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Ahora estamos en 1950 y la Humanidad se repone de sus heridas de la II Guerra Mundial y aunque las cicatrices perdurarán mucho tiempo, con su inevitable secuela de traumas y sicosis, se apresta a la renovación de sus ideales e ilusiones. El Ajedrez también.
La última Olimpiada de Ajedrez fue en Buenos Aires en 1939, de inolvidable recuerdo para los ajedrecistas peruanos que allí debutamos internacionalmente. Y ahora se prepara la reanudación de la lucha en el tablero, debiendo jugarse la nueva Olimpiada de Dubrovnik, Yugoeslavia.
Como siempre el factor económico gravitará decisivamente en nuestra participación y en nuestra actuación. Si había sido difícil viajar a Buenos Aires en 1939, ahora en 1950, será casi imposible hacerlo hasta el Viejo Mundo. La carencia de fondos es absoluta y no existe ayuda oficial, como la hubo aunque mínima, en 1939.
Sin embargo, pese a los muchos obstáculos, financieros y de otro orden, el Perú logró hacerse presente en Dubrodnik. ¿Cómo fue este milagro? La respuesta, quizás se halle a través de la historia de este viaje que puede calificarse, salvando las distancias, como una odisea, sin olvidar que tuvo también su génesis electrizante.
Es interesante, entonces, que echemos una rápida y fugaz mirada hacia el pasado reciente, a partir de 1939, para ilustrarnos sobre la actividad del Ajedrez Peruano en ese lapso. Así, quizás, podremos configurar el escenario donde se desarrollaron las acciones que gestaron nuestro viaje a Dubrodnik.
Entre 1939 y 1950, en el aspecto nacional, se habían realizado los Campeonatos Nacionales de 1942, en Lima y de 1943, en Arequipa, ambos ganados por José A. Pérez; de 1947 en Lima, que yo me adjudiqué, y los de 1948 y 1949, en Lima que fueron ganados por Julio Súmar.
En el terreno internacional, en dicho período, hubo alguna actividad con la visita en Junio de 1943 del maestro argentino Carlos Guimard, quién jugó un Torneo Sextangular que ganó; en 1947 se hizo el Torneo Bolivariano por Equipos en el que venció Colombia; y en Mayo de 1950, se realizó un pequeño torneo internacional donde actuaron el argentino Guimard y el gran maestro yugoeslavo Dr. Petar Prifunovic, junto con 6 peruanos: Súmar, Zapata, De la Torre, Pérez, Arrisueño y Pinzón. Trifunovic ocupó el primer puesto, seguido por Guimard, ubicándome yo en el tercer lugar, gracias a mi triunfo en la partida individual con Guimard, con lo que le arrebaté la posibilidad de acceder a la primera colocación. Veamos cómo se desarrolló:
Felipe Pinzón - Carlos Guimard
Lima 1950. Defensa Filidor
1. e4 e5 2. Cf3 d6 3. d4 Nf6 4. Ac4 Cxe4 5. dxe5 Cc5 6. Cc3 Ae6 7. Axe6 Cxe6 8.
O-O Cc6 9. De2 dxe5 10. Cxe5 Cxe5 11. Dxe5 a6 12. Te1! Ae7 13. Cd5 Dd6 14. Df5
O-O-O 15. c4 Af6 16. Bf4 Dc6 17. Axc7 Td7 18. Ag3 Axb2 19. Tab1 g6 20. Dc2 Ad4
21. Cb6+ Dxb6 22. Txb6 Axb6 23. c5! Cd4 24. Dc3 Ac7 25. Ad6! Thd8 26. Dxd4 Axd6
27. cxd6 Txd6 28. Df4 f5 29. h4 Td1 30. Dc4+ Rb8 31. Txd1 Txd1+ 32. Rh2 Td7 33.
De6 Rc7 34. h5 Td6 35. Df7+ Td7 36. hxg6 hxg6 37. Dxg6 Td5 38. f4 a5 39. De6
Tc5 40. g4 1-0
La visita de Trifunovic, quién había actuado en el Torneo Internacional de Mar del Plata 1950, se logró merced a la gestión del Dr. Veljko Mrdjenovic, ajedrecista yugoeslavo radicado no hacía mucho en el Perú. Ambos eran nativos de Dubrovnik y amigos personales.
Hasta este momento las probabilidades del viaje a la Olimpiada de Dubrobnik eran casi nulas. En una reunión con Trifunovic se le expuso nuestro problema y para facilitar la participación del Perú, él ofreció interceder con las autoridades de ajedrez de Yugoeslavia, encargadas de la organización del magno certamen que se realizaría en Agosto de 1950.
La gestión de Trifunovic tuvo éxito. La Federación Yugoeslava comunicó a su similar peruana que el 8 de Agosto partiría a Buenos Aires, un avión de ?Alitalia? conduciendo a las delegaciones de Argentina y Chile; la delegación peruana podría viajar en dicho avión si llegaba a tiempo para abordarlo. Esta comunicación llegó el 20 de Julio.
