Monsanto dijo en Londres ayer por la noche "esta información no es nueva ni diferente de lo que ya se ha dicho anteriormente".
El Ministro de Agricultura ha ido más allá y se ha doblegado ante la presión de la industria biotecnologia y ha abandonado los planes para que las pruebas de cosechas modificadas genéticamente se hicieran a gran escala. La nueva legislación que se está aprobando aceleradamente en el Parlamento, reducen el numero de pruebas necesarias para evaluar nuevas plantas y variedades de semillas-cortando drásticamente la cantidad de información recopilada por el ministerio antes de que la cosecha pueda llegar al publico.
La normativa sigue la amenaza de acción legal de la industria y es contraria a su intención originaria de controlar las nuevas variedades. El Sindicato Estatal de Agricultores (NFU), la Asociación de propietarios agrícolas del país, la Asociación de cultivadores de Semillas de Lincolnshire y Friends of the Earth han presentado objeciones a los planes del Gobierno. Pero Lord Donoughue subsecretario parlamentario en el MAFF no ha admitido las quejas posponiendo la regulación.
Los Liberales Demócratas tienen la intención de paralizar los cambios- las protestas a la nueva regulación del Gobierno van a ser presentadas por Norman Baker diputado del partido Liberal Democrático por Lewes. El Sr. Baker dijo ayer "hay razones para que se realicen mas exámenes a las semillas manipuladas genéticamente no para que se reduzcan". La nueva normativa deroga la necesidad de que dichas pruebas sean duplicadas, causando una gran preocupación en la NFU ya que nuevas variedades pudieran plantarse en Reino Unido basados en pruebas realizadas en el extranjero.
Pete Riley de la campaña de Friends of the Earth dijo que la "ingeniería genética es una tecnología nueva y todavía impredecible, por lo cual reducir a la mitad la cantidad de información necesaria no es solo poco convincente sino que, además, supone un desprecio a la gran preocupación social al respecto".
En el Estado español...
En la práctica la destrucción de la revista The Ecologist y la negación de las distribuidoras a su venta suponen un atentado contra la libertad de expresión y demuestran el poder de las grandes multinacionales para acallar las voces críticas.
Para Nodo 50 y Ecologistas en Acción el asunto nos pareció tan importante como para organizar una edición en castellano de la revista objeto de la polémica y su publicación en la red.
Lo sucedido sitúa en sus justos términos la controversia entre las multinacionales agroquímicas (hoy reconvertidas a lo que eufemísticamente llaman "ciencias de la vida") y los grupos sociales más concienciados (a quienes las megacompañías tienen la desfachatez de intentar desacreditar como "multinacionales del ecologismo"): un combate de Goliat contra David, donde además se intenta que David pelee sujeto al suelo y con una mano atada a la espalda (porque la demagogia es ciencia sólo cuando hablan Monsanto y las otras megacompañías).
Las organizaciones que nos hemos puesto de acuerdo para intentar remediar parcialmente el desafuero cometido contra The Ecologist -en el cual hemos sentido amenazada nuestra propia democracia- podemos tener puntos de vista diferenciados sobre las nuevas biotecnologías. Pero todos y todas estamos de acuerdo en que hoy faltan las condiciones tanto para un uso seguro de las nuevas biotecnologías como para un debate amplio, democrático y racional al respecto: debate cuya necesidad invocan hipócritamente a menudo quienes -como Monsanto- al mismo tiempo hacen cuanto pueden por impedirlo.
Las organizaciones editoras
Acció Ecologista-Agró
Plaça Santa Creu, 6-B 46003 Valencia
Tel y Fax: 963917864
Fons.Medi.Ambient@uv.es
ACSUR-Las Segovias
Cedaceros, 9, 3º izda. 28014 Madrid.
Tel: 914291661 Fax: 914291593
acsur@eurosur.org
Alternativa Verda
Apartat de Correus 10017 08080 Barcelona. Catalunya.
avcatalo@pangea.org
Amigos de la Tierra
Av. de Ajalvir a Vicalvaro, 82 - 4ª Plt. 28022 Madrid.
Tel: 913069900, Fax: 913134893
tierra@arrakis.es
Asociación Vida Sana
Clot 39 08018 Barcelona.
Tel: 935800818, Fax: 935801120
avidasana@bcn.servicom.es
Bakeaz
Avda. Zuberoa 43 bajo, 48012 Bilbao.
Tel:944213719, Fax:944216502
bakeaz@sarenet.es
Confederación Sindical de CC.OO.
Departamento de Medio Ambiente.
Fernández de la Hoz 12, 28010 Madrid
Tel: 913197653, Fax: 913104804
medio.ambiente@ccoo.es
Ecologistas en Acción
Marqués de Leganés, 12 - 28004 Madrid.
Tel: 91 5312739, Fax: 91 5312611
ecologistas@nodo50.org
Entrepueblos
Pza. Ramón Berenguer El Gran 1, 3º, 1ª 08002 Barcelona
Tel:932683366, Fax:932684913
epueblos@arrakis.es
Fondo Patrimonio Natural Europeo
Capitán Haya 23, esc 2, 9ª pta 2. 28020 Madrid.
Tel: 915569390, Fax: 915569895
fondomadrid@quercus.es
Greenpeace
San Bernardo 107, 1º 28015 Madrid
Tel: 914441400, Fax: 9144715998
informacion@greenpeace.es
Grup de Científics i Tècnics per un Futur No Nuclear
Apartat de Correus 10095 08080 Barcelona. Catalunya.
Tel y Fax: 934272449
gctpfnn@mx3.redestb.es
Icaria Editorial
Ausiàs Marc 16 3º 2ª 08010 Barcelona.
Tel: 933011723, Fax: 933178242
icariaep@terrabit.ictnet.es
Izquierda Unida
c/ Olimpo 35, 28043 Madrid.
Tel 913003233, Fax: 913880405
admon.federal@izquierda-unida.es
Liberación
c/ Hileras 8, 2º izda. 28013 Madrid.
Tel: 915421409, Fax: 915426199
Los Verdes
Navellos 9, 2º 46003 Valencia.
Tel y Fax: 963921314
verdspv@xarxaneta.org
Plataforma Rural
Navas de Tolosa 3 4º, 28013 Madrid.
Tel: 908477253, Fax: 915216668
secr.plat.rural@cdrtcampos.es
Revista WorldWatch
Gobernador 3, 3º, 28014 Madrid.
Tel y Fax: 914293774
worldwatch.aedenat@nodo50.org
Sodepaz
La Puebla 15, 28004 Madrid.
Tel. 915228091, Fax: 915233832
sodepaz@nodo50.org
La historia de The Ecologist...
La historia de "The Ecologist" corre paralela a la del movimiento ecologista europeo. En 1969 Edward Goldsmith, que era doctor en Ciencias por el Magdalen College de Oxford y miembro de "Survival Internacional", decide crear la revista con un grupo de amigos y activistas británicos. El objetivo era oponerse al concepto de crecimiento económico y desarrollo productivista impulsado por las organizaciones económicas y financieras transnacionales. Goldsmith acababa de intuir con 30 años de antelación, los efectos perversos de la globalización.
El primer número de "The Ecologist" salió en julio de 1970 y en él escribieron un grupo de periodistas y expertos ambientalistas que estarían vinculados al trabajo de Goldsmith hasta la actualidad: Peter Bunyard, especialista en cuestiones nucleares y energéticas; Michael Allaby, autor del Oxford Dictionary of Natural History y un extraordinario documentalista del agrobusiness; Robert Allen, de la IUCN (International Union for Conservation of Nature and Natural Resources), a los que se uniría años más tarde Nicholas Hildyard que introduciría algunos de los temas que actualmente son elementos básicos de la crítica de la revista como la biotecnología.
Poco a poco "The Ecologist" fue vinculando como colaboradores a los pensadores más destacados del ecologismo, del movimiento antinuclear y de la economía ecológica. Así, por ejemplo, el entropista Nicholas Georgescu Roegen ("The Entropy Law and The Economic Process"); René Dubos, autor con Barbar Ward del best-seller "Only One Earth"; Herman E. Daly, uno de los economistas especializados en el desarrollo sostenible disidente del Banco Mundial y que recibió el Premio Nobel Alternativo.
Otros personajes que escribirían en "The Ecologist" durante las décadas de los 70 y 80 serían Ivan Illich, el filósofo de la convivencialidad y uno de los más lúcidos críticos de la sociedad industrial; Orio Giarini, del Club de Roma; el comunicólogo ecologista más popular del Gran Bretaña, así como un grupo de expertos en energía y demografía formado por Gerald Foley, Paul R. Ehrlich ("The population explosion"), Manfred Siebker (un físico nuclear reconvertido al ecologismo radical), Denis Hayes ("Rays of the hope") promotor en Estados Unidos de las energías renovables o Zhores Medvedev, que con sus artículos nos descubrió la gravedad de la crisis ecológico de la URSS antes de la caída del Muro de Berlín.
El éxito de "A Blueprint for Survival"
El gran impacto internacional de "The Ecologist" sería el estudio "A Blueprint for Survival" (Manifiesto para la supervivencia") publicado en 1972, el año de la Conferencia de Estocolmo sobre el Medio Ambiente Humano y del informe "The Limits of Growth" (Los límites del crecimiento") coordinado por Denis Meadows del MIT para el Club de Roma.
Para redactar este trabajo el equipo de "The Ecologist" (E. Goldsmith, R. Allen, M. Allaby, J. Davull, S. Lawrence) consultó a treinta y siete profesores y doctores de diferentes disciplinas pertenecientes a centros especializados y universidades británicas. El resultado final fue una lúcida advertencia respecto a que el modelo productivo y energético, junto con la explosión demográfica estaba llevando a un rápido agotamiento de los recursos fósiles y a la insostenibilidad del sistema cara a las futuras generaciones. El libro se tradujo en dieciséis lenguas y en España lo publicó Alianza Editorial en su colección de bolsillo.
Durante la década de los 70 la revista apoyó la lucha antinuclear en todas sus vertientes con excelentes informes y artículos de investigación de Walter Patterson, Jim Garrison, Solange Fernex y Peter Bunyard, que sirvieron también para dar argumentos sólidos al movimiento en Euskadi y Catalunya. Destacaron en aquellos años monográficos dedicados al accidente nuclear en Three Mile Island; a la polución de los agrotóxicos y al fracaso de la "Revolución Verde"; el cambio climático (con un análisis premonitorio del profesor Hubert Lamb); a los efectos globales de la deforestación (una de las principales campañas de la revista desde sus inicios) y sobre la influencia del anarquismo y del marxismo en el ecologismo.
"The Ecologist" fue pionera en Europa en denunciar los efectos biológicos de las líneas de alta tensión y la polución electromagnética, y el impacto sobre la salud del amianto, el PVC y las dioxinas.
Tres millones de firmas contra la deforestacíón
A lo largo de los años 80 la revista se concentró en la defensa de los bosques tropicales ("A Plan to Save the Tropical Forest, número de enero-febrero de 1980); en el impacto de los pesticidas en homenaje a Rachel Carson ("Silent Spring") y en la crítica a la nuclearización civil y militar del continente especialmente después del accidente de Chernobil ("Nuclear Power; The Grand Illusion", número de abril-mayo 1980). Continuaron las críticas a la FAO, al GATT y al Banco Mundial.
La campaña mundial inició "The Ecologist" en defensa de las selvas tropicales recogió tres millones de firmas que se entregaron en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Fue otro de los grandes éxitos del equipo, esta vez ayudado por asociaciones de todo el planeta.
Frente a la uniformización y la globalización de la economía la revista empezó a defender en sus editoriales y artículos la autosuficiencia y el autogobierno de las comunidades agrícolas especialmente en los países pobres. "The Ecologist" inició grandes reportajes de denuncia contra los planes desarrollistas del Banco Mundial en Asia y África.
La década de los 90 se ha caracterizado por una radicalización de los contenidos de la revista contra los efectos perversos de la biotecnología y de la ingeniería genética ("Genetic Engeneering No Patentes on Life", número de septiembre-octubre de 1996) los macroproyectos hidráulicos de la Banco Mundial, la política de la FAO (número monográfico de marzo-abril de 1991). En este periodo han destacado los artículos de Nicholas Hidyard, uno de los pocos disidentes de la revista y que se ha ido a trabajar en "The Corner House", cuyo número de octubre de 1998 se dedicó precisamente a denunciar a las multinacionales Monsanto y Novartis y su política de apropiación de patentes genéticas.
"The Ecologist" ha incorporado a nuevos analistas como Vandana Shiva ("Biopiracy") del Research Center for Science and Ecology de la India; Fimoh Omo-Fadaka del African Environmental Network de Kenya y Smithu Koathari, de la Lokayan Social Action de la India y Marcus Colchester del World Rainforest Movement, entre otros.
El número especial dedicado a la Monsanto es la culminación de esta tercera década de "The Ecologist" muy centrada en advertir a la opinión pública internacional de las consecuencias ecológicas de la manipulación genética. Los efectos de la cibernética y de la sociedad de la comunicación serán sin duda los grandes temas con los que la revista entrará en el tercer milenio.
Semillas del desastre
Monsanto: una historia en entredicho
Podrán sobrevivir los mamíferos marinos
a los PCBs
Agente Naranja: el envenenamiento
de Vietnam
Hormonas de crecimiento bovino
Roundup: el herbicida más vendido del mundo
Tecnología Terminator. Una amenaza para la seguridad alimentaria mundial
Puertas Giratorias: Monsanto y la Administración
El fracaso del "marketing" de Monsanto
Por qué ni la biotecnología ni las nuevas tecnologías agrícolas pueden alimentar al Mundo
Cómo escucha Monsanto otras opiniones
Escondiendo al público las informaciones comprometidas
Abofeteando a la resistencia
"Monsanto: ¡qué vergüenza!"
La empresa Frankestein: La fusión de Monsanto con American Home Products
Boicot. Marcas y productos a evitar
¿Ecoguerrilleros o vándalos? ¿Quiénes son los auténticos terroristas?
El inevitable retorno a una agricultura sana
El siguiente artículo escrito por S.M. el Príncipe de Gales fue publicado en el Daily Telegraph. Los editores de The Ecologist apreciaron su tono y profundidad, y obtuvieron permiso para publicarlo como una introducción a este número especial que sitúe el tema en su contexto. Queremos recalcar que las opiniones expresadas en este número pueden no tener nada en común con las del Príncipe. Sin embargo, agradecemos su coraje al pronunciarse en este tema tan vital.
Semillas del desastre
por S.M. el Príncipe de Gales
Siempre he creído que la agricultura debe realizarse en armonía con la naturaleza, reconociendo que hay límites naturales a nuestras ambiciones. Es por esto que, hace unos doce años, decidí cultivar de manera biológica, sin pesticidas ni fertilizantes artificiales. Por propia experiencia tengo claro que la agricultura biológica es económicamente viable, que ofrece una amplia gama de beneficios ambientales y sociales y, lo más importante, que permite a los consumidores tomar decisiones sobre su alimentación.
Pero en una época en que los alimentos biológicos están en auge, el desarrollo de la agricultura intensiva está eliminando de hecho la posibilidad fundamental de elección sobre los alimentos que tomamos y planteando cuestiones cruciales sobre el futuro de nuestra alimentación y de nuestro medio ambiente, que todavía tienen que encontrar respuesta. Las cosechas modificadas genéticamente se presentan como un avance esencial que incrementará el rendimiento mediante técnicas que son meramente una extensión de métodos tradicionales de cultivo y selección de plantas. Me temo que no puedo aceptar este planteamiento.
La diferencia fundamental entre una planta cultivada de forma tradicional y una modificada genéticamente es que, en esta última, el material genético de una especie de planta, bacteria, virus, animal o pez es literalmente insertado en otra especie, con la cual nunca podría cruzarse de forma natural. El uso de estas técnicas hace surgir, me parece a mi, consideraciones cruciales de tipo ético y práctico.
Creo que esta clase de modificación genética lleva a la humanidad a campos que pertenecen a Dios, y sólo a Dios. Aparte de ciertas aplicaciones médicas altamente específicas y beneficiosas, ¿tenemos derecho a experimentar y a comerciar con los elementos básicos de la vida?. Vivimos en una era de derechos -me parece que es hora de que nuestro Creador tenga también algunos derechos.
Simplemente no conocemos las consecuencias a largo plazo de liberar plantas modificadas para la salud humana y el medio ambiente, en su sentido más amplio. Nos aseguran que estas nuevas planta son ensayadas y reglamentadas exhaustivamente, pero los procedimientos de evaluación parecen asumir que, si no se puede demostrar que un cultivo modificado genéticamente es inseguro, no hay razón para detener su uso. La lección de BSE y otros desastres provocados por el hombre en nombre de la «comida barata» es que son precisamente las consecuencias no previstas las que deben preocuparnos más.
Se nos dice que los cultivos modificados genéticamente precisarán un menor uso de productos agroquímicos. Aunque eso sea cierto, no es toda la historia. Lo que no se toma en cuenta es el impacto global ecológico y social sobre el sistema agrario. Por ejemplo, la mayoría de las plantas modificadas genéticamente comercializadas hasta ahora contienen genes de bacterias que las hacen resistentes a un pesticida de amplio espectro producido por el mismo fabricante. Cuando los cultivos son fumigados con este pesticida, perecen todas las otras plantas del campo. El resultado es un campo esencialmente estéril, que no es capaz de aportar ni alimento ni hábitat para la vida natural. Estos cultivos de plantas modificadas genéticamente son capaces de cruzarse con variedades silvestres emparentadas, dando lugar a nuevas semillas que incorporan resistencia al pesticida, y de contaminar otros cultivos. Se han encontrado genes modificados genéticamente procedentes de un campo de colza transgénica en un campo de colza convencional separados entre sí más de una milla. El resultado es que tanto los cultivos biológicos como los convencionales se hayan amenazados, y la amenaza es la misma para ambos.
También se están modificando plantas genéticamente para que desarrollen su propio pesticida. Se prevé que esto ocasionará la pronta aparición de insectos resistentes. Peor aún, ya se ha observado que tales plantas productoras de pesticida pueden matar tanto a los insectos beneficiosos como a los nocivos. Para dar sólo dos ejemplos, al insertar un gen de campanilla de invierno en la patata, ésta se hace resistente al pulgón, pero también acaba con las mariquitas que se alimentan del pulgón. Y los crisopos, un depredador natural de la mariposa del maíz, y alimento para los pájaros de las tierras de cultivo, han muerto cuando han comido insectos nocivos procedentes de campos de maíz modificado genéticamente.
A pesar de las grandes extensiones de tierra que probablemente se verán afectadas, no hay ninguna obligatoriedad oficial de hacer un seguimiento de los cultivos comerciales modificados genéticamente para conocer con exactitud lo que esté sucediendo. Pensemos en los desastres agrícolas del pasado que tuvieron su origen en la dependencia excesiva de una única variedad de cultivo, y sin embargo, ésto es lo que provocará la modificación genética. Es muy posible que dentro de 10 años prácticamente toda la producción mundial de cosechas básicas, como soja, maíz, trigo y arroz, sea de unas pocas variedades modificadas genéticamente, a menos que la presión del consumidor dicte otra cosa.
English Nature y otros organismos oficiales han hecho advertencias sobre las consecuencias potencialmente dañinas para el medioambiente de la introducción a gran escala de cultivos modificados genéticamente. Han pedido una moratoria en el uso de al menos uno de estos cultivos.
Una vez que el material genético se ha liberado al medioambiente no puede ser retirado. La probabilidad de tener problemas graves puede, como algunos sugieren, ser escasa, pero si algo realmente grave sucede, nos enfrentaremos al problema de eliminar una contaminación que se reproduce a sí misma. No creo que nadie tenga la menor idea de cómo llevarlo a cabo, ni de quién tendría que pagarlo.
También nos dicen que las técnicas de modificación genética ayudarán a «alimentar al mundo». Preocupación fundamental para todos nosotros. ¿Pero conseguirán las compañías que controlan estas técnicas lo que ellos consideran suficientes beneficios, vendiendo sus productos a los pueblos más pobres del mundo?. No creo que el problema básico sea siempre tan simple. Cuando el problema es la falta de comida, más que la falta de dinero para comprarla, puede haber medios mejores de alcanzar dichos fines. Por ejemplo, recientes investigaciones han demostrado que los rendimientos de algunos sistemas agrarios tradicionales pueden doblarse, e incluso triplicarse, mediante técnicas que conservan los recursos naturales a la vez que hacen un uso óptimo de las capacidades de trabajo y de gestión.
¿Necesitamos para algo las técnicas de modificación genética?. La tecnología ha traído ingentes beneficios a la humanidad, pero existe el peligro, especialmente en áreas tan sensibles como la alimentación, la salud y el futuro a largo plazo de nuestro medioambiente, de empeñar todo nuestro esfuerzo en conseguir lo que es técnicamente posible, sin parar a preguntarnos antes si es algo que debamos hacer. Creo que debemos parar e interrogarnos sobre esta cuestión, mediante un amplio debate público sobre los aspectos éticos que no pueden abordar sólamente la ciencia y la legislación. ¿No es mejor examinar primero lo que realmente queremos de la agricultura en términos de provisión de alimentos y seguridad alimentaria, empleo rural, protección del medioambiente y del paisaje, antes de considerar el papel que la modificación genética pueda, quizá, jugar en alcanzar estos objetivos?
Obviamente, todos tenemos que meditar sobre estos temas. Personalmente no tengo ningún deseo de comer nada producido mediante modificación genética, ni, conscientemente, ofrecer este tipo de producto a mi familia o invitados. Hay evidencia creciente de que una gran cantidad de gente opina lo mismo. Pero este punto de vista, que está siendo cada vez más amplio, no se podrá llevar a la práctica a menos que haya una separación efectiva de los productos modificados genéticamente, respaldada por un etiquetado completo en toda la cadena alimentaria.
Los argumentos de que ésto es imposible o irrelevante simplemente no son creíbles. Cuando los consumidores puedan elegir, contrastando información, sobre si toman o no productos con ingredientes modificados genéticamente, podrán enviar mensajes directos e inequívocos sobre sus preferencias. Tengo la esperanza de que los fabricantes, minoristas y reguladores se dispongan a asumir la responsabilidad de asegurar que esto pueda suceder.
Monsanto:
Una historia en entredicho
por Brian Tokar
Los anuncios de Monsanto en Gran Bretaña y los EE.UU. presentan a esta compañía como una empresa visionaria, una fuerza de la historia mundial, que trabaja para aportar la ciencia de vanguardia y una actitud ambientalmente responsable a la solución de los problemas más urgentes de la Humanidad. Pero ¿qué es en realidad Monsanto? ¿Cuál es su origen? ¿Cómo llegó a ser el segundo productor mundial de agroquímicos, uno de los principales proveedores de semillas y dentro de poco, con la inminente fusión con «American Home Products», el mayor vendedor de medicamentos de los EE.UU.? ¿Qué tienen que decir sobre la empresa sus trabajadores, sus clientes y otras personas en cuyas vidas ha influido? ¿Es Monsanto la compañía "limpia y verde" que proclaman sus anuncios, o este nuevo rostro es sólo el resultado de una inteligente operación de imagen?. Una mirada a su historia nos da algunas claves reveladoras, y puede ayudarnos a entender mejor las prácticas actuales de la compañía.
Con su sede central en las afueras de San Luis, Missouri (EE.UU.), la Monsanto Chemical Company fue fundada en 1901 por John Francis Queeny. Queeny, un químico autodidacta, llevó la tecnología de fabricación de la sacarina, el primer edulcorante artificial, de Alemania a los Estados Unidos. En los años 20, Monsanto se convirtió en uno de los principales fabricantes de ácido sulfúrico y de otros productos básicos de la industria química, y desde la década de los 40 hasta nuestros días, es una de las cuatro únicas compañías que han estado siempre entre las 10 primeras empresas químicas de EE.UU.1
En los años 40, el negocio de Monsanto giraba en torno a los plásticos y las fibras sintéticas. En 1947, un carguero francés que transportaba nitrato de amonio (utilizado como fertilizante) explotó en un muelle a unos 90 metros de la fábrica de plásticos de Monsanto en las afueras de Galveston, en Tejas. Mas de 500 personas murieron en lo que llegó a ser considerado como uno de los primeros grandes desastres de la industria química2. La planta producía estireno y plásticos de poliestireno, que aún se usan en la actualidad para envases de alimentos y otros productos de consumo. En los años 80, la US Environmental Protection Agency (EPA- Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU.), colocó al poliestireno en el quinto lugar de su clasificación de productos químicos cuya producción genera las mayores cantidades totales de residuos peligrosos3.
Los PCBs
En 1929, la Swann Chemical Company, adquirida poco después por Monsanto, desarrolló los bifenilos policlorados (PCBs por sus siglas en inglés), que fueron muy alabados por su extraordinaria estabilidad química y su ininflamabilidad. Su uso más frecuente se dió en la industria de equipos eléctricos, que escogió los PCBs como refrigerantes incombustibles de una nueva generación de transformadores. En el transcurso de los años 60, los compuestos de la cada vez más numerosa familia de los PCBs de Monsanto fueron también usados como lubricantes, líquidos hidráulicos, aceites lubricantes de herramientas, revestimientos impermeables y selladores líquidos. Las pruebas de los efectos tóxicos de los PCBs se remontan a los años 30, y científicos suecos que estudiaban los efectos biológicos del DDT comenzaron a hallar concentraciones significativas de PCBs en la sangre, pelo y tejidos grasos de los animales salvajes en la década de los 604.
La investigación durante los años 60 y 70 reveló que los PCBs y otros compuestos organoclorados aromáticos eran carcinógenos poderosos, y también los relacionó con un amplio conjunto de trastornos reproductivos, de desarrollo y del sistema inmunológico5. La afinidad química de estos compuestos por las grasas es responsable de sus enormes tasas de acumulación y bioconcentración, así como de su expansión a través de la cadena alimenticia marina en el Norte del mundo. El bacalao ártico, por ejemplo, presenta concentraciones de PCBs 48 millones de veces mayores que las de las aguas en las que vive, y los mamíferos predadores, como el oso polar, pueden albergar concentraciones que superan en más de 50 veces las del bacalao. Aunque la fabricación de PCBs se prohibió en los Estados Unidos en 1976, sus efectos tóxicos y perturbadores del sistema endocrino persisten en todo el mundo6.
El centro mundial de producción de PCBs era la planta de Monsanto en las afueras de East St Louis, Illinois. East St Louis es un suburbio con un empobrecimiento crónico, situado en la orilla del río Mississippi opuesta a St Louis, y flanqueado por dos grandes plantas metalúrgicas, además de las instalaciones de Monsanto. El escritor sobre temas educativos Jonathan Kozol afirma que "East St Louis tiene algunos de los niños más enfermos de América". Kozol informa que la ciudad tiene la tasa más alta de muerte fetal y de nacimientos prematuros del estado, la tercera tasa más alta de mortalidad infantil, y uno de los índices más altos de asma infantil en los EE.UU.7
Dioxinas: Una herencia de contaminación
Los habitantes de East St Louis continúan soportando los horrores de una alta exposición a productos tóxicos, la pobreza, el deterioro de la infraestructura urbana, y el colapso de incluso los más básicos servicios públicos, pero la cercana ciudad de Times Beach, Missouri, fue evacuada en 1982 por orden del gobierno de los EE.UU., debido a que estaba totalmente contaminada con dioxinas. Al parecer, el ayuntamiento, así como varios propietarios privados, pagaron a un contratista para que regara sus calles con aceites de deshecho para mantener el polvo pegado al suelo. El mismo contratista había sido contratado por empresas químicas locales para vaciar sus tanques de lodos contaminados con dioxinas. Cuando 50 caballos, otros animales domésticos y cientos de pájaros silvestres murieron en una plaza cubierta que había sido regada con el aceite, se ordenó una investigación que acabó relacionando las muertes con la dioxina de los tanques de lodos químicos8. Dos niñas que jugaban en la plaza cayeron enfermas, y una de ellas fué hospitalizada durante cuatro semanas con una importante afección renal, y muchos más niños nacidos de madres expuestas al aceite contaminado con dioxina dieron pruebas de anormalidades en el sistema inmunológico y de disfunción cerebral significativa9.
Si bien Monsanto ha negado siempre cualquier relación con el incidente de Times Beach, el grupo Times Beach (TBAG), con sede en San Luis, reveló informes de laboratorio que demostraban la presencia de grandes concentraciones de PCBs fabricados por Monsanto en muestras de suelo contaminado de la ciudad10. Steve Taylor, del TBAG, explica que "Desde nuestro punto de vista, Monsanto está en el meollo del problema aquí en Missouri". Taylor reconoce que muchas cuestiones acerca de Times Beach y otros lugares contaminados de la región siguen sin respuesta, pero cita pruebas de que las investigaciones detalladas del lodo con que se regó Times Beach se limitaron a aquellas fuentes que procedían de compañías diferentes a Monsanto.
El encubrimiento del caso "Times Beach" alcanzó a los niveles más altos de la administración Reagan entonces en el poder. Las agencias medioambientales durante la época de Reagan se hicieron célebres por los repetidos acuerdos de tapadillo de sus funcionarios con representantes de la industria, en virtud de los cuales, las empresas se beneficiaban de tolerancia ante la ley y de multas muy rebajadas. La administradora de la EPA, nombrada por Reagan, Anne Gorsuch Burford, fue obligada a dimitir tras dos años en el cargo, y su asistente especial, Rita Lavelle, fue encarcelada seis meses por perjurio y obstrucción a la justicia. La Casa Blanca de los tiempos de Reagan ordenó a Burford que no entregara documentos sobre Times Beach y otros lugares contaminados en los Estados de Missouri y Arkansas, alegando "privilegio ejecutivo", y mas adelante, Lavelle fué llamada a declarar por haber destruido importantes documentos11. Un periodista de investigación para el periódico Philadelphia Inquirer identificó a Monsanto como una de las compañías químicas cuyos ejecutivos organizaban frecuentes comidas y cenas con Lavelle12. La evacuación solicitada por los residentes de Times Beach se aplazó hasta 1982, once años después del descubrimiento de la contaminación, y ocho años después de que se identificara a la dioxina como la causa de la misma.
La relación de Monsanto con la dioxina se remonta a la fabricación del herbicida 2,4,5-T, que comenzó a finales de la década de los 40. "Casi inmediatamente, los trabajadores comenzaron a enfermar, con erupciones en la piel, dolores inexplicables en las extremidades, articulaciones y otras partes del cuerpo, debilidad, irritabilidad, nerviosismo y pérdida del deseo sexual", explica Peter Sills, autor de un libro sobre la dioxina a punto de aparecer. "Documentos internos muestran que la compañía sabía que aquellas personas estaban realmente tan enfermas como decían, pero la empresa mantuvo todas las pruebas ocultas"13. Una explosión en la planta de herbicidas Nitro de Monsanto en West Virginia en 1949, atrajo aún más atención sobre estas quejas. El contaminante responsable de las dolencias de los trabajadores no fué identificado como dioxina hasta 1957, pero antes de esa fecha, los especialistas en guerra química del ejército de los EE.UU. se habían interesado por dicha sustancia como una posible arma química. A consecuencia de una petición de la revista St Louis Journalism Review, invocando la Ley de la Libertad de Información de EE.UU., se descubrieron casi 600 páginas de informes y correspondencia entre Monsanto y los especialistas en guerra química del ejército de los EE.UU. sobre este subproducto de la fabricación de herbicidas; algunos de estos documentos eran de 195214.
Agente Naranja: El envenenamiento de Vietnam
El herbicida conocido como Agente Naranja, que fue usado por las fuerzas militares de los EE.UU. para defoliar los ecosistemas de selva tropical de Vietnam durante los años 60, era una mezcla de 2,4,5-T y 2,4-D que provenía de varias fuentes, pero el Agente Naranja de Monsanto tenía concentraciones de dioxina muchas veces superiores al producido por Dow Chemical, el otro gran productor del defoliante. Esto convirtió a Monsanto en el principal acusado en la demanda interpuesta por veteranos de la guerra del Vietnam, que experimentaron un conjunto de síntomas de debilidad atribuibles a la exposición al Agente Naranja. Cuando en 1984 se alcanzó un acuerdo de indemnización por valor de 180 millones de dólares entre siete compañías químicas y los abogados de los veteranos, el juez ordenó a Monsanto pagar el 45,5% del total15.