El problema principal parecía resuelto, ya que sólo restaba financiar el viaje hasta Buenos Aires. Pero, todas las gestiones a fin de obtener los fondos necesarios para cubrir esta etapa resultaron infructuosas. La federación había designado el siguiente equipo: 1 Esteban Canal 2 Julio Súmar, 3 Mario Zapata Vinces, 4 Felipe Pinzón. Como suplentes: José A. Pérez y Eduardo Arrisueño. Se había contactado con Esteban Canal, gran ajedrecista peruano que residía en Italia y él había accedido a intervenir, viajando desde allí a Yugoeslavia.
Estábamos ya a 25 de Julio y el clima de incertidumbre se mantenía. Picasso, motor principal de este viaje, hizo todos los trámites que se podían hacer sin mucho gasto. Como ejemplo, el que trataba de los pasaportes. Cada pasaporte costaba 200 soles y no había dinero en la Federación para obtener cinco de ellos. Alguien le sugirió obtener un pasaporte colectivo que costaba igualmente 200 soles y así se hizo, incluyendo en dicho pasaporte a Súmar, Zapata, Pinzón y Pérez.
Para el viaje a Buenos Aires, indagando aquí y allá, Picasso había confeccionado un presupuesto ínfimo, basado en un itinerario cuyo costo era reducido, pero con un desarrollo bastante complicado y nada atractivo: 1) viaje en avión hasta Arequipa, 2) viaje en tren hasta La Paz, Bolivia y 3) viaje en tren, de la Paz a Buenos Aires. Eso sí, podríamos arribar con tiempo para tomar el avión de ?Alitalia?.
Pero, faltando pocos días para viajar de acuerdo al itinerario previsto, muy económico por cierto, no se obtuvo el dinero necesario para ello. La Federación se declaró insolvente. La situación era desesperada y apremiante, cuando providencialmente, el Presidente del Club de Ajedrez de Lima, Héctor Banchero Castellano, se enteró del impasse y como Súmar, Zapata y yo, éramos socios del Club Decano, ofreció prestar a la Federación el importe que requería para que los tres pudiéramos viajar a Buenos Aires. Por otro lado, los socios del club de Ajedrez de Lima hicieron una colecta para otorgarnos una bolsa de viaje.
De este modo se concretó nuestra intervención en la Olimpiada de Dubrovnik. Y con sólo la visa boliviana, obtenida a duras penas, el 26 de Julio, último día útil de las Fiestas Patrias, emprendimos viaje el domingo 30 de Julio de 1950, tres de los cinco integrantes del equipo olímpico peruano. Las gestiones para lograr fondos a fin de que viajaran Pérez y Arrisueño, resultaron estériles.
Pues, bien, ya estábamos en movimiento rumbo a Dubrovnik. Parecía increíble. Rememorando lo acontecido, la noche del 31 de Julio, desde la cubierta del ?Inca?, un barco típico de la navegación lacustre, mientras contemplaba ensimismado las aguas del Lago Titicaca, el lago sagrado de los Incas, el más alto del mundo y asombroso por su inmensidad y fría grandeza, tanto como su presencia serena y misteriosa y sus viejas leyendas, tuve una visión atropellada y confusa de los hechos y circunstancias, de los gestos y los ademanes, de los pedidos y las solicitudes, de las incongruencias, de los desafíos, de la negatividad general, que signaban con su marca de fuego todo el proceso, toda la génesis de esta nueva aventura ajedrecística. Pero también había la impronta de actitudes cálidas y positivas, suavizando las asperezas y desilusiones. Y podía recordarse con emoción la nota humana en la situación de Mario Zapata, cuando envuelto como Súmar y yo, junto con Picasso, en la maraña de los trámites, de las gestiones, de las solicitudes, fue padre de un varón, el primero, sin que pudiera verlo de inmediato a causa de aquéllas. La noche víspera de nuestra partida, Súmar y yo, nos quedamos en el Club, acompañados de varios amigos ajedrecistas, viviendo la excitación de esos momentos previos a la cuenta regresiva que nos llevaría al espacio sideral de la I Olimpiada de Ajedrez, en cambio Zapata pasó esa noche con su esposa, para poder ver a su heredero, para verlo y despedirse...
Habíamos volado a la Ciudad Blanca donde sólo permanecimos unas pocas horas, pernoctando en espera de abordar el tren para Puno. En 1943 visité Arequipa por primera vez, con motivo del II Campeonato Nacional. Entonces pude apreciar mejor sus calles, sus monumentos y sus iglesias, que seducen por sus expresiones barrocas, sin olvidar el sugestivo panorama de sus alrededores donde descuella Cayma y su límpida iglesita. Arequipa se alza a 2,300 m.s.n.m., en una vasta campiña dominada por montañas impresionantes y una cadena de volcanes nevados, donde se yergue imponente y majestuoso, el Misti, centinela perpetuo de la urbe, cuya lava arqueológica denominada ?sillar?, de un color blanco marmóreo y cremoso, es el principal material de construcción de sus casas y edificios, otorgándoles un matiz luminoso y alegre que, muchos visitantes dicen, le confiere un aire andaluz.
Al día siguiente, por ferrocarril, nos trasladamos hasta Puno, una ciudad a orillas del Lago Titicaca, que se caracteriza por su sabor serrano y por la sobriedad y adustez de su conjunto, trasunto de la melancolía y desolación de sus paisajes. En Puno abordamos el ?Inca?, una nave de 1,000 toneladas, a fin de cruzar el lago hasta Guaqui, puerto boliviano. Nos faltaba todavía un largo recorrido y recordando las peripecias y desilusiones sufridas, creía que se había superado lo más difícil. No me imaginaba los tropiezos que nos aguardaban, pero aún si los hubiera presentido, nuestro optimismo hubiera disipado los temores y aquietado las desesperanzas.
De Guaqui a La Paz, a bordo de un vagón eléctrico atravesamos zonas desoladas, punas, laderas heladas, y por todas partes, nieve y lodo, lodo y agua, parajes inhóspitos, yermos, que ya habíamos visto en Puno.
En La Paz debíamos obtener la visa Argentina, pero, teniendo un pasaporte colectivo para cuatro personas, de las que solamente viajábamos tres, una de las cuales era menor de edad: Julio Súmar, y por añadidura, sin permiso del Juez de Menores, el Cónsul argentino se negó a darnos la visa. Esta negativa no sólo nos obligó a realizar una interminable serie de gestiones, ante la Embajada del Perú y el propio Consulado argentino, sino que debido a la inminencia de las festividades nacionales bolivianas, cada trámite, cada solicitud, se realizaban en un plazo perentorio, en condiciones angustiosas y apremiantes, que una lluvia torrencial y constante hizo más detestables.
Gracias a un cable enviado al Dr. Jorge Sanguinetti, dirigente de la Federación Argentina de Ajedrez y quién, por casualidad, resultó ser pariente del Cónsul argentino, éste nos concedió la visa. Después de cinco días de tensión tuvimos un respiro, que nos permitió recorrer la ciudad, la cual se hallaba en plena celebración. La Paz se distingue por sus innumerables y empinadas cuestas, pero es una ciudad acogedora y simpática y en aquellos momentos hervía de entusiasmo patriótico, que los bolivianos saben expresar de un modo realmente explosivo.
Debido a la demora en obtener la visa Argentina se perdió el tren que salió el 3 de Agosto. Revalidamos los pasajes para el que partía el 6 de Agosto, pero, sin derecho al coche-cama, necesario para las bajas temperaturas que azotaban por esta época el territorio que debíamos atravesar. Tuvimos que viajar sentados en el vagón de pasajeros, con un frío horroroso. La primera noche en el tren internacional fue terrible. Y en Atocha, donde se cambió de tren, con el consiguiente traslado de maletas, que nosotros mismo debíamos efectuar, experimentamos la temperatura más baja. Prácticamente congelados, nos vimos obligados a tomar una bebida caliente en la estación. Pero, del recipiente en que hervía la bebida, tras echarse en un jarro, llegaba a nuestros labios completamente fría.
Tras un largo y pesado recorrido, haciendo escala en Villazón, arribamos a la frontera Argentina, luego nos detuvimos en La Quiaca y en Güemes, donde volvimos a cambiar de tren inesperadamente. Entramos a la Provincia de Tucumán, después a la de Santiago del Estero. No hacía frío ya, pero el polvo nos agobiaba. El 8 de Agosto pasamos por Ruiz de los Llanos. Nos sentíamos abrumados por la posibilidad de no alcanzar el avión de ?Alitalia?, programado para partir en esa fecha. ¿Se iría sin nosotros, los integrantes del equipo olímpico peruano?. El 9 de Agosto, tras detenernos al mediodía en Rosario, llegamos a las 7 de la noche a Buenos Aires. Por segunda vez la Estación Retiro me daba la bienvenida, esta vez con nuevos compañeros de viaje. Para trasladarnos al Hotel Phoenix, donde nos alojaríamos, fuimos en un coche halado por caballos, romántica entrada a la gran urbe bonaerense.
Con un gran suspenso y una inevitable inquietud, casi temor, nos pusimos en contacto con los dirigentes argentinos que tenían a su cargo la coordinación de este viaje, obteniendo un visible alivio cuando nos comunicaron que la partida del avión había sido postergada hasta el 15 de Agosto. Acogimos con alborozo esta noticia, pues, nos daba tiempo para efectuar los trámites que faltaban y nos ponía, además, en amistosa relación con los ajedrecistas argentinos.