En los años 80, Monsanto emprendió una serie de estudios con el fin de minimizar su responsabilidad, no sólo en la causa del Agente Naranja, sino en reiterados casos de contaminación de sus trabajadores en su planta de West Virginia. Un caso judicial de tres años y medio de duración, derivado de una denuncia de trabajadores ferroviarios expuestos a la dioxina a consecuencia de un descarrilamiento, reveló la existencia de datos manipulados y diseño experimental engañoso en dichos estudios. Un funcionario de la EPA concluyó que los estudios fueron manipulados para apoyar la posición de Monsanto, que defendía que los efectos de la dioxina se limitaban al cloracné (una enfermedad de la piel)16. Los investigadores de Greenpeace Jed Greer y Kenny Bruno describen el resultado: "De acuerdo con testimonios dados en el juicio, Monsanto clasificó mal a trabajadores expuestos y no expuestos, borró arbitrariamente varios casos claves de cáncer, no verificó la clasificación de pacientes con cloracné según los criterios comunes de dermatitis industrial, no dió seguridades de que los registros aportados no estuvieran manipulados e hizo falsas afirmaciones sobre la contaminación por dioxina en los productos de Monsanto"17.
El caso judicial, en el cual el jurado condenó a Monsanto a un total de 16 millones de dólares en concepto de multa y compensación por daños, reveló que muchos de los productos de la compañía, desde herbicidas caseros al germicida Santophen, utilizado en tiempos en el desinfectante Lysol, estaban contaminados con dioxina y que esta contaminación se conocía. "Las declaraciones de los ejecutivos de Monsanto en el juicio pusieron de manifiesto una cultura empresarial en la que las ventas y los beneficios tenían prioridad sobre la seguridad de los productos y de los trabajadores", informó el periódico Toronto Globe and Mail (Canadá) tras el final del juicio18. Como explica el autor Peter Sills, "simplemente no se preocupaban de la salud y la seguridad de sus trabajadores"; "En vez de intentar mejorar la seguridad, acudieron a la intimidación y amenazaron con despidos para mantener a sus empleados trabajando".
Una revisión posterior del Dr. Cate Jenkins, de la EPA's Regulatory Development Branch, puso de manifiesto una relación aún más sistemática de casos de ciencia fraudulenta. El Dr. Jenkins informó en un memorandum en 1990 que "Monsanto remitió información falsa a la EPA, cuyo resultado fueron normativas más laxas en las leyes de regulación (Resources Conservation and Recovery Act y Federal Insecticide, Fungicide and Rodenticide Act)", al tiempo que urgía a la Agencia a que emprendiera una investigación criminal de la compañía. Jenkins citó documentos internos de Monsanto que revelaban que la compañía "adulteró" muestras de herbicidas que se remitieron al Departamento de Agricultura de los EE.UU., se escudó en argumentos de la "química de los procesos" para desviar los intentos de regular el 2,4-D y varios clorofenoles, ocultó pruebas sobre la contaminación del Lysol, y excluyó a varios cientos de sus antiguos empleados más enfermos de sus estudios comparados de salud19.
Monsanto ocultó la contaminación con dioxina de muchos de sus productos. En unos casos, Monsanto no informó de la contaminación, en otros dio información falsa con el fin de demostrar que no existía contaminación y, por último, en algunos casos, remitió muestras para que las analizara el gobierno que habían sido preparadas para que la contaminación con dioxina no existiera.
Roundup: El herbicida más vendido del mundo
Hoy día los herbicidas de glifosato, tales como el Roundup, representan al menos una sexta parte de las ventas anuales totales de Monsanto, y la mitad de los ingresos por operaciones de la compañía20, o quizá algo más desde que la compañía segregó sus actividades de productos químicos industriales y tejidos sintéticos en una empresa aparte, llamada Solutia (en septiembre de 1997). Monsanto promociona agresivamente el Roundup como un herbicida seguro y de uso general en cualquier lugar, desde céspedes y huertos hasta grandes bosques de coníferas, donde se utiliza la fumigación aérea para impedir el crecimiento de plantones de frondosas y matorrales, y favorecer así el crecimiento de árboles rentables como abetos y piceas21. La organización North West Coalition for Alternatives to Pesticides (NCAP), con sede en Oregón, revisó mas de 40 estudios científicos sobre los efectos del glifosato y de las aminas polioxietilénicas (usadas como agentes tensioactivos en el Roundup), y concluyó que el herbicida es mucho menos inocuo de lo que dicen los anuncios de Monsanto [Más sobre el Roundup en el artículo de J. Mendelson].
En 1997, Monsanto respondió a cinco años de quejas del fiscal general del estado de Nueva York de que sus anuncios del Roundup eran engañosos, cambiando sus anuncios en el sentido de borrar las referencias a la "biodegradabilidad" y al carácter "ambientalmente positivo" del herbicida. La empresa hubo de pagar 50.000 dólares de costas en el caso22.
En marzo de 1998, Monsanto accedió a pagar una multa de 225.000 dólares por etiquetar mal contenedores de Roundup en 75 ocasiones diferentes. La multa fue la mayor cantidad jamás pagada por violar las normas de protección de los trabajadores contenidas en la FIFRA (Federal Insecticide, Fungicide and Rodenticide Act). Según el diario Wall Street Journal, Monsanto distribuyó contenedores del herbicida, con etiquetas restringiendo la entrada en las áreas tratadas con dicho herbicida, sólamente durante cuatro horas en lugar de las 12 horas necesarias23.
Esta es la última de una serie de grandes multas y decisiones judiciales contra Monsanto en los EE.UU., incluyendo 108 millones de dólares por responsabilidad en el caso de la muerte por leucemia de un empleado tejano en 1986, una indemnización de 648.000 dólares por no comunicar a la EPA unos datos sanitarios que le fueron requeridos en 1990, una multa de 1 millón impuesta por el fiscal general del estado de Massachusetts en 1991 por el vertido de unos 750.000 litros de agua residual ácida, otra indemnización de 39 millones en Houston (Tejas), por depositar productos peligrosos en pozos sin aislamiento, y muchos otros casos24. En 1995, Monsanto era la quinta empresa de EE.UU. en el inventario de vertidos tóxicos de la EPA, con 16,8 millones de kg de productos químicos tóxicos descargados en tierra, aire, agua y subsuelo25.
Los productos farmaceúticos de Monsanto tienen también un historial inquietante. El producto estrella de la compañía farmaceútica GD Searle, subsidiaria de Monsanto, es el edulcorante artificial "aspartame", vendido bajo los nombres comerciales de Nutrasweet y Equal. En 1981, cuatro años antes de que Monsanto comprase Searle, un comité consultivo de la FDA (Food Drug Administration) compuesto por tres científicos independientes, confirmó informes que habían estado circulando desde hacía ocho años, y que afirmaban que "el aspartame podría inducir tumores cerebrales"26. La FDA retiró a Searle la licencia de venta del aspartame, pero esta decisión fué anulada por un nuevo comisionado nombrado por el presidente Ronald Reagan.
Un estudio de 1996 publicado en la revista científica Journal of Neuropathology and Experimental Neurology ha suscitado de nuevo la preocupación, relacionando el aspartame con un incremento súbito de cánceres cerebrales a poco de introducirse la substancia. El Dr. Erik Millstone, de la Unidad de Investigación sobre Política Científica de la Universidad de Sussex (Inglaterra), cita una serie de informes de los años 80, que relacionan el aspartame con un conjunto amplio de reacciones adversas en consumidores sensibles, incluyendo dolores de cabeza, visión borrosa, entumecimiento, pérdida de audición, espasmos musculares y ataques inducidos de tipo epiléptico, entre otras muchas27. En 1989, Searle tuvo de nuevo problemas con la FDA28, que acusó a la empresa de publicidad engañosa en el caso de su medicina antiúlcera, Cytotec. La FDA dijo que los anuncios estaban dirigidos a una población mucho más amplia y joven de lo que había aconsejado la agencia (FDA). Se le exigió a Searle/Monsanto que retirara de varias revistas médicas un anuncio con el titulo "Publicado para corregir un anuncio previo que la FDA consideró engañoso"29.
El "Mundo Feliz" de la biotecnología
La agresiva promoción que Monsanto realiza de sus productos biotecnológicos, desde la hormona recombinante del crecimiento bovino (rBGH) a la soja "Roundup Ready" y a sus variedades de algodón resistentes a los insectos, resulta a ojos de cualquier observador como una continuación de sus largas décadas de prácticas éticamente discutibles.
Originalmente, Monsanto fué una de las cuatro ampresas que querían poner en el mercado una hormona sintética del crecimiento bovino, producida por la bacteria E. coli manipulada genéticamente para producir la proteína bovina. Otra de las empresas fué American Cyanamid, ahora propiedad de American Home Products, la cual está en un proceso de fusión con Monsanto. Como describe en esta revista Jennifer Ferrara, el esfuerzo de Monsanto, que duró 14 años, para lograr la aprobación de la FDA a la comercialización de la BGH recombinante, estuvo lleno de controversias, llegándose a denunciar un esfuerzo coordinado para suprimir información sobre los efectos perjudiciales de la hormona. Un veterinario de la FDA, Richard Burroughs, fue despedido después de acusar a la empresa y a la agencia de suprimir y manipular datos para ocultar los efectos de la rBGH en la salud de las vacas lecheras30.
En 1990, cuando parecía inminente la aprobación de la rBGH por parte de la FDA, un patólogo veterinario del laboratorio de investigación agraria de la Universidad de Vermont, proporcionó a dos legisladores del estado varios datos anteriormente suprimidos, que describían un aumento significativo en las tasas de infección de ubres en vacas inyectadas con la hormona (entonces experimental) de Monsanto, además de una incidencia anormal en los defectos de nacimiento consistentes en graves deformaciones en los descendientes de las vacas tratadas con rBGH31. Una revisión independiente de los datos de la Universidad realizada por un grupo regional de defensa de los agricultores, denunció nuevos problemas de salud para las vacas debidos a la rBGH, como gran incidencia de lesiones en pezuñas y patas, dificultades reproductivas y metabólicas e infecciones uterinas. La GAO (US Congress's General Accounting Office), intentó investigar el caso, pero no pudo obtener los documentos necesarios de Monsanto y de la Universidad que le permitiera llevar a cabo su investigación, en concreto respecto a los efectos teratogénicos y embriotóxicos que se sospechaban. La GAO concluyó que las vacas inyectadas con la rBGH tenían tasas de mastitis (infección de las ubres) superiores en un tercio a las vacas sin tratar, y recomendó que se investigará más el riesgo de niveles elevados de antibióticos en la leche producida usando rBGH32.
La hormona de Monsanto se aprobó por la FDA para su venta comercial a principios de 1994. El año siguiente, Mark Kastel, de la Unión de Agricultores de Wisconsin, hizo público un estudio de las experiencias de los granjeros de Wisconsin con la droga. Sus hallazgos excedieron los 21 problemas potenciales de salud que Monsanto fué obligada a incluir en la etiqueta de advertencia de su marca Posilac (nombre comercial de la rBGH). Kastel halló muchos informes de muertes espontáneas entre vacas tratadas con rBGH, alta incidencia de infecciones de ubres, graves dificultades metabólicas y problemas en los partos, y, en algunos casos, imposibilidad de apartar a las vacas tratadas de la substancia, a la que se habían habituado. Muchos ganaderos experimentados que usaron la rBGH tuvieron que reemplazar de repente una buena parte de sus rebaños33. En lugar de responder a las causas de las quejas de los ganaderos sobre la rBGH, Monsanto emprendió la ofensiva, amenazando con querellarse contra las pequeñas empresas lecheras que anunciaban sus productos como libres de la hormona artificial, y participando en una demanda interpuesta por varias asociaciones industriales de comercio contra la primera (y única) ley de etiquetado obligatorio para la rBGH en los EEUU34. Todo ello mientras aumentaban las pruebas de los efectos perjudiciales de la rBGH en la salud de las vacas y de las personas35.
La soja "Roundup-Ready"
Los esfuerzos para impedir el etiquetado de las exportaciones estadounidenses de soja y maíz manipulados genéticamente, parecen indicar que Monsanto sigue aplicando las tácticas ingeniadas por la compañía para sofocar las quejas contra la hormona de la leche. Si bien Monsanto argumenta que su soja "Roundup Ready" (conocida también por su abreviatura RRS) acabará por reducir el consumo de herbicidas, el uso generalizado de variedades de cultivos tolerantes a los herbicidas significará, más bien, un aumento de la dependencia de los agricultores del herbicida. Las malas hierbas que aparecen después de que el herbicida original se haya dispersado o degradado, se tratan a menudo con más aplicaciones de herbicida36. "Esto aumentará el uso del herbicida" declaró Bill Christison, un agricultor de soja de Missouri a Kenny Bruno de Greenpeace Internacional. "Si hay algo que ayude a vender la RRS es el hecho de que se puede cultivar un área llena de malas hierbas y usar productos químicos para combatir el problema, lo cual no es lo que se debería hacer"37. Christison refuta la afirmación de Monsanto de que las semillas resistentes a los herbicidas son necesarias para reducir la erosión del suelo fruto del laboreo excesivo, y cuenta que los agricultores del Medio Oeste han desarrollado numerosos métodos propios para reducir el uso total de herbicidas.
Por otra parte, Monsanto ha aumentado su producción de Roundup en los últimos años. Con la patente de Roundup en los EE.UU. a punto de expirar (año 2000), y con una competencia de productos genéricos de glifosato surgiendo en todo el mundo, el "paquete" de herbicida Roundup y semillas "Roundup Ready" se ha convertido en la piedra angular de la estrategia de Monsanto para seguir aumentando sus ventas de herbicida38. Los posibles efectos ambientales y sanitarios de los cultivos tolerantes al Roundup no han sido investigados completamente; por ejemplo, los efectos alergénicos, el caracter invasivo o de mala hierba de estos cultivos y la posibilidad de que la resistencia al herbicida se transfiera via polen a otras semillas de soja o a otras plantas emparentadas39.
Mientras que los problemas con la soja resistente a herbicidas son despreciados como algo muy genérico y especulativo, la experiencia de los algodoneros estadounidenses con las semillas manipuladas genéticamente por Monsanto constituye una historia muy diferente. Desde 1996 Monsanto ha sacado dos variedades de algodón manipulado genéticamente; una es una variedad resistente al Roundup, y la otra, llamada "Bollgard", segrega una toxina bacteriana para controlar los daños producidos por tres plagas importantes del algodón. La toxina, derivada del Bacillus thuringiensis (B.t.), se ha utilizado por los agricultores ecológicos desde los primeros años 70 en forma de un aerosol natural bacteriano. Pero a diferencia de las bacterias B.t., que viven relativamente poco y segregan su toxina en una forma que sólo se activa en los sistemas digestivos alcalinos de ciertos gusanos y orugas, los cultivos B.t. modificados genéticamente segregan una forma activa de la toxina a lo largo del ciclo vital de la planta40. Gran parte del maíz genéticamente manipulado del mercado es una variedad con capacidad de segregar esta toxina bacteriana, ideada para repeler al gusano de la raíz del maíz y a otras plagas comunes.
El primer problema, ampliamente predicho, de estos cultivos que segregan plaguicidas es que la presencia de la toxina en todo el ciclo vital de la planta favorece la aparición de cepas resistentes al B.t. entre los insectos. La EPA de los EE.UU. ha determinado que una resistencia extendida al B.t. puede convertir en inefectivas las aplicaciones naturales de la bacteria B.t. en apenas tres o cinco años, y pide a los agricultores que planten hasta un 40% de sus cultivos con algodón no manipulado genéticamente, para que sirva de "refugio" a los insectos y evitar la aparición de resistencias al B.t.. En segundo lugar, la toxina segregada por estas plantas puede dañar a insectos beneficiosos, además de aquellas otras especies que los agricultores quieren eliminar41.
Pero los efectos nocivos del algodón "Bollgard" han resultado ser mucho más rápidos de lo esperado, tanto que Monsanto y sus socios han retirado del mercado mas de 2 millones de kilos de semillas de algodón manipuladas genéticamente, y han acordado pagar a los cultivadores del Sur de los EE.UU. una indemnización de muchos millones de dólares. Tres agricultores que rechazaron el acuerdo con Monsanto consiguieron que el "Missisippi Seed Arbitration Council" les compensara con 2 millones de dólares42. De acuerdo con varios testimonios publicados, las plantas no sólo fueron atacadas por el gusano de la bola del algodón (al que,según Monsanto, eran resistentes), sino que la germinación fue desigual, los rendimientos fueron bajos y las plantas eran deformes, de acuerdo con varios testimonios publicados43. Algunos agricultores informaron de pérdidas de hasta el 50% de la cosecha. Los agricultores que plantaron el algodón de Monsanto resistente al Roundup tuvieron también cosechas muy escasas, con vainas deformes del algodón, que se desprendían de repente de la planta pasadas las tres cuartas partes del período de crecimiento44.
A pesar de estos problemas, Monsanto sigue fomentando el uso de la ingeniería genética en la agricultura al tomar el control de muchas de las mayores y mas establecidas empresas de semillas en los EE.UU. Monsanto es ya el dueño de "Holdens Foundation Seeds", que suministra el germoplasma utilizado en un 25-35 % de la superficie de los maizales de EE.UU., y de "Asgrow Agronomics", la cual es descrita por la propia Monsanto como "el primer productor, mejorador y distribuidor de semillas de soja en los EE.UU"45. En la primavera de este año (1998), Monsanto completó su adquisición de "Dc Kaib Genetics", la segunda gran compañía de semillas de los EE.UU. y la novena del mundo, así como de "Delta and Pine Land", la mayor compañía de semilla de algodón del país46. Con estas dos adquisiciones, Monsanto controla ahora el 85% del mercado estadounidense de semillas de algodón47.
La compañía sigue también en otros países esta agresiva política de adquisiciones de empresas y de venta de productos. En 1997, Monsanto compró "Sementes Agroceres S.A.", descrita como "la principal empresa de semillas de maíz de Brasil", con una cuota de mercado del 30%48. A principios de este año (1998), la Policía Federal de Brasil investigó una denuncia de importación ilegal de al menos 200 sacos de judías de soja transgénica, algunos de las cuales provenían de una filial argentina de Monsanto49. Según la ley brasileña, los productos transgénicos extranjeros solo pueden entrar en el país tras un período de cuarentena y de pruebas para prevenir posibles daños a la flora nativa. En Canada, Monsanto tuvo que retirar 60.000 sacos de semilla de colza de transgénica (conocida como "canola") en 1997. Al parecer, el cargamento de semillas resistentes al Roundup contenía un gen insertado distinto del que había sido aprobado para su consumo humano y animal50.
Shapiro, el fabricante de imagen
Con esta larga e inquietante hiastoria, se entiende porqué muchos ciudadanos informados de Europa y EE.UU. se resisten a confiar a Monsanto el futuro de nuestra comida y nuestra salud. Pero Monsanto hace todo lo que puede para aparecer como no afectado por esta oposición. A través de iniciativas como su masiva campaña publicitaria en Gran Bretaña, su patrocinio de una nueva exposición de alta tecnología con el tema de la Biodiversidad en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, y muchas otras, está intentando aparecer mas verde, mas justa y con mas visión de futuro que sus propios opositores.
En los EE.UU. está manteniendo su imágen, y probablemente influyendo en las políticas que le afectan, con el apoyo de personas en los niveles mas altos de la administración de Clinton. En mayo de 1997, Mickey Kantor, artífice de la campaña electoral de Clinton en 1992 y Representante de Comercio de los EE.UU. durante el primer mandato de Clinton, fué elegido para ocupar un asiento en el Comité de Directores de Monsanto. Marcia Hale, antigua asistente personal del presidente, ha sido una ejecutiva de relaciones públicas de Monsanto en Gran Bretaña51. El Vicepresidente Al Gore, que es muy conocido por sus discursos y textos sobre el medio ambiente, ha sido un partidario abierto de la biotecnología al menos desde su época de senador52. El asesor principal de política interior de Gore, David W. Beier, había sido antes Director de Asuntos Gubernamentales de Genentech, Inc.53.
Bajo el CEO (presidente) Robert Shapiro, Monsanto ha apartado todos los obstáculos para transformar su imagen de un suministrador de productos químicos peligrosos en una institución ilustrada y con visión de futuro, que lucha para alimentar al mundo. Shapiro, que entró a trabajar para GD Searle en 1979 y se convirtió en el presidente de su grupo Nutrasweet en 1982, forma parte del comité asesor presidencial para política comercial y negociaciones, y fue durante un mandato miembro de la "White House Domestic Policy Review"54. Se describe a sí mismo como un visionario y un hombre renacentista, encargado de la misión de usar los recursos de la compañía para cambiar el mundo. La única razón para trabajar en una gran compañía es que, así, uno tiene la capacidad de hacer cosas realmente importantes a gran escala", son declaraciones que él mismo hizo a un periodista de Business Ethics, la revista estrella de la organización "Socially responsible business" de EEUU55.
Shapiro alberga pocas ilusiones sobre la reputación de Monsanto en los Estados Unidos, y muchas veces narra con simpatía el dilema de muchos empleados de Monsanto, los hijos de cuyos vecinos podrían dar un respingo al enterarse de dónde trabajaban. Está ansioso por demostrar que no desentona del extendido deseo de un cambio sistémico y está dispuesto a redirigir dicho deseo hacia los fines de su empresa, como declaró en una entrevista para la revista Harvard Business Review: "No es un problema de buenos y malos. No sirve para nada decir «si los malos se fueran, entonces el mundo iría bien»; es el sistema entero el que ha de cambiar; hay una gran oportunidad para reinventarlo"56.
Por descontado que el sistema "reinventado" de Shapiro es tal que no sólo continúan existiendo las grandes empresas, sino que además éstas ejercen cada vez un mayor control sobre nuestras vidas. Pero últimamente se nos dice que Monsanto se ha reformado, que se ha desprendido con éxito de sus divisiones de industria química y que se ha comprometido a reemplazar los productos químicos con "información", en forma de semillas manipuladas genéticamente y otros productos de la biotecnología. Esto no deja de ser una ironía viniendo de una compañía cuyo producto mas rentable es un herbicida; la nueva imagen que está fabricando para Monsanto es muy poco verosímil sobre todo tratandose de una empresa que se dedica a intimidar a los críticos con demandas judiciales y a suprimir las críticas en los medios de comunicación.
Sin embargo, el último Informe Anual de Monsanto demuestra claramente que han aprendido a utilizar la charlatanería adecuada. Así, Roundup no es un herbicida, sino una forma de minimizar las labores del suelo y reducir la erosión. Los cultivos de ingeniería genética no son simplemente fuentes de beneficio para Monsanto, sino que surgen para resolver el problema inexorable del crecimiento de la población. La biotecnología no implica la reducción de todos los seres vivos a la categoría de mercancías para ser vendidas y compradas en el mercado y patentadas, sino que es el heraldo de la "desmercantilización": la sustitución de productos únicos producidos en masa por un amplio surtido de productos hechos a medida y especializados57. Estos son ejemplos eximios del "Neolenguaje", que Orwell imaginó en su novela 1984.
Por último, se nos quiere hacer creer que la agresiva promoción de la biotecnología que lleva a cabo Monsanto no es fruto de la arrogancia empresarial, sino simplemente una "ley de la naturaleza". Los lectores del Informe Anual de Monsanto se encuentran con una analogía entre el rápido crecimiento del número de pares de bases identificadas en el ADN y la tendencia exponencial de la miniaturización en la industria electrónica, que ya empezó en los años 1960. Monsanto ha bautizado el aparente crecimiento exponencial de lo que llama "conocimiento biológico" con el nombre de "Ley de Monsanto" -nada menos-. Como con cualquier otra presunta ley de la Naturaleza, poco se puede hacer fuera de observar cómo se cumplen sus predicciones, y en este caso, la predicción es ni más ni menos que el crecimiento exponencial continuo del poder mundial de Monsanto.
Pero el crecimiento de cualquier tecnología no es simplemente una "ley de la naturaleza". Las tecnologías no son fuerzas sociales en sí mismas, ni simples herramientas neutrales que se pueden utilizar para alcanzar cualquier fin social, sino el producto de unas instituciones sociales y de unos intereses económicos particulares. Una vez que se toma un camino particular de desarrollo tecnológico, las consecuencias pueden ir mucho más lejos de lo que sus creadores podrían haber predicho: cuanto mas poderosa sea la tecnología, más profundas pueden ser sus consecuencias.
Por ejemplo, la llamada "Revolución Verde" de la agricultura de los años 60 y 70 aumentó temporalmente los rendimientos de los cultivos, e hizo también a agricultores de todas las partes del mundo cada mas dependientes de costosos insumos químicos. Esto provocó desplazamientos generalizados de campesinos fuera de sus tierras, y en muchos países ha ido en detrimento del suelo, las aguas subterráneas y las tierras comunales,que han sustentado a la gente durante miles de años58. Estos desequilibrios a gran escala han alimentado el crecimiento de la población, la urbanización y la pérdida de poder social de las comunidades, lo que ha conducido a su vez a otro ciclo de empobrecimiento y hambre.
La "Segunda Revolución Verde", prometida por Monsanto y otras compañías biotecnológicas, amenaza con una destrucción aún mayor de las relaciones sociales y de la posesión tradicional de la tierra. Al rechazar a Monsanto y su biotecnología, no estamos necesariamente rechazando la tecnología "per se", sino que queremos reemplazar una tecnología de manipulación, control y beneficios, que niega la vida, por otra verdaderamente ecológica, diseñada para respetar el funcionamiento de la Naturaleza, mejorar la salud personal y comunitaria, sustentar a las comunidades que viven de la tierra y operar a una escala genuinamente humana. Si creemos en la democracia, es necesario que podamos elegir qué tecnologías son las mejores para nuestras comunidades, en lugar de que decidan por nosotros entidades a las que es muy difícil pedir responsabilidades, como Monsanto. En vez de tecnologías ideadas para el enriquecimiento continuo de unos pocos, podemos basar nuestra tecnología en la esperanza de una mayor armonía entre nuestras comunidades humanas y el mundo material. Nuestra salud, nuestros alimentos y el futuro de la vida en la Tierra están realmente en juego.
Vamos a examinar la verdadera naturaleza de los productos «estrella» de Monsanto y sus efectos en la salud y el medio ambiente.
Brian Tokar es autor de «Earth for Sale» (South End Press, 1997) y «The Green Alternative» (New Society Publishers, 1992). Es profesor en el Instituto de Ecología Social y en el Goddard College, en Plainfield, Vermont, EE.UU.
Podrán sobrevivir
los mamíferos marinos
a los PCBs
por Joseph E. Cummins
En sus últimos anuncios, Monsanto nos asegura que el medio ambiente mundial es una de sus máximas prioridades. Pero esto lo desmiente su historial. Sus productos han sido y son la causa de una gran destrucción ambiental en su sentido más amplio. Entre otras cosas, Monsanto es el principal responsable de que los mamíferos marinos del mundo estén en peligro de extinción.
En 1929, la empresa Swann Corporation, la cual más tarde formó parte de Monsanto, comenzó a fabricar bifenilos policlorados (PCBs) para uso comercial. Los PCBs son líquidos aceitosos que conducen el calor pero no la electricidad. Como tales, podían ser utilizados como fluidos dieléctricos (aislantes) en electrodomésticos y fueron muy utilizados en todo tipo de aplicaciones desde equipos hidráulicos hasta agentes desengrasantes para submarinos nucleares.
De hecho, Monsanto o bien ha producido o ha cedido las licencias de producción de todos los PCBs del mundo, a excepción de una pequeña fracción, y es responsable de la liberación masiva de 1,2 millones de toneladas de estas sustancias químicas mortales por todo el mundo.
Aunque la empresa era consciente de los efectos nocivos para trabajadores expuestos a PCBs ya a finales de la década de los 301,2,3,4, Monsanto continuó produciéndolos masivamente durante décadas hasta que se produjo, 30 años después, una alarma sanitaria con respecto de los PCBs de gran repercusión pública, que alertó a los políticos sobre la peligrosa naturaleza de estas sustancias químicas. Las noticias a partir de entonces sólo han empeorado.
En 1968, 1.300 residentes de Kyush, Japón, enfermaron tras comer arroz contaminado con PCBs. Posteriormente, muchas de las mujeres afectadas dieron a luz niños con graves defectos.
En 1969, la revista New Scientist publicó un informe que revelaba la capacidad de los PCBs para "bioacumularse a lo largo de la cadena alimenticia"5. Las sustancias químicas, que tardan muchos años en biodegradarse, atraviesan fácilmente los lípidos de las membranas celulares y son rápidamente absorbidas por los tejidos grasos de los mamíferos. Los animales situados más arriba en la cadena trófica, como las ballenas, los osos polares, los delfines y los seres humanos, pueden almacenar niveles con elevadas concentraciones de PCBs. El resultado ha sido una terrorífica colección de efectos adversos.
En 1995, se reveló6 que las mujeres que habían consumido pescado proveniente de las aguas contaminadas de los Grandes Lagos, Canadá, habían dado a luz niños con una propensión inusualmente elevada a infecciones bacterianas. También se demostró que los PCBs dañaban los nervios del cerebro de los fetos de mamíferos en desarrollo, dando lugar a defectos en el comportamiento y en el aprendizaje.
Los cánceres, particularmente los melanomas malignos7, están claramente relacionados con el envenenamiento por PCBs. En Ontario, el Estado indemniza a las víctimas, por los efectos perjudiciales de estas toxinas. Además, se ha comprobado que la contaminación por PCBs provoca deficiencias en las defensas inmunológicas, hipertensión y apoplejías.
Inicialmente, se dio por hecho que la mayor acumulación de PCBs se producía en los lugares más cercanos a las fuentes de contaminación. Sin embargo, en 1988, la revista Environmental Pollution publicó un artículo revelando la dimensión de la contaminación que sufren los mamíferos marinos8. Los delfines, las ballenas y las marsopas contenían niveles de PCBs que excedían en mucho a sus homólogos terrestres. Los delfines del mediterráneo, por ejemplo, tenían 833 partes por millón en sus tejidos grasos -aproximadamente 17 veces más del nivel requerido para que un producto tenga que ir etiquetado y manipulado como residuo tóxico.
También se descubrió que los mamíferos marinos tenían una sensibilidad predeterminada genéticamente a daños reproductivos que habían sido inducidos por los PCBs:9,10 una sensibilidad que únicamente una de cada diez personas de origen europeo lo comparte11. Las sustancias químicas que simulan a las hormonas de los mamíferos representan una verdadera amenaza para la extinción de estos animales.
Acumulación en los Polos
Las revelaciones de que los PCBs hayan estado realmente condensándose en los polos de la Tierra, donde no existe actividad industrial significativa, provocó inquietud en el gobierno, a la vez que una verdadera preocupación en las poblaciones polares. El Polo Norte ha sido mucho más afectado, como consecuencia de la mayor actividad industrial en el hemisferio Norte. En 1998, por ejemplo, se encontraron PCBs en concentraciones cinco veces superiores en las focas anilladas de la Noruega Ártica que en las focas del Canadá Ártico12. Durante los últimos tres años, el Norwegian Polar Institute está encontrando osos polares con ambos órganos sexuales, masculinos y femeninos13. Este año, se han visto 4 oseznos hermafroditas -el número más alto, hasta el momento- y los investigadores temen que hasta un 4% de los osos esten afectados. El Asesor Especial Noruego en asuntos polares ha destacado las implicaciones que estos descubrimientos tienen para otras formas de vida, incluyendo los seres humanos: "El oso polar, como nosotros, se encuentra en la parte más alta de la cadena alimenticia. Estamos muy preocupados".14
Las poblaciones Árticas nativas tienen pocas opciones salvo que la de comer los alimentos que le proporciona su medio ambiente. Pero la sobredosis tóxica que los acompañan está causando enfermedades inevitables. Por ejemplo, los niños de Groenlandia, debido, al menos en parte, a los PCBs, se les administra entre dos y tres veces más medicamentos de prescripción que a los niños en Suecia, Noruega y EE.UU.. Existen también en ese país muchos casos documentados de un aumento en las alteraciones reproductivas 15,16,17,18,19,20.
A pesar de existir una causa obvia de alarma, las autoridades del Territorio Noroeste de Canadá emitieron recientemente un engañoso informe público, que afirmaba que la sangre tomada de un grupo de bebés recién nacidos contenía menos PCBs que la media nacional Canadiense. Sin embargo, un examen más detallado de los datos mostraba que los niveles de PCBs en los bebés del Territorio del Norte eran en realidad significativamente más elevados que la media nacional21 -una clara revelación de la creciente tendencia de los burócratas canadienses de manipular estudios científicos para satisfacer sus necesidades y deseos más inmediatos.