En efecto, en la noche del jueves 10, invitados por el Dr. Jorge Sanguinetti, Secretario General de la federación Argentina de Ajedrez, visitamos el Club Argentino de Ajedrez, en su local propio de la calle Paraguay 1858, magnífica sede de la institución más representativa del Ajedrez Argentino. Allí tuvimos el agrado de encontrar caras amigas: la del Ingeniero Joaquín Alonso Díaz, analista de nota que nos recuerda las charlas que dio comentando las partidas del Torneo de las Naciones de 1939 jugado en Buenos Aires; Héctor D. Rossetto, el brillante maestro argentino; Miguel Najdorf, el extraordinario aspirante al título mundial y tablero Nº 1 del equipo argentino; Carlos E. Guimard, nuestro viejo conocido del Torneo Internacional de Lima y uno de los más firmes valores del Ajedrez gaucho. Conocemos a otras figuras destacadas: Benito Villegas, el veterano maestro, gloria del Ajedrez argentino que, todavía a los 71 años, juega con vigor y gracia criolla, conquistando siempre la simpatía de su auditorio; a Fernando Casas, una joven promesa; a Cruz, un nuevo valor que sobresale; a Herman Pilnik, el formidable ex-campeón argentino de trayectoria impresionante en el tablero mundial; a Rivarola, un veterano de campañas pretéritas pero que mantiene su entusiasmo y calidad; a Renato Sanguinetti, el magnífico combinador y eximio ejecutante de tantas partidas brillantes. De paso volvemos a encontrarnos con Mariano Castillo, Rodrigo Flores y René Letelier, del equipo chileno, con quienes recordamos momentos gratos de aquella Olimpiada de 1939. Y conocemos al Dr. Maccioni, un nuevo valor del Ajedrez araucano. Y nos presentan a Arnoldo Ellerman, el singular compositor de problemas de fama universal. Un ambiente típicamente ajedrecístico, donde se hermanan las opiniones al calor de la amistad, por mucho que discrepen en la bondad o ineficacia de determinadas variantes.
Ahora bien, el retraso en la partida, si nos ayudó en unos aspectos, por otra parte complicó nuestra economía, ya que los seis días de alojamiento y alimentación inesperados, redujeron nuestra escasa bolsa de viaje. Y nos faltaba la visa italiana. Pero, por las mismas razones que impidieron en un principio el otorgamiento de la visa Argentina en La Paz, esta vez, definitivamente, no pudimos obtener que el Cónsul italiano nos diera el visado. Felizmente el Sr. Heisen, de la Agencia Consulich, encargada de nuestro viaje en ?Alitalia?, encontró una fórmula que nos permitiría entrar en territorio itálico sin tener visa.
Entre tanto, los días que pasamos esperando viajar a Yugoeslavia, fueron de veras magníficos, desde el punto de vista ajedrecístico, ya que económicamente resultaron gravosos. Empero, la compensación espiritual y anímica fue soberbia y nos integró de modo estupendo con los amigos argentinos, destacando la sincera amistad que todos nos brindaron, en especial Fernando Casas, Alonso Díaz, Bernardo Wexler, Carlos F. Juárez, Héctor Rossetto, Pedro Martin y un joven astro del cine y gran aficionado del ajedrez, Juan Carlos Barbieri. Conocimos a otros ases del tablero bonaerense como Luis R. Piazzini, ex-campeón nacional y al sensacional César J. Corte, verdadero mago del suspenso; acostumbraba meditar en sus partidas de torneo de modo excesivo, agotando su tiempo de reflexión hasta el punto de que a veces, sólo disponía de un minuto o menos para hacer 10 o 15 jugadas y completar las 40 reglamentarias, provocando más de un infarto entre la rasa de espectadores, que se agolpaban a sufrir con su fría calma, primero y después, en los segundos finales, con el alucinante pimpón que se producía. Corte era una luz en el juego rápido y parecía disfrutar muchísimo con tales situaciones. Pude ver a un torturado espectador comerse las uñas de impaciencia, en plena tensión, mientras corría el reloj de Corte, con la flecha por levantarse ya y él meditaba con toda tranquilidad, para luego, lanzarse en fracciones de segundo, a un relampagueante vaivén de piezas. Lo curioso es que ganaba muchas de sus partidas jugadas en tales condiciones, confundiendo a sus rivales.
Aparte del Club Argentino de Ajedrez, visitamos el famoso Salón Rex, hoy ya desaparecido, donde el maestro polaco Paulin Frydman tenía una academia de ajedrez y habían cincuenta mesas de ajedrez, a disposición de un enjambre de ajedrecistas. También visitamos el Club Gimnasia y Esgrima, que ocupaba un edificio de 9 pisos en pleno centro de la ciudad y en el que la sección de ajedrez estaba a cargo de Renato Sanguinetti.
Finalmente, el 15 de Agosto abordamos el avión peninsular de ?Alitalia? y despegamos rumbo a Yugoeslavia, haciendo escalas en Sao Paulo, Río de Janeiro y Natal, antes de ?cruzar el charco?, como festivamente se denomina a la travesía del Océano Atlántico, lo cual incluyó una pintoresca ceremonia en el avión, otorgándonos el Capitán de la aeronave, a los que por primera vez hacíamos el cruce, un certificado en recuerdo de ello, muy humorístico, pues constaba en él, la autorización de ... Neptuno.
Nuestra primera parada fue en territorio africano, en el pequeño aeropuerto de la Isla do Sal. De allí a la próxima escala, en Madrid y después al aeropuerto de Ciampino, en Roma. Aquí fue donde se utilizó la fórmula para ingresar a Italia sin visa, la cual nos costó, simplemente el equivalente de 5 dólares por cabeza, en concepto de multa. Debimos quedarnos una noche en Roma, antes de partir el 18 de Agosto, en otro avión, esta vez de ?Ali Flotte Riunite?, para trasladarnos hasta Gorizia, cerca a la frontera de Yugoeslavia. En ésta, una delegación presidida por el Sr. Ernst Kapus nos dio la bienvenida al suelo yugoeslavo. En ómnibus fuimos conducidos, primero a Ljubljana, capital de Eslovenia, centro ferroviario, comercial e industrial, que fundó Augusto el año 34 A.de C. con el nombre de Emona, y luego a Zagreb, capital de Croacia, ciudad donde nos reunimos con Esteban Canal, nuestro compatriota que allí nos aguardaba después de haber viajado desde Italia.
De los tres peruanos que allí nos reuníamos con el gran maestro Canal, era yo el único que lo había conocido antes. Fue en 1935 cuando él retornó a la Patria, en uno de esos avatares sorprendentes de su increíble existencia. Pero el Canal vigoroso, enérgico, casi arrogante de 1935 había desaparecido y un Canal envejecido y enfermo fue la visión sobrecogedora que nos impactó, cuando al entrar en el ?hall? de un restaurante al que nos llevaron, lo vimos sentado, absorto, en actitud de resignada espera.
Sin embargo, la llama viva y refulgente de su espíritu rebelde, relucía aguda y penetrante en su mirada certera y profunda, reveladora de una personalidad magnética que, por muchos años causó sensación en las salas de los torneos de ajedrez europeos, enfrentando a verdaderos titanes del tablero. No en vano lo apodaron sus rivales con el apelativo de ?Mefistófeles? para significar lo ?diabólico? de sus maniobras y él mismo las denominó como ?veneno?, cuando creaba, en plena lucha, esas singulares jugadas que lo distinguieron, provocando una especie de terremoto psicológico que desnivelaba el ánimo del contrincante y lo inducía a cometer serios errores en la concepción estratégica de la partida o en las secuencia tácticas de la misma.
El aspecto físico con que vimos a Canal en Zagreb, era consecuencia de una dolencia de tipo nervioso que venía padeciendo, agudizado a raíz del grave accidente sufrido poco tiempo atrás por su esposa Ana Klupács. El ánimo de Canal creció al vernos y una sonrisa bondadosa, muy propia de él, nos devolvió una imagen más sugestiva de Canal de antaño, amable, cortés, comprensivo, pero también incisivo e irónico.
Desafortunadamente, su dolencia le provocaba unas jaquecas terribles y al intensificarse por el espantoso calor que hizo en Dubrovnic, a causa del tórrido verano, conspiró contra su desempeño, malogrando partidas de excelente trámite.
Desde Zagreb, fuimos en un avión de la ?Jugoslavensko Aero Transport? a Dubrovnik, sede de la IX Olimpiada de Ajedrez, arribando la tarde del 19 de Agosto. Ese día se realizó el acto inaugural en la Galería Unietka, en cuya amplia terraza se llevó a cabo una exhibición folklórica, con el desfile de beldades yugoeslavas en trajes típicos regionales, sobresaliendo las mujeres de Sarajevo por su exótica y cautivante belleza, asimismo, la presentación de danzas nacionales, pudiendo admirarse a bailarines de Montenegro, Dalmacia, Croacia y Serbia, en coloridas evoluciones de una impresionante coreografía. Hubo también sugestivas y delicadas canciones a cargo de hermosas solistas y magníficos grupos corales. Fue una verdadera fiesta donde brilló la alegría, la fraternidad, el gesto amistoso con que los anfitriones nos dieron la bienvenida a las delegaciones asistentes, como rasgo distintivo de esa solidaridad humana que el ajedrez resume tan acertadamente en el lema de la FIDE ?Gens Una Sumus? (Somos una Familia). Los ajedrecistas visitantes pudimos apreciar la sinceridad y autenticidad de esta manifestación del espíritu nacional yugoeslavo, cuyo acento humano era realmente conmovedor.
Equipo peruano en Duvrovnik: de izquierda a derecha posan Julio Sumar, Felipe Pinzón,
Esteban Canal y Mario Zapata
Al día siguiente, en la mañana, se realizó el sorteo de los 16 equipos que jugarían todos contra todos, y en la tarde comenzó la competencia, que tuvo como escenario los salones de la Galería Unietka, poblados de obras de arte extraordinarias: Cuadros, esculturas, tapices.
La dura lucha en el microcosmos e las 64 casillas mostró las alternativas más dramáticas, tensas y apasionadas en el terreno de la táctica, de la estrategia y de la técnica ajedrecísticas. Había en el certamen grandes figuras internacionales, aunque el número de países participantes fue más reducido que en Buenos Aires, 1939. Estaban Reshevsky, de los Estados Unidos de Norteamérica, que había sido niño prodigio polaco en 1920; el holandés Max Euwe, ex-campeón mundial; Miguel Najdorf, de Argentina; Tartakowe, de Francia; O`Kelly, de Bélgica; Unzicker, de Alemania Occidental y los yogoeslavos Gligorio, Pirc y Trifunovic, entre los más notables, sin que desentonaran en celebridad los alemanes Lothar Schmid y Rellstab, el americano Horowitz, el francés Rossolimo y nuestro compatriota Esteban Canal quién pertenecía a una generación muy selecta, de la que en este torneo también actuaban, Tartakower, Euwe y Rellstab.