Aunque los PCBs han sido prohibidos en muchos países, las investigaciones sugieren que el 20 por ciento de las 1,2 millones de toneladas producidas están actualmente contaminando los océanos del mundo.22 El comité del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente está por iniciar negociaciones entre 120 naciones para la prohibición legal a escala global de 12 contaminantes orgánicos persistentes, incluyendo los PCBs. Este acuerdo global se necesita desesperadamente, aunque viene con mucho retraso. Además, ¿quién va a pagar por una destrucción segura y por la sustitución de los PCBs existentes en todo el mundo, en concreto de las 180.000 toneladas que hay en el Tercer Mundo? Quizá Monsanto, siendo el primer productor de PCBs del mundo y quien más beneficios ha obtenido, debería empezar a saldar sus cuentas con los ecosistemas Árticos. Sin duda, haría que su nueva imagen, de defensor medioambiental, fuera más creíble.
Joseph E. Cummins es Profesor Emérito de Genética, University of Western Ontario, Londres, Ontario, Canadá. Correo electrónico: jcummins@julian.uwo.ca
Agente Naranja: el envenenamiento de Vietnam
por Hugh Warwick
Monsanto ha estado muy implicada y ha sido el mayor beneficiario económico de uno de los escandalos más importantes de nuestra era.
Monsanto fue uno de los principales suministradores de los 76 millones de litros de herbicida con que se roció Vietnam desde 1961 a 1972. Bajo el proyecto militar cuyo código secreto era Operación Ranch Hand, las Fuerzas Aéreas estadounidenses fumigaron alrededor de 2,5 millones de hectáreas de los bosques del sur de Vietnam y de los campos de cultivo para acabar con las cosechas. Cuando no se aplicaba a los cultivos, el herbicida se utilizaba para abrir grandes pasillos en la jungla, impidiendo cualquier escondite al enemigo, especialmente a lo largo de las vías de comunicación, para dificultar las emboscadas.
El defoliante más utilizado fue el Agente Naranja, del que se utilizaron al menos unos 44 millones de litros. El Agente Naranja es una mezcla al 50% de dos herbicidas con grupos fenoxi: el 2.4-D (ácido 2,4-diclorodifenoxiacético) y el 2,4,5-T (ácido 2,4,5-triclorofenoxiacético). Estos productos químicos eran muy utilizados en el sector agrícola de EEUU. Su nombre viene del color de los bidones utilizados por el ejército (había un código de colores para identificar el espectro de diferentes productos químicos utilizados como defoliantes, que incluía a los Agentes Blanco, Azul y Rosa). Desgraciadamente, debido a la prisa por satisfacer la demanda de Agente Naranja por parte del ejército EEUU, el producto se contaminó durante el proceso de producción.
La TCDD (la 2,3,7,8-tetraclorodibenzo-para-dioxina) es un inevitable e indeseable subproducto de la fabricación del 2,4,5-T. En uso comercial, el TCDD estaba presente en el herbicida en concentraciones muy inferiores, 0,05 partes por millón (ppm), mientras que en los lotes de herbicida enviados a Vietnam llegaba a alcanzar las 50 ppm. Como consecuencia la contaminación por dioxinas debida al Agente Naranja fue 1.000 veces superior que la que ocasionaban los herbicidas agrícolas. Se estima que la TCDD es la más tóxica de las dioxinas, una familia de compuestos químicos que ha sido descrita como el grupo de "las sustancias más tóxicas para los humanos que se conocen"1,2.
El legado dejado por el Agente Naranja es mucho más grave que el simple daño a los ecosistemas. Sus consecuencias van más allá de los bosques del Sudeste Asiático. Han seguido al personal norteamericano hasta sus casas. A pesar de las numerosas conjeturas de las industrias químicas, un informe científico independiente concluyó que existe una relación muy estrecha entre la exposición al Agente Naranja y graves enfermedades como varios tipos de cáncer, afecciones cutáneas (cloroacné) y trastornos hepáticos3.
Los casos de norteamericanos afectados recibieron una gran atención de la opinión pública, pero tengamos en cuenta que los norteamericanos raramente prestaban servicio en Vietnam durante más de un año. Sin embargo para aquellos cuyos hogares fueron envenenados reiteradamente no hubo escapatoria. Algunas estimaciones elevan a 500.000 la cifra de niños nacidos en Vietnam desde los 60 con deformidades relacionadas con las dioxinas.
Probablemente, el más horrible legado del herbicida contaminado se encuentra en un cuarto cerrado del Hospital Tu Du de Obstetricia y Ginecología de Saigón. Las paredes está cubiertas de estanterias repletas de frascos con formol donde se conservan fetos procedentes de nacimientos y abortos. Sólo son una muestra del horror que sufrió Vietnam, pues durante mucho tiempo el hospital no pudo proveerse de frascos y formol suficientes para guardar todas las muestras. Entre ellas hay cuerpos unidos de dos en dos y de tres en tres, rostros cubiertos con crecimientos cancerosos y terribles deformidades4.
Sería, pues, de esperar que, cuando los veteranos de la guerra del Vietnam empezaran a sucumbir a un amplio espectro de enfermedades, las compañías responsables de la contaminación ofrecieran alguna clase de compensación. Sin embargo, compañías como Monsanto y Dow Chemicals se implicaron en una prolongada campaña para desacreditar la evidencia científica que probaba la toxicidad de las dioxinas. Se abrió un proceso judicial contra las siete compañías involucradas (Monsanto, Dow Chemical, Uniroyal, Hercules, Diamond Shamrock, Thompson Chemical y TH Agriculture) y fueron condenadas en mayo de 1984 al pago de 180 millones de dolares a las víctimas expuestas al herbicida y a sus familias, pero las compañías continuaron negando que el Agente Naranja fuera responsable de los problemas de salud5.
El argumento de las industrias químicas se basaba en el hecho de que las distintas especies de seres vivos reaccionan de forma diferente ante el contaminante y que hay impedimentos obvios a la experimentación con humanos. De los pocos estudios que hay sobre la exposición de humanos a las dioxinas, algunos no permitían establecer una relación con el aumento de riesgo de sufrir cáncer. Los más llamativos son dos estudios patrocinados por Monsanto sobre trabajadores accidentalmente expuestos a las dioxinas6.
Por estudios como estos, los veteranos hubieron de conformarse con las bajas compensaciones por las "molestias" sufridas. Cuando más tarde se obtuvieron evidencias de que las dioxinas eran carcinogénicas ya era demasiado tarde pues los tribunales habían dado el caso por cerrado para nuevos procesos7.
Sin embargo, la Doctora Cate Jenkins, una química de la EPA (Environmental Protection Agency) de los EEUU denunció en 1990 que había evidencias de que los estudios realizados por Monsanto se habían realizado fraudulentamente. Jenkins reclamó que se realizara una investigación científica, pero su solicitud fue ignorada, por lo que la EPA hubo de emprender un proceso criminal de Monsanto. El gigante de las empresas químicas presionó fuertemente: el proceso duró mas de dos años y terminó por volverse en contra de quien dio la alarma: la Doctora Jenkins. Mientras el caso criminal fue silenciosamente archivado, la campaña de acoso contra Jenkins sólo fue contestada por la Secretary of Labor .
Pero, a pesar de los esfuerzos de Monsanto, la realidad de los riesgos asociados a las dioxinas son ya evidentes. De hecho los informes recientes de la EPA afirman que existen pruebas convincentes de que las dioxinas son cancerígenas. La Organización Mundial de la Salud ha reducido drásticamente la dosis límite por ingestión entre un 60 y un 90% de su anterior valor. Esto supone que muchos consumidores ya habrán ingerido bastante más de lo que ahora es el nuevo límite. Un grupo de expertos destacó que "ya pueden estar produciéndose efectos leves sobre la población para los niveles de fondo actuales ...se debería realizar esfuerzos para reducir la exposición al mínimo posible"8. Es pues razonable preguntarse, ¿manipuló deliberadamente Monsanto sus estudios para reducir su responsabilidad legal con los veteranos del Vietnam?9
La absurda guerra de Vietnam arruinó la vida de muchísima gente. El que una compañía como Monsanto, que ahora se erige en salvadora de un mundo hambriento, se haya beneficiado de esta brutal desgracia es una triste realidad. Es una lamentable desgracia que Monsanto siga eludiendo su responsabilidad para con las víctimas de este conflicto, tanto norteamericanos como vietnamitas.
Hugh Warwick es periodista y editor de Splice, revista del Genetics Forum.
Referencias
1. Roberts,L. "Dioxin Risks Revisited", Science, 8 February, 1991, pp. 624-6.
2. Beder,S. Global Spin: The Corporate Assault on Environmentalism, Green Books, 1997.
3. Rachel's Environment & Health Weekly, No 212, December 19, 1990.
4. Cury,C.B. "Residual Dioxin in Vietnam", Vietnam Generation Journal, 92, Vol.4, Nº.3-4.
5. Op. Cit. 2.
6. Sanjour,W., 1996. "The Monsanto Investigation", Annals of the EPA: Part 4.
7. Ibid.
8. ENDS Report 281- June 1998.
9. Op. Cit. 6.
Copyright © The Ecologist 1998
Roundup: el herbicida más vendido del mundo
por Joseph Mendelson
Una de los principales argumentos que Monsanto alega en pro de la biotecnologia es que se reducirá la utilización de los herbicidas, sin embargo, sus prioridades han sido desarrollar cultivos resistentes al Roundup, para así aumentar aun más las ventas de este herbicida.
Esta pasada primavera Monsanto lanzó una campaña publicitaria de un millón de libras esterlinas en el Reino Unido para promocionar las ventajas de los alimentos modificados geneticamente. Actualmente Monsanto y sus empresas filiales poseen la mitad de las patentes de los 36 alimentos manipulados genéticamente que están comercializándose en los EEUU. Un elemento central de la campaña de publicidad es la afirmación de que los alimentos modificados reducirán significativamente el uso de pesticidas y herbicidas1. Como proclama la compañía "creemos que los alimentos deben cultivarse con menos pesticidas y herbicidas". En este bombardeo publicitario, Monsanto no menciona que son el mayor productor de productos químicos de la agricultura y que esta usando la ingeniería genética para incrementar de manera espectacular, que no disminuir, el uso de herbicidas en los cultivos. Monsanto ha montado su imperio como empresa sobre uno de sus productos químicos: el glifosato. El glifosato fué introducido hace casi 25 años, se comercializa principalmente como el herbicida Roundup y es el producto agroquímico fundamental de Monsanto. Las ventas del glifosato alcanzan 1.200 millones de dólares USA al año2. Se estima que en los EE.UU. se utilizan entre 19 y 26 millones de libras (una libra son 454 gramos) de glifosato al año3. En 1994 fue utilizado para tratar casi 800.000 acres (un acre son 0,405 hectáreas) en el Reino Unido4. Registrado en los EE.UU. desde 1974, el glifosato es un herbicida de amplio espectro que se usa para acabar con las malas hierbas en las cosechas. Se usa con una gran variedad de hierbas anuales, bianuales y perennes, juncias, hierbajos de hoja ancha, matas leñosas y cultivos comerciales siendo el octavo herbicida más usado en la agricultura de los EEUU y el segundo herbicida en usos no agrícolas5. Este producto estrella de Monsanto crece sorprendentemente alrededor de un 20% año tras año. Este crecimiento continuado ha llevado a decir a un analista de la industria que "El Roundup domina el mundo"6.
Sin embargo, hay una barrera natural a estos significativos aumentos en el uso del Roundup. Obviamente, el uso de demasiado herbicida en un cultivo no solo destruiría las malas hierbas sino también el propio cultivo. La solución que da Monsanto a este dilema ha sido crear cultivos que sean resistentes a este herbicida. Los agricultores podrán usar ahora grandes cantidades de Roundup en sus cultivos resistentes sin temor a destruirlos. Monsanto gana por partida doble puesto que podrá vender sus cultivos resistentes y, además, grandes cantidades de Roundup. Mientras que las ventas crecientes de Roundup suponen un incentivo para Monsanto, el uso en aumento de este producto químico representa grandes riesgos ecológicos y para la salud. A pesar de que la publicidad afirma que Roundup no es peligroso para las personas, animales domésticos y fauna en general y benigno para el medioambiente se sabe que causa una serie de problemas serios para la salud. En una amplia revisión de articulos científicos, realizada por National Coalition for Alternatives to Pesticides (CNAP) -Coalición Nacional por una Alternativa a los Pesticidas-, se describen una serie de problemas medioambientales y sobre la salud humana relacionados con el uso de herbicidas7. En concreto, los resultados de ensayos orales y sobre la piel realizados con este herbicida situaron al glifosato en la Categoría Tóxica III (cautela) además de otras pruebas que sugirieron que el glifosato puede causar reacciones tóxicas en los mamíferos (que incluyen convulsiones e incluso paradas respiratorias)8.
Sin embargo, se piensa que los graves problemas tóxicos vinculados con el Roundup no provienen de su componente activo, el glifosato, sino más bien de unos componentes "inertes" no catalogados y que están concebidos para hacer que el Roundup opere más fácilmente y sea más eficiente. El Roundup consta de un 99,04% de estos componentes "inertes", de los cuales muchos han sido identificados y entre los que se encuentran el surfactante conocido como POEA, ácidos orgánicos relacionados con el glifosato, isopropilamina y agua.
Según estudios científicos, la dosis letal del POEA es tres veces más pequeña que la del propio glifosato9. Estudios realizados por investigadores japoneses con personas envenenadas encontraron que este componente "inerte" causa grave toxicidad en los pacientes. Los síntomas de envenenamiento grave incluyen dolor gastrointestinal, vómitos, encharcamiento de los pulmones, neumonía, obnubilación de la conciencia, destrucción de los glóbulos rojos10. Otro componente "inerte" del Roundup, la isopropilamina, es extremadamente destructiva para el tejido de la membrana mucosa y para las vías respiratorias superiores11. Finalmente los investigadores japoneses estimaron que la ingestión de un poco más de 200 mililitros de Roundup es mortal12.
Estudios posteriores de laboratorio han demostrado que aquellos productos que contienen glifosato causan daños genéticos y tiene efectos en la reproducción de una gran variedad de organismos13.
Los análisis del CNAP así mismo revelan que el Roundup puede causar una serie de impactos adversos sobre el medioambiente. Por poner un caso, aunque se dice que el Roundup se inactiva rápidamente en el suelo, es más preciso afirmar que es absorbido por los componentes del suelo. Así pues, el glifosato permanece activo en los suelos y sus residuos se pueden encontrar en las lechugas, zanahorias y cebada plantada un año después del tratamiento con glifosato14. El glifosato tiene efectos medioambientales perjudiciales. Se ha descubierto que el glifosato mata a insectos beneficiosos tales como las avispas parasitarias, las mariquitas y otros15. También se ha demostrado que el Roundup afecta a las lombrices de tierra y hongos beneficiosos, inhibe la fijación de nitrógeno, además de incrementar la vulnerabilidad de los cultivos a las enfermedades16.
A pesar de la enorme cantidad de peligros del Roundup, el anuncio de Monsanto continua presentado al Roundup como un producto benigno e incluso beneficioso para el medioambiente. Algunos funcionarios de la Administración de EE.UU. han iniciado diligencias ante estas graves tergiversaciones. Por ejemplo, en 1991 el Fiscal General del Estado de Nueva York cuestionó el uso del lenguaje que Monsanto utiliza en sus anuncios del Roundup, en concreto los términos "biodegradable" e "inocuo para el medioambiente". El Estado consiguió recientemente que Monsanto dejara de utilizar estos términos y pagara 50.000 dólares para proseguir la acción legal.
Los cultivos resistentes a herbicidas de Monsanto
Estos pequeños contratiempos legales de Monsanto no han paralizado su campaña para comercializar plantas resistentes a herbicidas. Ya han producido y comercializado soja, colza y maíz resistente al Roundup-Ready y tienen planes para introducir remolacha, trigo y patatas resistentes al Roundup. Estos cultivos provocan nuevos motivos de preocupación en cuanto a sus efectos sobre la salud y el medio ambiente que van más allá de los informes de la CNAP. Estos productos permiten que la empresa multinacional ejerza un control aún más ferreo sobre los agricultores del mundo.
Así, los cultivos resistentes al Roundup-Ready permitirán a los agricultores usar el Roundup de una forma más masiva y mas indiscriminada. Mientras que en el pasado los campos se fumigaban con el Roundup en situaciones de emergencia anteriores a la siembra, los agricultores ahora podrán utilizar el Roundup con los cultivos de la ingeniería genética durante toda la época de crecimiento. Esto no solo crea evidentes problemas de contaminación de aguas, aire y de los alimentos, sino que produce así mismo problemas de resistencia a los herbicidas. Durante los últimos años la aparición de resistencias a los herbicidas en las plantas se ha vuelto un hecho común. Como remarcó un investigador "Con los cultivos del Roundup-Ready existe la posibilidad de que un agricultor plante soja Roundup-Ready un año y al siguiente año maíz Roundup-Ready. Fumigar los campos solo y exclusivamente con Roundup durante unos cuantos años supone ser propenso a la aparición de resistencias a este herbicida"17. La aparición de resistencias al Roundup en las malashierbas supone un mayor beneficio económico para Monsanto. Significa que los agricultores necesitarán seguir incrementando sus compras de Roundup pues las dosis previas utilizadas ya no serán efectivas.
Otro impacto devastador de estos cultivos resistentes a los herbicidas podría ser la contaminación genética de las malas hierbas con esta caracteristica de resistencia al Roundup. El plan de introducción para el 2002 del trigo Roundup-Ready se ha topado con el rechazo de muchos agricultores que sienten que este trigo pueda cruzarse con malas hierbas como la "goat grass" haciéndolas inmunes al herbicida. Los agricultores están, así mismo, preocupados pues no podrán controlar el trigo silvestre que crece a partir de estas semillas resistentes al herbicida18. No está claro como van a verse afectadas otras especies beneficiosas por la introducción generalizada de estos cultivos transgénicos. Investigadores franceses, por ejemplo, han descubierto que algunas variedades de la colza transgénica pueden perjudicar a las abejas, el polinizador más efectivo de un agricultor, destruyendo su habilidad natural para reconocer el olor de las flores19.
Finalmente, la introducción de estos productos ha permitido a Monsanto ejercer un control más directo sobre los agricultores. Cuando un agricultor compra un saco de semillas Roundup-Ready paga un "canon de tecnología", y firma un contrato por el cual se la prohibe utilizar ninguna de las semillas obtenidas en esa cosecha para la siguiente temporada. El canon de licencia del algodón Roundup Ready es de 5 dólares USA por acre, para las variedades comunes de Texas, 8 dólares USA por acre para las variedades que se utilizan en el cinturón del Algodón (Cotton belt) y de 40 dólares USA por acre para aquellas variedades "stacked" (resistente al Roundup y que contiene genes Bt de la bacteria Bacillus thurengiensis)20.
El algodón resistente al Roundup
Ni siquiera la intensa campaña de relaciones publicas de Monsanto ha sido capaz de ocultar la gran cantidad de fallos que han surgido en torno a los cultivos de la ingeniería genética. El ejemplo más flagrante fue el caso del algodón Roundup-Ready que se topó con problemas por sus desastrosos resultados en la primera temporada de siembra. En julio de 1997 los agricultores del Delta del Mississippi empezaron a denunciar que el algodón Roundup-Ready no estaba creciendo correctamente y que los capullos de algodón se caían prematuramente o bien contenían malformaciones21. En octubre de 1997 al menos 19 agricultores en el Condado de Coahoma, estado de Mississippi, habían presentado quejas ante el State Department of Agriculture (Departamento de Agricultura del Estado)22. "En resumidas cuentas, prácticamente todo el mundo que ha plantado estas semillas ha tenido algún problema" dijo Steve Cox, abogado que representa a algunos de los agricultores afectados. "Los problemas a los que nos hemos enfrentado han ido desde capullos de algodón con malformaciones hasta la perdida total de la cosecha"23. También ha habido quejas de agricultores de otros estados como Arkansas, Louisiana, Tennessee y Texas24.
Monsanto ha intentado justificar los fracasos en la cosecha culpabilizando a la primavera fría y lluviosa y al caluroso y seco verano de la temporada, además del posible error en el tratamiento de los cultivos con Roundup por parte de los agricultores25. Como un agricultor declaró "Nos echaron la culpa a nosotros y a Dios por el mal tiempo, pero ellos no asumen su parte de culpa. Monsanto tiene 10.000 empleados pero ninguno de ellos me llamó para preguntar por la difícil situación en que me encuentro"26. Algunos expertos del gobierno federal de los EE.UU afirman que Monsanto se dio mucha prisa en comercializar la nueva semilla sin esperar al tradicional periodo de prueba de tres años. Un director de investigación del US Department of Agriculture and Commerce (Ministerio de Agricultura y Comercio) tratando de hacer pruebas sobre el producto estuvo buscando una libra (454 gramos) de estas semillas (suficientes para una décima parte de un acre) pero le dijeron desde la compañía que no podían escatimar ni una libra27.
El fallo del algodón transgénico de Monsanto les hizo verse envueltos en dificultades legales. Al principio Monsanto solucionó los litigios de 55 agricultores con 5 millones de dólares USA28. Pero el 12 de junio de 1998 el Consejo del Arbitraje de Semillas del estado de Mississippi determinó que el algodón transgénico de Monsanto "no se había comportado como estaba descrito en el etiquetado de las semillas"29. En cambio recomendaban a Monsanto y sus empresas filiales (las compañías Delta and Pine Land y Paymaster Technology) pagar a los agricultores (que no participaron del primer convenio con Monsanto) mas de 1,9 millones de dólares USA30. Esta decisión no era jurídicamente vinculante y Monsanto se negó a pagar por los daños31. La compañía planea presentar una petición para que el Consejo reconsidere su postura32. Agricultores de Arkansas han presentado quejas similares en el Consejo de Arbitraje de Semillas de Arkansas33.
Con posterioridad al primer año de fracasos, Monsanto tuvo que anunciar que retiraba del mercado cinco variedades de algodón Roundup-Ready debido a la baja calidad de estas34. Sin embargo, la compañía continua comercializando su algodón transgénico. En 1998 Monsanto vendió permisos para plantar 800.000 acres con su algodón Roundup-Ready35.
La soja resistente al Roundup
Los cultivos resistentes a herbicidas de Monsanto han encontrado una férrea oposición por parte de las ONGs. En el Otoño de 1996 los productores de grano de los EE.UU empezaron a exportar soja Roundup-Ready a Europa y otros países. La Comisión Europea aprobó estas importaciones a pesar de que las disposiciones sobre etiquetado de los alimentos transgénicos no se habían finalizado en la Unión Europea. Esto desencadenó protestas y bloqueos en los puertos europeos por parte de Greenpeace, Friends of the Earth y otras ONGs, impulsando, a su vez, la reivindicación de los consumidores que exigen un etiquetado obligatorio de la soja transgénica. Hasta la fecha la polémica continua, siendo obligatorio el etiquetado de la Unión Europea solo para aquellos productos donde los genes transgénicos sean detectados36. A pesar de todos estos problemas, estaba en las estanterías de 85 compañías distribuidoras de semillas de los EE.UU. en la primavera de 199837. A nivel mundial se espera que la soja transgénica se plante en 30 millones de acres38. Los estudios de mercado indican que la soja se está plantando en 25 millones de acres, casi el triple de los 9 millones de acres cultivados el pasado año, lo que representa un tercio de la producción total de 70 millones de acres39.
La remolacha resistente al Roundup
En Gran Bretaña, las ONGs han estado luchando también contra la introducción de remolacha resistente a los herbicidas. En diciembre de 1997, el Instituto Nacional de Botánica Agrícola de Gran Bretaña anunció que la remolacha Roundup-Ready podría introducirse en el mercado para el año 2001. El próximo obstáculo normativo es la necesaria aprobación por el Ministerio de Agricultura de su comercialización. Como esta autorización pende de un hilo, la organización Genetic Concern está oponiéndose tenazmente a las pruebas que actualmente se están llevando a cabo en Irlanda con la remolacha Roundup-Ready. Los activistas han recurrido los permisos de la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Irlanda, emitidos el 1 de mayo de 1997, permitiendo a Monsanto llevar a cabo pruebas de campo con estas remolachas en el condado de Carlow40. El desafío legal ha puesto de relieve el fracaso del gobierno irlandés para llevar a cabo un procedimiento limpio en la concesión de permisos para llevar a cabo las pruebas de campo y no cumplir con el "riesgo real cero" en cuanto a los efectos negativos sobre la salud humana y el medio ambiente de la liberación intencionada de la remolacha transgénica. La demanda se centra en la aplicación de la Directiva del Consejo Europeo sobre la liberación intencionada al medio ambiente de OMG (organismos modificados genéticamente) de 1990, la Ley irlandesa de la Agencia de Protección Ambiental de 1993 y la Normativa de Modificación Genética de 1994. Por el momento el fallo está a la espera en el Tribunal Supremo de Irlanda.
La colza resistente al Roundup
Los cultivos resistentes al herbicida no cumplen las disposiciones del gobierno de Canadá. Las plantaciones de colza resistente al Roundup representan la quinta parte de los cultivos de todo el país, en 199741. Sembrada en Nueva Zelanda para la compañía canadiense de semillas Zeneca, la semilla se plantó en 600.000 acres el año pasado y se espera que se plante ahora en 2 millones de acres42. No obstante, en la primavera de 1997 dos variedades de la colza Roundup-Ready tuvieron que ser retiradas por Monsanto Canadá (el titular de la licencia era la compañía de semillas Limagrain) después de que unos ensayos de calidad demostraran que la semilla contenía material genético que no había recibido la autorización plena por parte del Gobierno43. Se retiraron hasta 60.000 sacos de semillas vendidas en Manitoba, Saskatchewan y Alberta. Dos agricultores de Alberta que habían sembrado y arado recibieron de Monsanto Canadá una compensación económica de cuantía no revelada44.
El incidente debería haber servido para que el Gobierno de Canadá recordara que el principio de precaución es el que debería prevalecer en cuanto a la regulación de las cosechas transgénicas. A pesar de este tremendo error, que pudo ser catastrófico, el Comité Asesor de la Canola/Semilla de colza de Canadá Occidental aprobó la inscripción de diez nuevas variedades de canola en febrero de 1998. Cinco de estas son variedades Roundup-Ready, incluyendo dos cultivadas en Argentina45.
¿Maíz resistente al Roundup?
1998 es el primer año para el maíz Roundup-Ready, con unas expectativas de 750.000 acres plantados en los EE.UU.46. La mayoría de las semillas se produjeron en Sudamérica, principalmente en Argentina y Chile47. Como con otros cultivos Roundup-Ready, la introducción del maíz ha empezado a crear polémica en la Unión Europea y también en la propia industria. En octubre de 1997 la mayor compañía estadounidense productora de semillas de maíz, Pioneer Hy-Brid, afirmó que no se sumaría a la tecnología del Roundup-Ready pues las restricciones propuestas por Monsanto y sus precios no compensaban a los agricultores48.
Ese mismo mes el gigante químico francés Rhone-Poulene presento una demanda contra DeKalb Genetics y Monsanto en relación con los derechos de los genes del maíz Roundup-Ready49. Según Rhone Poulenc, cuando vendió sus genes de maíz tolerantes al Roundup a DeKalb en 1994 para que los incorporaran a ciertas variedades de maíz, no les permitieron transmitir o vender los genes a ninguna otra compañía. Rhone Poulenc alegó que esta transmisión ilegal tuvo lugar durante los acuerdos de licencia entre DeKalb y Monsanto y que el maíz Roundup-Ready violaba dos patentes50. El mal uso; alegado, de su tecnología patentada se puso de manifiesto cuando se revisó la documentación aportada por Monsanto para solicitar dos peticiones de inscripción de maíz de Monsanto ante el Ministerio de Agricultura de los EE.UU. La situación se tornó todavía más confusa el 11 de mayo de 1998 cuando Monsanto anunció un acuerdo para comprar DeKalb, una empresa puntera de semillas híbridas de maíz en EE.UU. La compra está sometiéndose a un examen "anti-trust" en el Ministerio de Justicia de EEUU.51.
Por si estas batallas legales no fueran suficientes, los agricultores que están usando el maíz Roundup-Ready se enfrentan a un dilema en cuanto a su exportación. La importación del maíz Roundup-Ready no ha sido totalmente aprobada en la Unión Europea52. Esta resistencia de los consumidores ha llevado al vicepresidente de los EE.UU., Gore, y a otros funcionarios del Ministerio de Agricultura a hacer campaña para Monsanto, advirtiendo que alrededor de 250 millones de dólares en exportaciones se pueden poner en peligro si el maíz transgénico no es aprobado por la UE53. Francia ha tomado medidas para evitar la amenaza de una batalla comercial ante la OMC (Organización Mundial del Comercio) al anunciar que daría el visto bueno para la importación de maíz a Europa54.
A pesar de enfrentarse con el rotundo fracaso en las cosechas, la virulenta oposición publica, los impactos sobre la salud y el medioambiente y numerosas preguntas científicas no resueltas, Monsanto sigue embistiendo con sus nuevas cosechas lucrativas. Se necesitará la voluntad combinada de los activistas, el publico y los responsables en políticas internacional para parar el desarrollo de esta peligrosa nueva tecnología.
Joseph Mendelson III es el director jurídico del (CTA) International Center for Technology Assesment -Centro Internacional para la Evaluación de la Tecnología- en Washington DC. Trabaja como abogado de la acusación contra la FDA por no exigir el etiquetado de los alimentos manipulados genéticamente.
Tecnología Terminator
Una amenaza para la seguridad alimentaria mundial
por Ricarda A. Steinbrecher y Pat Roy Mooney
Con el último producto estrella de su tecnología, Monsanto desmiente su pretensión de acabar con el hambre en el mundo. Muy al contrario, esta tecnología amenaza con socavar las bases más profundas de la agricultura tradicional, esto es, la práctica de guardar semillas de una año para otro. Mas aún, este "cóctel genético" aumentará el riesgo de que nuevas toxinas y alérgenos se introduzcan en la cadena alimentaria.
En 1860, cinco años antes de que Abbé Gregor Mendel publicara su oscuro volumen sobre la genética de los guisantes, iniciando lo que se llamaría la mejora de plantas "moderna", un tal Major Hallett, F.L.S., de Brighton, estuvo advirtiendo a los agricultores y a los vendedores de semillas de que cualquier abuso en la utilización de sus semillas seleccionadas para cereales "sería tratado con severidad"1. Pero sus semillas no podían patentarse y había poco que él pudiera hacer para evitar que los agricultores compraran sus variedades de trigo, las cultivaran, seleccionaran las mejores semillas para la siguiente temporada y desarrollaran sus propias variedades, especialmente adaptadas a los suelos, orografía y climatología locales.
No fue hasta 1908 que George Shull dio con lo que Major Hallett realmente quería, un arma biológica para evitar que los agricultores guardaran y desarrollaran sus propias semillas. Se llamó "hibridación", un maravilloso eufemismo que hizo pensar a los agricultores que cruzando dos plantas lejanamente emparentadas, podría crearse un "vigor híbrido" capaz de mejorar las cosechas, hasta el punto de hacer que la esterilidad de la semilla resultante - lo que significa que no puede ser replantada - fuera rentable económicamente2. Hoy en día, prácticamente cada espiga de maíz cultivada desde California a Kazajastán, es un híbrido controlado por una de las pocas multinacionales de semillas que dominan el mercado.
Exactamente 90 años después de la revelación de Shull, Monsanto, una de las mayores y más poderosas de esas compañías, está luchando por el control de la tecnología más importante en el monopolio de las semillas desde la aparición de los híbridos. Pero a diferencia de los que ocurrió en 1860, esta forma de control de la vida puede ser patentada. El 3 de marzo, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y una poco conocida empresa de semillas de algodón, llamada Delta and Pine Land Company, adquirieron la patente estadounidense 5.723.765 o Sistema de Protección Tecnológica (TPS). A los pocos días, el resto del mundo conoció la TPS como Tecnología Terminator. Su objetivo declarado es introducir plantas que producirán semillas que se autodestruirán, esto es, semillas suicidas. La Tecnología Terminator expresa la idea central de la ingeniería genética en cultivos alimentarios y arroja luz sobre los grandes intereses que hay detrás de la campaña corporativa para el control y posesión de la vida.