Dirigió el torneo con mucha autoridad y seriedad, el austriaco Hans Kmoch, de reconocida trayectoria internacional, a quién asistió una pléyade de fiscales yugoeslavos muy eficaces. El carácter firme y severo del Arbitro General Kmoch, no le impedía mostrar alguna vez su vena humorística, como cuando trataba de recordar el apellido de Zapata, un tanto exótico y sonoro para los europeos, al encontrarse con él, exclamaba con su acento germano: ?!Zapaté! ¡Zapató! ¡Oh, Zapatá!?.
Si en Buenos Aires 1939, habíamos disfrutado como aficionados, de la presencia de las notabilidades del tablero, en esta oportunidad, tuvimos los ajedrecistas peruanos, la distinción de actuar en un ambiente menos formal y protocolario, de cierto carácter íntimo, debido a que se jugaba en las salas de la Galería Unietka, en el marco de una exhibición permanente de obras de arte pictóricas y escultóricas,, que de algún modo extendían su influencia de serenidad y calma, de quietud y paz, contrarrestando la vibración tumultuosa y guerrera de gambitos, sacrificios de piezas, jaques y mates. Podíamos codearnos con estas luminarias de Ajedrez Mundial, observando que eran unos seres humanos revestidos de un aura majestuosa, de un prestigio que parecía engrandecerlos, pero advirtiendo, con no poca sorpresa, que podían cometer los mismos errores de cualquier mortal.
Ver, observar, admirar cada acción de estos ases calificados nos permite, pues, apreciar sus fallas humanas. Causó asombro, por ejemplo, que Reshevsky Nº 1 del equipo estadounidense, enfrentado con el modesto griego Matichiadis, al promediar la partida, le propusiera tablas; el sorprendido rival, sin siquiera meditarlo, aceptó complacido. La razón de la sinrazón era que, por un inexplicable error de Reshevsky, el griego tenía un sacrificio ganador, pero antes que éste lo advirtiera, el ?avisado? yanqui se apresuró a salvar medio punto para su equipo, librándose de una derrota que hubiera estremecido la Olimpiada. Ver a Reshevsky paseándose por la sala, mientras pensaba su adversario, constituía todo un espectáculo. De pequeña estatura, caminaba un tanto ?chaplinescamente? y cuando le tocaba jugar debido al intenso calor, utilizaba un pañuelo para echarse aire, haciéndolo girar incesantemente en su mano derecha.
La posición final de la Olimpiada fue la siguiente:
| 1 | Yugoeslavia | 45.5 |
| 2 | Argentina | 43.5 |
| 3 | Alemania Occidental | 40.5 |
| 4 | Estados Unidos | 40 |
| 5 | Holanda | 37 |
| 6 | Bélgica | 32 |
| 7 | Austria | 31.5 |
| 8 | Chile | 30.5 |
| 9 | Francia | 28.5 |
| 10 | Finlandia | 28 |
| 11 | suecia | 27.5 |
| 12 | Italia | 25 |
| 13 | Dinamarca | 22 |
| 14 | PERU | 21.5 |
| 15 | Noruega | 15 |
| 16 | Grecia | 12 |
Algunos sellos de la Olimpiada de Duvrovnik 1950
Nuestra actuación se complicó mucho, aparte del poderío de la mayoría de los equipos rivales, por la dolencia de Canal y el hecho de no contar con suplentes, dentro de un calendario de juego diario, mañana y tarde y bajo una temperatura de fuego.
Pero hubo lucha tenaz y reñida en cada una de nuestras partidas, sin dar ni pedir cuartel, frente a unos contrincantes enterados y expertos, muchos de ilustre ejecutoria internacional en innumerables batallas de tablero. Nuestras actuaciones colectivas con algún éxito, escasas por cierto, significaron un valioso estímulo para continuar en la durísima y fatigosa empresa, relevando la fuerza y decisión que nos impulsaban en todos y cada uno de los encuentros individuales, debiendo señalarse nuestro triunfo sobre Noruega y el empate con Alemania Occidental como las más destacadas.
Sobre 15 partidas jugadas, el score individual fue: Canal 4 puntos (27%); Súmar 2 ½ (17%); Zapata 7 ½ (50%) y Pinzón 7 ½ (50%). El puntaje del equipo sobre 56 partidas fue de 21 ½ (36%). Por lo menos habíamos superado el score obtenido en Buenos Aires, 1939.
Hubieron algunos triunfos individuales bastante significativos, que, en general, nos causaron satisfacción y resultaron muy estimulantes. Reproduzco seis, logrados con mucho esfuerzo y tesón.
Partida Nº 1 Blancas - Sköld (Suecia) - Negras: Canal (Perú)
P.E. Eslava
Partida Nº 2 Blancas - Súmar (Perú) - Negras: Vestöl (Noruega)
P.E. Nimzoindia
Partida Nº 3 Blancas - Zapata (Perú) - Negras: Rellstab (Alem. Occ.)