La tecnología Terminator llega para acabar con el sufrimiento de las multinacionales que han sido incapaces de apartar a los agricultores de una tradición de 12.000 años de antiguedad guardando y mejorando semillas. Los agricultores compran la semilla una vez y después hacen su trabajo. El despacho de detectives Patents and Pinkerton ha sido contratado para impedir que los agricultores actúen de esta forma. Terminator sin embargo, proporciona una "patente" biológica incorporada mediante la manipulación de los genes. Las pequeñas comunidades agrícolas, especialmente las del Tercer Mundo, dependen de su propia reproducción de plantas, ya que ni las compañías ni los organismos oficiales muestran mucho interés o capacidad para desarrollar semillas o plantas adaptadas a las dificultades de su entorno. Los híbridos y la tecnología Terminator con sus semillas muertas, obligan a los agricultores a comprar semillas nuevas cada temporada. Terminator también impide la conservación de la biodiversidad agrícola que llevan a cabo estas comunidades. No hay nada que conservar. Es la "bomba de neutrones" de la agricultura.
Semillas híbridas
Después del redescubrimiento de las Leyes de Mendel, en 1900, los productores de semillas con mentalidad monetaria, siguieron estrategias que obligarían a los agricultores a comprar nuevas semillas cada temporada, gastando un dinero que costo mucho ganar. Aunque el concepto de hibridación se desarrolló con George Shull en 1908, el primer maíz híbrido no fue comercializado hasta 1924 por Henry A. Wallace. Dos años más tarde, Wallace creó Pioneer Hi-Bred, la mayor compañía de semillas del mundo, y todavía controlada en gran medida por la misma familia. Wallace llegó a convertirse en Secretario de Agricultura de Estados Unidos y finalmente (1941) en Vicepresidente de Estados Unidos. Wallace convirtió su defensa apasionada de los híbridos en un indiscutible aunque no muy científico, "Auto de Fe", para argumentar que el "vigor híbrido" había convertido al maíz en el cultivo estrella que es hoy.
En oposición a esto, más recientemente, reputados científicos económicos y críticos como Jean-Pierre Berlan del INRA francés (Instituto Nacional de Investigación Agrícola), Richard C. Lewontin de Harvard, y Jack R. Kloppenburg de la Universidad de Wisconsin, han cuestionado esta idea, insistiendo en que si los programas convencionales de mejora del maíz hubieran tenido la misma inversión en investigación, habrían producido siempre mejores resultados que los híbridos. De acuerdo con estos críticos, la única ventaja de los híbridos reside en su rentabilidad para las compañías.
Cómo funcionan los híbridos
Las semillas híbridas son la primera generación (conocidos como F1) descendiente de dos líneas parentales distintas, dentro de la misma especie. Las semillas incorporan y expresan la característica genética deseada de cada ascendiente, únicamente en la siguiente generación. Las semillas extraídas de una F1 híbrida pueden o bien ser estériles o, más comúnmente, no expresar las características genéticas deseadas que se encontraban en la F1. Los agricultores en los sistemas agrícolas industrializados, rara vez intentan replantar un híbrido, debido a que las cosechadoras y máquinas de procesado de alimentos exigen que la producción sea muy uniforme. Por otro lado, los agricultores pobres de países como Brasil, van a utilizar un F2 (segunda generación) de semillas híbridas, como una fuente de material de mejora para mezclar con sus variedades tradicionales. De esta manera, los hábiles mejoradores locales, en su mayoría mujeres, ya estén en Brasil, Burundi o Bangladesh, aíslan características genéticas útiles y las adaptan a su mercado local. Los cultivos híbridos más comunes son: maíz, algodón, girasol y sorgo.
Hasta hace poco, los cereales de grano pequeño como el arroz, trigo, cebada, avena, centeno y leguminosas como la soja, no respondían a esta hibridación comercial. Esto ya está cambiando. Las iniciativas públicas de mejora de semillas, dirigidas por gobiernos como el chino, e instituciones como la Fundación Rockefeller y la Universidad de Cornell, han desarrollado híbridos comerciales de arroz. Las multinacionales de semillas siguen avanzando. Más recientemente gigantes como Monsanto y Novartis se han desecho en elogios sobre las posibilidades del trigo híbrido de primera generación. Siendo el trigo el cultivo más extendido del planeta, conseguir el monopolio de su híbrido sería un chollo para las compañías de semillas3.
Tecnología Terminator: Un arma biológica contra los agricultores y la seguridad alimentaria
Terminator no sólo asegura que los agricultores no puedan volver a plantar con éxito semillas de su cosecha, sino que además es la plataforma que utilizan las compañías para poder vender las características genéticas de su propiedad -genes patentados de tolerancia a los herbicidas o de resistencia a los insectos- y para tener a los agricultores enganchados a sus semillas y a la utilización de productos químicos. La tecnología Terminator es una garantía de que, incluso, los innovadores agricultores brasileños tendrán que comprar el acceso a esas características cada año.
El mercado objetivo de la Tecnología Terminator es explícitamente el de los agricultores del Sur. Así se refleja en los comunicados de la compañía presentando la patente, en los que Delta and Pine anuncia a bombo y platillo que su Sistema de Protección Tecnológica hará que para las empresas sea seguro económicamente vender sus variedades de alta tecnología en África, Asia y Latinoamérica. La compañía ha calculado incluso que 4 ó 5 millones de hectáreas serán plantadas con semillas Terminator en pocos años. Esta es una superficie de tierra casi igual al Sur de Asia. Aunque la Tecnología Terminator solamente se ha probado en algodón y tabaco, sus diseñadores están convencidos de que puede aplicarse a cualquier especie. Delta and Pine ha sugerido específicamente que los cultivadores de arroz y trigo de países como India, China y Pakistán son un mercado prioritario. Según la compañía, el valor de la Tecnología Terminator podría llegar hasta 4 dólares por hectárea en un mercado de élite como el de las plantas de jardín. La patente podría valer mil millones de dólares4.
"La práctica secular de guardar semilla de una cosecha para otra es una gran desventaja para los agricultores del Tercer Mundo que inadvertidamente quedan atrapados en el uso de variedades obsoletas, al tomar el "camino fácil" y no plantar variedades nuevas más productivas" - Dr. Harry B. Collins, Delta and Pine Land Co., Vicepresidente for Technology Transfer (12 de Junio de 1998)5.
Cómo funciona la Tecnología Terminator
La Tecnología Terminator es la principal aplicación de una patente genérica, para el "control de la expresión de los genes de las plantas". El Terminator es básicamente un mecanismo suicida genéticamente diseñado que se puede activar por un estímulo exterior específico. Como resultado las semillas de la siguiente generación se autodestruyen por autoenvenenamiento. El agente desencadenante más utilizado es el antibiótico tetraciclina aplicado a las semillas. La versión principal del Terminator consiste en un conjunto de 3 genes nuevos insertados dentro de una planta; otra versión reparte estos 2 ó 3 genes entre dos plantas que se cruzarían por polinización. El resultado final siempre es que la siguiente generación produce una semilla muerta.
La Tecnología Terminator es el Caballo de Troya para extender los cultivos de ingeniería genética en el Sur. A falta de reglamentaciones "efectivas" sobre patentes, las empresas pueden comercializar sus productos y forzar la constante recuperación de sus inversiones. A falta de una legislación adecuada en bioseguridad, puede persuadirse a los países de aceptar Terminator en la presunción de que esta tecnología es segura y de que las características transgénicas no pueden sobrevivir en una segunda generación, ni siquiera con polinización cruzada. Esta presunción carece de fundamento. Como ocurre siempre en ingeniería genética, los efectos directos e indirectos del Terminator son impredecibles y conllevan todos los riesgos inherentes de esta tecnología. El cóctel de genes de Terminator aumenta los riesgos de que nuevas toxinas y alérgenos aparezcan en nuestra comida y en el pienso para animales. Todavía más alarmante es la posibilidad de que los propios genes del Terminator contaminen la base genética agrícola de los cultivos vecinos y de la maleza y especies silvestres emparentados, poniendo en marcha una bomba de relojería. El silenciamiento del gen productor del veneno o un fallo en el mecanismo de activación del mismo posibilita dicha contaminación.
Entre un 15 y un 20% del abastecimiento mundial de alimentos, es producido por los agricultores pobres que guardan las semillas. Estos agricultores alimentan al menos a 1.400 millones de personas. Terminator "protege" a las compañías arriesgando la vida de la población. Ya que esta tecnología no tiene absolutamente ningún beneficio agronómico, no hay razón para arriesgar la seguridad alimentaria de los pobres jugando con la ingeniería genética en el campo. Tanto si sus consecuencias se producen a corto o largo plazo, Terminator es un arma biológica contra los agricultores y la seguridad alimentaria.
Terminator muestra otra cara oscura. Como un Caballo de Troya para otras características genéticas, puede usarse para activar o desactivar cualquier rasgo, al menos en teoría, esta tecnología apunta la posibilidad de un incremento de las enfermedades de los cultivos debido al movimiento de semillas. Estas enfermedades no tienen porqué aparecer inmediatamente, o no aparecer hasta ser activadas por condiciones o químicos específicos. Esta forma de guerra biológica contra la seguridad alimentaria y la economía de la población se está convirtiendo en un tema estrella en ambientes militares6.
Terminator conoce al "Monstruo"
Apenas dos meses después de que el "US Department of Agriculture" (USDA) y Delta and Pine Land anunciaran la concesión de la patente de Terminator, Monsanto compró la empresa. El anuncio del pago de 1.760 millones de dólares apareció el 11 de mayo, en el mismo momento en que se reunían en Bratislava las partes del Convenio de Biodiversidad. Terminator se abrió paso hasta los debates de la conferencia gracias a los comentarios de la prensa a las delegaciones. Por la noche, la delegación de EE.UU. que no había dicho una palabra ni siquiera cuando el USDA fue atacado por su relación con el Terminator, salió en defensa de Monsanto. Teniendo en cuenta que antiguo personal de la Casa Blanca durante la administración Clinton, está en la nómina del grupo de presión de Monsanto y que Mickey Cantor, el Delegado de Comercio norteamericano en gran parte de la Ronda de Uruguay, está también en la dirección de Monsanto, no sorprende el celo de la delegación norteamericana.
La tecnología de semillas ha recorrido un largo camino desde 1860 y las pasiones de propietario de Major Hallett. Poco meses antes de que Major registrara su semilla seleccionada, la idea central en la exposición de un orador en la feria agrícola de Wisconsin advertía a los agricultores y científicos que desconfiaran de las nuevas tecnologías que alejaban a los agricultores de sus cultivos. Aunque lo que más le preocupaba era el uso del motor de vapor en la agricultura -no estaba en contra, sólo le preocupaba a qué intereses servía- el orador opinaba que la función de la tecnología agrícola era proporcionar una vida decente a los agricultores y alimentar a la población. La administración Clinton haría bien en seguir el consejo de A. Lincoln antes de permitir que Terminator esclavice hoy a los agricultores del mundo7.
Terminar con Terminator
Las organizaciones sociales y los gobiernos pueden detener la tecnología Terminator. Existen recursos legales a través del derecho internacional y de los acuerdos intergubernamentales para prohibir esta tecnología. Estas son algunas de las posibilidades:
1. La patente del USDA/Delta está en fase de tramitación en todo el mundo. La patente puede y debe ser rechazada en base a que entra en conflicto con la moral pública. Terminator es una amenaza para la seguridad alimentaria y destructivo para la biodiversidad agrícola. En base a esto los gobiernos están totalmente legitimados a hacer uso, incluso del controvertido capítulo TRIPS de la OMC y acordar el rechazo de la patente; al hacer esto los gobiernos acordarían también (según la Organización Mundial del Comercio) el no permitir a nadie la explotación de esa tecnología en su territorio.
2. Debe presionarse a la USDA (con o sin EE.UU.) para que rechace la entrega de la patente a la compañía. De hecho la USDA (que sorprendió con el anuncio de la patente el 3 de marzo) debería pedir al Departamento de Patentes y Marcas Registradas de EE.UU que revisara la petición y determinara si ésta entra o no en conflicto con la moralidad pública.
3. Los más de 100 estados miembros del Convenio para la Prohibición del Desarrollo, Producción y Almacenamiento de Armas Tóxicas y Bacteriológicas y para su Destrucción (1972), deberían pedir la abolición de la Tecnología Terminator por ser una forma de guerra biológica económica que no sólo hace la guerra a las comunidades agrícolas, sino que puede ser manipulada para amenazar la seguridad alimentaria y destruir la economía de un país.
4. En su reunión de octubre de 1998, el Grupo de Consulta de Investigación Agrícola Internacional (CGIAR), la mayor red mundial de institutos públicos internacionales de mejora de plantas, debería haber anunciado su oposición al Terminator y su negativa a usarlo. (N de la T.: Efectivamente en su reunión del 26-30 de octubre en Washington el CGIAR concluyó que el Terminator es negativo para los agricultores pobres y para la biodiversidad agrícola, y conmina a no utilizar esta tecnología. Más información en http://www.rafi.org.ca/).
5. En su reunión de mayo de 1999, el Grupo de Trabajo en Ciencia y Tecnología del Convenio de Biodiversidad, debería presentar una resolución declarando que el Terminator es una amenaza para la biodiversidad agrícola y pedir su retirada. Semejante iniciativa reforzará los esfuerzos nacionales para prohibir la patente y la tecnología bajo los términos del Acuerdo Mundial de Comercio.
Dra. Ricarda A. Steinbrecher es bióloga y genetista. Coordinadora de la Campaña "Test Tube Harvest" de la organización Women's Environmental Network. Es Directora Científica de Genetics Forum, RU y Consejera en biotecnología para muchas ONGs.
Pat Roy Mooney ha trabajado más de 30 años con organismos sociales en temas de comercio internacional y desarrollo, relacionados con agricultura y biodiversidad y es autor de numerosos libros en la materia. Vive en Winnipeg, Canadá, donde es Director Ejecutivo de RAFI (Fundación Internacional para el Desarrollo Rural).
Referencias
1. Berlan, Jean-Pierre and Richard C. Lewontin, "Agricultural Genetics and Sterifix Breeding" (1998). Manuscrito sin publicar, pág. 5 y 6.
2. Lewontin, Richard C., y Berlan, Jean-Pierre, "The Political Economy of Agricultural Research: The case of Hybrid Corn" capítulo 23, pág. 625 en Carroll, Ronald, C., Vandermeer, John H., y Rossett, Peter, Agroecology, Mc Graw-Hill Publishing Co.
3. Para más información sobre el nuevo impulso a los híbridos de cereales, ver el comunicado de RAFI "Seed Industry Consolidation - 1988: Who Owns Whom? (Julio/Agosto, 1988) en la página web de RAFI: www.rafi.org.ca/
4. Freiburg, Bill, "Is Delta and Pine Land's Terminator Gene a Billion Dollar Discover?" en Seeds and Crop Digest, Mayo-Junio 1998.
5. Collins, Harry B: "New Technologies and Modernizing World Agriculture", un documento sin publicar distribuido por el Dr. Collins en un debate sobre el Terminator que tuvo lugar el 12 de octubre de 1998 durante la reunión de la Comisión de Recursos Genéticos en Alimentación y Agricultura de la FAO (Roma).
6. Gracias a la legislación de Acceso a la Información aplicada al Ejército de EE UU, RAFI recibió recientemente información de un seminario militar titulado "Biotechnology Workshop 20/20" (29-30 Mayo 1996) que tuvo lugar en el Army War College. El documento esboza un amplio abanico de usos militares de la biotecnología, que en opinión de los autores serían factibles hacia el año 2020.
7. Abraham Lincoln, "Annual Address by Hon. Abram Lincoln of Illinois delivered at Milwaukee, Sept. 30, 1859", pág. 287-299 en Transactions of the Wisconsin State Agricultural Society, Carpanter and Hyer (Madison) 1860.
Puertas Giratorias: Monsanto y la Administración
por Jennifer Ferrara
Directivos de Monsanto han desempeñado y desempeñaran puestos clave en la Administración y viceversa, sobre todo en la Food and Drug Administration (FDA). ¿A quien le sorprende que Monsanto obtenga autorización para sus productos?
Aunque la biotecnología (BT) evolucionó muy rápidamente de ser una ciencia de laboratorio a ser un método para crear productos comerciales -en menos de una década- el gobierno de los Estados Unidos vio venir la comercialización de la biotecnología y deliberadamente eligió un camino que en la práctica ha supuesto la no regulación. La ingeniería genética rompió las barreras naturales de la reproducción y aceleró los procesos de producción vegetal y animal, pero las empresas agroalimentarias tuvieron miedo de que los reglamentos cuidadosos pudiesen dificultar los nuevos descubrimientos y, por tanto, el desarrollo comercial de la tecnología. El gobierno federal se puso del lado de la industria. En vez de establecer reglamentos estrictos y cautelares, que diesen prioridad a la salud pública y medioambiental, fue componiendo un sistema reglamentario inadecuado, basado en la evaluación de riesgos, la ciencia industrial y el voluntarismo corporativo.
Los EE.UU. se encontraban inmersos en una carrera económica con Japón por la alta tecnología, y, en lo referente a la agricultura, los legisladores percibían la ingeniería genética como la nueva tecnología que permitiría a los EE.UU. mantener su posición como líder mundial del sector agrícola. El gobierno federal no promulgaría ninguna ley que pudiera reducir la competitividad estadounidense en el futuro mercado mundial de los productos de la BT.
El primer organismo gubernamental en establecer directrices para la investigación biotecnológica fue el National Institute of Health (NIH) en 19761. Ya que el NIH es un organismo consultivo y no regulador, podía formular directrices pero no tenía autoridad para hacerlas cumplir. Desde el principio, las directrices del NIH dependían de la autorregulación de la comunidad científica e industrial, marcando una tendencia que continuaría hasta el día de hoy. A medida que las empresas se involucraban cada vez más en la ingeniería genética, las directrices del NIH iban adaptándose a los resultados y a la producción en serie de los organismos modificados genéticamente. Entre 1977 y 1978, se presentaron ante el Congreso de los EE.UU. 16 proyectos de ley para la reglamentación de la investigación genética. No prosperó ninguno, y las directrices del NIH -que contemplaban principalmente la investigación médica y farmacéutica y no tenían un enfoque cautelar- seguían siendo el único mecanismo reglamentario de la investigación biotecnológica.
En los primeros años de los 80, las empresas agroalimentarias estaban desarrollando plantas, fármacos para la ganadería e incluso ganado modificado
genéticamente, pero no existía ningún sistema que reglamentase el desarrollo, la venta o la utilización de estos productos2. Corrían los tiempos de la administración desreguladora Reagan/Bush, que desarrolló el marco mediante el que los productos de la BT, incluyendo los alimentos, se "reglamentan" hoy en día. La primera prioridad de la administración fue el beneficio industrial, y no la seguridad pública. Algunos funcionarios del gobierno en la Office of Management and Budget, el Department of State and Commerce y la White House Office of Science and Technology Policy querían asegurarse de que la administración no hiciera nada que "sofocase" el desarrollo de la biotecnología o que mandase el mensaje "equivocado" a Wall Street3. El President's Council on Competitiveness de la "era Bush", presidido por el Vice Presidente Dan Quayle, se unió a la industria de la biotecnología en su oposición a un reglamento fuerte y a la vigilancia de cerca por parte de las agencias federales4.
El resultado fue el "marco reglamentario sobre biotecnología" de 19865. Esta política se basó en la máxima empresarial de que la BT no es más que una ampliación de las formas tradicionales de producción vegetal y animal, y que los productos de la BT no diferían fundamentalmente de los organismos no modificados genéticamente6. La administración determinó que las agencias federales existentes serían capaces de regular adecuadamente los productos de la BT y les otorgó autoridad reguladora de forma solapada7. Por ejemplo, la Food and Drug Administration (FDA) regularía los organismos de la BT en la alimentación y en los fármacos. El United States Department of Agriculture regularía los cultivos y los animales de la BT. La Environmental Protection Agency (EPA) regularía los organismos de la BT que se liberasen al medio para el control de plagas. Y el NIH se encargaría de los organismos que pudiesen afectar a la salud pública. Al determinar que las agencias existentes podían encargarse de la labor de regular los productos de la BT, la administración evitaba tener que aprobar nuevas y más exigentes leyes federales o establecer una nueva agencia reguladora responsable de esta tarea.
Esta política dejaba grandes vacíos en la comunicación entre agencias, mucho terreno regulador sin cubrir, y confusión en cuanto a quién regularía el qué8,9. Pero lo que es más importante, los reglamentos se fundaban en la falsa premisa de que los organismos modificados genéticamente y utilizados para productos alimenticios y agrícolas no difieren de los productos convencionales no manipulados10. De hecho, para producir alimentos modificados genéticamente los investigadores toman genes de organismos alimenticios o no alimenticios y los añaden a otro organismo para alterar su composición genética, en formas que no son posibles mediante la reproducción sexual. Este proceso suprime proteínas esenciales o añade otras completamente nuevas, y puede modificar las características genéticas de forma totalmente inesperada. Cuando los nuevos genes proceden de una fuente alimenticia homologada, el gobierno trata a los genes nuevos o alterados en los alimentos modificados genéticamente como aditivos naturales y no novedosos. Así, en la mayoría de los casos los reguladores no tienen que adoptar un enfoque cautelar al evaluar los nuevos productos alimenticios de la BT; los productos se consideran seguros hasta que no se demuestre lo contrario.
Hasta fechas tan recientes como 1994, se veía que el gobierno federal todavía iba atrasado en el establecimiento de reglamentos sobre la seguridad biotecnológica. La Union of Concerned Scientists (UCS), que realiza un seguimiento de la industria de la biotecnología y el sistema regulador federal, señaló las lagunas en el supuesto marco regulador11. De acuerdo con un escrito de la UCS de febrero de 1994, "Fundamentalmente, no tiene suficiente autoridad estatutaria para supervisar todos los productos y todas las actividades relacionadas con la ingeniería genética. (...) Donde sí hay autoridad, existen problemas en la ejecución de los reglamentos y las políticas". Por ejemplo, una política de la FDA de 1992 eximió a las empresas de la obligación de realizar pruebas de seguridad en los alimentos modificados genéticamente y de conseguir la aprobación de la FDA antes de comercializar los alimentos12. A menos que la misma empresa determinase que "existen suficientes cuestiones de seguridad"13, podía realizar consultas privadas y voluntarias con la agencia antes de comercializar su producto14.
No es inusual que las empresas agroalimentarias como Monsanto manipulen los limitados reglamentos de seguridad que existen. Al establecer normas de seguridad para los nuevos productos, las agencias federales se fían de los estudios que han sido elaborados por las mismas empresas que intentan lanzar sus productos al mercado. No siempre se exigen estudios que determinen las consecuencias de los nuevos productos sobre la salud a largo plazo. A lo largo de los años, muchas empresas han entregado resultados de investigaciones fraudulentas para demostrar que sus productos son seguros, o simplemente han ocultado información o estudios que indican lo contrario. Ya que el gobierno federal protege los estudios de seguridad de las empresas, considerándolos como secretos comerciales, estos no están disponibles para el público. Al proteger a las empresas de esta forma, las agencias federales defienden los intereses privados por encima del derecho social a la salud y a un medio ambiente seguro.
La ironía reguladora
Las leyes que rigen la biotecnología siguen favoreciendo a las empresas agroindustriales y biotecnológicas, pero a medida que la industria se ha ido desarrollado, ha habido giros irónicos en la presión empresarial hacia determinados tipos de reglamentos. La falta inicial de un enfoque reglamentario cautelar permitía a las pequeñas empresas biotecnológicas desarrollar y comercializar los productos de la BT a un ritmo acelerado. Mientras tanto, las empresas agroindustriales más grandes, como Monsanto y Ciba-Geigy, se dedicaban a comprar estas pequeñas empresas al tiempo que desarrollaban sus propias investigaciones y operaciones comerciales. Durante este tiempo, Monsanto, Ciba-Geigy y otros gigantes agroindustriales prácticamente llegaron a dominar el mercado mundial de productos alimenticios de la BT, fortaleciendo su dominio en el suministro de alimentos en gran parte del mundo.
Desde su posición de dominio, Monsanto y las otras empresas han promovido algunos reglamentos aparentemente restrictivos, pero sólo cuando los reglamentos convienen a sus propósitos comerciales. Los reglamentos que obligan a las empresas a presentar una plétora de costosos datos científicos a las agencias reguladoras, por ejemplo, desaniman a las empresas biotecnológicas y semilleras más pequeñas, mientras proporcionan al público la ilusión de que los nuevos productos de la BT son sometidos a evaluaciones rigurosas de seguridad y, por lo tanto, son seguros.
En 1995, por ejemplo, Monsanto presionó en contra de una disposición de la ley de financiación de la EPA, que hubiese impedido a la EPA regular las plantas agrícolas modificadas para contener la bacteria tóxica Bacillus thuringiensis (Bt)15. Los alimentos de la BT acababan de entrar en el mercado, y Monsanto era plenamente consciente de que casi cualquier regulación de la EPA para las plantas Bt autorizaría públicamente los productos de la BT y apaciguaría la resistencia por parte de los grupos ecologistas. Más aun, las empresas sólo conseguirían comercializar sus productos Bt si contaban con suficiente dinero y recursos para pasar estos trámites. Solamente las grandes empresas pueden satisfacer estos requisitos aportando toda la información y, despues manipular y superar las pruebas de evaluación de seguridad de la EPA. Con la competencia marginada, el mercado es suyo.
La FDA: Escándalos y Puertas Giratorias
Para comprender mejor cómo los alimentos de la BT y los riesgos de seguridad asociados se impusieron en la sociedad norteamericana, basta con mirar la historia del primer producto alimenticio de la BT comercializado a gran escala: la hormona recombinante de crecimiento bovino (rBGH) de la corporación Monsanto. La rBGH se ha relacionado con el cáncer en los seres humanos y con graves problemas de salud en las vacas, incluyendo infecciones en las ubres y problemas reproductivos. El desarrollo y la aprobación de la rBGH estuvo marcado por los escándalos y las protestas. Pero la adecuada combinación de apoyo gubernamental, investigación privada y millonarios proyectos de marketing, prepararon el terreno para la primera liberación importante de un alimento de la BT en el suministro alimenticio del país.
Los papeles que desempeñaron la FDA y Monsanto en el desarrollo, la evaluación de seguridad, aprobación y comercialización de la rBGH llevaron a que se expusiera la sociedad norteamericana a los múltiples riesgos de los alimentos de la BT. Estas instituciones ocultaron datos importantes sobre cuestiones de seguridad, taparon preocupantes conflictos de intereses y suprimieron la oposición de quienes hacían las preguntas "equivocadas" y decían verdades sobre la rBGH.
La FDA declaró que la leche con rBGH era segura para el consumo humano, antes de disponer de datos significativos sobre cómo la leche con rBGH podía afectar a la salud humana16. Cuando empezaron a surgir informes de gran importancia sobre cómo la rBGH aumentaba los niveles del factor de crecimiento tipo insulina, IGF-1, en la leche17 y la posible conexión entre el IGF-1 y el cáncer en los humanos18, parecía que la FDA estaba demasiado comprometida como para cambiar de opinión o hacer más preguntas sobre el efecto de este fármaco en la salud humana. En su lugar, la agencia se fió casi exclusivamente de los datos generados por Monsanto muy criticados por científicos independientes, para justificar una decisión que había tomado muchos años antes19,20. Numerosos científicos han pedido estudios más amplios a largo plazo, que nunca se han llevado a cabo.
En 1991, un investigador de la Universidad de Vermont (UVM), donde Monsanto había invertido casi medio millón de dólares para financiar las pruebas de la rBGH, filtró información sobre los serios problemas de salud que afectaban a las vacas tratadas con rBGH, como mastitis y terneros deformes21. El científico que encabezaba la investigación ya había hecho numerosas declaraciones públicas ante los legisladores del estado y los medios de comunicación y había publicado un informe preliminar que señalaba que las vacas tratadas con rBGH no padecían tasas anormales de problemas de salud, en comparación con las vacas no tratadas22 El US General Accounting Office (GAO) investigó. Durante la investigación, la FDA eludió proporcionar al GAO los datos originales de las pruebas de Monsanto23 y el GAO no fue capaz de conseguir datos críticos de la UVM y de Monsanto24 El GAO concluyó su investigación, preocupado por si Monsanto había tenido tiempo de manipular los datos cuestionados y por si cualquier continuación de la investigación no diera frutos. En un esfuerzo por disipar la preocupación pública, los científicos de la UVM finalmente hicieron público datos que demostraban el efecto negativo de la rBGH sobre la salud de las vacas, años después de que las decisiones se hubiesen tomado."25
Hasta los funcionarios de la propia FDA han criticado a la agencia por su limitada revisión del fármaco, pero la FDA ha desechado estas preocupaciones y ha despedido al menos a uno de los funcionarios que denunciaron el corrupto proceso de aprobación. El veterinario Dr. Richard Burroughs evaluó las solicitudes de fármacos animales en el Centro de Ciencias Veterinarias de la FDA, desde 1979 hasta que fue despedido en 198926. En 1985, Burroughs encabezó la evaluación en la FDA de la rBGH y siguió participando directamente en el proceso de evaluación durante casi cinco años. Burroughs redactó los protocolos originales para los estudios de seguridad animal y evaluó los datos que los investigadores de la rBGH, incluyendo Monsanto, entregaban a medida que llevaban a cabo los estudios sobre su seguridad.
Un artículo aparecido en 1991 en la revista Eating Well (Comer Bien), cita una descripción ofrecida por Burroughs de cambios en la FDA a partir de mediados de los años 80. "Parecía haber una tendencia hacia la aprobación a cualquier precio. Se transformó de un entorno cuasi-universitario donde existía evaluación científica independiente a un ambiente de 'aprueba, aprueba, aprueba"27. Es en este ambiente donde la FDA realizó su evaluación de la rBGH. Según Burroughs, la FDA no estaba en absoluto preparada para evaluar la rBGH, el primer fármaco animal de la BT que pasó el proceso de aprobación de la FDA; la rBGH salía del alcance del conocimiento de la mayoría de los empleados de la FDA. Pero antes de reconocer su incompetencia, la FDA "decidió tapar los estudios y las decisiones inadecuados," y los responsables de la agencia "suprimían y manipulaban datos para tapar su propia ignorancia e incompetencia"28.
El propio Burroughs se vio cara a cara con los representantes empresariales que querían que la agencia relajase los estrictos protocolos de ensayo, y vio cómo las empresas eliminaban a las vacas enfermas de las pruebas la rBGH y manipulaban los datos para que desaparecieran los problemas de salud y seguridad. Según Burroughs, los datos en bruto sin tocar, guardados tras las puertas de la agencia y protegidos como secretos comerciales demostrarían lo contrario.
Burroughs cuestionó el poco rigor de la agencia y su papel cambiante de guardián de la salud pública a protector de los beneficios corporativos. Criticó a la FDA y su comportamiento en el caso de la rBGH ante los investigadores del Congreso, en sus testimonios a los legisladores del estado y ante los medios de comunicación29. Dentro de la FDA, rechazó varios estudios de seguridad, patrocinados por las empresas, por insuficientes y le fue impedido por sus superiores investigar datos aportados por la industria que demostraban posibles problemas de salud causados por la rBGH. Aunque Burroughs tenía una hoja de servicio en la FDA que demostraba ocho años seguidos de buen comportamiento, empezaba a recibir informes de su bajo rendimiento, que él denunció como un montaje. Finalmente, en noviembre de 1989, fue despedido por "incompetencia".
La FDA no sólo obvió la evidencia de que la rBGH no era segura, sino que favoreció el producto de Monsanto antes y después de la aprobación del fármaco. Al hacer esto, la FDA asumió el doble papel de regulador y promotor de los alimentos de la BT. El Dr. Michael Hansen de la Consumers Union señala que la FDA actuó como abogado de la rBGH al emitir notas de prensa que promocionaban la rBGH, hacer declaraciones públicas que alababan el fármaco, y redactar artículos promocionales sobre la rBGH en la publicación interna de la agencia, FDA Consumer30.
Este doble papel también se manifestó de otras formas. Por ejemplo, en lo que se veía como un intento de calmar la controversia pública sobre la rBGH, dos investigadores de la FDA publicaron datos de la industria e "independientes" en la revista Science en 1990 para demostrar que la rBGH era segura para los consumidores31. Gerald Guest, director del Centro de Medicina Veterinaria de la FDA declaró a Science, "Nos gustaría exponer nuestro punto de vista, para mostrar por qué estamos cómodos con su seguridad. Nos gustaría que la gente supiese que es un proceso meditado, y que queremos que sea abierto y creíble"32.
Evidentemente Guest estaba siendo muy optimista. El Profesor Samuel Epstein criticó a la FDA por actuar "como publicista o abogado de un fármaco animal que todavía no ha recibido aprobación"33. Epstein y otros criticaban a la FDA por incluir sólo extractos de estudios sin publicar sobre la rBGH en el artículo de Science, sin permitir una revisión independiente de los estudios completos34.
Las actividades de la FDA en pro de la rBGH tienen mucho más sentido a la luz de los conflictos de intereses entre la FDA y la corporación Monsanto35,36. Michael R. Taylor, el Vicecomisario de política de la FDA, redactó las normas de la FDA para el etiquetado de la rBGH. Las normas, anunciadas en febrero de 1994, prácticamente prohibían a las empresas lecheras hacer cualquier distinción entre los productos producidos con y sin rBGH37. Para impedir que se estigmatizara la leche con rBGH en el mercado, la FDA anunció que las etiquetas sobre los productos sin rBGH debieran constatar que no existe diferencia alguna entre la rBGH y la hormona natural.
En marzo de 1994, se desveló que Taylor había trabajado durante siete años como abogado en Monsanto. Mientras trabajaba para Monsanto, Taylor había preparado un memorándum para la compañía sobre si sería o no constitucional que los estados impusieran leyes de etiquetado en relación con los productos lácteos que contienen rBGH38. En otras palabras, Taylor ayudó a Monsanto a decidir si la corporación podía o no demandar a los estados y a las compañías que querían informar al público que sus productos estaban libres del fármaco de Monsanto.
Taylor no era el único responsable de la FDA involucrado en la política sobre rBGH que había trabajado para Monsanto. Margaret Miller, Vicedirectora de la Oficina de Nuevos Fármacos Animales de la FDA había sido científica investigadora en Monsanto, trabajando en los estudios sobre la seguridad de la rBGH en Monsanto hasta 1989. Suzanne Sechen era la "evaluadora principal" de la rBGH en la Oficina de Nuevos Fármacos Animales entre 1988 y 1990. Antes de llegar a la FDA había realizado investigaciones para varios estudios de la rBGH financiados por Monsanto como estudiante de postgrado en la Universidad de Cornell. Su profesor era uno de los consultores universitarios de Monsanto y un conocido promotor de la rBGH. Sorprendentemente, el GAO determinó en una investigación de 1994 que la anterior vinculación con la corporación Monsanto de estos funcionarios no suponía un conflicto de intereses. Pero para la gente preocupada por los peligros ambientales y para la salud de la aplicaciones de la ingeniería genética, la "puerta giratoria" entre la industria de la biotecnología y las agencias reguladoras federales constituye un serio motivo de preocupación.
El fracaso del "marketing" de Monsanto
por Kenny Bruno
Monsanto intenta presentarse como una organización filantrópica, interesada en la protección del medio natural y preocupada por el hambre en el mundo. La realidad es muy diferente.
Monsanto cree que usted tiene derecho a escuchar todas las opiniones sobre la biotecnología aplicada a los alimentos. Así, empieza una campaña poco usual que la compañía norteamericana, actor principal en la ingeniería genética, está llevando a cabo en Europa. Monsanto, la empresa gigante de la agrotecnología y la química, con sede en St. Louis, EE.UU., con la ayuda de Bartle Bogle Hegarty (BBH) está desarrollando en Europa una campaña dedicada a "fomentar un entendimiento positivo de la biotecnología aplicada a los alimentos"1.
En esta campaña, Monsanto no propone que compremos sus productos. Al contrario, los anuncios están escritos en tono educativo y simulando transparencia y no son agresivos, ni mucho menos. La mayoría de la publicidad que asalta al público diariamente provoca más indignación que la de Monsanto. Sin embargo, muchos lectores quedan asombrados cuando llegan a la última frase de los anuncios; una invitación a visitar la página web (o telefonear a las oficinas) de sus más fuertes críticos, Greenpeace, Friends of the Earth y Food for Our Future. Estos grupos de presión mantienen posturas completamente opuestas a la biotecnología, "la sangre vital" de Monsanto.
Monsanto está realmente satisfecha con la "gran contribución al importante debate público"2 que está significando su campaña. Ha sido sólo una cuestión de tiempo, antes de que algún ejecutivo en publicidad percibiera los beneficios de una estrategia tan sencilla y eficaz como es anunciar la página web y el teléfono de sus críticos. Todo el mundo conocía ya estos datos y lo que los anuncios dan a entender es que existe una complicidad de estas ONGs en el «debate abierto» iniciado por Monsanto. Al mismo tiempo, la compañía muestra su tranquilidad ante este tema. Nike, en su página web, se refiere frecuentemente a los argumentos de sus críticos, aunque en un tono más defensivo que Monsanto3. También la industria nuclear ha usado la misma táctica4. Es evidente que las multinacionales van a emplear cada vez más esta práctica de fingir transparencia.
¿Pero qué significa esto? ¿Qué está haciendo Monsanto? ¿Ha abandonado la lucha por controlar la información? Un objeto imposible dado la amplia gama de oportunidades que ofrece la informática actual. Su director de "información" en Europa confía en que cuando el público explore otros puntos de vista "la seguridad y los beneficios de la biotecnología aparecerán evidentes"5. ¿Si es así, por qué no se han llevado a cabo campañas similares en Norteamérica? ¿Por qué se gastan millones de dólares en informar al público de las campañas de sus críticos?
Como admite Monsanto, la estrategia es una reacción a sus críticos a quienes la compañía acusa de divulgar información falsa, teorías vudú, vandalismo, oscurantismo, proferir continuas amenazas y resaltar supuestos peligros de unas super-malas hierbas y de los "Frankenfoods" (Alimentos Frankenstein)6. Aparte de la innovadora idea de ofrecer el teléfono de Greenpeace, los anuncios son ejemplos claros de la tradición conocida como "Greenwash". Es decir, proporcionan una imagen verde y ecologista a un producto, técnica muy empleada por las compañías multinacionales.
Los argumentos presentados en este artículo analizarán la campaña de promoción en el contexto de la técnica de "lavado de imagen". Mantengo que Monsanto eligió esta opción tras el fracaso de su estrategia de "marketing", trás su decisión de exportar a Europa en 1997 soja manipulada genéticamente, sin separarla de la soja tradicional.
La idea del "lavado de imagen" fue concebida con ocasión de las grandes catástrofes de los años 80: Love Canal, Bhopal, Chernóbil, Basel, el Exxon Valdez, o el agujero en la capa de ozono. El impacto de estas catástrofes sobre la opinión pública, y lo que demostraron acerca de la situación de una degradación de proporciones planetarias, ponía en peligro la libertad y los intereses económicos de las industrias implicadas. Surgieron y proliferaron reglamentos medioambientales, los grupos de presión aumentaron y cogieron fuerzas como nunca y la conservación del medio ambiente llegó a ser un tema realmente popular. Se culpó a las empresas implicadas. Monsanto, la inventora de uno de los contaminantes más omnipresentes en el planeta (PCBs), recibió una parte sustancial de la culpabilidad. Las compañías tuvieron que actuar y cambiar su estrategia tradicional, que era negar toda responsabilidad en los acontecimientos, lo que hasta entonces les había funcionado bien. La estrategia de "Lavado de Imagen" fue desarrollada como respuesta.
El principal método de "Lavado de Imagen" fue construir una imagen verde y unos códigos de conducta asumidos voluntariamente, además de seguir con las tácticas tradicionales para evitar cumplir con los reglamentos protectores del medio natural. En EE.UU., DuPont (el principal fabricante de los productos que destruyen la capa de ozono) y Occidental (creadores del Love Canal) emitieron anuncios con imágenes de ballenas, focas, aves y escenarios naturales de océanos o bosques. Rhone Poulenc, Sandoz, Waste Management, Mitsubishi, Ford, General Motors y Union Carbide siguieron la misma línea. La multinacional británica ICI, estrenó anuncios estilo "Lavado de Imagen" en Malaisia ("Paraquat y Naturaleza en Perfecta Armonía"), mientras que Shell fotografió una adorable chica asiática sosteniendo el globo del mundo para un anuncio en la revista de Friends of the Earth de Hong Kong. El tono era sensible, humanitario, más "verde" que el que más7. Sólo un puñado de empresas de relaciones públicas realizaron el trabajo de todas las grandes multinacionales. La propaganda del "Lavado de Imagen" ha llegado a ser una industria mundial.
La segunda parte de la estrategia está formada por códigos de conducta. En EE.UU., este Código se llamó Responsible Care (Cuidado responsable) y lo adoptaron todos los miembros de US Chemical Manufacturers Association (Asociación de Fabricantes Químicos -CMA-) llegando a ser el programa ambiental de toda la industria química. Luego se extendió a Europa y a Latinoamérica y Asia. El Responsible Care surgió como respuesta al escape de gases letales en Bhopal, que después fue completado con el desarrollo del código de conducta CERES8. Pero como la "propaganda verde", no fue un programa activo sino la reacción de una industria asustada. Monsanto, como miembro de Responsible Care empezó a aprender el arte del "Lavado de Imagen".
Asumir el Responsible Care fue un fascinante acto de equilibrio, especialmente porque su ambivalencia se repetía una y otra vez, por una parte al tener que informar al público el mensaje era que la industría reconocía sus preocupaciones y que hacia todo lo posible para evitar las catástrofes, que era lo que asustaba a la gente. Pero por otra parte cuando el auditorio eran sus propios miembros, esa responsabilidad se declinaba y no se asumía ninguna culpabilidad en los graves atentados ecológicos. Optaron por admitir que han ocurrido "demasiados accidentes" y que la industria ha dejado de cumplir con su responsabilidad de comunicarse adecuadamente con el público. El lenguaje usado por Responsible Care (por ejemplo, su lema de "Mejoras Continuas") dejó abierta a interpretación sí las mejoras en temas medioambientales eran realmente necesarias para la salud del planeta o sólo servían para mejorar la imagen pública de la industria9. En resúmen el mensaje era: "aquí no pasa nada, pero sí pasa, lo vamos a solucionar". No es un mensaje alentador.
Mientras tanto, estas mismas empresas presionaban en contra de una legislación que trataba los problemas causados por la industria. En estos foros, la industria argumentó que Responsible Care y otros Códigos de Conducta voluntariamente asumidos, representaban garantías más eficaces que la vía legislativa. El mensaje era: "Somos los expertos, amamos la naturaleza y nos ocuparemos de ella. Es mejor que vosotros, los políticos y los gobiernos, no os metáis en el asunto".
Con el "Lavado de Imagen" las empresas destructoras del medio ambiente en las industrias químicas, de residuos, combustibles fósiles, del automóvil y nuclear, se apropiaron de las imágenes ecológicas así como el lenguaje del movimiento ecologista para desviar las críticas de sus actividades. La Tierra, con su fauna y flora, llegó a representar la imagen más empleada por las mismas compañías que han producido los mayores destrozos. Se apropiaron del Día de la Tierra, se recomendó el reciclaje y se interpretó a su manera la prevención de la contaminación. Con la "autoregulación" la nueva legislación ambiental apareció como un anacronismo.
Mientras que las compañías continuaban con sus esfuerzos para descafeinar o hacer descarrilar la legislación a nivel nacional, a nivel intergubernamental los asuntos medioambientales comenzaron a tener más transcendencia. Durante el proceso de la CNUMAD -Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo-, el "Lavado de Imagen" asumió un papel global. En este foro, el Business Council for Sustainable Development (BCSD) -el Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible- se unió a la Cámara de Comercio Internacional en una campaña mundial con el fin de beneficiar a sus miembros (incluyendo Monsanto)10. El objetivo fue mostrar visiblemente una posición medioambientalista y a la vez procurar que en la Cumbre, no se concretaran restricciones que limitaran sus propias áreas de control. La práctica, desarrollada por la industria, de coordinar globalmente las acciones políticas, volvió a ser más evidente en los preparativos de la Cumbre de Kioto en 1997, cuando la "Global Climate Coalition" (Coalición Global del Clima) y el US Business Roundtable (Mesa de los Empresarios de EE.UU.) lanzaron campañas multimillonarias en contra de los acuerdos. Pero los esfuerzos anteriores de las industrias en la CNUMAD fueron más sofisticados, dando la impresión que la industria estaba realmente a favor de la Cumbre y sólo quería ayudar en el proceso.
En su mayor parte, estos esfuerzos funcionaron. El Secretario General de la Cumbre de Río, Maurice Strong, alabó públicamente los esfuerzos del sector industrial. Los documentos de la CNUMAD no incluyeron restricciones a las actuaciones de las multinacionales y, además, los compromisos internacionales acordados en Río para aplicar la Agenda 21 no se cumplieron11. Cuando se celebró, cinco años después de la Conferencia de Río, la Asamblea Especial de las Naciones Unidas para hacer balance de la aplicación de los acuerdos, el espíritu de estos había sido marginado y el presidente del G-77 se quejó de que los criterios sobre desarrollo se habían desvirtuado. Pero los ejecutivos de la Comisión para un Desarrollo Sostenible adoptaron el lenguaje del BCSD de "cooperación tecnológica"12 y el Presidente de la Asamblea General, Embajador Razali de Malaisia, invitó a los principales ejecutivos a un almuerzo, permitiendo la asistencia de dos representantes de ONGs. No hubo protesta alguna13.
Durante los cinco años transcurridos desde la celebración de la CNUMAD, las multinacionales habían persistido despiadadamente en sus objetivos: comercio libre, liberalización de las inversiones y control sobre la tecnología. La OMC -Organización Mundial de Comercio- a diferencia de la CNUMAD, tenía el poder pero le faltaba la participación pública. Las compañías transnacionales alabaron la importancia de la CNUMAD pero se aseguraron de que la OMC y no las Naciones Unidas siguieran controlando los procesos imprescindibles para la globalización.
En los años posteriores a la CNUMAD, el desarrollo sostenible y los temas medioambientales se unían inseparablemente. Esta "alianza atroz", según Wolfgang Sachs14, supuso una mejor comprensión de la relación entre el medio ambiente y el desarrollo dentro de la comunidad internacional, hecho especialmente relevante para los países del Sur. Sin embargo, esta alianza dio ventajas sustanciales a las multinacionales que podían llevar a cabo casi cualquier proyecto bajo el paraguas del concepto del "desarrollo sostenible".
El lavado de imagen de la Biotecnología
Con esta estrategia, Monsanto ha lanzado sus cultivos transgénicos. En un momento en que hasta los propios diplomáticos de las Naciones Unidas habían dejado de emplear la retórica del desarrollo sostenible, compañías como Monsanto siguieron utilizándola para convencernos de que este criterio primaba en sus actividades. Como compañía pionera de la biotecnología, Monsanto quiere hacernos creer que también lo es en desarrollo sostenible. Para promover esta visión, emplean las técnicas del "Lavado de Imagen".
Robert Shapiro, el director ejecutivo de Monsanto, está dedicado a promover esta imagen de su compañía. Los asuntos medioambientales le preocupan y el desarrollo sostenible es su baluarte. En el Estudio Medioambiental de Monsanto en 1996, Robert Shapiro escribió: "El desarrollo sostenible constituirá el eje principal de todo lo que hacemos". La fórmula es perfecta y contenta a todos: a la industria, y a la opinión pública. Para el público en general, la compañía se dedica principalmente al desarrollo sostenible. Sin embargo, en la parte del documento que trata de cuestiones económicas, Shapiro deja muy claro que la compañía está dedicada a la ingeniería genética. En un clásico ejemplo de la verborrea verde, habla de los "cultivos genéticamente mejorados".
Cuando en EEUU Monsanto introdujo estos "cultivos genéticamente mejorados", no hubo fanfarria, campañas publicitarias, ni invitaciones para que el público pudiera "escuchar todas las opiniones". De hecho, Monsanto evitó que se abriera un debate sobre sus productos transgénicos, luchando contra las etiquetas obligatorias para los mismos. Posilac, la hormona recombinante de crecimiento bovino (rBGH) fue introducida en EE UU a pesar de una fuerte resistencia por parte de los consumidores y de los pequeños productores. Monsanto amenazó con acciones legales a los estados que contemplaran etiquetar la leche libre de esta hormona. En un comentario expresado recientemente en el periódico New York Times, "La mayoría de los consumidores no se ha enterado de la cantidad de alimentos manipulados genéticamente que están actualmente en el mercado y por lo tanto es difícil evaluar su resistencia a tales productos"15. Esta enorme ignorancia por parte de los consumidores es la estrategia fundamental de Monsanto y es el motivo de su fuerte oposición a la introducción de etiquetas obligatorias para estos productos.
Cuando se inició la comercialización de la soja Roundup Ready Soybeans de Monsanto en EE UU, no hubo debate público, aunque fue un año que tendría que pasar a la historia como la primera vez que la población americana empezó a comer alimentos manipulados genéticamente. Monsanto se opuso fuertemente a la separación de la soja transgénica de la soja tradicional y mantuvo que los consumidores no tenía porqué distinguir una de la otra, dado que la soja transgénica no era diferente de la soja tradicional16. O sea, que los consumidores no tienen el derecho a la información sobre lo que comen, ni tampoco tienen el derecho a elegir entre un producto y otro. Las principales compañías de distribución, como Cargill y Archer Daniels Midland estuvieron de acuerdo17 y Monsanto tuvo el apoyo de la administración en Washington. Hubo unas pocas protestas pero no impidieron que la comercialización de la soja transgénica siguiera adelante, sin la obligación de mantener separadas las cosechas transgénicas de las cosechas tradicionales. Sólo una pequeña minoría de norteamericanos se ha enterado de este cambio fundamental en su dieta diaria. La mayoría desconoce por completo que está consumiendo regularmente productos transgénicos.
Cuando llegó el momento de exportar la soja a Europa (Europa compra un 25% de la cosecha anual de EE UU de este cultivo), Monsanto mantuvo la postura de que no era necesaria una separación, ni una etiqueta especial para este nuevo producto: el público no tenía el derecho de informarse. El resultado fue un fracaso para su estrategia de marketing. La U.E. todavía no había aprobado su importación, cuando los primeros cargamentos salieron de los puertos estadounidenses en el otoño de 1997. Se cogió por sorpresa a la mayoría de los consumidores europeos ¡De repente se incorporarían en su dieta diaria unos ingredientes manipulados genéticamente! No habían sido avisados y los alimentos no llevarían etiqueta. El público se mostró escandalizado. Hubo una demanda repentina de la soja tradicional por parte de países e industrias que intentaron asi tranquilizar a los consumidores. Se provocó un caos en el mercado de soja18. Esta arrogancia por parte de Monsanto, asumiendo que Europa aceptaría, sin cuestionar, la soja transgénica, produjo una tormenta política en toda Europa.
Lo que irrita a Monsanto y a los que tienen interés en la biotecnología, es que esta tormenta no ha amainado. Ellos califican la resistencia en Europa a la ingeniería genética como "superstición ludita" (Los "luditas" lucharon durante la revolución industrial en Inglaterra en contra de la introducción de maquinaria)19 y como "una resistencia que hay que vencer". "Es sólo otro paso más en la historia de la agricultura" según Joseph Zalk, de la Asociación Norteamericana de Soja, que fomenta la aceptación de la soja transgénica de Monsanto en Europa20.
La campaña publicitaria actual de Monsanto se puede entender mejor en el contexto de la primera introducción de productos transgénicos en el mercado europeo. Monsanto evaluó incorrectamente la reacción del consumidor europeo, esperando que respondería igual que el consumidor norteamericano. Este error fue tan grave que la compañía no tuvo otra opción que cambiar su táctica. Al principio intentó sofocar la sensibilización pública. Pero luego, cambió de postura e insistió en que "nuestros alimentos son tan importantes que todo el mundo deberá informarse adecuadamente". Sólo cuando su primera estrategia fracasó decidió adoptar la filosofía de la transparencia21. El dilema que la compañía tenía que afrontar explica este cambio de posición. Ahora Monsanto se proclama a favor del dialogo, de la reducción de plaguicidas y de resolver el problema del hambre en el mundo. A sus críticos, molestos por ser mencionados en la publicidad de Monsanto, les ha servido de acicate pues han comprobado que sus esfuerzos representan una amenaza real para el desarrollo de la tecnología de ingeniería genética. Doug Parr de Greenpeace UK destaca que "esta publicidad indica que Monsanto está perdiendo la batalla".
Sin embargo, no se debe subestimar a Monsanto. Su dedicación a la manipulación genética de alimentos es total y la comunidad financiera defenderá el futuro de la compañía. Monsanto ha dejado atrás sus otros compromisos en el área de la química tradicional y prefiere concentrarse en la biotecnología. Si la biotecnología de alimentos fracasa, Monsanto se arruinará. Monsanto ha necesitado desarrollar unas razones convincentes para construir su argumento de que la biotecnología de alimentos es equivalente al desarrollo sostenible y viceversa.
El argumento más peligroso es el que mantiene que la ingeniería resolverá el problema del hambre en el mundo. Monsanto está manipulando nuestros sentimientos, subrayando la enorme disonancia entre la población mundial y la cantidad de alimento disponible22. En el periódico The Independent, nos informa que "preocuparse sólo por el futuro de las poblaciones hambrientas, no las ayudará. La biotecnología sí las ayudará". ¿Quién negaría a los niños pobres del mundo la oportunidad de una mejor nutrición y a sus padres la oportunidad de cultivar más alimentos y hacerlo más eficazmente? ¿Quién sería tan egoísta que se opondría a los alimentos manipulados genéticamente, cuando podrían beneficiar a los menos afortunados?. Esto es "Lavado de Imagen".
¿Pero podrán alimentar a los países pobres los cultivos manipulados genéticamente? En teoría, es posible que algunos cultivos puedan aportar más nutrición o producir mejores cosechas en climas difíciles. pero este escenario está muy lejos de aportar alimentos a la gente necesitada. En todo caso, los principales productos de Monsanto son poco relevantes para la alimentación de los millones de personas empobrecidas del tercer mundo. Un análisis de la relación entre la ingeniería genética y el problema del hambre mundial queda fuera del ámbito de este artículo, pero una breve investigación de los productos de Monsanto revela porqué su propaganda es "Lavado de Imagen".
Para citar un ejemplo, la hormona rBGH está diseñada para aumentar la producción de leche. Pero EE UU tiene ya una sobreproducción de leche y el coste de la hormona impide absolutamente su uso por los agricultores del Tercer Mundo.
La soja de Monsanto no ha sido diseñada para aumentar su producción, aunque quizás su facilidad de uso podría permitir que se cultive más cantidad (aumentando a la vez el uso del herbicida Roundup en estas áreas). Pero esta soja adicional nunca llegará a las bocas de niños hambrientos. La mayoría se emplea para elaborar aceite o ingredientes destinados a alimentos elaborados, que nunca serán vistos por los campesinos malnutridos en Bangladesh o Chad.23
La mayoría del maíz Yieldgard de Monsanto es utilizada para la alimentación animal, así como la remolacha, algodón, maíz o patatas de Monsanto. Las plantas de Monsanto no están diseñadas para alimentar a los niños que sufren hambre.
La explotación por Monsanto de este emotivo asunto provocó una reacción. Diplomáticos de 24 países africanos emitieron recientemente una declaración conjunta con las ONGs en la que muestran su desaprobación a "que la imagen de los pobres y hambrientos de nuestros países sea utilizada por las compañías multinacionales para promover una tecnología que no es segura para la salud, ni positiva para el medio ambiente, ni económicamente beneficiosa para nosotros"24.
Los cultivos de alta tecnología y de alta inversión no resolverán el problema del hambre mundial. Al contrario, sirven para satisfacer el apetito de Monsanto por controlar la producción de la alimentación mundial. La adquisición de las compañías de semillas, sus prohibiciones contractuales, las restricciones para que los agricultores no conserven la semilla de un año a otro, su oposición a las pequeñas compañías que intentan no comprar la hormona rBGH, su miedo a una etiqueta obligatoria, muestra una compañía dedicada preferentemente a aumentar nuestra dependencia de sus productos.
A largo plazo, Monsanto cree que conseguirá nuestra confianza. Me imagino que sus ejecutivos ven la oposición en Europa como un impedimento temporal. Un impedimento que será vencido con el paso del tiempo. Que el progreso inevitablemente conquistará nuestra confianza. Su campaña publicitaria es necesaria para curar el daño causado por su arrogancia en estos últimos años, pero su precio no es nada en comparación con la ganancia a largo plazo.
En el Estudio Medioambiental de Monsanto del año 1995, Robert Shapiro escribió: "En la historia de los 94 años de nuestra compañía, ha habido momentos en que no teníamos la sensibilidad que deberíamos haber mostrado. Pero esos días han pasado hace tiempo". Sin embargo, los críticos de la ingeniería genética están reclamando una re-evaluación de esta conclusión de Shapiro. Tal vez, es él quien debería informarse a través de su propia publicidad, llamando a los teléfonos de sus oponentes.
Kenny Bruno es coautor, con Jed Greer, de "Greenwash: the Reality Behind Corporate Environmentalism", 1996, Third World Network, Penang, Malaysia.
Copyright © The Ecologist 1998
Capitulo XX
The Ecologist en castellano
Los archivos de Monsanto
Por qué ni la biotecnología ni las nuevas tecnologías agrícolas pueden alimentar al Mundo
por Andrew Kimbrell
Kenny Bruno ha explicado claramente porque los productos estrella de Monsanto no pueden, en absoluto, ayudar a alimentar a todo el mundo. En este artículo Andrew Kimbrell muestra como ni la biotecnología en general, ni siquiera la propia agricultura de altos insumos pueden hacerlo.
¿Adivina quién viene a cenar? 10.000 millones para el 2030, proclama un titular de la pagina Web de Monsanto. La compañía previene de las "presiones crecientes sobre los recursos naturales de La Tierra para poder alimentar a más población". Según este gigante de la agroindustria, la agricultura de bajos insumos "no producirá aumentos de rendimiento ni mejoras que puedan alimentar a la creciente población del planeta"1.
Sin embargo, no hay motivos para preocuparse, porque según Monsanto "la actual agricultura de alto rendimiento es un gran éxito,...". Además la compañía manifiesta que "las innovaciones tecnológicas triplicarán los rendimientos de las cosechas sin necesidad de aumentar la superficie agrícola, salvando así valiosas selvas tropicales y hábitats de animales". Más aún, la revolución biotecnológica supondrá "una disminución en el uso de los productos químicos en la actividad agraria"2. La conclusión es obvia y será difundida a los cuatro vientos en la campaña de Monsanto "La biotecnología puede alimentar al planeta... que comience la cosecha"3.
La propaganda de Monsanto se alimenta de numerosos mitos de la agricultura moderna en torno al hambre, la producción de alimentos y la propia agricultura. Desgraciadamente estos mitos han sido y continúan siendo repetidos tan a menudo, que se toman como ciertos. Proporcionan una cobertura conveniente a Monsanto y otras multinacionales de la biotecnología y la agroindustria, las cuales son responsables directos del aumento del hambre el mundo. Desenmascarar estos mitos es un objetivo necesario para aquellos que buscamos llegar a una agricultura sostenible. Comencemos pues a examinar cuatro de los mitos principales, que están interrelacionados, y Monsanto utiliza en sus campañas de información pública y en la publicidad.
* El hambre en el mundo está causada principalmente por la falta de alimentos suficientes para abastecer a una población creciente.
No existe ninguna leyenda sobre el hambre. Se estima que en la actualidad 786 millones de personas pasan hambre. Y este número sigue aumentando. De 1970 a 1990, con la excepción de China, el número de personas hambrientas ha aumentado en un 11%4.
La leyenda creada no se refiere al hambre sino a la causa principal que la genera. Monsanto nos hace creer que la producción agrícola no esta aumentando al mismo ritmo que crece la población. Hasta ahora numerosos estudios y estadísticas refutan esta afirmación. De hecho aunque el hambre en el mundo aumentó desde 1970, también lo ha hecho en la misma proporción la producción alimentaria per capita. En Sudamérica el número de hambrientos aumentó en un 19%, y los suministros per capita a en casi un 8%. En el Sur de Asia el hambre y los alimentos per capita han crecido en un 9%5.
Estas estadísticas y muchas otras indican que el crecimiento demográfico no ha sido, por lo menos actualmente, la razón principal del aumento del hambre desde 1970. En teoría el volumen total de alimentos disponibles por individuo ha aumentado de manera significativa. ¿Entonces cuál es la razón principal del hambre en el mundo? Basicamente la dependencia alimentaria. El sistema industrial, desde hace siglos y prácticamente en todas las partes del planeta, ha expulsado a las comunidades indígenas o campesinas de sus tierras apropiándoselas para instalar allí cultivos de exportación. Los beneficios obtenidos a partir de estas exportaciones constituyen "la acumulación primitiva de capital" fundamental que requiere el desarrollo industrial en cualquier sociedad. Las consecuencias: millones de campesinos han perdido sus tierras, tradiciones y comunidades, y de forma más inmediata su autosuficiencia alimentaria. Expulsados de sus tierras, emigran a las nuevas ciudades industriales donde rapidamente pasan a formar parte de las clases urbanas empobrecidas que compiten por trabajos mal pagados en los complejos industriales urbanos. Actualmente más de 500 millones de habitantes de zonas rurales del Tercer Mundo no poseen tierra, o por lo menos no la suficiente para autoabastecerse6.
Así comienza la dependencia alimentaria. Adquirir alimentos es posible unicamente mediante pago, y si perdieran su poder adquisitivo se verían privados del alimento. Incrementar la producción agrícola no es el remedio para solucionar el hambre, ya que esta está causada fundamentalmente por la imposibilidad de acceder a la tierra y/o a mantener el poder adquisitivo. Como queda reflejado en el próximo informe de Food First: "Si no accedes a la tierra donde poder cultivar tus alimentos y no puedes comprarlos, pasarás hambre aunque la tecnología incremente los rendimentos"7.
* Las grandes explotaciones agrarias y una utilización intensiva de las tecnologías son más eficientes a la hora de producir alimentos.
El mito sobre los mayores rendimentos obtenidos en la grandes explotaciones es corolario de la presunción de que un aumento de producción resolverá el problema del hambre. Para erradicar el hambre, necesitamos aumentar la producción y por lo tanto aumentar la dimensión de las explotaciones y tecnología más avanzada. Esta carrera para aumentar el tamaño de las explotaciones e intensificar la producción tiende a expulsar de la actividad agrícola a los pequeños propietarios. Desde la 2ª Guerra Mundial, en Estados Unidos el tamaño medio de las explotaciones ha aumentado en más del doble8. Durante ese mismo periodo el número de explotaciones ha disminuido dos tercios y el número de agricultores duplica este último porcentaje. Es el proceso usual: destrucción de las comunidades rurales y éxodo de miles de campesinos desarraigados y empobrecidos. Como resultado aumenta el desempleo, el crimen, la dependencia alimentaria y el hambre. Las consecuencias que conlleva, para el Tercer Mundo, la proliferación de grandes explotaciones y la tecnificación de estas seran aún más catastróficas que las esperadas.
La aplicación de nuevas tecnologías también arrasa a las comunidades campesinas y su autosuficiencia alimentaria. El avance de las nuevas tecnologías desplaza a los trabajadores agrícolas y representa un desastre para todos, menos para las explotaciones más grandes. Los investigadores que analizan los efectos de la biotecnología constatan que la mayor parte de los agricultores no se beneficia del cambio tecnológico. Los beneficiarios sólo son aquellos que primero adoptan las nuevas tecnologías, que normalmente son los que operan a gran escala. "Estos últimos tienen capacidad de aportar rapidamente capital para invertir en la nueva tecnología. Mantendrán sus beneficios incluso cuando los precios por unidad caigan. Al mismo tiempo la caida de precios boicotea los esfuerzos de aquellos que adoptaron la novedad tecnológica para mantenerse en un mercado en continua fluctuación"9.
Monsanto, entre otros, reconoce los efectos que las nuevas tecnologías causan a las comunidades rurales, pero insisten que es el precio a pagar para aumentar la eficiencia en la producción agrícola. Sin embargo un estudio realizado por la escritora y activista Marty Strange, prueba que las grandes fincas no son las más eficientes. El estudio demuestra de forma convincente que incluso utilizando los métodos de valoración convencionales se obtiene una mayor eficiencia en explotaciones de tamaño medio10. Más aún, los cálculos que basan en, incluso, las visiones más moderadas de la "economía de escala", según el cual lo más grande es lo mejor, presentan una gran grieta estructural. Los análisis convencionales ignoran los costes ambientales y sociales de la agricultura industrial a gran escala. No contabilizan los costes por contaminación de aguas o de la atmósfera, pérdida de suelos o de biodiversidad. Distintos estudios han demostrado que las grandes explotaciones provocan mayores impactos ambientales, produciendo, por ejemplo, un 40% más de erosión que las pequeñas. Estas consecuencias negativas suelen enmascararse aumentando el uso de fertilizantes de síntesis, pero a largo plazo acaban afectando las producciones.