P.E. India Rey
Partida Nº 4 Blancas - Zapata (Perú) - Negras: H. Kramer (Holanda)
P.E. Nimzoindia
Partida Nº 5 Blancas - Maccioni (Chile) - Negras: Pinzón (Perú)
P.E. Inglesa
Partida Nº 6 Blancas - Pinzón (Perú) - Negras: H. Nielsen (Dinamarca)
Gambito Dama
El gran maestro peruano Esteban Canal alrededor de 1953
Nuestra estada en Dubrovnik fue muy grata e interesante, tanto por la generosa hospitalidad, las gentiles atenciones y el trato cordial que nos dispensaron, como por el hálito de tradición, de historia y de cultura que caracteriza a esta ciudad dálmata, de legendaria trayectoria y de heroico y glorioso pasado, como en una época fue la República de Ragusa, rival de Venecia. Puerto estratégico en el mar Adriático y plaza fuerte, fue también centro artístico y literario durante la Edad Media. La fortaleza de San Blas, así llamada en honor del santo patrono de la ciudad, es el guardián de la entrada al puerto, que simboliza su antiguo poderío.
Alejados en el elegante y cómodo Hotel Argentina, a orillas del Adriático, donde también estaban instaladas otras delegaciones, tuvimos momentos agradables, reponiéndonos de la fatiga de la lucha en el tablero, evocando las situaciones difíciles de cada partida. Visitante asiduo fue el gran maestro yugoeslavo Boris Kostic quién por ser viejo amigo de Esteban Canal, nos honró a menudo con su compañía, charlando cordialmente, haciendo reminiscencias, celebrando alegremente los finos y humorísticos relatos de Canal.
La organización del torneo fue ejemplar y cubrió todos los aspectos técnicos, sin olvidar los culturales y de recreación. Hubieron varias excursiones, dos de ellas muy significativas y especiales: la visita a la isla de Lokrum, en cuyo castillo se dice durmió el monarca ingles Ricardo Corazón de León, y el paseo a Montenegro, en las altas montañas de los Alpes Albaneses Septentrionales, pobladas de bosques espesos, visitándose Cetinje, la capital de la República Federada de Montenegro y antigua del reino montenegrino de la Edad Media, así como las pequeñas ciudades de Kotor y Dvuva, tan pintorescas como encantadoras. Los ajedrecistas peruanos tuvimos, además, un singular paseo a la pequeña isla de Daksa, propiedad de Don Mateo Galljuí, distinguido minero yugoeslavo, afincado en el Perú, cuya contribución económica a las guerrillas de Tito le permitieron mantener el dominio privado sobre la mencionada isla. El administrador de la misma, Sr. Vilim Dorsner, padre de la Señora Nina de Mrdjenovic, pariente del Sr. Galjuf, nos invitó a visitarla, participando de nuestra excursión algunos amigos de las delegaciones de Argentina, Chile e Italia.
(1) Pinzon Solis,F - Nielsen,H [D37]
Dubrovnik ol (Men) Dubrovnik (2), 1950