También se ignora los costes para la salud humana de aquellos alimentos contaminados por pesticidas, hormonas y otros agentes tóxicos. Tampoco aparece valorado el descalabro, desde hace décadas, de millones de agricultores y miles de comunidades rurales. Todas estas "externalidades" no son consideradas por la contabilidad agrícola. Al no internalizar estos costes no se informa del precio "real" de los alimentos producidos por la agricultura moderna.
Además este análisis no considera el carácter único de las pequeñas explotaciones. En ellos sólo se cuantifican los productos finales, pero esta economía de escala ignora las significativas ventajas que incorpora el modelo de pequeñas explotaciones para reducir las necesidades de recursos. Por ejemplo la diversificación incrementa los rendimientos al permitir un uso más completo y complementario de los recursos, como la posibilidad de desarrollar múltiples cultivos, según la época del año. Como resume Strange. "En economía agraria, persiste un prejuicio contra la diversificación que se refleja en la siguiente convicción: es más importante realizar una única producción a gran escala que producir muchas en pequeña escala. Refleja nuestra fijación por los máximos y nuestra indiferencia por los óptimos"11.
En 1989 se pidió al US National Research Council (Consejo de Investigación Nacional de los Estados Unidos) que comparará la eficiencia productiva que proporcionan las grandes explotaciones industriales y las que utilizan métodos de producción alternativos. Su conclusión contradice la mitificación actual sobre los beneficios productivos que aportan las grandes explotaciones: "Los sistemas de producción alternativa si están bien manejadas en casi todos los casos utilizan menos pesticidas de síntesis, fertilizantes, y antibióticos por unidad producida que los sistemas de producción convencional. Reducir el uso de estos insumos disminuye los costes de producción y minimiza los potenciales efectos negativos que la agricultura puede ocasionar al medio ambiente y la salud humana. Además lo hace sin reducir los rendimientos por hectárea o la productividad de los sistemas de producción ganadera (incluso en algunos casos los incrementa)"12.
* La agricultura biológica propuesta como alternativa a los cultivos industriales de alto rendimiento requiere más superficie para alcanzar las mismas producciones, poniendo así en peligro humedales, bosques y otros ecosistemas únicos.
Monsanto y otras compañías del sector observan el nacimiento y desarrollo de un nuevo competidor en los EE.UU. y Europa: la producción de alimentos biológicos. Ésta ha dejado de ser un mercado estanco, en EE.UU. el mercado de estos productos ha alcanzado los cuatro mil millones de dólares a mediados de los 90, con un incremento anual del 20%. Más de 2 millones de familias americanas se abastecen hoy de productos biológicos, y unos 14 millones de americanos demandan alimentos "naturales". Sin embargo la mayor preocupación de Monsanto es la resistencia creciente a la entrada de sus productos, y la crítica a sus tácticas empresariales y sus mensajes que está surgiendo en países del Sur, como la India. Las protestas públicas han obligado a la compañía a echar marcha atrás y olvidar numerosas iniciativas empresariales. La mitificación que existe sobre el paradigma productivo actual -para que todos podamos vivir mejor es necesario que unos pocos acumulen capital, tierra y recursos- comienza a perder poder.
La respuesta de Monsanto no se ha hecho esperar, y está realizando una campaña en los medios en contra de la agricultura biológica. Monsanto insiste en estas críticas, y se basa en su supuesta conciencia ambiental. Aunque esta postura no es muy creíble debido a la reputación de la empresa en materia medio ambiental. Su argumentación principal intenta hacernos creer que para "alimentar al mundo" la agricultura biológica (unida a supuestos bajos rendimientos) necesitará aumentar masivamente la superficie agrícola, y se destruirán importantes habitats para la fauna salvaje y otros ecosistemas singulares.
Sin embargo, como ya se ha comentado, numerosos estudios indican que las alternativas son al menos tan eficientes en la producción como aquellas basadas en un uso intensivo de agroquímicos; siempre que las estimaciones se realicen correctamente13. Además el argumento de Monsanto no incluye la disminución actual de rendimientos en el Tercer Mundo, asociada a la transferencia de tecnologías y a la utilización intensiva de insumos químicos propia de la "Revolución Verde". En países como Filipinas, India o Nepal las investigaciones indican pérdidas significativas de rendimiento después de alcanzar valores máximos en los 8014. Y es más que probable que se deba a la degradación del suelo y al desarrollo de resistencias a plagas asociadas a monocultivos a gran escala15.
Investigadores del Instituto Wallace señalan que la agricultura industrial además de destruir la productividad de los suelos de la propia explotación, también compromete otras fuentes de alimento. La contaminación química y la eutrofización ocasionada mayoritariamente por la lixiviación de nitrógeno y fósforo desde los suelos cultivados amenaza la productividad de los ecosistemas marinos y acuáticos, que proporcionan parte de los suministros alimentarios. El 60% de la población mundial se abastece de pescado y marisco para obtener el 40% de la proteina consumida16. La contaminación química ha provocado la desaparición de la fauna silvestre que Monsanto proclama querer proteger.
* La biotecnología alimentará al mundo, utilizando menos recursos naturales y contaminando menos porque reduce el uso de químicos.
El objetivo de las campañas publicitarias recientes de Monsanto ha sido de forma practicamente exclusiva extender el mito de que la biotecnología puede alimentar a las generaciones futuras, y además sustituirá a la agricultura basada en el uso intensivo de agroquímicos. Aunque Monsanto ha construido su éxito financiero vendiendo el herbicida Roundup, líder de ventas a nivel mundial, ahora pretende rechazar el modelo químico-industrial. "Aumentar el número de cultivos obtenidos por biotecnología supone disminuir los cultivos producidos con agroquímicos" proclama el titular del anuncio publicitario. "El mundo produce sus alimentos con enormes costes para el medio ambiente", continua, para luego lamentarse del impacto ambiental causado por «insecticidas, fertilizantes y herbicidas». Concluye diciendo "En Monsanto creemos que la biotecnología puede reducir el impacto de los químicos sobre el suelo. Por ejemplo, hemos desarrollado cultivos resistentes a los insectos, que en algunos casos eliminan totalmente la necesidad de aplicar insecticidas"17.
En realidad, gran parte del trabajo que realiza Monsanto en biotecnología está dirigido directa o indirectamente a aumentar el uso de agroquímicos. Casi todos los cultivos obtenidos por ingeniería genética, en los que Monsanto tiene 12 patentes, han sido modificados para proporcionar resistencia al herbicida Roundup18. Ahora los agricultores pueden aplicar mayores dosis de este herbicida, pudiendo provocar la contaminación de aire, agua y alimentos. Además, como anuncia su propia publicidad, ha introducido, gracias a ingeniería genética un gen del pesticida natural Bt en diferentes cultivos, confiando hacerlos resistentes a plagas. Esta tecnología no ha demostrado todavía su eficacia en combatir plagas y muy probablemente extenderá la resistencia al Bt sobre las poblaciones de plagas. Esta supondrá un duro golpe para los agricultores biológicos que utilizan el Bt como una herramienta esencial para el control de plagas. Si aumentan las resistencias al Bt, la única alternativa será incrementar el uso de pesticidas.
Sin embargo Monsanto es culpable de una mentira mayor, en su intento de vendernos el mito de la biotecnología. Monsanto sabe que gran parte de los habitantes del planeta está familiarizado y sensibilizado por la problemática de la contaminación química e industrial. Esta forma de contaminación es perjudicial, pero la contaminación biológica supone riesgos aún mayores, como se ha puesto de manifiesto con la liberación de animales, plantas y otros organismos exóticos a los ecosistemas. En EE.UU., este tipo de contaminación biológica, incluyendo la invasión del país por la "mariposa kudzu" de la vid, y los organismos responsables de la roya del castaño y la enfermedad del olmo, ha hecho estragos en el medio natural. Monsanto junto a otras compañías pretende liberar a gran escala miles de microorganismos, plantas y animales modificados geneticamente. Estos son potencialmente "exóticos" y pueden dañar los ecosistemas. El impacto a largo plazo de esta liberación masiva de organismos modificados geneticamente podría eclipsar los impactos provocados por los productos de la petroquímica.
La contaminación química, aunque pueda expandirse, no tiene capacidad de reproducción y poco a poco se irá diluyendo. Por lo tanto, este impacto a menudo es localizado y se disipa con el tiempo. Pero en el caso de contaminación biológica, y consiguientemente con la liberación de organismos biotecnológicos, el impacto ocasionado al ecosistema aumenta y se intensifica cuando los organismos se multiplican, extienden y mutan. El área afectada no queda localizada y potencialmente puede extenderse de forma irreversible. Por ejemplo, si la resistencia se transfiere desde los cultivos a las malas hierbas, las resistentes se multiplicarán, y controlarlas puede llegar a ser prácticamente imposible, incluso con el uso masivo e indiscriminado de herbicidas. Cada liberación de un organismo modificado geneticamente supone una ruleta rusa ecológica a la que Monsanto y otras compañías están jugando. Y el perdedor seguro es el ecosistema. La contaminación biológica puede ser el problema más serio al que nos enfrentemos en el próximo siglo.
Además de causar problemas por contaminación biológica, la biotecnología ayuda a completar el proceso de acumulación por parte de las multinacionales de los recursos necesarios para llevar a cabo la actividad agrícola. En la actualidad Monsanto y otras multinacionales están patentando los genes, plantas y animales importantes para la producción de alimentos. Monsanto ha desarrollado la metodología necesaria para esterilizar geneticamente las semillas, imposibilitando que éstas puedan ser utilizadas en próximas cosechas. Estas compañías están arrebatando los recursos agrobiológicos y alimentarios a agricultores y consumidores, provocando una mayor dependencia de éstos respecto a estas compañías agroquímicas.
Andrew Kimbrell es abogado en Washington, Presidente del International Centre for Technology Assessment y la Sociedad Jacques Ellul. Director de Foundation on Economic Trends y miembro del Foro Internacional sobre Globalización. Es autor de varios libros, entre ellos «The Human Body Shop» (1993).
Cómo escucha Monsanto otras opiniones
por Peter Montague
«Mediante anuncios en la prensa británica, Monsanto prometió proporcionar a los lectores las direcciones de portavoces ecologistas críticos con la industria alimentaria. Resultaba extraño que una empresa diera publicidad gratuita a sus oponentes. Monsanto proclamó, «consideramos que la alimentación es tan importante que todo el mundo debe poder conocer lo que quiera sobre ello». Pero la declaración de que era una compañía abierta y transparente provocó risas huecas al otro lado del Atlántico»1
En otoño de 1996, dos periodistas Steve Wilson y Jane Akre fueron contratados por la WTVT en Tampa, para producir una serie sobre la controvertida hormona de leche de Monsanto, rBGH, en la leche de Florida. Después de más de un año de trabajo, y tres días antes de la fecha programada para su emisión, el 24 de febrero de 1997, los ejecutivos de la Fox TV recibieron la primera de dos cartas de los abogados que representaban a Monsanto diciendo que Monsanto sufriría "enorme daño" si la serie se emitía. Aunque WTVT había estado anunciando el programa agresivamente, cancelaron la emisión en el último momento. La segunda carta de Monsanto advertía de "terribles consecuencias" para la Fox si la serie se emitía tal cual estaba (cómo Monsanto tuvo conocimiento del contenido del reportaje es un misterio). Según documentos archivados en el Juzgado de Distrito de Florida (Distrito nº 13), los abogados de la Fox intentaron hundir el reportaje, ofreciendo pagar a los dos reporteros si abandonaban la emisora y guardaban silencio sobre lo que Fox había hecho con su trabajo. Los periodistas rehusaron la oferta de Fox, y el 2 de abril de 1998 iniciaron un pleito contra la WTVT.
Steve Wilson tiene 26 años de experiencia como periodista y ha ganado 4 premios Emmy por sus reportajes de investigación. Su esposa, Jane Akre, ha sido reportera y presentadora de informativos durante 20 años, y ha ganado un prestigioso premio de la Associated Press como reportera de investigación.
El proceso Wilson-Akre se basa en la acusación a la WTVT de violar la licencia concedida por la Comisión Federal de Comunicaciones al exigir a los periodistas que incluyeran reconocidas falsedades en su serie de la rBGH. Los reporteros también acusan a la WTVT de violar la ley del «whistle blower» de Florida. Muchos de los documentos legales utilizados en el pleito -incluyendo las cartas amenazadoras de Monsanto- se encuentran en http://www.foxbghsuit.com para que todo el mundo pueda verlos.
Nadie se sorprenderá al saber que las poderosas empresas pueden intimidar a las cadenas de TV para que se reescriban las noticias, pero este caso ofrece un muestrario inusualmente detallado de tácticas de intimidación y de su efecto en una cadena de informativos. No es agradable.
Es un hecho bien documentado, por Monsanto y por otros, que las vacas tratadas con rBGH experimentan varias alteraciones: tienen vidas más cortas, tienen probabilidad más alta de desarrollar mastitis, una infección de la ubre que requiere el uso de antibióticos, (que terminan en la leche junto con pus), y producen leche que contiene niveles altos de otra hormona llamada IGF-1. La IGF-1 está asociada con un incremento de la probabilidad de cáncer en humanos2.
La Food and Drug Administration (FDA) de EE.UU. aprobó la rBGH para uso en vacas en 1993, en un proceso controvertido porque antiguos empleados de Monsanto trabajaron para la FDA como supervisores del proceso de aprobación, y después volvieron a trabajar para Monsanto.
Monsanto es conocida por comercializar productos peligrosos al tiempo que, falsamente, proclama su seguridad. El planeta entero está ahora contaminado con PCBs (bifenilos policlorados), disruptores hormonales y cancerígenos, gracias al lamentable criterio de Monsanto y a su rechazo a guiarse por las primeras evidencias científicas que indicaban su capacidad dañina. El 2,4,5-T en el agente naranja -el herbicida que ha causado tanta aflicción a decenas de miles de veteranos del Vietnam- es otro ejemplo del pobre juicio de Monsanto y de su negativa a prestar atención a la evidencia científica para evitar daños. Los críticos advierten que rBGH es un ejemplo más de la monumental falta de juicio de Monsanto. Cuando Wilson y Akre pidieron a los representantes de la empresa que respondieran a estas alegaciones de error de criterio en el pasado, Monsanto no hizo ningún comentario.
Si la serie de Wilson y Akre sobre el rBGH nunca fué emitida por Fox TV, el guión en cambio está disponible para todos los interesados en www.foxbghsuit.com. Lo que sigue son algunos de los puntos más ilustrativos que se tratan:
* La hormona rBGH no fué probada adecuadamente antes de que la FDA permitiera su uso comercial. Para un medicamento para uso humano se exige dos años de pruebas en cientos de ratas. La rBGH se probó durante sólo 90 días en 30 ratas. Este breve estudio en ratas se remitió a la FDA pero nunca fué publicado. La FDA se ha negado a permitir que nadie que no perteneciera a la FDA revisara los datos originales del estudio, explicando que ello "perjudicaría irreparablemente" a Monsanto3. Por tanto, el eje del estudio de rBGH y cáncer nunca se ha sometido a la abierta crítica científica entre especialistas.
* Rebaños de vacas lecheras de Florida enfermaron poco después de comenzar el tratamiento con rBGH. Un ganadero, Charles Knight -que perdió el 75 % de su rebaño- declara a la cámara que Monsanto e investigadores de la Universidad de Florida financiados por Monsanto le ocultaron la información de que otros rebaños lecheros estaban sufriendo problemas similares. Dice que Monsanto y los investigadores de la Universidad le dijeron solamente que debía estar haciendo algo mal.
* La ley exigía a Monsanto que notificara a la FDA si había recibido quejas de ganaderos, como Charles Knight. Pero cuatro meses después de que Knight se quejase a Monsanto la FDA no había recibido noticias de la compañía. ¿La explicación de Monsanto?: A pesar de una serie de visitas a la granja de Knight, y muchas conversaciones telefónicas, los representantes de Monsanto dicen que les llevó cuatro meses darse cuenta de que Knight se estaba quejando del rBGH.
* Monsanto declara a la cámara que cada cargamento de leche es analizado para controlar el exceso de antibióticos. Pero científicos y funcionarios de Florida dicen, ante la cámara, que simplemente no es cierto.
* Monsanto declara a la cámara que la prohibición canadiense de la rBGH no tiene que ver con problemas de salud humana, pero representantes del gobierno canadiense, ante las cámaras, dicen lo contrario.
* Representantes del gobierno canadiense, hablando ante las cámaras, dicen que creen que Monsanto intentó sobornarles con ofertas de 1 a 2 millones de dólares, para obtener la aprobación del rBGH en Canadá. Los representantes de Monsanto declaran que los canadienses malinterpretaron su ofrecimiento de fondos "para investigación".
* Representantes de Monsanto declaran a las cámaras que "la leche no se ha alterado" por el tratamiento de las vacas con rBGH. Como señalamos antes, hay suficientes evidencias, y parte de ellas de los estudios de Monsanto, de que esto no es cierto.
* Ante las cámaras, un representante de Monsanto dice que no se han opuesto a que las cooperativas lecheras etiqueten su leche como "sin rBGH". Pero esto no es cierto, Monsanto presentó dos pleitos contra lecherías que etiquetaron su producto "sin rBGH". Enfrentados con la maquinaria legal de la compañía, las lecherías se rindieron y Monsanto envió cartas a otras organizaciones lecheras comunicando el resultado de los dos pleitos -con toda probabilidad, con intención intimidatoria. (Convenientemente, las regulaciones de la FDA que desaconsejan el etiquetado de la leche "sin rBGH" fueron redactadas por Michael Taylor, un abogado que trabajó para Monsanto tanto antes como después de su empleo como funcionario de la FDA).
En www.foxbghsuit.com, se puede encontrar la versión del reportaje de Wilson y Akre sobre la rBGH tal como fué reescrito por los abogados de la Fox. Ha sido lavado y perfumado. Más importante aún, casi todas las referencias al cáncer han desaparecido del guión. En lugar de cáncer tenemos "efectos en la salud humana", cualesquiera que sean.
La historia Wilson-Akre es la de unos periodistas capaces y trabajadores que intentan contar una importante historia de salud pública, exponiendo las mentiras y la corrupción de Monsanto, de la FDA, y ahora también de la Fox. Si no otra cosa, quizá el coraje de Steve Wilson y Jane Akre nos despertará a muchos de nosotros a los peligros potenciales del último experimento de Monsanto en los niños de América.
Referencias
1. Del artículo de Nick Cohen, "Digger still plays dirty", The Observer, 5 de Julio 1998.
2. Chan J. M. y otros, "Plasma Insulin-Like Growth Factor-1 (IGF-1) and Prostate Cancer Risk: A Prospective Studio", Sciencie Vol. 279 (23 de Enero de 1998), pags. 563-566.
3. Robert Cohen, en su libro "Leche, el veneno mortal" (ISBN 0-9659196-0-9, Englewood Cliffs, NJ: Argus Press, Tel. +1 201 871-5871, 1997, pags 67-96), describe sus largos esfuerzos para obtener una copia del estudio de la FDA no publicado. Cohen presentó una petición bajo el Acta de Libertad de Información y fue rechazada; Apeló ante la FDA y perdió. Entonces presentó un pleito en la Corte Federal y, de nuevo, perdió. La FDA y los tribunales acordaron que la opinión pública nunca debía saber qué ocurrió con las ratas alimentadas con rBGH porque se "perjudicaría irreparablemente" a Monsanto. Basándose en la escasa información que se ha publicado sobre la ganancia de peso de las ratas durante el estudio de 90 días, Cohen cree que muchas o quizá todas las ratas desarrollaron cáncer. La ganancia de peso de las ratas se describe crípticamente en las Tablas 1 y 2 del artículo " Hormona del crecimiento bobino: Evaluación de seguridad de la alimentación humana", Juskevich J. C. y Greg Gruyer C. G., Science Vol. 249 (1990), pags. 875-884.
The Ecologist en castellano
Los archivos de Monsanto
Escondiendo al público las informaciones comprometidas
por Steven Gorelick
Obtener el sello de aprobación del gobierno para los alimentos genéticamente manipulados puede no ser suficiente si el publico se entera de que existen estudios que evidencian serios problemas de medio ambiente y de salud. Aun cuando los medios informativos, manejados por grandes empresas, no tengan ninguna predisposicion a publicar articulos sobre los peligros de la biotecnologia existiendo tantos detalles sobre el vestuario de Monica Lewinsky que la gente todavia desconoce, la informacion potencialmente molesta debe ser cuidadosamente guardada.
Como Jennifer Ferrara nos informa en esta revista, se necesitó una filtración de información por un alarmado investigador para que salieran a la luz datos sobre graves trastornos para la salud y problemas reproductivos en vacas tratadas con rBGH en un estudio encomendado por Monsanto a la Universidad de Vermont. Ni siquiera una investigación de la Oficina General de Contabilidad de los EEUU pudo obtener datos cruciales de la Universidad de Vermont y de Monsanto1.
Tres científicos británicos que analizaron para Monsanto la rBGH, descubrieron que esta hormona producía un incremento de pus y de bacterias en la leche mucho más alto que el difundido por Monsanto a partir de los mismos datos. Según los científicos, Monsanto trató de impedir la publicación de su investigación2.
Poco después de que el personal del Centro de Tóxicos y Ética (CETOS) , completara su libro "Contra el grano", un análisis de los peligros de la biotecnología en la agricultura, su editor recibió una carta amenazadora de la oficina del Consejo General de la Monsanto, aseverando que un corto artículo titulado "Genes en sus alubias", adaptado del libro, era difamatorio y potencialmente calumnioso. El editor, por temor a un juicio, detuvo la edición y le dijo a Monsanto que el libro no sería publicado3.
Cuando una cooperativa láctea de Iowa decidió publicitar que su empresa "no aceptará leche de vacas tratadas con BST", Monsanto presentó una demanda para evitar que lo hicieran. Una empresa de leche y helados en Waco, Texas, también fue demandada por etiquetar sus productos de la misma manera4. Los abogados de Monsanto también enviaron cartas a 2.000 minoristas advirtiéndoles que no publicitaran "que su leche no contiene rBST", y enviaron un "memorandum legal" de 30 páginas con un mensaje similar a 4.000 empresas de alimentación y cooperativas lácteas5.
En la sesión legislativa de 1998 en Vermont, Monsanto envió una carta a los políticos amenazando con demandar al estado si una propuesta de etiquetar voluntariamente sobre el uso de rBGH se convertía en ley. El gobernador Howard Dean cambió su anterior postura en favor de la ley y amenazó con vetarla6.
La empresa también limpia su imagen dedicando una pequeña parte de los millones que gana a fomentar programas de matemáticas y ciencias, algunos eventos culturales y proyectos de asistencia social. Estas donaciones son solamente un pequeño precio para mejorar su imagen pública, y además le permiten controlar las opiniones disidentes, como por ejemplo cuando el jardín botánico de Missouri (beneficiario de una subvención de 3 millones de dólares para la construcción de un Centro de Investigación de Monsanto) retiró de su hemeroteca, la revista ambientalista "Confluence". ¿Cuál era la ofensa cometida por la publicación? Manifestar que Monsanto tenía unos "pésimos antecedentes medioambientales"7.
Referencias
1. Christiansen, Andrew, "Recombinant Bovine Growth Hormone: Alarming Tests, Unfounded Approval", documento disponible en Vermont Rural,15 Barre St. Montpelier,VT 05602 USA.
2. "The rBGH Scandals"
3. Pagina web de CETOS, www.cetos.org. CETOS ha encontrado otro editor, Common Courage Press, que es lo suficientemente importante para afrontar las amenazas de juicio de la Monsanto, y el libro sera finalmente publicado.
4. Rosenfeld, Steven P., "Monsanto: Dairies Battle Over Free Speech", The Times-Argus (Montpelier, VT), Feb. 22, 1994
5. Steyer, Robert, "BST Has the Mail Moving on Ads: Monsanto Writes Warning Letters", St. Louis Post-Dispatch, Feb.24, 1994.
6. "Carrying Monsanto’s Water", Articulo de Vermont Rural, Verano de 1998. El Gobernador Dean cambió de opinion otra vez diciendo que estaba harto de "bailarle el agua" a Monsanto y convirtió la propuesta en ley.
7. Berger, Jerry, "Garden Flap", St.Louis Post-Dispatch, Jan 28,1998.
Abofeteando a la resistencia
por Andrew Rowell
El pasado mes de septiembre, cinco mujeres de la campaña GenetiX Snowball comparecieron ante los Tribunales bajo acusación de daños y perjuicios. GenetiX Snowball (GS) es una campaña no violenta de responsabilidad civil que tiene como objetivo aumentar la resistencia activa ante las biotecnologías, para así promover un diálogo con el gobierno que no se ha preguntado si la gente quiere esta tecnología irreversible y no suficientemente probada.
"Una de las cosas más importantes de la campaña es la acción directa" sostiene la abogada de 39 años, Katherine Tulip de GS, "Creo en la necesidad de esta campaña pues el Gobierno no está escuchando otras opiniones y ha renunciado a su responsabilidad. Los organismos reguladores que se han constituido, como el ACRE, son totalmente inadecuados, y los únicos que parecen ejercer un control son las multinacionales que, como era de esperar, están anteponiendo sus beneficios a la salud de las personas y al medioambiente. Los organismos reguladores se niegan a aceptar su responsabilidad ante los riesgos de la manipulación genética. Se ha dejado en manos privadas toda la responsabilidad".
Otros, también creen que el Gobierno habiendo fracasado en su responsabilidad ante los OMG (organismos modificados genéticamente), está forzando a los ciudadanos a entrar en acción "Hay momentos y asuntos en la Historia donde el Parlamento es inadecuado y se debe dejar actuar al pueblo. En el caso de la ingeniería genética hemos alcanzado uno de esos momentos" destaca Alan Simpson, diputado del Parlamento.
En julio, las cinco mujeres que participaron en la primera acción contra un terreno de experimentación de Monsanto en Oxfordshire. Llevaban trajes protectores y arrancaron un numero simbólico de plantas. Una de las manifestantes, Katherine Tulip escogió 64 que era el número de ensayos experimentales que se realizaban en el país. Otra, Zoë, arranco solo una planta pues se trataba de su primera acción. Ahora todas las mujeres se enfrentan a daños indeterminados, que podrían alcanzar millones de libras esterlinas.
"La estrategia de Monsanto es simplemente silenciar a las personas que protestan contra ellos" dice Katherine Tulip "Creo que es la típica SLAPP"1. SLAPP son la siglas en inglés de "Juicios estratégicos contra la participación publica", que están diseñados para acallar a la gente denunciándoles por difamación, injuria o conspiración, no necesariamente con la intención de ganar el asunto sino con el objetivo de arrastrar a las víctimas hasta tal situación que, económicamente o emocionalmente no puedan continuar su defensa. Según el profesor de la Universidad de Denver (Colorado), que acuñó el termino, "Los SLAPPs envían un mensaje claro: este es el precio que hay que pagar por expresar una opinión política"2.
La estrategia SLAPPs funciona mejor cuando los ecomanifestantes tienen mucho que perder, la casa o su carrera profesional, y ha sido utilizada para que la Inglaterra Central no se involucrase en las acciones contra las carreteras, aunque fue puesta en práctica en este país por vez primera por McDonalds en el famoso caso McLibelo. En cuanto a la acción de Monsanto, es una intimidación estratégica legal diseñada para paralizar las campañas contra las cosechas de OMG (Organismos Modificados Genéticamente).
"Demandándonos por daños", continua Katherine "esperan callarnos y desanimar a otras personas para que participen. Pero a la gente no le gusta la idea de que una gran empresa como Monsanto corte las alas a un pequeño grupo de personas. Creo que les saldrá el tiro por la culata -y me viene a la memoria el caso de McLibelo- siendo nosotros David y Monsanto Goliath"3.
Monsanto esta asumiendo una estrategia a dos bandas, para conseguir poner los OMG sobre las mesas de los europeos. Por una parte llevan a cabo acciones legales intimidatorias, y por otra han organizado una campaña de publicidad y de relaciones publicas sin precedentes para atraer a los consumidores hacia la causa de la biotecnología.
Esta no es la primera vez que la compañía ha usado esta estrategia. Monsanto tiene un historial agresivo dirigido a sus críticos y a todos aquellos que no dan el visto bueno a sus productos en Norteamérica. La acción legal de Monsanto ha marcado las pautas para que otros les sigan. En agosto dos mujeres fueron multadas en un juicio en Devon con 605.000 libras esterlinas acusadas por daños al llevar a cabo una acción directa contra el Instituto Nacional de Botánica y Agricultura (NIAB). Pero solo el tiempo dirá si la táctica de alto riesgo de Monsanto funcionara. Si trata de silenciar a sus críticos entonces su táctica puede que les salga por la culata, como en el caso de McLibelo. Aunque McDonalds ganó el caso, se consideró que habían perdido la batalla de las relaciones publicas; y puede ser que la guerra de las relaciones públicas sea la que determine si los consumidores europeos traguen o no los OMG.
Andy Rowell es un asesor por cuenta propia y autor de Green Backlash- Global Subversion of the Environment Movement, Routledge, 1996. Actualmente esta trabajando para la International Society for Ecology and Culture (ISEC) en Devon
Referencias
1. K. Tulip Entrevista con el autor el 8 de Agosto de 1998.
2. C. Dold SLAPP BACK! Buzzworm, Julio/Agosto volumen IV numero 4 1992.
3. K.Tulip Entrevista con el autor el 8 de Agosto de 1998.
"Monsanto:
¡qué vergüenza!"
por Freida Morris
Fue un 18 de julio, en una calurosa y animada tarde de sábado. Los manifestantes se reunieron en el terreno de las oficinas centrales de Monsanto, en Creve Coeur, un suburbio de St. Louis. Mientras el termómetro marcaba casi 40ºC los manifestantes marchaban con muñecos gigantes, máscaras, brazaletes negros en el brazo, y pancartas para decir al mundo y a la compañía de biotecnología agrícola más grande del mundo: "Monsanto: ¡qué vergüenza!".
Los manifestantes vinieron de varias partes de los EE.UU. y también de Japón, India, México,el Reino Unido y Bélgica. Llegaron en autobús y en automóviles, estacionaron en el aparcamiento de una iglesia cercana y se dirigieron hacia el local donde se encuentra la compañía, que se veía impecablemente cuidado. Allí encontraron a un grupo de agentes de seguridad de la empresa, de aspecto hosco, y un cartel que ponía "Bienvenidos". Los manifestantes rápidamente quitaron el cartel y dejaron claro que su fervor no iba a ser apagado, ni su protesta acallada.
La manifestación formaba parte del "Primer Encuentro sobre Biodevastación", una conferencia organizada por tres grupos estadounidenses: "Gateway Green Alliance", "Pure Food Campaing" y el Instituto Edmonds. La conferencia, centrada en ingeniería genética, fue copatrocinada por organizaciones que abarcaban desde "Industrial Workers of the World" hasta la Sociedad Vegetariana de St. Louis; desde Sierra Club y Greenpeace hasta las Hermanas del Loreto y la panadería local de Lickhalter.
La acción en Monsanto había sido convocada como "una excursión a un lugar destacado en biotecnología".
Don Fitz, "Gateway Greens" de St. Louis, encabezó la marcha con una máscara de cerdo y una levita decorada con un cartel que ponía: "Agente de relaciones públicas de Monsanto: la mía es la única verdad que tienes que escuchar". Aproximadamente 150 manifestantes rodearon el terreno de la empresa coreando consignas contra ella, refugiándose a veces en la sombra de los árboles cercanos. Los manifestantes hicieron una larga lista de reclamaciones abarcando todo, desde la falta de etiquetado de los alimentos manipulados genéticamente ("Si están tan orgullosos de ello, porqué no los etiquetan"), hasta la compra reciente por Monsanto de la empresa que desarrolló una tecnología para esterilizar las semillas, que priva al agricultor del derecho ancestral de guardar las semillas ("Terminemos con el Terminator").
Había un ambiente de alegría entre los participantes que marchaban bajo un sol de justicia, llevando pancartas hechas por ellos, gritando consignas, animando a los automovilistas que pasaban a tocar las bocinas en su apoyo. Los manifestantes chupaban hielo y comían helados para refrescarse. Se sacaban fotos frente al cartel de Monsanto y reían a pesar del calor. Hope Sand de RAFI (Rural Advancement Foundation International) dijo después de la acción: "El estar allí gritándole a Monsanto le hacía a uno sentirse bien".
Después de media hora, la activista Beth Burrows del Instituto Edmonds le pidió a la gente que se reuniera a la sombra para oír los discursos. También les pidió que contestaran a sus alocuciones diciendo a coro: "Monsanto: ¡qué vergüenza!". Y así lo hicieron coreándolo después de cada una de las siguientes afirmaciones:
"Esta gran empresa no representa lo que debería haber sido el sueño americano", comenzó. Y la multitud respondió: "Monsanto: ¡qué vergüenza".
"Ese sueño no consistía en robar las semillas y plantas de la gente".
"El sueño no tenía nada que ver con los millones de toneladas de polución que Monsanto vertió en el río Mississippi. Ese sueño no era sobre el Agente Naranja que Monsanto produjo, ni sobre las dioxinas sobre las que su investigación nos mintió, ni sobre ninguno de los productos que Monsanto ha producido".
"El sueño no era inyectar a vacas la hormona de crecimiento recombinante, que nadie quería, ni era sobre la tecnología destructora que fue diseñada para matar las semillas para asegurarse el lucro; no era sobre un mundo con cosechas preparadas para ser fumigadas con Roundup".
"No tenía que ser un sueño de investigaciones falsas, ni de empresas de televisión y editores de libros presionados para mentir, mentir y mentir".
Y, según la oradora recitaba su letanía de crímenes empresariales, los asistentes acompañaban cada fechoría con su coro de "qué vergüenza". Al final se pidió un momento de silencio para meditar u orar por la rehabilitación de Monsanto, y tras ello, la oradora cedió el megáfono a otra larga serie de oradores.
Los organizadores Don Fitz, Mark Quercus y Tammy Shea, dijeron que la marcha era la culminación de años de esfuerzo para exponer la vergonzosa negligencia de Monsanto para con la seguridad, el medioambiente y la salud humana. Luego distribuyeron panfletos ridiculizando el lema de Monsanto (Comida, salud y esperanza) con la frase: "Monsanto ha contaminado nuestra COMIDA con los PCBs y está amenazando la SALUD del medioambiente con cosechas genéticamente manipuladas, con la ESPERANZA de mayores beneficios. Monsanto es una vergüenza para nuestra ciudad. Monsanto es la vergüenza de St. Louis, de Missouri, de los Estados Unidos y del mundo".
Vandana Shiva dijo a los manifestantes que las empresas como Monsanto tienen objetivos contradictorios. Dicen que crear cosechas resistentes a los insectos reduce la necesidad de plaguicidas, pero en la mayoría de los casos la manipulación genética ha creado cosechas tolerantes a los plaguicidas, lo que favorece la venta de cada vez más plaguicidas.
Brian Toker del Instituto para la Ecología Social de Vermont expuso una breve historia de Monsanto, preguntándole después a la gente si ésta es una empresa a la que se le puede confiar el futuro de nuestra comida y nuestra salud.
Muchos manifestantes japoneses (algunos representando asociaciones de consumidores con millones de miembros), tomaron el micrófono para expresar su preocupación sobre la soja resistente al Roundup ("Roundup-Ready") creada por Monsanto. Pidieron a los agricultores que no la sembraran, al tiempo que se comprometieron a no consumirla.
Representantes de agricultores norteamericanos, de partidos Verdes europeos y mexicanos y de otras muchas organizaciones también se expresaron quejándose de Monsanto y sus políticas empresariales.
Al concluir la marcha, un pequeño grupo que decía apoyar a Monsanto también se manifestó. El grupo se autodenominaba "Concerned Residents about Cows and Kids" (CRACK) [Nota del traductor: Entre otras cosas, "crack" significa en inglés chiste o chanza]. El grupo expresó su apoyo a la ingeniería genética. Una mujer del grupo dijo estar muy contenta por la introducción de genes de pescado en los tomates: "Me resulta difícil que mis hijos coman proteínas, y estamos presionando para que en los supermercados haya sólamente artículos manipulados genéticamente". Mientras los asistentes reían ruidosamente, otra "partidaria" respondió a las acusaciones a Monsanto de buscar el gen responsable de ganar dinero, apoyando dichas investigaciones, y haciendo ver que "ése es el gen de Wall Street: te hace gordo, blanco y hombre. ¿Qué podría ser más americano que eso?".
Otro miembro del CRACK urgió a los presentes a no dejarse engañar por el miedo a la comida genéticamente manipulada y leyó un comunicado de prensa que decía: "Frankestein no es más que un libro". Luego agregó: "Así como el éxito del Programa de Átomos para la Paz produjo un gran incremento en reactores y armas nucleares, manteniendo a los EE.UU. fuertes, los Genes para la Paz pueden hacer lo mismo. Lo que es bueno para Monsanto, es bueno para los EE.UU.".
Al día siguiente, el "Saint Louis Post Dispatch" informó que, sorprendentemente, una estación de radio local , "KMOX Radio, tomó en serio lo que dijo el grupo CRACK, e informó en dos reportajes que en la manifestación había personas a favor de Monsanto". En el periódico también se incluían declaraciones del portavoz de Monsanto, Gary Barton, diciendo que "no hay peligro de que la concentración pudiera transformarse en un movimiento político de gran magnitud: ¿Cuánta gente hubo, tal vez 120? Nosotros tenemos 2.000 científicos trabajando en el centro de investigación que Monsanto tiene en Chesterfield".
El periódico informaba en otra sección que el presidente de Monsanto, Robert B. Saphiro, que es el mejor pagado de St. Louis, "recibió de Monsanto 51,2 millones de dólares en efectivo e incentivos en acciones durante el pasado año".
El hecho de que la Gateway Green Alliance, que fue el principal organizador de la marcha, esté totalmente integrada por voluntarios no fue mencionado en ningun sitio.
Freida Morris es investigadora asociada del Instituto Edmonds, Washington, EE.UU.
La empresa Frankestein:
La fusión de Monsanto con American Home Products
por Andrew Kimbrell
Los dos partícipes de esta fusión han demostrado ser indiferentes a las preocupaciones sociales y ecológicas. Su fusión sólo puede dar lugar a una empresa más poderosa que será muy difícil de controlar.
El 1 de junio de 1998, American Home Products (AHM) y Monsanto anunciaron que iban a fusionarse para formar una gigantesca megacompañía por valor de unos 96.000 millones de dolares1. Con un precio de venta de 33.000 millones de dolares, Monsanto se convierte en la empresa más grande que ha existido nunca en la industria farmacéutica y en la sexta fusión más grande de todos los tiempos2. Esta nueva compañía, que aun no tiene nombre, se espera que obtenga 23.000 millones de dólares en ventas este año3.
Aunque AHP tiene casi el doble de tamaño que Monsanto -en 1997 ganó 14.000 millones de dólares frente a los 7.500 de Monsanto- ambas compañías sostienen que ésta no es "una compra de una empresa por otra, sino más bien una fusión a partes iguales"4. Supuestamente, la empresa resultante tendrá su base en Madison, Nueva Jersey, donde ha estado establecido hasta hora el centro de AHP, y será dirigida por John Stafford, de AHP, y Robert Shapiro, de Monsanto, como co-directores5.
Monsanto es una empresa de gran renombre entre el público, debido a su agresivo marketing y a sus múltiples escándalos y controversias. Al éxito financiero de Monsanto se apareja su irresponsabilidad como empresa. Desde su promoción del "agente naranja", hormonas para el creciemiento del ganado, el herbicida Roundup, cultivos producidos por manipulación genética y la tecnología Terminator, Monsanto se ha convertido en la bestia negra para buena parte de la comunidad internacional de la agricultura sostenible y la defensa del medio ambiente.
AHP no ha alcanzado la fama de Monsanto, a pesar de tener su propia combinación de éxito de mercado y mal comportamiento como empresa. AHP es la sexta compañía farmacéutica más grande del mundo y se mantiene ante todo gracias a las ventas de medicinas como Advil, Robitussin y Premarin. Sin embargo, la compañía ha ido expandiendo recientemente su imperio para incluir la industria de las "ciencias de la vida". Monsanto es sólo la última de una serie de compras de AHP en este campo. En 1994, el directivo Stafford se abrió camino en el sector agrícola mediante una OPAhostil de American Cyanamid, la tercera compañía más grande de plaguicidas de los EE.UU., por 9.700 millones de dólares6. Dos años más tarde, AHP aumentó su producción biofarmacológica comprando el Genetic Institute por 1.300 millones de dólares. En 1997, Stafford estableció la presencia de AHP en la industria de la salud animal comprando la empresa Solvay, S.A., con sede en Bélgica, cuyos productos incluyen fármacos para gallinas y cerdos7.
AHP se expandió significativamente gracias a la fusión con Monsanto. Antes de ser comprada, Monsanto acababa de completar su propia serie de fusiones en el campo de las «ciencias de la vida». El mes pasado compró la participación mayoritaria en la empresa Dekalb Genetics, la segunda compañía de semillas más grande de los EE.UU.8 Previamente había comprado Calgene Inc. y Delta & Pine Land, productoras ambas de alimentos manipulados genéticamente.
El nuevo conglomerado de "ciencias de la vida" de AHP y Monsanto supone la posibilidad y la intención de producir una cantidad sin precedentes de alimentos, fármacos y otros productos manipulados genéticamente. Es por esta controvertida capacidad por lo que su fusión ha despertado gran atención por parte de los medios de comunicación. Sin embargo, sorprendentemente ha habido poca publicidad e información sobre la plétora de problemas legales y sobre la larga historia de fallos en productos en el sector de la salud humana por parte de AHP.
AHP está actualmente enredada en un gran escándalo por los devastadores impactos sobre la salud de sus fármacos adelgazantes Fenfluramine y Redux. Estas drogas, que se retiraron del mercado el otoño pasado a petición de la FDA (Administración para los Alimentos y los Fármacos de EE.UU.), eran utilizadas por aproximadamente 6 millones de norteamericanos, sobre todo mujeres. Fenfluramine, la mitad del tan popular "fen-phen" (cóctel de adelgazamiento), y la droga Dexfenfluramine relacionada con ella, o Redux, diseñada para alterar la química cerebral y así reducir el apetito. Un estudio de la Clínica Mayo, publicado en julio de 1997 relacionaba, sin embargo, las drogas adelgazantes con graves daños en las válvulas cardíacas. Un informe de 1996 publicado en el New England Journal of Medicine también sugería una relación entre las drogas de adelgazamiento y una poco frecuente, pero a veces mortal, enfermedad pulmonar llamada hipertensión pulmonar primaria9.
La FDA ha citado informes de anormalidades en las válvulas cardíacas del 32% de las personas que utilizaban los fármacos y cuyos médicos transmitieron los datos a la agencia. No se sabe cuántos miles de mujeres han podido enfermar por esta causa. Inicialmente, la FDA dio luz verde a la permanencia de Redux en el mercado, bajo la única condición de que AHP llevara a cabo un estudio de fase IV sobre la seguridad a largo plazo del fármaco. En el momento en que éste fue eliminado del mercado, el estudio estaba aún por comenzar. Desde hace casi un año, cuando las drogas fueron retiradas del mercado, una oleada de demandas individuales y acciones legales colectivas han sido archivadas. AHP es el principal acusado en estas denuncias, que son calificadas por Paul Rheingold, directivo del grupo que lleva los litigios por el "fen-phen" en la American Trial Lawyers Association (Asociación Americana de Abogados), "casos de un momento"10.
AHP también se enfrenta ahora a miles de denuncias y procesos judiciales interpuestos por mujeres que usaron su anticonceptivo femenino, el Norplant. Norplant, el primer anticonceptivo realmente nuevo y de importancia después de la píldora, fue comercializado en EE.UU. en 1991 y se anunciaba como un método de protección seguro, efectivo y sin problemas. Seis tubos del tamaño de cerillas, implatados y cubiertos de silicona, debían soltar en la sangre una hormona que evitaría el embarazo durante un tiempo que podría durar hasta 5 años. Casi un millón de mujeres probaron Norplant en los 90. Ahora, más de 50.000 mujeres han llevado a juicio a los Laboratorios Wyth-Ayerst, una división de AHP, porque no fueron adecuadamente advertidas de los efectos secundarios: aumento de peso, continuo flujo menstrual, pérdidas o crecimiento de cabello, problemas de ovarios, anemia, acné, fuertes dolores de cabeza, pérdidas de visión y problemas para evacuar.
Siguiéndole la pista a American Home, llegamos a otro desastre relacionado también con anticonceptivos femeninos, el Dalkon Shield (Escudo Dalkon). Este anticonceptivo, usado por más de 4 millones de mujeres a principios de los 70, fue un producto de AH Robbins and Company. Cuando fue definitivamente ligado a enfermedades inflamatorias, a daños permanentes en los órganos reproductores y a infertilidad, se presentaron cientos de miles de denuncias individuales y colectivas. La compañía se declaró en quiebra en 1985, pero se salvó cuando la compró AHP.
Además de sus problemas legales a causa de los efectos secundarios sobre la salud humana de sus productos, AHP también tiene que hacer frente a los defensores de los derechos de los animales. Grupos de diversos puntos de los EE.UU. están atacando actualmente a AHP a causa del proceso de producción de su medicamento Premarin. El fármaco, por el que, tán sólo durante el año pasado, facturó 860 millones de dólares, constituye el 10% del total de las ventas de AHP y es hoy en día el más recetado en EE.UU. Premarin es esencialmente una droga a base de estrógenos empleada para estabilizar desequilibrios hormonales en mujeres y tratar la menopausia. Los diferentes estrógenos que contiene se extraen de la orina de yeguas preñadas (de ahí la palabra Pramarin, una versión acortada de la frase "pregnant mare urine": orina de yegua preñada). Organizaciones de protección animal alegan que los animales utilizados en la producción del medicamento viven en condiciones espantosas y que son tratados con crueldad11.
En los laboratorios de Wyeth-Ayerst, en Dakota del Norte, se utilizan cada año alrededor de 80.000 yeguas para el proceso de recolección de estrógenos. Wyeth-Ayerst es una empresa filial de AHP. Según los informes, los caballos viven en cuadras muy pequeñas, donde no pueden darse la vuelta ni tumbarse con comodidad, y a menudo desarrollan cojeras. Además, las yeguas deben estar siempre preñadas para poder producir el máximo de hormonas requeridas para el medicamento. Normalmente se las insemina de siete a nueve días después de parir los potros, de los que se les separa a los pocos meses para ser devueltas a la "producción de orina". Todos los potros, salvo unos pocos que se guardan para la reproducción, se venden al matadero con cuatro meses de vida12.
Se han desarrollado varios fármacos alternativos, con estrógenos sintéticos o derivados de plantas, para los trastornos de la menopausia. Durante diez años, la compañía Duramed Pharmaceuticals Inc. ha perseguido que la FDA aprobase su píldora de estrógenos derivados de plantas, una alternativa al Premarin más barata y producida con menos crueldad. Obviamente esto dañaría las ventas del producto favorito de AHP, por lo que esta empresa inició una agresiva campaña contra las alternativas, reclutando a personas influyentes de Washington para que llevaran su caso al Congreso y a otras instituciones claves13. Sus campañas y maniobras alcanzaron el éxito el año pasado, al anunciar la FDA, el 5 de mayo, que no aprobaría que formas alternativas del Premarin pudiesen ponerse en venta en EE.UU. Esta decisión se basaba en gran parte en un estudio dirigido por la filial de AHP Wyeth-Ayerst 14.
No contenta con dañar a los animales y la salud humana, American Home es también uno de los principales emisores de contaminación. Durante varios años la compañía ha luchado legalmente contra varias empresas de seguros por el pago de la limpieza de 37 terrenos contaminados por residuos peligrosos de la AHP en 11 estados de EE.UU. y en Puerto Rico15.
Los actuales problemas legales son en parte la causa de que el conglomerado farmacéutico británico Smith Kline Beecham rechazara públicamente la fusión con AHP en las conversaciones que al respecto tuvieron lugar este año. La combinación de las demandas pendientes contra American Home y sus filiales pueden costarle a la compañía hasta 4.000 millones de dólares16. Teniendo en cuenta todos los problemas de AHP, tanto legales como los relacionados con el medio ambiente y el maltrato de animales, por no mencionar la controversia que rodea a los procesos y productos de Monsanto, uno no puede evitar preguntarse si la fusión de ambas no ha creado la compañía más irresponsable del mundo.
Este artículo ha sido elaborado por miembros del ICTA, Internacional Center for Technology Assessment, una organización sin ánimo de lucro radicada en Washington DC, que trabaja en temas relacionados con la biotecnología, el medio ambiente y la seguridad alimentaria. Más información: office@icta.org
Referencias
1. Nota de prensa de Monsanto «American Home Products and Monsanto Announce Plan to VCombine to Create $96 Billion Life Sciences Company». 1 junio 1998.
2. Orlando Sentinel, «Biggest Drug Merger Ever is Planned; American Home to Buy Monsanto», 2 de junio 1998, B1.
3. Op. cit. 1
4. Nota de prensa de Monsanto: «Monsanto and American Home Products Report News Stories Inaccurate», 1 junio 1998.
5. Nota de prensa de Monsanto.
6. Página web de AHP - htp:/www.ahp.com/cyanamid.htm
7. Página web de AHP - http:/www.ahp.com/fortdodge.htm
8. Martha Hamilton y Juastin Gillis «American Home to Buy Monsanto», Washington Post.
9. Brenda Sapino Jeffreys «Fat City: The Fen-Phen Feeding Frency», Texas Lawyer, 9, febrero 1998.
10. Jim Oliphant, «Race for Fen-Phen Suits in On», Broward Daily Business Review, 30 de septiembre de 1997.
11. Jennifer Harper, «Animal Lovers Boycott Drug for Menopause; Say Premarin is Cruel to Mares». The Washington Times, 24 de marzo de 1997.
12. «Premarin Prescription for Animal Cruelty», fuente: http:www.atbeach.com/veggie/articles/premarin.htm
13. Jhon Carey, «The Politics of Generics», Business Week, 3 de marzo de 1997.
14. Declaración de la FDA sobre Premarin alternativo. 5 de mayo de 1997. Contacto con la FDA: Marian Segal : +301-443-3285. Fuente: http://www.meadscape.con/govmt/FDA/1997/may/GenericPremarin.html.
15. Empleados de Wausau versus American Home Products. «NY CT: State Law Applies Regarding Contamination of In-State Sites». Hazardous Waste Litigation Reporter. 7 de julio de 1997.
16. Mark Tran, Mark Millner, Lisa Buckingham, «Deal a Day for Wheat Belt’s Corn: Monsanto Merger Creates a Life-Sciences Monster» The Guardian (Londres), 6 de junio de 1998.
Boicot. Marcas y productos a evitar
por Jim Thomas
Actualmente hay cuatro cultivos conseguidos mediante ingeniería genética cuya presencia se permite en los alimentos del Reino Unido, además de cierto número de coadyuvantes para el procesado y de enzimas.Puede parecer una cantidad ridícula, pero dos de estos cultivos, la soja y el maíz, forman parte de casi el 80% de la comida procesada. A esto hay que sumar los numerosos usos no alimentarios de los cultivos transgénicos, como es el caso de otro cultivo muy común en nuestra vida diaria: el algodón. A continuación se describe esquematicamente algunos de los usos más comunes de estos cultivos.
Soja resistente al "Roundup" de Monsanto
Hasta la fecha este es el más ubícuo de los alimentos manipulados genéticamente. Esá genéticamente diseñado para "atar" a los agricultores al uso del herbicida de Monsanto, el Roundup, y actualmente supone el 15% de la producción de soja de EE.UU. y el año que viene supondrá el 30%. La soja de Brasil, Canada, Europa y Asia está libre de manipulaciones genéticas, pero la mayor parte de la soja empleada para ingredientes es de los EE.UU., y Monsanto se ha asegurado de que la soja manipulada se mezclara con, y contaminara, las existencias de soja convencional. En la comida buscad los siguientes ingredientes: proteína de soja, TVP (proteína vegetal texturizada) proteína de soja aislada, harina de soja, lecitinas (la mayor parte tienen base de soja). Buscad también el número E322. Algunos aromas también tiene base de soja.
Productos que pueden contener soja manipulada genéticamente
Las comidas vegetarianas han sido las primeras en ser contaminadas por la soja manipulada genéticamente: Batchelor’s Beanfeast, una comida de soja precocinada producida por el gigante alimentario Unilever, es actualmente el centro de una campaña de Greenpeace, Friends of the Earth y The Genetic Engineering Network, dado que fue el primer producto, conteniendo soja transgénica, autorizado en el Reino Unido. Desde entonces Unilever también ha etiquetado Vesta Currys, otra comida precocinada, como producto que contiene soja manipulada genéticamente. Proteina de soja transgénica también termina estando en las salchichas, fideos, comidas para bebes (los productos SMA probablemente la contienen), cerveza, pan, comida de mascotas, pasteles (p.ej. Las galletas vegetales de Coop o los de Asda’s Farm Stores ) y comidas congeladas (se ha descubierto que los congelados Ross contienen soja manipulada), patés (Sainsbury’s tiene 23 tipos de paté y cremas que continen soja modificada) y alimentación animal. Walker’s Crips han confirmado que 29 de sus marcas Smiths, Walkers, Quavers y Monster Munch pueden contener harina de soja manipulada genéticamente y proteína de soja o maíz igualmente manipulado (ver más abajo). La proteína de soja se utiliza también para tintas, adhesivos, rollos de embalaje, pinturas, plásticos e, irónicamente, pesticidas.
El aceite de soja se usa mucho más. A menudo se mezcla con otros aceites en margarinas (por ejemplo, la margarina vegetal de Coop), la mayor parte de las cuales, de todas formas, contienen lecitinas de soja (Vitalite probablemente contiene soja manipulada genéticamente, y la pasta de soja de Safeway lleva una etiqueta que dice "nuevo y mejorado" ¡desde que usa la manipulación genética!. La mayonesa, el aceite para cocinar, las pastas para sandwiches y los helados, todos pueden contener aceite de soja manipulada. El chocolate de Haägen Dazs probablemente también, así como posiblemente los sustitutivos del queso (la alternativa al queso Summer County contiene soja manipulada y es otro producto de Unilever). El aceite de soja se usa como ayuda al procesamiento, por ejemplo en la producción de algunos cereales Alpen y Ready Brek.
En cuanto a la lecitina de soja manipulada genéticamente se emplea mucho para chocolates, panadería y pastelería, margarinas y productos para adelgazar (p. ej., las bebidas Slim Fast). Los ejemplos incluyen a chocolates Nestlé y las galletas de chocolate McVitie’s. Marks & Spencer ha reconocido que utiliza soja manipulada en muchos de sus productos.
Maíz Bt (Novartis)
El maíz modificado genéticamente también está entrando en Europa, como la soja, sin separar y a menudo sin etiquetar. Aunque este año sólo un pequeño porcentaje de la cosecha de maíz (menos del 0,5%) será producido mediante ingeniería genética, la industria sostiene que no puede separarlo. El maíz Bt produce una toxina para matar a un insecto dañino del cultivo pero que también elimina a insectos beneficiosos. Se ha criticado por parte de la autoridad francesa competente en antibióticos, que se utilice un gen que otorga resistencia a los antibióticos. Además, como en el caso de la soja, el maíz es utilizado para una gran variedad de usos (alimentarios o no), como en forma de grano en productos del tipo de fritos de maíz (Doritos, Uncles Ben‘s Tacos) o más frecuentemente como aceite de maíz, jarabe de maíz y almidón de maíz. Hay almidón en muchos productos, desde sopas y dulces hasta pasta de dientes. A continuación hay algunos ejemplos de productos que contienen maíz transgénico en el Reino Unido: curry vegetal y de pollo, mayonesa, potaje irlandés y aliños de ensaladas de Asda Farm Stores. Fuentes de Unilever sugieren que pueden empezar a introducir maíz transgénico en las sopas Batchelor’s y en todos los demás productos que tienen. El maíz, al igual que la soja, es un producto principal para la alimentación animal, y por ello no hay duda que se introducirá en la alimentación humana indirectamente.
El Tomate FlavrSavr (Zaneca)
El tomate FlavrSavr, llamado "tomate de Troya" en 1996, fue la primera cosecha entera de cultivo transgénico que llegó a tierras del Reino Unido. Se manipula genéticamente para retrasar el proceso de putrefacción, ahorrando así costes de procesamiento.
Sainburys y Safeway lo introdujeron en latas etiquetadas de salsa de tomate, y después alegaron que había sido un éxito. Busca las latas de tomate, que son casi idénticas a las normales -sólo que más grandes y por tanto más rentables económicamente-, probablemente no notes la etiqueta hasta que la mires muy detenidamente.
Quimosina transgénica "cuajo vegetariano"
La quimosina natural viene del estomago de un ternero y se usa en la fabricación del queso. Su equivalente se produce manipulando genéticamente una bacteria. Se usa en unos cuantos "quesos vegetarianos" (por ejemplo él de Coop) y en el pasado fue recomendado por la Vegetarian Society. Sin embargo, existen cuajos no manipulados genéticamente y que tampoco son de origen animal, igualmente recomendados por la Vegetarian Society y por la Soil Association, de modo que existen alternativas para los consumidores éticos.
Algodón Bollgard Bt y algodón resistente al "Roundup" de Monsanto
Estas dos variedades de algodón genéticamente manipulado ya componen alrededor del 50% de la cosecha de algodón de los EE.UU. El algodón de los EE.UU. se usa para pantalones vaquero, prendas de vestir y telas, asi como para la producción de aceite de semillas de algodón que puede utilizarse en latas de comida procesada o pescado (por ejemplo, las ostras ahumadas de John West).
Colza resistente al "Roundup" de Monsanto
En Europa se ha aprobado la importación de colza manipulada genéticamente de Canadá que se usará sobre todo como aceite en margarinas, comidas cocinadas y galletas. Es realmente preocupante que ADN de colza manipulada ha sido detectado en Alemania en botes de miel canadiense producida por Clover Crest y Fuerster-Reform. Dado que alrededor de la mitad de los campos donde actualmente se experimentan cosechas manipuladas en el Reino Unido son de colza, sobre todo de Plant Genetic Systems, AgrEvo y Monsanto, es muy probable que la miel europea esté sufriendo una contaminación parecida. La Asociación de Apicultores expresó recientemente una fuerte preocupación porque piensa que los efectos de esta contaminación genética en sus abejas y en sus productos son totalmente impredicibles.
Hormonas del crecimiento bovino (BGH)
Al principio, Michel Taylor, Jefe de Comisión de la FDA (Food and Drug Administration de EE.UU.) persuadio a este organismo oficial de que prohibieran el etiquetado de la leche normal como "leche sin BGH".
Sin embargo, hubo grandes quejas de los consumidores. Además de esto, Monsanto intentó, pero no consiguió, que se dictara sentencia contra las compañías que sí etiquetaban su leche de esta manera (Horizon, Swiss Valley Dairy Farms y otras). Esto quiere decir que la FDA tuvo que adoptar una posición menos extrema y ahora mismo es legal etiquetar la leche normal como "sin BGH", siempre que no se haga referencia a temas de seguridad.
¡Cuidado con el etiquetado!
Ahora mismo muy pocos de los productos que contienen ingredientes manipulados genéticamente están etiquetados y a menudo lleva mucho tiempo y hay que escribir muchas cartas para saber si tu dieta está contaminada (a lo que te suelen contestar que: "es posible que lo esté, pero no podemos saberlo"). Desde el 1 de septiembre las nuevas leyes de etiquetado europeas harán que algunos productos que llevan soja y maíz manipulados genéticamente debán llevar etiqueta. Jeff Rooker, el responsable de Seguridad Alimentaria del Reino Unidos, ha llamado a esto "una victoria para los consumidores", cuando de hecho sólo va a servir para confundir las cosas. Con la nueva legislación alrededor del 95% de los productos que contengan soja y/o maíz manipulados genéticamente no llevarán etiquetado. Esto es así porque la ley excluye los aceites, lecitinas, almidón y aromas. También intenta establecer un límite umbral para la presencia de proteína manipulada genéticamente, por debajo del cual los productores pueden escapar del etiquetado. Unilever ha sugerido una cifra tan alta como el 10%, pero la cifra final está por determinar. El etiquetado dará una falsa sensación de seguridad. Etiquetar un problema, en este caso la contaminación genética, no lo elimina. La única manera de asegurar que se pueda elegir, y de asegurar la protección del medio ambiente, es apoyar a aquellos que evitan totalmente en sus productos los ingredientes manipulados genéticamente.
Evitar los ingredientes genéticamente manipulados
Es fácil descorazonarse por el amplio alcance de la soja y el maíz manipulados genéticamente en los alimentos comunes, pero la industria de la biotecnología es la única que dice que la batalla ha terminado, porque quiere que la comida manipulada genéticamente se considere un hecho consumado. De hecho, muchos pequeños productores de soja en EE.UU. ofrecen productos garantizadossin manipulación genética (también llamados de "identidad preservada") y también grandes productores como Central Soya o Norgrow de Brasil y Canadá. Las compañías que usan grandes cantidades de soja también tienen la opción de encargársela a agricultores que la suministran sin manipulación. Lo mismo sucede con el máiz.
Las siguientes marcas, compañías y organismos garantizan al consumidor alimentos sin manipulación genética:
- Alimentos biológicos: por definición tienen que ser sin manipulación genética. Esto responde a un acuerdo internacional e incluso en la agricultura biológica de EE.UU. se mantiene, de momento. Buscad el símbolo de The Soil Association (La Asociación del Suelo).
- Comida vegetariana: la Vegeterian Society del Reino Unido ha decidido no apoyar a los alimentos que contengan ingredientes manipulados genéticamente. Actualmente promociona más de 2.000 productos y durante los doce próximos meses le propondrán a más de 250 productores que eliminen de sus productos los ingredientes manipulados si quieren conservar su apoyo. Buscad el logo "V" y evitad productos sin la marca de aprobación de la Sociedad Vegetariana.
- Comida integral: desde el 21 de septiembre, el comercio integral se declara sin manipulación genética. Esto cubre prácticamente todos los productos a la venta en tiendas de productos integrales y, de hecho, muchas de estas tiendas graratizan que sus productos no tienen componentes transgénicos. De esta forma, quedan garantizados grandes productores como Infinity, Plamil, Suma, Rainbow y Granose, incluso Haldane, Holland y Barret han confirmado que sus propios productos no estan manipulados y que están trabajando activamente con sus productores para animarles a que produzcan sin manipulación genética. Hace poco borraron de su lista a Batchelor’s Beanfast porque consideraron que Unilever no estaba realizando suficientes esfuerzos para producir soja natural.
- Iceland: entre los supermercados destasca Iceland. El primero de mayo, Iceland anunció que nada con su propia marca contendría ingredientes manipulados genéticamnete o provinientes de animales alimentados con cosechas manipuladas. Según un muestreo reciente entre mil consumidores, el 65% apoyaba esta medida y el 26% dijo que empezaría a comprar en Iceland a causa de esta decisión.
- Spar: en sus tiendas del Reino Unido ha confirmado que ningún producto de su marca contiene ingredientes manipulados genéticamente.
- Sainbury: ha reformulado casi la totalidad de sus 1.100 marcas para excluir proteína de soja. Aún tienen en cartera 25 productos que contienen proteína de soja manipulada (se les puede solicitar la lista). Sin embargo, no han excluido otros ingredientes de soja manipulada genéticamente, como aceites o lecitinas. Ha solicitado a sus productores que no usen maíz manipulado genéticamente.
- Kellogs: actualmente no utiliza ningún ingrediente de manipulación genética. "Creemos que tienen que haber muchos más ensayos e investigación antes de que podamos, siquiera, considerar usar ingredientes genéticamente manipulados, y tal y como está la opinión pública en este momento ni se nos ocuriría".
- Heinz: han manifestado a la Vegetarian Society que todos sus productos, más de 50, no contienen ingredientes manipulados genéticamente y que así continuará.
- Productos Linda McCartney: McVitie’s decidió hace poco que ningún producto Linda McCartney llevaría ingredientes transgénicos. Desgraciamente esta decisión no es extensiva a los demás productos McVitie’s.
- The National Trust: Sue Wright, Gerente nacional de Catering, declara "no apoyamos el uso de estos alimentos, de hecho todo nuestro trabajo actual al desarrollar nuestros menús consiste en obtener nuestros productos, siempre que podemos, de nuestros propios terrenos, de productores locales o de productores biológicos".
- Cenas escolares de Chartwuell: en Kent, el lugar más seguro para comer es el comedor escolar. Más de 1.500 escuelas de Kent dan comidassin ingredientes transgénicos todos los días.