1.d4 d5 2.Cf3 Cf6 3.c4 e6 4.Cc3 Cbd7 5.e3 Ae7 6.Ad3 0-0 7.0-0 dxc4 8.Axc4 c5 9.De2 a6 10.a4 b6 11.Td1 Dc7 12.b3 Ab7 13.Ab2 Cg4 14.d5 e5 15.Ce4 Ad6 16.Cfg5 Cdf6 17.h3 Cxe4 18.Cxe4 Ch6 19.Dh5 f6 20.f4 Df7 21.De2 De7 22.fxe5 fxe5 23.Tf1 a5 24.Dh5 Txf1+ 25.Txf1 Tf8 26.Txf8+ Dxf8 27.Cxd6 Dxd6 28.De8+ 1-0
(2) Maccioni ,A - Pinzon Solis,F [A29]
Dubrovnik ol (Men) Dubrovnik (11), 1950
1.c4 e5 2.Cc3 Cf6 3.g3 d5 4.cxd5 Cxd5 5.Ag2 Cb6 6.Cf3 Cc6 7.d3 Ae7 8.a3 0-0 9.b4 a6 10.Ae3 Ae6 11.0-0 f5 12.Ca4 Cxa4 13.Dxa4 Af6 14.Tac1 Dd7 15.Dc2 Rh8 16.Cd2 Ad5 17.Cb3 Axg2 18.Rxg2 f4 19.Ac5 Tfc8 20.f3 b6 21.Af2 Ce7 22.Cd2 a5 23.Ce4 axb4 24.axb4 Cd5 25.Tb1 Ta4 26.b5 Tca8 27.Tfc1 Ta2 28.Tb2 T2a5 29.Dc6 Dxc6 30.Txc6 Rg8 31.gxf4 exf4 32.Cxf6+ gxf6 33.Ae1 Ta2 34.Txa2 Txa2 35.Rf2 Rf7 36.Ac3 Tc2 37.Ad4 Txc6 38.bxc6 Re6 39.Re1 Rd6 40.Rd2 Rxc6 41.Rc2 Rb5 42.Rb3 c5 43.Ab2 Rc6 44.d4 Rb5 45.dxc5 bxc5 46.Aa3 Ce3 47.Ab2 c4+ 48.Ra3 Cc2+ 49.Ra2 Rc5 50.Axf6 Cd4 51.Rb2 Cxe2 52.Ah8 Rd5 53.Ag7 Cd4 54.Ah6 Ce6 55.Rc3 Rc5 56.Rc2 Rd4 57.Rd2 c3+ 58.Rc2 Rc4 59.h3 Cd4+ 60.Rb1 Ce6 61.Rc2 Rd4 62.h4 Rc4 63.Rc1 Rd3 64.Rd1 c2+ 65.Rc1 Cd4 0-1
(3) Skold,K - Canal,E [D12]
Dubrovnik ol (Men) Dubrovnik (8), 1950
1.Cf3 d5 2.c4 c6 3.d4 Cf6 4.e3 Af5 5.Cc3 e6 6.Ce5 Cfd7 7.cxd5 exd5 8.e4 Axe4 9.Cxe4 Cxe5 10.Cg3 Cg6 11.Cf5 Ab4+ 12.Ad2 Axd2+ 13.Dxd2 0-0 14.Ae2 Df6 15.Ce3 Cd7 16.g3 Tfe8 17.h4 Te4 18.Td1 Tae8 19.h5 Cgf8 20.Ad3 Txe3+ 21.fxe3 Df3 22.Th2 Txe3+ 23.Ae2 Cf6 24.Tc1 Ce4 25.Rd1 Dxg3 26.Tg2 Cxd2 27.Txg3 Txg3 28.Rxd2 Ce6 29.Tc3 Tg2 30.Te3 Rf8 31.Rc3 c5 32.Te5 Cxd4 33.Ad3 Cc6 34.Txd5 Cb4 35.Txc5 Cxd3 36.Rxd3 Txb2 37.Tc8+ Re7 38.Tg8 Txa2 39.Txg7 h6 40.Th7 Ta6 0-1
(4) Sumar,J - Vestol,A [E24]
Dubrovnik ol (Men) Dubrovnik (6), 1950
1.d4 Cf6 2.c4 e6 3.Cc3 Ab4 4.a3 Axc3+ 5.bxc3 d6 6.f3 Cbd7 7.e4 e5 8.Ad3 Cf8 9.Ce2 Cg6 10.0-0 Ch5 11.f4 Ag4 12.f5 Cgf4 13.Da4+ c6 14.Cxf4 Cxf4 15.Axf4 exf4 16.Txf4 Dg5 17.Taf1 0-0 18.Dc2 f6 19.Df2 Ah5 20.h4 Dh6 21.g4 Ae8 22.Dg3 Td8 23.Ae2 g5 24.fxg6 Dxg6 25.Df2 Dg7 26.Txf6 Ag6 27.Txf8+ Txf8 28.Dxf8+ Dxf8 29.Txf8+ Rxf8 30.Af3 Af7 31.d5 c5 32.Rf2 Rg7 33.Re3 Rf6 34.Rf4 h6 35.g5+ hxg5+ 36.hxg5+ Rg6 37.Ag4 1-0
(5) Zapata Vinces,M - Rellstab,L [E62]
Dubrovnik ol (Men) Dubrovnik (5), 1950
1.d4 Cf6 2.c4 g6 3.g3 Ag7 4.Ag2 d6 5.Cf3 0-0 6.Cc3 Cc6 7.0-0 e5 8.e3 Te8 9.d5 Ce7 10.e4 Cd7 11.Ae3 f5 12.Dd2 Cf6 13.Cg5 fxe4 14.Cgxe4 Cg4 15.Ag5 h6 16.f3 Cxh2 17.Rxh2 hxg5 18.Dxg5 Rf7 19.f4 Th8+ 20.Rg1 Th5 21.fxe5+ Af5 22.e6+ Rf8 23.Dd2 Ae5 24.Af3 Th8 25.g4 Cxd5 26.cxd5 Dh4 27.Tf2 Axe4 28.Cxe4 Rg7 29.Td1 Taf8 30.Dg5 Txf3 31.Dxh4 Txh4 32.Txf3 Txg4+ 33.Rf1 Txe4 34.Tf7+ Rg8 35.Txc7 Axb2 36.Tb1 Ad4 37.Tbxb7 Tf4+ 38.Rg2 Tf8 39.Td7 Ae5 40.Txa7 g5 41.Rh3 1-0
(6) Zapata Vinces,M - Kramer,H [E24]
Dubrovnik ol (Men) Dubrovnik (14), 1950
1.d4 Cf6 2.c4 e6 3.Cc3 Ab4 4.a3 Axc3+ 5.bxc3 c5 6.f3 d5 7.e3 dxc4 8.Axc4 Dc7 9.Ad3 cxd4 10.cxd4 0-0 11.Ce2 Cc6 12.0-0 e5 13.Ab2 Td8 14.Dc2 De7 15.Tae1 Ad7 16.Cg3 Tac8 17.Db1 h6 18.Ce4 Cd5 19.f4 exd4 20.exd4 Af5 21.Cg5 Ae6 22.Ah7+ Rf8 23.Cxe6+ fxe6 24.f5 e5 25.f6 Cxf6 26.dxe5 Dc5+ 27.Rh1 1-0