- La Cámara de los Comunes: si eres miembro del Parlamento británico o te mueves en ese círculo, puedes comer tránquilo: el comité de catering ha dado orden a todos los bares y restaurantes de "la madre de todos los parlamentos" para que eviten cualquier ingrediente manipulado genéticamente. Es una pena que el mismo rasero no se aplique a los votantes.
Los consumidores tienen de hecho un enorme poder para alejar a la sociedad de lo que no es sino un experimento masivo e incontrolado con sus vidas y las de sus hijos. Obviamente, es necesaria la acción a todos los niveles, y el objetivo es hacer todo lo necesario para orientar la sociedad desde una producción de comida centralizada, masiva y con transportes a larga distancia hasta un sistema más biológico, localizado y diverso. Esto no sólo garantizaría una calidad superior, sino que también eliminaría la necesidad de empaquetados superfluos en plástico, de conservantes diseñados para el transporte a través de largas distancias y, por supuesto, del transporte en si mismo, que contribuye enormemente al cambio climático. El sistema actual, justificado mediante el discurso de la "ventaja relativa", según la cual los países se van especializando en, y comercializando con, aquellas cosas que pueden producir con mayor eficacia, en realidad recibe enormes subsidios. Así lo explicó Helena Norberg-Hodge en el último número de The Ecologist [ver "See Think Global - Eat Local !. Delicious Ways to Counter Globalization". Volumen 24, número 4, 1998]. Por lo tanto, un paso vital es reconocerlo y evitar que esos subsidios supongan un énfasis en el modelo agrícola actual, químicamente intensivo y enormemente destructivo de recursos, para acercarnos a un sistema que imite más de cerca los ciclos de la naturaleza. Sólo esto puede asegurar un futuro sano para el planeta.
Jim Thomas participa en la campaña sobre "transgénicos" de Greenpeace-UK.
Para poder estar al día en alimentos genéticamente manipulados puedes ponerte en contacto con:
- Lista Online de productos elaborados con ingredientes manipulados genéticamente (se actualiza con regularidad): http://www.uea.ac.uk/-f098/gmlist.htm ó http://i.am/gm
- Campaña Protect Your Food. Es una campaña que desarrollan conjuntamente Greenpeace, Friends of the Earth y Genetic Engineering Network con el objetivo de que las marcas de Unilever estén libres de IG. Teléfono de contacto +0171 8668222
- Nationwide Food Survey. Editan un folleto llamado "Cómo evitar los alimentos transgénicos". Escribid a Nationwide Food Survey, Beacon House, Skelmerdal, WN8 6UR.
- Genetic Engineering Network tiene copias de una lista recopilada por Helen Ellery de Dorset con las respuestas que ha recibido de una amplia gama de compañías. Para contactar teléfono +0181 3749576 o escribid a genetics@gn.apc.org
- Campaña Alimentos Transgénicos, desarrollada en el Estado español por diversas organizaciones sociales. Para contactar teléfono +34-91-5312739 o por correo electrónico: ecologistas@nodo50.org
¿Ecoguerrilleros o vándalos? ¿Quiénes son los auténticos terroristas?
por Zac Goldsmith
Incapaz de confiar en tribunales, expertos, políticos o normativas, la "gente normal" ha decidido tomar el control con sus propias manos. Se les califica de terroristas, vándalos y gamberros. Pero ¿quiénes son los verdaderos gamberros?
En todos los aspectos, los europeos son algo más que escépticos en lo referente a la biotecnología. De hecho, numerosos estudios han mostrado que la gran mayoría de los encuestados se oponen activamente a los avances que se puedan realizar en este campo. Una encuesta reciente de Mori encontró que en el RU, el 77% de los encuestados desearía que se pusiera fin a la experimentación con plantas alimentarias modificadas genéticamente, y un estudio sobre la actitud de los consumidores hacia los organismos modificados genéticamente, respaldado por Unilever, la Green Alliance y la Universidad de Lancaster ha mostrado que los consumidores «se sienten incómodos con la biotecnología en su conjunto». Lo más importante es que ponía de manifiesto que los consumidores tienen, en general, «sentimientos encontrados sobre la integridad y validez de los sistemas actuales de regulación gubernamental, y en particular, sobre las garantías científicas oficiales de seguridad».
Tales garantías carecen, por supuesto, de sentido, ya que los efectos del impacto de las biotecnologías son impredecibles por su propia naturaleza. Según la Soil Association, organización responsable de expedir la etiqueta «biológica» a los agricultores del RU, «una vez liberados, la dispersión de los organismos modificados genéticamente en el entorno no se puede detener, ni se puede predecir las consecuencias... la ingeniería genética es incompatible con la agricultura sostenible».
Ya se han producido diversos desastres potenciales que han liberado accidentalmente Organismos Modificados Genéticamente (OMGs). Por ejemplo, a mediados de abril Monsanto anunció que estaba recogiendo pequeñas cantidades de semillas de colza modificada genéticamente que contenían un «gen no aprobado que entró en el producto por error».
Resulta significativo que durante 1996 se haya producido un incremento del 8% en el rechazo, por parte del público, de esta tecnología, período durante el cual se ha difundido mucha más información sobre el tema. Y lo que es más significativo: un estudio publicado en Nature demostró que cuanto más conoce el público acerca de la biotecnología, menos fe tiene en su seguridad o utilidad. «¿Cuántas pruebas necesita el gobierno de que la opinión pública no quiere alimentos modificados genéticamente y que la oposición es creciente?» Es la pregunta que hace Sue Meyer, directora de Genewatch, la organización responsable de poner en práctica la encuesta de Mori.
El difundido rechazo de la ingeniería genética va mucho más allá de las costas de Gran Bretaña. En Austria, más del 20% de la población firmó una petición para prohibir los alimentos modificados genéticamente, y se han arrancado cultivos experimentales en Alemania, Irlanda y Holanda. Diversas organizaciones muy respetadas y poco dadas a la controversia como, por ejemplo, la Scotish Natural Heritage y la Royal Society for the Protection of Birds (RSPB) han solicitado la prohibición, o al menos una moratoria, sobre la ingeniería genética. John Vidal del diario The Guardian indica que más de 200 empresas de alimentación solicitan una moratoria similar; que Greenpeace ha movilizado a más de 250.000 consumidores en Alemania, y que se espera que se produzcan disturbios entre los pequeños agricultores de la India, si la biotecnología llega a ese país. Algunos minoristas, como Iceland Frozen Foods y British Sugars ya han comenzado a excluir alimentos modificados genéticamente de sus productos.
En marzo, la Genetic Engeneering Network, junto con Friends of the Earth y Greenpeace, lanzaron una campaña de «proteja sus alimentos», destinada a citar por su nombre y a avergonzar a influyentes productores de alimentos, en particular Unilever, que continúan utilizando OMGs. Ya se han distribuido más de medio millón de «tarjetas de deslealtad» (en oposición a las «tarjetas de cliente fiel» de los supermercados), en supermercados y mercados de todo el Reino Unido. Holland y Barrett, una de las principales cadenas de "tiendas de alimentos sanos" del R.U, ha eliminado de sus catálogos diversos productos como resultado de la campaña indicada, y algunas empresas japonesas han aceptado detener la comercialización de alimentos procesados que se fabricaron con tomates modificados genéticamente.
Al mismo tiempo, como indica Mae Wan Ho en este número, se ha producido un incremento masivo de la popularidad de los alimentos biológicos, que cada vez más gente considera el único refugio seguro frente a la biotecnología. Y nada menos que 220.000 consumidores de los EE.UU. demostraron, con sus cartas de protesta por la inclusión de alimentos modificados genéticamente bajo la etiqueta de «biológicos», al Departamento de Agricultura de ese país a principios de año, [véase R. Cummings en este número], que están resueltos a asegurarse de que el término «biológico» no se vea usurpado por empresas como Monsanto.
Puede existir poca duda de que la gente de a pie, independiente, rechaza la manipulación genética de la vida, y sin embargo las licencias para tales experimentos se distribuyen como "confetti" por los gobiernos. En abril de este año, había 332 centros de experimentación en R.U, el 70% de los cuales estaba bajo el control de sólo cuatro empresas: Monsanto, Agrevo/BGS, Novartis/Hilleshog y Sharp’s International Seeds Ltd. Lo cierto es que, hasta ahora, no se ha rechazado ninguna petición de ingeniería genética de las presentadas al comité de expertos del Gobierno británico.
En efecto, hemos permitido que un pequeño número de grandes empresas, que, por definición, se preocupan casi exclusivamente por los beneficios a corto plazo, apuesten y jueguen con nuestra propia existencia sobre la Tierra. Su retórica puede ser muy convincente. Monsanto, por ejemplo, se afana aparentemente, en indicarnos que son «plenamente conscientes de lo que pasa por la cabeza del consumidor antes de hacer una compra». A menudo «han suministrado más información (sobre el tema) de la necesaria», según nos dicen. Sin embargo, la misma compañía hace todo lo que está en sus manos para impedir cualquier forma de etiquetado, que pueda informar a los consumidores de que el producto que compra está manipulado genéticamente. La empresa nos dice también que cree que los alimentos deben producirse utilizando menos pesticidas y herbicidas, y, no obstante, en su informe de 1994 a los accionistas señala "que todavía queda un 90%, aproximadamente, de las tierras de labor del mundo, aptas para la agricultura biológica, sin incorporar esta tecnología. Para los fabricantes de herbicidas este potencial virgen significa grandes oportunidades de crecimiento de sus ventas".
Robin Page, Director de Countryside Restoration Trust, es lógicamente escéptico: "Ya hemos oído ese argumento", señala. "Los productos químicos a base de DDT iban a ayudar a alimentar al mundo: en lugar de ello, crearon una catástrofe medioambiental. El BSE fue otro producto de alta tecnología, que llevaba una mezcla de despojos de ganado y productos químicos organofosforados. Ahora que vemos que otro producto científico se describe como ‘carente de riesgos’, tenemos buenas razones para pensar que traerá consigo grandes riesgos".
Otra voz influyente de la oposición es la de Florianne Koechlin, que paradójicamente proviene del imperio Geigy Pharmaceuticals. "La ingeniería genética", dice, "es como un avión Jumbo con frenos de bicicleta". Koechlin ayudó a organizar las peticiones para lograr un referendum en Suiza sobre el tema. La campaña fue un éxito, hasta que la compañía suiza de biotecnología, Novartis, decidió darle carpetazo, amenazando, entre otras cosas, con abandonar el país, y emigrar a otros lugares donde se siguieran políticas más comprensivas.
El sector de la biotecnología se ufana en señalar que la oposición pública a la ingeniería genética es fundamentalmente "visceral", y que la ciencia está del lado de la industria. Pero, dado que la gran mayoría de los recursos dedicados a la investigación sobre el tema, vienen de la propia industria, sería ingenuo suponer que tal investigación es enteramente "objetiva". No se puede esperar que ninguna institución financie una investigación que la desacredite. En las páginas de esta revista se indican numerosos ejemplos de "hallazgos" erróneos. En su conjunto, ponen de manifiesto que no podemos creer a industrias como Monsanto, cuando dicen que "estamos seguros … que las semillas y plantas producidas por la biotecnología son aptas para el consumo humano, para los animales domésticos y para el entorno".
Pero incluso cuando la ciencia plantea serias dudas sobre la seguridad de experimentos concretos, se la ignora por completo, a menos que sus hallazgos coincidan con los intereses de la industria. Por ejemplo, la investigación suiza sobre una variedad de maíz modificada genéticamente, diseñada por Novartis como veneno para la larva del perforador del maíz, ha demostrado que puede matar tanto a insectos beneficiosos como a nocivos, lo que altera toda la cadena alimentaria. Y aun así, la Unión Europea ha declarado que la licencia concedida al maíz modificado genéticamente, sólo podrá retirarse si se aportan nuevas pruebas científicas que cuestionen su seguridad. Pero estas pruebas, como señala el doctor Ian Taylor de Greenpeace, son precisamente las que los científicos suizos han aportado. Quizás para la UE, la investigación sólo pueda clasificarse como científica si sirve para promover los intereses de la industria biotecnológica.
Si las garantías oficiales son tan poco satisfactorias, ¿a dónde puede dirigirse el consumidor en busca de información fiable? Como ilustra Peter Montague en su artículo sobre el despido de dos veteranos periodistas de Fox TV Florida, culpables de investigar la participación de Monsanto en BGH, los medios de comunicación parecen incapaces de proporcionar tal servicio. Las empresas como Monsanto son grandes anunciantes en la televisión y en la prensa de todo el mundo y, por lo tanto, ejercen una influencia determinante sobre lo que nosotros, el público, puede ver o leer.
Incluso los gobiernos son controlados por estas empresas de una forma preocupante y creciente. Asimismo, dependen principalmente de la ciencia generada por la industria misma para formar sus puntos de vista sobre la biotecnología y, en cualquier caso, tienden a estar obsesionados por los indicadores económicos a corto plazo, a expensas, con frecuencia, de consideraciones más importantes sobre la salud medioambiental o el bienestar humano. En nombre de la "inversión interna", las naciones ofrecen condiciones especiales al comercio y subsidios de todo tipo para atraer a las Compañías Transnacionales (CTNs) a su territorio. Hoy en día, una de las prioridades básicas de los gobiernos de todo el mundo, ya sean de izquierdas o de derechas, es que las grandes empresas estén contentas. Como resultado, se pasan por alto las "irregularidades" de estas empresas. Por ejemplo, aunque en 1994 Monsanto había sido señalada por la Environmental Protection Agency como parte potencialmente responsable del estado de muchos lugares tipo Superfund (lugares sometidos a un impacto ambiental inaceptable), la compañía aseguró a sus accionistas:"no se espera que se vea afectada la liquidez de Monsanto, su posición financiera ni su rentabilidad".
Por lo menos sobre el tema de las regulaciones, Monsanto era muy honrada en el pasado. Admitía que: "…en muchos casos, nosotros y algunos otros perfilábamos las reglas de esta nueva ciencia y marchábamos codo con codo, en particular en lo que se refiere a las aplicaciones en plantas y animales". Por lo tanto, es poco sorprendente que en respuesta al ataque del Príncipe Carlos, que considera que su actuación afecta "a un reino que es de Dios y sólo Suyo", Monsanto publicara que "aunque [él] es un hombre inteligente y perfectamente capaz de decidir si desea comer esos alimentos… este campo es territorio de las agencias reguladoras".
Como Gorelick y otros señalan en este número, la puerta de comunicación entre la gran industria y las agencias normativas funciona con tal suavidad, que no se pueden distinguir una de la otra.
Está claro que nos falta democracia. A pesar de la resistencia clara de la opinión pública en general, se ha permitido el paso de la ingeniería genética a toda máquina, prácticamente sin obstáculos. Como resultado, un número cada vez mayor de gente ha decidido resolver las cosas por sí misma. Molesta con la perspectiva de dejar las manos libres a empresas prepotentes, se está preparando para ejercer la "acción directa", cosa que sus representantes políticos, lamentablemente, no han conseguido hacer en su nombre.
John Vidal, en un artículo en el periódico The Guardian, sobre el profesor sin antecedentes de desobediencia civil, Patrick Whitefield, muestra que no se trata de un movimiento marginal, sino que afecta a una gran número de ciudadanos "respetables" y respetuosos de la ley. Otro ejemplo similar es el constituido, en el Reino Unido, por el movimiento civil contra la construcción de carreteras, que ha conseguido reducir la inversión estatal en las mismas de 23.000 millones de libras, a los actuales 6.000 millones.
"Tras enterarse de que cinco mujeres habían arrancado plantas modificadas genéticamente en un campo experimental de Monsanto, Whitefield llamó a un grupo de Manchester denominado Genetix Snowball y se ofreció a hacer lo mismo. Haciendo esto se arriesga a ser llevado a los tribunales, obligado a pagar una multa y fichado como delicuente. En las semanas siguientes a esta oferta, un trabajador comunitario de Manchester, un abogado galés y al menos otras 250 personas (incluyendo, entre otros, al chef de televisión Antony Worrall-Thomson), habían llamado por telefóno para apoyar o unirse a la ‘acción directa no violenta’ contra las plantas transgenéticas".
Desde los Lincolnshire Loppers, que arrancaron plantas genéticamente modificadas de trigo Spring, en una exposición, hasta los Kenilworth Croppers, que destruyeron un panel de trigo modificado genéticamente en la exposición Royal Agricultural; desde la descontaminación de un cultivo experimental de soja para aceite cerca de Conventry a la destrucción de un ensayo de AgrEvo de colza resistente al herbicida "basta" en Australia, realizada por "Madres contra la ingeniería genética"; desde la descontaminación de 30 toneladas de semillas de maíz transgenético en Francia por parte de 120 miembros de la asociación de agricultores Confédération Paysanne, a las concentraciones masivas ante la sede central de Monsanto en Missouri, el claro mensaje es que la gente "normal" no está dispuesta a permitir que sus representantes tiren por la borda la estabilidad de los seres vivos.
La misma determinación existe en un número creciente de personas, decididas a liberar al mundo de la posibilidad de infecciones de "alimentos Frankenstein", término que la acción directa de las organizaciones está acuñando. Como señaló uno de los participantes en la ocupación de Norfolk, "ahora parece que las acciones de este tipo son la única vía para devolver al genio a su botella". Según advirtió otro grupo escocés de activistas, "Las empresas de biotecnología deben comprender que tendrán que pagar por sus actos".
No es sorprendente que estas manifestaciones de resistencia pública hayan generado el rechazo de los políticos tradicionales. Por ejemplo, el congresista Bill McCollum condenó la acción civil como "terrorismo en nombre de la Madre Naturaleza", mientras que el congresista Riggs describió a los activistas como "terroristas implicados en una conspiración criminal". Algunos periódicos ingleses se han quejado de que un gran número de activistas tuvieran becas de enseñanza financiadas por el gobierno. Pero ¿qué mejor uso podrían hacer los estudiantes de sus becas, que el de garantizar que el mundo sea viable para las generaciones futuras?
Esta gente entusiasta, viejos o jóvenes, madres o abuelas, estudiantes o científicos, es acusada de "gamberros", "vándalos" y "terroristas". A estas alturas, sin embargo, ¿no deberíamos preguntarnos por quiénes son los auténticos terroristas?
El inevitable retorno a una agricultura sana
por Mae-Wan Ho
Ni la biotecnología, ni la agricultura industrial de gran escala podrán alimentar al mundo, ya que solamente la agricultura a pequeña escala, ecológica y con poca maquinaria, puede realmente hacerlo. Afortunadamente existen indicios de un cambio en esa dirección.
Una iniciativa muy importante, que tal vez no haya tenido la atención que merece, es la técnica de hacer acopio de semillas1. Hace muchos años más de 750.000 pequeños agricultores en India realizaron una marcha contra la OMC y contra la patente de semillas. Desde entonces una gran número de pequeños agricultores indios han vuelto a cultivar las variedades indígenas de secano por métodos tradicionales en Madhya Pradesh2. Vandana Shiva, en Nueva Delhi, ha tenido un papel importante en el movimiento de mujeres campesinas "Navdanya" (Semillas de libertad), guardando y recuperando legumbres secas y cereales autóctonos valiosos que habían sido desplazados y marginados por la "Revolución Verde". En Brasil, cientos de comunidades rurales del nordeste han organizado bancos comunitarios de semillas para recuperar las variedades tradicionales autóctonas y promover el desarrollo agrícola sostenible, con poco o ningún apoyo del gobierno.
El control de las multinacionales amenaza la biodiversidad en la agricultura y el derecho de los agricultores a guardar y vender las semillas, y de sembrar las que eligen. Esto afecta sobre todo a los pequeños campesinos de cultivos ecológicos, que han plantado variedades autóctonas durante cientos y hasta miles de años, cada una de las cuales tiene características especiales adaptadas a las condiciones locales y a los propósitos específicos buscados.
Los movimientos para almacenar las semillas han crecido en todo el mundo y se han extendido a Europa y EE.UU., siendo actualmente más importantes que nunca debido a la reciente fusión de la multinacional de las semillas Cargill con Monsanto, lo que ha aumentado considerablemente su poder. Hoy esta multinacional está en muy buena posición para decidir que solamente las semillas genéticamente modificadas puedan ser utilizadas en el futuro.
Además, las comunidades agrícolas de muchas áreas del Tercer Mundo han estado regenerando y revitalizando las tierras agrícolas degradadas mediante muchas formas de agricultura ecológica sostenible, y recuperando la biodiversidad de la agricultura (la clave para la seguridad alimentaria)3. Desde principios de la década de los noventa un conjunto de organizaciones no gubernamentales han unido fuerzas para formar la Red Latinoamericana de Agroecología y Desarrollo, desde la que se promueven técnicas agroecológicas que estén de acuerdo con la complejidad de los métodos de los cultivos locales. La producción se ha triplicado o cuadruplicado en solamente un año. La implantación a gran escala de la agricultura biodinámica y sostenible está teniendo éxito en Filipinas. Estudios sucesivos han resaltado la productividad y sostenibilidad de la agricultura tradicional del agricultor tanto en el Tercer Mundo como en el Norte.
En 20 países del Tercer Mundo, más de 2 millones de familias están practicando la agricultura sostenible en 4-5 millones de hectáreas, con una produccion de dos a tres veces mayor, igualando o superando a la producción de la agricultura intensiva con agroquímicos, y esto ha sucedido en un lapso de solo 5 a 10 años4. Un retroceso a los esquemas de producción de las corporaciones llevaría nuevamente a esos campesinos a un endeudamiento creciente y a la pobreza, sin mencionar los a menudo irreversibles efectos devastadores sobre las tierras agrícolas y el medio ambiente.
La reciente experiencia de Cuba es muy instructiva5. El bloqueo económico impuesto por Estados Unidos desde la década de los sesenta originó una falta de agroquímicos, haciendo necesario que Cuba se dedicase al cultivo ecológico a gran escala. Decidieron mantener un tercio de los 11 millones de hectáreas para la agricultura con agroquímicos, otro tercio con agricultura enteramente ecológica, y en el resto emplearon una técnica de transición, mitad con agroquímicos y mitad ecológica. La producción por hectárea de la tierra totalmente ecológica es igual a la cultivada con uso de agroquímicos, mientras que la producción de los campos de transición es sólo la mitad. Esta es la evidencia más clara de que la agricultura ecológica puede funcionar a gran escala.
Esta gente entusiasta, viejos o jóvenes, madres o abuelas, estudiantes o científicos, es acusada de "gamberros", "vándalos" y "terroristas". A estas alturas, sin embargo, ¿no deberíamos preguntarnos por quiénes son los auténticos terroristas?
Mae-Wan Ho, Profesora de Biología en la Open University, es autora de "Genetic Engineering - Dream or Nightmare? The Brave New World or Bad Science and Big Business", Gateway Books, Bath, 1998.
Referencias
1. Ver Ho, M-W (1998) Genetic Engineering-Dream or Nigthmare? The Brave New World or Bad Science and Big Business, seguna ed., capítulo 9, Gateway Books, Bath, UK
2. Neelithanam, R. Neelithanam, J y Samiti, S.S:(1998) "Return of the Native Seeds". The Ecologist Vol.28 No. 1 pp.29-33.
3. Ho, M-W.(1996). Promesas y Peligros de los Alimentos Genéticamente Modificados. Ho. M-W(1998). Genetic Engineering-Dream or Nigthmare? The Brave New World or Bad Science and Big Business, Capítulo 9, Libros Gateway, Bath.
4. Pretty, 1995.1998 op.cit.15.
5. Vazquez Vega, I.H. (1998). "Situación de la Agricultura Biológica en Cuba", manuscrito y comunicación personal, Ceremonia de Premios Vida Sana, 9 de junio, Barcelona.
Las Multinacionales y
el Debate Democrático
Estimado lector, estimada lectora:
Una amplia coalición de organizaciones sociales nos hemos puesto de acuerdo para publicar en castellano un número de la revista inglesa The Ecologist, decana de la prensa ecologista mundial (viene publicándose regularmente desde 1968). ¿Qué tiene de especial este número?
Se trata de una entrega de The Ecologist consagrada a la discusión de las nuevas biotecnologías, donde se analiza con especial detenimiento la actuación en este campo de Monsanto, una transnacional agroquímica basada en EE.UU. que se cuenta entre las empresas más importantes del mundo. Monsanto es, de hecho, la compañía que con más fuerza ha apostado en los últimos años por una agricultura y ganadería basadas en la ingeniería genética; y la que ha llevado a cabo una política de comercialización y propaganda más agresiva al respecto.
Pues bien: en septiembre de 1998 la totalidad de la edición de este número de The Ecologist, fue destruida por la imprenta Penwells, que llevaba más de un cuarto de siglo imprimiendo la revista sin el menor incidente. 14.000 ejemplares triturados ante el temor de problemas con la multinacional: y con ellos, igualmente triturada, la libertad de expresión, sin la cual no es concebible la democracia. Aunque Monsanto asegura que ella no tuvo nada que ver con esta decisión, carece radicalmente de credibilidad, sobre todo a la vista de la continuación de la historia: una vez hallada otra imprenta para el destruido número de The Ecologist, las dos cadenas de quioscos inglesas más importantes, WH Smith y John Menzies, anunciaron que no lo venderían por miedo a problemas legales con Monsanto.
El asunto nos ha parecido tan importante como para organizar la edición en castellano que ahora tienes entre las manos. Es un episodio que sitúa en sus justos términos la controversia entre las multinacionales agroquímicas (hoy reconvertidas a lo que eufemísticamente llaman "ciencias de la vida") y los grupos sociales más concienciados (a quienes las megacompañías tienen la desfachatez de intentar desacreditar como "multinacionales del ecologismo"): un combate de Goliat contra David, donde además se intenta que David pelee sujeto al suelo y con una mano atada a la espalda (porque la demagogia es ciencia sólo cuando hablan Monsanto y las otras megacompañías).
Las organizaciones que nos hemos puesto de acuerdo para intentar remediar parcialmente el desafuero cometido contra The Ecologist —en el cual hemos sentido amenazada nuestra propia democracia— tenemos puntos de vista diferenciados sobre las nuevas biotecnologías. Pero todos y todas estamos de acuerdo en que hoy faltan las condiciones tanto para un uso seguro de las nuevas biotecnologías como para un debate amplio, democrático y racional al respecto: debate cuya necesidad invocan hipócritamente a menudo quienes —como Monsanto— al mismo tiempo hacen cuanto pueden por impedirlo.
Estas propuestas de amplio debate social se convierten en una sangrante tomadura de pelo si ya se han adoptado —sin participación democrática— las decisiones que introducen los alimentos transgénicos en nuestros mercados, nuestras cocinas y nuestros estómagos. Y precisamente eso es lo que está sucediendo hoy. En nuestro país se está cultivando maíz transgénico, después de habernos convertido en los principales importadores europeos de maíz transgénico estadounidense, que ha entrado en la cadena alimentaria sin etiquetado distintivo, igual que la soja transgénica de Monsanto (privando hasta hoy a los consumidores de toda posibilidad de elección). Pero no hay interés del Gobierno español ni de la Administración Pública en un debate social plural, objetivo y riguroso: parten de la premisa de que la rápida comercialización de productos transgénicos es inexorable (fatalismo tecnológico detrás del cual asoma el poder de las transnacionales agroquímicas), y el objetivo entonces es cambiar las actitudes de la gente para que trague. A esto se le llama, en la lengua del imperio, public relations work.
Venga el debate serio, profundo, riguroso, sin prisas, y al final del debate voten en referéndum todos los ciudadanos y ciudadanas. Pero, sobre todo, pospónganse hasta después del debate las decisiones, o se estará aplicando con cinismo la violencia de los hechos consumados. Si no se acepta que el debate sobre las opciones tecnológicas debe preceder a la implantación de las tecnologías, paso que en las sociedades industriales modernas y para tecnologías como las que están en discusión es luego prácticamente irreversible, no se está obrando de buena fe. Y demasiadas grandes opciones tecnológicas ya han mostrado, en el pasado reciente, su potencial de catástrofe como para permitirnos ninguna ingenuidad a este respecto: bastará seguramente con evocar las tecnologías de generación nuclear de electricidad o la agricultura espurreadora de biocidas. La OMS acaba de poner en marcha una investigación internacional para estudiar la relación entre la utilización de teléfonos móviles y el aumento de los tumores cerebrales, pero —otra vez— la investigación y el debate se hacen cuando ya se han tomado opciones tecnológicas irreversibles (o casi). Sería deseable que, al menos por una vez, en el caso de los alimentos recombinantes las autoridades de España y de la UE obraran de verdad de acuerdo con el principio de precaución para que no pueda ocurrir ninguna nueva crisis de las "vacas locas" ni ningún Chernobil biotecnológico. No lo decimos animados por ninguna intención anticientífica, sino exactamente al contrario: queremos más ciencia —pero también mejor ciencia, ciencia con conciencia que no puede ser sino ciencia con prudencia... y sobre todo más democracia, también para decidir sobre las políticas científicas y tecnológicas.
Perdona que insistamos: el asunto es de importancia trascendental. En 1998, Monsanto se volcó en una campaña publicitaria destinada a "ablandar" a la reticente ciudadanía europea, bajo el lema "La alimentación transgénica es una cuestión de opiniones. Monsanto cree que usted debería oírlas todas". Pero no cabe llamarse a engaño sobre las condiciones en que se está realizando el debate sobre las nuevas biotecnologías: una fenomenal desproporción entre el poder de las grandes transnacionales, como Monsanto o Novartis, y la mucho más limitada capacidad de influencia de sus oponentes vicia el resultado de este debate. Unas opiniones son amplificadas con el poder —exento de control democrático— que proporcionan los miles de millones de dólares; otras no consiguen llegar a los ciudadanos y ciudadanas sino después de dificultades sin cuento, como en el caso de este número de The Ecologist. Ahora, lector o lectora, tienes en tus manos un puñado de voces críticas bien informadas. Compáralas con la "verdad oficial" martilleada mil veces en los eslóganes publicitarios de Monsanto y las otras compañías de "ciencias de la vida", y decide. Ten en cuenta que te estás jugando no sólo el tipo de comida que vas a comer, sino la clase de sociedad en la que vas a vivir, y la salud de la biosfera que habitarás.
Recogida de firmas
¿Alimentos manipulados genéticamente?
NO, GRACIAS
Los alimentos manipulados genéticamente están llegando a nuestras cocinas y nuestros estómagos sin etiquetado distintivo, contra la voluntad de la mayoría de la población (expresada en numerosos sondeos y encuestas) y sin que hayamos podido pronunciarnos democráticamente al respecto.
Pese a la propaganda interesada de las empresas multinacionales del sector, hay numerosos problemas de seguridad no resueltos: creemos que los riesgos para la salud humana, el sistema alimentario, la conservación de los ecosistemas y la justicia social son hoy por hoy inaceptables. La comercialización de alimentos transgénicos -en el actual contexto económicosocial- es un acto irresponsable que convierte a los consumidores en cobayas humanos, y a nuestra insustituible biosfera en un laboratorio de alto riesgo, pues desconocemos los efectos, especialmente a largo plazo, de los organismos modificados genéticamente y, bajo la presión de fuertes intereses comerciales, no nos estamos dando el tiempo ni los medios para estudiar adecuadamente aspectos esenciales de bioseguridad.
El reciente desastre de las "vacas locas" debería bastar para fijar, de una vez por todas, firmes criterios de prudencia en lo que respecta a la industrialización de la alimentación humana.
En este contexto, la posibilidad de patentar seres vivos y sus partes extiende la privatización y mercantilización de la naturaleza mucho más allá de lo moralmente aceptable, y abre una muy inquietante perspectiva de control monopólico de los procesos vitales por un puñado de empresas transnacionales.
Por todo ello, las personas abajo firmantes declaramos:
NO A LOS ALIMENTOS OBTENIDOS POR MANIPULACIÓN GENÉTICA (retirada, en particular, de la soja y el maíz transgénico que en el Estado español ya ha entrado en la cadena alimentaria).
NO A LAS PATENTES SOBRE LA VIDA (retirada, en particular, de la Directiva sobre patentes biotecnológicas que la Unión Europea pretende aprobar en 1998).
NO A LA LIBERACION EN EL MEDIOAMBIENTE DE ORGANISMOS MODIFICADOS GENETICAMENTE.
Realización de un amplio proceso de CONSULTA PUBLICA sobre estos temas que culmine en la CELEBRACION de un REFERENDUM VINCULANTE, como lo exige el derecho democrático de una sociedad (y no sólo de la industria) a decidir sobre la orientación de las actividades que tendrán un impacto radical en el futuro de la vida de las personas.